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"Cambios" II
Henry Garland
Doctor Henry Garland, Ingeniero mecánico, Hugo.


Hacía más de cuatro meses que no veía a su madre, era mucho tiempo, solía visitarla asiduamente y enviarle dinero siempre que podía.

Entro por la puerta y su madre le estaba esperando sentada en la mecedora.

"Mi pequeño Henry."

Chip sonrió y se dirigió rápidamente a darle un fuerte abrazo. El abrazo duró varios minutos luego se miraron a los ojos tiernamente.

"Quiero pastel" fue lo primero que dijo Chip.

"Lo sabía. Está esperando en la ventana enfriandose."

Los siguientes minutos pasaron en un festín de pastel de manzanas.

"Hacía mucho que deseaba llegar de nuevo a este momento." Chip sonrió y miró a su madre. "¿Cómo te va todo?"

Su madre sonrió. "Bien, bien. Cómo siempre. Estoy dando clases particulares al pequeño de los Smith, ¿te acuerdas de ellos?"

"¿Los Smith? ¿No eran aquellos a los que les robaba las mazorcas?" preguntó Chip.

"Los mismos. Pero dime cómo estas tu. Sé que te ocurre algo."

"Eso es el sexto sentido ese que teneis las madres verdad. No me pasa nada."

"Henry... no te tuve nueve meses y medio en la barriga para que me vengas ahora con esas. Sabes que no me puedes mentir."

Chip dejó el tenedor en el plato. "Está bien. No te puedo decir mucho, es simplemente, que no sé que hacer."

"Explicate." dijo su madre.

"Durante años he perseguido un sueño. He perseguido llegar a una meta y un día alcanzas el 'Dorado' y resulta que no es lo que esperabas, tus sueños se rompen como un cristal, y que hacer ahora, la vida vaga sin rumbo, sin saber a donde dirigirla, nada tiene sentido. Un asco."

La mano de su madre se posó sobre la de Chip, con un gesto tierno le apretó suavemente.

"¿Qué ocurrió exáctamente con tu sueño? Las estrellas como decias de pequeño. Siempre soñabas con las estrellas."

"No te puedo explicar nada y no es que no quiera, es mejor para ti."

"Militares, no sé como te pudiste juntar con esa gente, pero seguro que hay un buen motivo." La madre de Chip le sirvió un poco de zumo "Sólo puedo decirte una cosa, y citando a un autor europeo, 'Un sueño es aquello que reside en tu corazón. Cuando no sepas que hacer, pregúntale a tu corazón. Pues él siempre te guiará hacia tu sueño'. Pregúntale a tu corazón y haz lo que él te diga, pase lo que pase, como mínimo lo has intentado." depués de decir esto volvió a servir un poco más de zumo a Chip.

"Tienes razón... como siempre."

"Para eso estamos las madres... para tener razón."


 
"Cambios" I
Henry Garland
Doctor Henry Garland, Ingeniero mecánico, Hugo.


Chip se encontraba delante del enorme edificio, una estatua del Doctor Wetland custodiaba la entrada, a su lado un cartel rezaba: Wetland Investigaciones. Con paso decidido se dirigió a la entrada, el guarda le saludo con aire despreocupado tras un vistazo rápido a la targeta de seguridad de Chip. Este llegó a los laboratorios de investigación mecánica, saludo a los viejos compañeros y fue a ver a su supervisor. El doctor Caine estaba repasando los trabajos de varios de sus hombres, al entrar Chip se le quedó mirando.

"Buenos días Garland, llega tarde, además ayer no vino."

Chip sonrió se le acercó y apoyó las manos sobre su mesa.

"Sólo tengo una cosa que decirle. Usted y esta puta empresa dan asco, son la mayor escoria que he visto en cuanto investigación. Serían capaces de acabar con la vida humana con tal de ganar dinero. Me dan asco y pueden irse a la puta mierda." Chip se giró y se marchó del despacho, al fondo podía ir la voz airada de su supervisor.

"¡Puedes darte por despedido!" gritaba.

"¿Y quién quiere trabajar aquí? Aún me quedan por visitar el jefe de investigación y el director."

Treinta minutos después Chip estaba siendo 'amablemente' acompañado a la salida por la seguridad del edificio, en su mano estaba parte de la corbata del director de Wetland S.A.. La satisfacción que le inundaba había bien valido el rodillazo y los dos codazos de los agentes de seguridad privada.

Había pasado prácticamente una semana, todas sus pertenencias estaban empaquetas, en una maleta, y de camino con una empresa de transporte Tenesse. Mientras tanto Chip podía sentir el fuerte viento contra su cara mientras aceleraba todo lo posible su moto. Necesitaba sentir la libertad, dejar su mente en blanco.

Tardo varias horas en llegar a su destino, paro la moto a cierta distancia para poder contemplar la hermosa casa blanca de dos pisos, una valla un tanto vieja y un agradable olor a pastel de manzanas procedente de la cocina, como olvidar ese olor a pastel de manzanas, como olvidar la casa donde nacio.


 
"P3R-240 - Parte I"
Catherine Ford
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


(Cercanías del Stargate, 10 de Enero de 2001)

Un mar de arena dorada la rodeaba. Catherine entrecerró los ojos mirando hacia el cielo tras sus lentes oscuros, protegiéndolos del brillo de los dos soles que la iluminaban simultáneamente. Una gota de transpiración bajó a un costado de su frente, acariciando su mejilla, el cuello y finalmente perdiéndose bajo el uniforme. Con un suspiro, la Capitán volvió su atención al grupo de hombres que trabajaba afanosamente sobre la MALP.

Para ser justos, en realidad sólo el Sargento Porter trabajaba. El Cabo Channing estaba *asistiendo*, mientras que Jefferies se limitaba a *montar guardia*. Ella no sabía muy bien qué estaba haciendo Porter, ya que poco podía entender acerca de calibrar una sonda. Pero, claro, en su caso se cumplía la regla de oro: *el que sabe, sabe. El que no, jefe.*

Se sonrió, dando media vuelta para admirar las suave y ondulante superficie que se extendía hasta donde alcanzaba a ver, y seguramente mucho más allá. Si no tuviera testigos, abandonaría el uniforme y tomaría una hora de sol.

Y, posiblemente, me convertiría en la envidia de... frunció el ceño, pero por pocos segundos.

Sostenía con soltura el MP-10 que colgaba de sus hombros, como si hubieran nacido el uno para la otra, cuando, en realidad, el arma había sido una incorporación bastante reciente a su vida fuera de los ejercicios de entrenamiento de rutina. Lo único que la consolaba era que había mejorado años luz con respecto al comentario que recibiera de uno de sus instructores del ROTC: "La Cadete Ford demuestra una habilidad natural para acertar de casualidad," había dicho frente a todos sus compañeros, allá lejos y hacía tiempo.

Claro que no tendría que demostrarlo allí, en ese planeta caluroso, deshabitado y cubierto de arena de polo a polo, según asumía mientras caminaba tranquilamente, dibujando un círculo imperfecto alrededor del Stargate, sin dejar sus ojos fijos en ningún lugar en particular por más de pocos segundos. No entendía por qué habría un Stargate allí, pero seguramente había una razón aunque ni ella ni nadie más pudiera descifrarla. Hasta ese momento, la MALP no había sido de gran ayuda tampoco.

Se detuvo junto al DHD, dándole la espalda a Jefferies, y tomó un sorbo de agua de su cantimplora antes de cerrarla cuidadosamente.

Nada como el desierto para sentir sed... y más sed.

Todavía faltaba cerca de una hora antes de poder regresar a la UIC. Aunque Porter terminara antes, no les quedaba más alternativa que esperar: los horarios de conexión eran estrictos. En caso de emergencia deberían regresar vía el SGC, pero... ...con estos planetas que eligieron para hacer las pruebas de calibración, difícilmente veamos un alma, mucho menos un problema.

Con las manos seguras sobre el subfusil retomó su recorrida, sintiéndose agradecida por la visera que la protegía de la luz directa de los soles, y por los lentes que la protegían de su reflejo en la arena. Nada más fácil que deslumbrarse en aquel lugar. Nada más fácil que aburrirse, agregó para sus adentros antes de decidirse por crear un círculo algo mayor que el anterior con las huellas de sus botas.

Una suave brisa arenosa la acarició, interrumpiendo la calma que había sido la constante durante su primera media hora en aquel planeta. Estaba lejos de aliviar el calor que sentía: era demasiado caliente para su gusto. Al pasar una mano por su rostro, con el inútil afán de secar una nueva gota de transpiración, notó que la arena se había pegado a la piel. Voy a volver hecha una visión para ojos cansados...

Casi al mismo tiempo, se dio cuenta de que algo no era como debía ser. Al menos, no según lo que sabía de P3R-240 según el archivo del SGC. "Porter," elevó la voz, apenas, para asegurarse que el Sargento la escuchara a través de la corta veintena de metros que los separaban. Apenas esperó a que él levantara la cabeza para mirarla.

"¿Qué registro de vientos hizo la MALP desde que llegó?"


 
"Doctor Victor Von Garland"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, Ingeniero mecánico, Hugo
Doctor Victor Von Garland, Inventor loco, Hugo


Con todos mis respetos y admiración a Mary Shelley y El jovencito Frankestein.

La noche era oscura, las nubes de tormenta cubrían cada rincón del negro cielo, los truenos resonaban con una fuerza sobrenatural amplificados por las formas del valle, la lluvia azotaba como si intentasen atravesar el suelo al impactar.

El Doctor Victor Von Garland se encontraba de pie, junto a la mesa de operaciones, años de estudios y trabajos le habían llevado a aquel día, esa noche podía concluir todo con un estrepitoso fracaso o una absoluta victoria, detrás del doctor una figura curvada se movía nerviosa.

"¡Igor!" grito el doctor.

"Si, mi amo." respondió servicialmente el jorobado de ojos saltones.

"Pon en funcionamiento la máquina y pon algo de música."

Obedientemente, la figura se movió torpemente hasta uno de los cientos de aparatos que habían en la sala, de un pequeño cajón extrajo un cd y comenzó a sonar por todo el castillo los sólos de guitarra de James Hetfield. Acto seguido accionó una palanca que puso en marcha lo que tantos años había costado construir. La camilla comenzó a subir lentamente mientras la cúpula del laboratorio se abría, en el cielo los truenos resonaban a ritmo de la batería de Metallica. El doctor observaba estasiado y levantó las manos mirando el cielo.

A los pocos instantes de encontrarse la camilla en el punto más alto del castillo un rayo golpeó la misma produciendo un gran estruendo y una luz cegadora.

"Rápido Igor, bájalo, bájalo." grito el doctor.

La camilla comenzó a bajar lentamente hasta encontrarse de nuevo en su posición inicial, la lluvia caía a través del hueco dejado en el techo y Von Garland miraba con apremio a la espera de ver el resultado de su mayor esperimento. Entonces, ocurrió, debajo de la sábana algo se movio y poco a poco una figura se fue incorporando.

"¡Vive! ¡Vive! ¡Vive!" exclamó extasiado el doctor.

La chamuscada sábana fue deslizándose hacía al suelo dejando ver la criatura que había cobrado vida. El doctor Von Garland había conseguido lo que nadie creyó posible, dar vida a una criatura construida a partir de tejidos muertos de otros.

La bella figura era una mujer hermosa, de curvas perfectas, el más hermoso rostro jamás imaginado. Una mujer físicamente pérfecta.

"Poséeme." dijo la criatura.

De repente todo fue oscuridad, una negrura absoluta. Chip se levantó de un salto, se encontraba en la cama de su cuarto, miró a un lado y a otro perplejo y totalmente desubicado.

"Mejor me duermo y continuo con el mismo sueño."

De nuevo la oscuridad, la negrura absoluta. El doctor Von Garland se acerco a su criatura.

"Veamos cuan perfecta eres..."


 
"Sin rencores"
Paul Mallory
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


[Departamento de Historia de la Universidad Rice, Houston, Texas. Junio de 2001]

Nada más entrar en su despacho se dio cuenta de que había algo fuera de lugar, algo que no encajaba en aquel entorno que se sabía de memoria y en el que ahora se había colado un elemento *extra*.

Estaba depositado sobre su mesa, justo encima de un montón de portafolios con trabajos de final de curso para los rezagados y sobresalía con nitidez esperando ser tenido en cuenta.

Posó su maletín y tomó el paquete de pequeñas dimensiones en su mano preguntándose quién habría mandado algo así. No era habitual. Clarita, la becaria siempre le entregaba los paquetes personalmente, cuando sabía que podía encontrarle en el despacho para asegurarse de su correcta recepción.

Observó el exterior por todas sus partes en silencio tratando de buscar en vano un remitente pero no había escritura alguna. El primer nombre que asomó a su cabeza fue el de Rebecca, inmediatamente descartado pues no era su estilo. Ella habría colmado de glamour aquel bulto dejando bien a las claras que se trataba de algo suyo.

Enarcó las cejas un segundo decidiéndose a abrirlo y comenzando a sentir una enorme curiosidad por el contenido sabiendo imposible conocer el remitente. Al abrirlo observó que se trataba de un pequeño libro de aspecto antiquísimo. Paul abrió los ojos para darse cuenta de que no se trataba de un libro cualquiera.

Entreabrió la boca dejándose llevar por la sorpresa y la intriga. Era un manuscrito o al menos eso parecía por fuera pero daba la sensación de tener cientos de años. Era una especie de joya perdida. Se sentó para observarlo con mayor detenimiento sin abrirlo. Le infundía un tremendo respeto la visión.

Junto al libro había una pequeña hoja de papel doblada a la que Paul prestó inmediata atención desdoblándola tras posar el libro sobre la mesa.

Cuando leyó el contenido esbozó una sonrisa a medio camino entre el estupor y la admiración.
"Sin rencores, doc.
Jonathan Holmes."
Paul observó la hoja como aturdido, invadido por la pregunta que le asaltaba con total impunidad "Pero. ¿Cómo?..." Estaba claro que si Clarita no sabía nada, alguien se había colado inesperadamente en su despacho y aquel nombre le desconcertó. No pudo reaccionar. Aquel siniestro individuo que meses atrás le había dado un buen susto en un planeta lejano le había hecho llegar no sabía cómo una especie de incunable de misterioso contenido con afán de pedir disculpas.

Posó la nota desplegada sobre la mesa mirándola con intriga y cierta inquietud por aquel extraño *modus operandi* que desde luego si le parecía muy propio de aquel sujeto tan oscuro.

Por un instante, presa del leve desconcierto que aquel envío le había provocado miró a la puerta como culpándola por no haber sido capaz de decir nada ni dar la alarma.

Acto seguido volvió a mirar el manuscrito. Por un momento estuvo en silencio observándolo fijamente. Le inquietaba. ¿Cómo era posible que Holmes supiera que él trabajaba allí?. ¿A dónde enviarle cosas?. ¿Habría entrado él en aquel despacho para dejar en persona en paquete?.

Lentamente, casi con miedo, tomó el manuscrito entre sus manos y lo abrió con mucho cuidado en la primera hoja. La letra parecía antiquísima. En una tinta envejecida y en hojas amarillentas que delataban una más que probable autenticidad. El lenguaje le resultó inmediatamente familiar. Parecía castellano, castellano antiguo. Estaba muy familiarizado con aquella escritura y con un poco de atención su sorpresa fue en aumento al leer las primeras líneas.

No pudo dar crédito a lo que estaba leyendo.

"En el año de Nuestro Señor de Mil Cuatrocientos Setenta y Ocho a 14 de mayo, desplazados de nuestra ruta por la impía borrasca alcanzamos arribar a un archipiélago que me pareció ser el mismísimo paraíso y que según Manuel Linares se encontraba a entre setecientas y ochocientas leguas de las Canarias navegando en dirección oeste como parecían habernos querido llevar los desatados vientos...

...Y habían coloridas y extrañas aves que surcaban sus cielos Y hermosas mujeres que yacían con nosotros creyéndonos dioses y nos daban parabienes y ofrendas de oro a nuestra complacencia..."

Paul pasaba hojas leyendo breves líneas sin dar crédito a lo que su cabeza aprehendía.

"Hallamos tiempo después una mina de oro inmensa de la que aquellos hombres extraían lo que necesitaban para sus ornatos y joyerías. "

Con presteza miró el final de aquel extraño manuscrito sin pestañear. Aquello le tenía completamente absorto y por más que fruncía el ceño no podía creer lo que leía.

"Y ahora que mis entrañas arden y apenas si me tengo en pie por el dolor, padezco por no haber quedado allá hasta que este final malogrado de mis días llegase al menos prendado de aquella tierra incógnita que tantos placeres ofreciera a mis sentidos.

En Porto Santo, Madeira. En el año de Nuestro Señor de Mil Cuatrocientos Setenta y Nueve, a 16 de febrero. Alonso Sánchez de Huelva."

Paul se quedó mirando completamente parado, quieto, inmóvil ante aquella última línea de texto.

Estaba claro que Holmes daba la imagen de tipo despreciable pero Paul no estaba preparado para algo como aquello. Paul siempre había tenido en cuenta a cierta distancia las tesis de algunos profesores que sostenían la hipótesis del llamado *prenauta* que suministró información valiosísima a Colón para el desempeño de sus posteriores viajes pero ese manuscrito... Aquello era como un tiro entre las cejas.

Miles de preguntas le bombardeaban sin descanso. Pensó en hacer un par de llamadas que verificasen la autenticidad de aquel libro. Pensó en interrogar inmediatamente a Clarita para saber quién había dejado el paquete en su despacho. Sin embargo cuando recordaba el apellido Holmes y volvía a su cabeza la sonrisa burlona de aquel tipo descarado y sarcástico alcanzaba por instantes a ver una respuesta clara a ambas cuestiones.

En ese momento llamaron a la puerta. Una silueta se percibía tras el cristal biselado. Paul se precipitó a guardar el manuscrito y la nota, así como el papel que envolvía a ambos en un cajón de su escritorio, justo antes de indicar con voz algo sobresaltada que quien estuviera al otro lado de la puerta podía pasar.

Clarita, una joven de tez morena y de baja estatura entró y saludó a Paul dejando sobre su mesa un libro que éste le había prestado el día anterior.

- Clarita - dijo Paul haciendo una breve pausa en la que los ojos negros de la joven se fijaron en él. - ¿Has visto a alguien entrar en mi despacho ayer por la tarde o esta mañana temprano? -

La joven hizo ademán de hacer memoria y esgrimió un gesto de negativa. - Pues no que yo sepa. Ayer cerré el departamento a eso de diez de la noche y nadie vino y hoy por la mañana cuando llegué a las ocho todo estaba como ayer lo dejé. - terminó sonriendo.

Paul bajó la mirada comprendiendo que efectivamente aquel era el *modus operandi* de alguien como Holmes. Esbozó una leve sonrisa y meneó la cabeza cerrando los ojos. - Gracias Clarita - respondió Paul. La joven emprendió el camino de regreso hacia la puerta cuando Paul interrumpió su caminar.

- Ehm...Clarita. ¿Te importaría llamar a Emma y decirle que deje un momento el archivo y venga a mi despacho, por favor?. Necesito su ayuda para resolver un... ...*misterio* - dijo Paul sonriendo con ironía mientras echaba un vistazo al cajón cerrado donde se encontraba el manuscrito.

La becaria sonrió en señal de afirmación y salió del despacho cerrando la puerta casi al mismo tiempo que Paul volvía a abrir el cajón para observar fijamente aquel texto mientras recordaba la grotesca sonrisa de Holmes detrás de aquellas antiguas páginas amarillentas y deterioradas.


 
"Resaca II"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo


*En capítulos anteriores: Chip, después de golpear a uno de sus más odiados enemigos cogió la cogorza del siglo, yendo de bar en bar hasta que por fin después de una noche bañada en alcohol y algún otro líquido que es mejor no nombrar desperto con lo que mucha gente llamaría el mayor dolor de cabeza de la historia. La sorpresa de Chip fue ver como ha su lado había una mujer de la cual no recordaba nada y peor aún se encontraba en la habitación de ella y peor aún esposado a la cama sin posibilidad de huir y peor aún ¡ella era policia! ¿Cómo huirá Chip de una situación tan embarazosa como esta? ¿Cómo podrá evitar que le peguen un tiro si ni siquiera recuerda su nombre? ¿Cómo conseguirá huir estando esposado? Si quieren saber el resultado de tan intigrante historia tan sólo deben continuar leyendo este posteo...*

Chip cogió la llave que estaba en la cama y con toda la celeridad que pudo se quito las esposas, las muñecas le dolían aunque no era lo único que le dolía. Una vez liberado comenzó a buscar su ropa, la camisa, los calcetines, los calzoncillos ¿donde diablos estaban los pantalones? Por fin Chip encontró los pantalones, tuvo que quitar un tanga entrelazado en una de los camales del mismo, entonces oyó como la puerta del baño se abría y unos pasos se dirigían hacía la habitación, rápidamente lanzó toda la ropa al suelo y se tumbó en la cama disimulando.

La chica entró por la puerta sonriendo, estaba desnuda y su cuerpo relucía debido al agua que todavía resbalaba por su cuerpo.

"Veo que ya te has soltado" sonrió picaramente "si quieres puedes ducharte tú ahora" la chica se sentó en la cama y le dió un beso.

Chip sonrió respondiéndole el beso, fue entonces cuando vió, tirado en el suelo una de las camisas del uniforme, una camisa con una pequeña plaquita y un nombre...

"Marie" dijo Chip casi inconscientemente.

"Ese es mi nombre, ahora ves a ducharte. Ya sabes donde esta el baño." Chip se levantó al mismo tiempo que recibía una palmada en el culo.

Chip salió por la puerta más desorientado que nunca, por lo menos ya sabía su nombre, aunque claro, tenía el mayor dolor de cabeza que pudiera recordar, no tenía ni idea de que había pasado anoche y peor aún, no sabía donde estaba el baño. Recorrió la casa con cautela, al final del pasillo habían cuatro puertas, una de ellas debía ser el baño.

"En la puerta número uno..." Chip abrió la puerta, se trataba de la cocina, se dirigió a la siguiente puerta. "En la puerta número dos..." el armario, un bate de beisball estuvo a punto de golpearle en la cabeza y caer al suelo, por suerte Chip reaccionó a tiempo y evitó el desastre. "En la puerta número tres..." Chip se quedó parado mirando la habitación, decir de piedra no hubiera descrito la quietud y el blanco color de marmol que se le había quedado y es que la habitación de suaves colores rosas pertenecía a una niña, que por suerte no se encontraba allí, habían algunas fotos suyas con su madre, Marie. Sin dudarlo entro en la cuarta puerta que efectivamente era el baño. "Claro, al fondo a la derecha, como no he podido darme cuenta."

La situación se complicaba, Chip no recordaba nada de lo que había pasado anoche, no sabía ni lo que le había dicho y si le había mentido y ahora se equivocaba al contarle algo.

La ducha le sentó bien, le refresco el agua fría y le alivió el dolor de cabeza, aún debía pensar como salir de esa situación. Cuando llegó al comedor Marie estaba vestida con el uniforme policial y dos tazas de humeante café.

"Me imaginé que querrías café, no sé como te gusta, así que te lo he traido sólo y aquí tienes leche y azucar por si quieres" dijo.

"No. Creo que me vendrá bien el café a solas." Chip se sentó y reinó el silencio, los dos permanecían callados, sin saber muy bien que decir. Al fin, Marie rompió el silencio.

"Mirá, quiero serte sincera" comenzó a decir "la verdad es que recuerdo bastante poco de lo que paso anoche, se que paso... más o menos, pero no del todo. Tenía la esperanzá de que me fuera acordando, pero no quiero quedar mal contigo... lo siento."

"Si quieres que te diga la verdad... yo no recuerdo nada de nada." Chip suspiró y Marie le miró sorprendida.

"¿Nada de nada?" preguntó.

"Ni lo más mínimo" respondió Chip.

Marie sonrió y rió por lo bajo, puso su mano sobre la de Chip. "Bueno, no te preocupes, es comprensible, si yo ayer había bebido mucho tú ya sobrepasabas los límites inimaginables."

"Jejejejeje, eso es cierto, no están siendo unos buenos días en mi vida." dijo Chip.

"En la mía tampoco"

Chip miró a los ojos semi lacrimosos de Marie "Seguramente ya me hayas contado la historia, pero hagamos como si nos acabamos de conocer..." Chip se levantó y le tendió la mano "¡Hola! Me llamo Henry Garland, pero todos mis amigos me llaman Chip, puedes llamarme así."


 
"Resaca I"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo


Chip se despertó, abrió un ojo con lentitud, le costaba, era como si los pardados estuvieran pegados con algún pegamento natural más fuerte que ninguno de los existentes en los mercados ¿quizá debería patentarlo? Poco a poco consiguió abrir lo dos ojos, miró el techo. "Este techo no lo conozco" pensó.

Se incorporó para encontrarse en una habitación totalmente desconocida, en una cama que no era la suya, el cuarto estaba decorado minimamente, un cuadro de una cantante de cuyo nombre Chip desconocía, parecía asiática, una mesa con escasos material encima y una estantería con unos pocos libros, a esa distancia no distinguía los títulos, al lado había un pequeño armario abierto, Chip agudizó la vista... no podía ser, volvió a mirar... en el armario había bastante ropa femenina y... uniformes policiales, muy muy lentamente giró la cabeza, a su lado, tumbada había una mujer, una mujer que no le sonaba absolutamente de nada, a los pies de la cama, otro uniforme.

"Mierda" fue todo lo que pudo decir. Chip comenzó a pensar rápidamente, no recordaba nada de anoche, sabía que había salido del bar de Moe con alguna cerveza de más en el cuerpo y luego... nada, en blanco ¿cómo había acabado allí con una policia? ¿qué pasaría cuando se despertase y Chip no recordase ni su nombre?

Sólo quedaba una solución, tenía que marcharse antes de que se despertase, con cuidado fue a coger los pantalones que estaban a los pies de la cama, pero no pudo ¿por qué? por que la muñeca de Chip estaba esposada a la cama, la cara de sorpresa que puso era digna de una serie de dibujos animados de la Warner y como no, no eran unas esposas falsas, era de esperar siendo ella policia. Chip comenzó a sudar.

¿Donde estaría la maldita llave? Con la vista recorrió la habitación, en ningún rincón parecía que estuvieran las llaves, entonces miró el cuerpo oculto bajo la sábana que estaba a su lado, con cuidado para no despertarla le quito la sábana, estaba de espaldas no estaba nada mal, un cuerpo muy bonito ¿cómo sería de cara? no, mejor no saberlo, mejor coger la llave y largarse. Costó pero por fin la encontró, estaba justo al otro lado de la cama, sólo tenía que estirar el brazo libre y cogerla.

Ya la tenía cuando la mujer se giró y le cogió por la cintura, comenzó a moverse y terminó por despertar, le miró y Chip sacó la mayor sonrisa que en aquella situación se podía sacar.

"Buenos días preciosa" dijo sin saber si recibiría un beso, un puñetazo o un tiro.

La chica se incorporó y le beso apasionadamente "Buenos días hombretón, voy a darme una ducha, si quieres te duchas tu luego, no puedo estar hasta muy tarde que dentro de unas horas trabajo." después de decir esto se levantó y salió de la habitación.

Chip miró la llave, no tenía mucho tiempo antes de que volviera.


 
"La diversión está incluida"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo


Chip se encontraba en un local habitual, solía ir a tomar algo cuando salía de trabajar, intentando sacarse de la cabeza su vida aburrida, por lo menos cuando estaba en la NASA no conocía lo que existía más allá y se conformaba con hacer diseños para mejorar el brazo mecánico de un transbordador o los paneles solares de un satélite, pero ahora, para que quería diseñar eso sabiendo que podían viajar a millones de años luz con un solo paso. Sus talentos no debían ser utilizados en investigar nuevas maneras sino en 'desmenuzar' y averiguar como funcionaban aparatos con los que ellos sólo podían soñar y así aprender de ellos.

"Dame otra... jarradecervezaJim." dijo Chip.

El camarero se acercó lentamente y comenzó a limpiar con un trapo delante de Chip y le dijo: "No crees que ya has bebido bastante Henry, quizá deberías irte a casa. Antes un viernes hubieras venido con una mujer para invitarla a una copa e irte luego a casa."

Chip miró el trapo moverse de manera circular ¿por qué siempre que un barman iba a decirle a alguien que no debía beber más hacía aquello? ¿sería alguna señal secreta entre barmans?

"Mira John... soy yo quien pago... soy yo quien decido cuando debo de dejar de pagar... ips... Es cierto que no... me vendría mal una mujer... pero creo que estoy demasiado borracho... ips... como para ser lo suficiente 'hombre' y no me... gusta dejar las cosas a medias." Chip acercó la jarra a la cara del camarero "Rellenala Marcus... ips..." el camarero cogió la jarra, la relleno y se la sirvió con cara de desaprobación.

Chip siguió bebiendo perdido en sus pensamientos, a cierta distancia, en una mesa apartada dos tipos conservaban avidamente sobre como conseguir enviar una sonda a Marte, Chip agudizó los ojos, se lenvanto y tambaleandose se acercó, se acercó tanto que se puso a tan sólo pocos centímetros de uno de los tipos, de repente dió un respingo hacía atrás y lo señaló con el dedo.

"¡James Cranger!" Chip se quedó parado, muy quieto mirándolo con los ojos muy abiertos, el hombre que Chip señalaba lo miró sorprendido.

"Vaya, vaya, no me imaginaba encontrarte por aquí Henry, sientate con nosotros." Cranger le señaló con una mano. Chip se sentó en la silla sin dejar de mirar a Cranger, el alcohol se le había evaporado de repente, de la fragancia embriagadora a un fuerte y creciente sentimiento: ira. "¿Qué haces por aquí? Pensabamos que después de que te fuiste de la NASA te habrías ido a europa o algún otro lugar remoto donde nadie te conociera, nadie supo nada de ti."

"Estuve... lejo." fue la escueta respuesta de Chip.

"Lejos ¿eh? La verdad es que fue efectiva tu manera de desaparecer." Cranger rió. Chip se fue encendiendo y cogió con fuerza la jarra de cerveza, ese hombre le había destrozado la vida en la NASA, su brillante carrera, todo por su incompetencia, por sus antiguadas ideas. Pero de repente cayó en la idea, que si no llega a encontrarse en esa situación a lo mejor jamás hubiera entrado en el proyecto y jamás hubiera conocido lo que conoció.

"Sabes" dijo "te he de dar las gracias."

"¿Cómo?" fue la respuesta.

"Gracias a ti he visto cosas que jamás soñarías, he averiguado que yo tenía razón y que tú sólo eres otro patán de miras estrechas, que se cree que avanzar es andar con una vela en vez de correr con una linterna." Chip comenzó a reir. "Definitivamente, muchas gracias Cranger, gracias a lo inutil que eres he visto 'la luz'."

"Estás loco Henry."

"¿Loco? Quizá, pero quien desea ir a Marte pudiendo ir más allá. Por cierto, he oido que el último satélite que hiciste fue hace ya un año y que te han trasladado a un departamento burocrático ¿que ha pasado? ¿por fin se han dado cuenta en la NASA que realmente no vales para nada?"

Cranger se levantó violentamente, la silla fue a parar al suelo, su compañero se levantó para calmarlo. "Tú que sabrás, no eras más que un mequetrefe sin ideas, todo lo que hacias era absurdo. Sabes, puede que este en un departamento burocrático, pero eso me da poder para encargarme que te quedes sin trabajo, no volverás a pisar un laboratorio."

Chip sonrió dejó la jarra en la mesa y con un rápido movimiento tumbó a Cranger en el suelo dejándolo inconsciente. "No importa, hace cinco minutos que he decidido dejarlo." se dirigió lentamente al barman y le extendió varios billetes "Esto por las molestias de todo Moe."

"Por lo menos ahora has dicho bien mi nombre, ¿ese es el Cranger que te jodió la vida?" preguntó.

"Si, siempre quise hacer eso." luego se dirigió hacia la salida.

"¿Y ahora qué?" preguntó Moe antes de que saliera por la puerta.

"No lo sé, para empezar me iré de fiesta y traeré una mujer a tomar algo."


 
"Gigantes y molinos"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup, bióloga.
Dr. Paul Mallory, profesor de Historia.


Quizás fuera por la tensión que se respiraba en el ambiente o por el excesivo calor o por la enorme cantidad de arena que lo cubría todo pero, a pesar de encontrarse bien allí, sentía cada vez más adosada a su nuca una incomodidad que no le parecía buen inquilino en aquellos momentos. Se acercaba hacia Madeleine en cuyos ojos percibió una sensación de rabia como si de la pataleta de una niña pequeña se tratase.

Al llegar a su altura apartó la mirada por un momento para observar como, a cierta distancia, Lebau y Catherine se encontraban cerca de echar el cierre a la misión. Paul no miró con buenos ojos a Lebau. De repente sintió un poco de hambre y comenzó a buscar en los bolsos de su chaleco una chocolatina o algo que los militares hubiesen dejado ahí para su *regocijo*.

Al final encontró lo que buscaba. La abrió y le dio un buen bocado notando el sabor dulce de la misma mientras cerró por un momento los ojos y acto seguido volvió a abrirlos para echar otro vistazo a Catherine. En cierto modo aquello había estado muy bien. Visitar un mundo alienígena con un enorme secreto que seguramente acabaría olvidado y sepultado por la arena en aquel mundo perdido y dejado de la mano de Dios. No. No estaba bien. Nada bien.

Madeleine torció de nuevo la cabeza hacia donde estaban Dara y Ana. Sonrió a estas, y de nuevo miró seriamente a Paul, el cual daba un buen mordisco a una chocolatina para a continuación mirar a Catherine. Un segundo después su mirada se cruzó con la de Paul. En el fondo sabía que dejar aquella pirámide sin más no era bueno, a pesar de los terremotos, el riesgo merecía la pena. Habría que asumir ese peligro y volver fuera como fuera. Si se quedasen atrapados siempre podrían ser rescatados por la tok´ra.

- ¿Estarías dispuesto a correr un peligroso riesgo? -, preguntó Madeleine mientras observaba la reacción de Paul a su pregunta.

Paul detuvo el movimiento de su boca al oir la voz que provenía de su lado izquierdo. La interrogante de Madeleine le sonó a pregunta de examen. Bajó la vista para seguir masticando durante unos breves segundos. Volvió a alzarla y se quedó mirando a Madeleine con cara de pocos amigos.

- Bueno, eso depende de por qué motivo estaría dispuesto a correr un peligroso riesgo. Si te refieres a la pirámide mi respuesta es sí. Correría ese riesgo. Esa pirámide vale la pena y representa una oportunidad única. No es justo condenarla a desaparecer en el olvido sin darle al menos la oportunidad de contarnos lo que esconde -.

Al terminar la frase los ojos de Paul se habían trasladado a la dirección imaginaria en la que se encontraba la pirámide. Se quedó despacio en silencio y con la mirada un tanto perdida.

Madeleine igualmente miró hacia la pirámide. Y añadió en alto, - debemos buscar la forma de regresar sea cual sea -. Y al terminar su frase centró su mirada en la de paul, para observar su reacción.

Paul enarcó una ceja y tragó con dificultad en bocado de la chocolatina mientras volvía la mirada hacia Madeleine.

- ¿Qué?. Oye, Nadie quiere volver allí más que yo porque no soporto dejar un trabajo a medias, pero no pienso contravenir las órdenes de esta gente porque no quiero verme en más problemas de los que ya estoy. Así que si estás pensando en cosas raras como escapaditas o escaqueos, olvídalo. A Catherine ya le he dado todos los argumentos de que dispongo y no ha servido de nada.-

- Paul... -, dijo ella bajando la voz. - No digo que Catherine tenga que saberlo. No se trata de convencerla, sino de hacer algo-.

Paul sintió que la chocolatina ya no le hacía ninguna gracia y aquellas insinuaciones de Madeleine si que empezaban a ser una incomodidad. Mallory bajó igualmente la voz hasta nivelar su tono con el de ella y enarcó la ceja en señal de incredulidad por lo que Madeleine estaba a punto de proponer.

- A ver. Sorpréndeme...-.

El tono empleado por Paul y el gesto que empleó para remarcarlo la dejó un tanto molesta pero le contestó.

- Bueno, todavía no se me ha ocurrido nada... pero estoy en ello -. Y algo frustrada, se cruzó de brazos y se mordió, un labio. Si Paul no ponía de su parte, tendría que actuar ella sola.

- Madeleine no se te vaya a ocurrir hacer una estupidez. Una cosa es arriesgar y otra suicidarse. Y no lo digo por la pirámide. Yo volvería ahora mismo. Pero con esos tipejos armados y nerviosos, me parece que no es el mejor momento y además. ¿Qué harías tú dentro de la pirámide?. ¿Me lo quieres explicar?.- Los ojos de Paul volvieron hacia los de ella buscando una respuesta clarificadora pues a Paul le costaba entender que la especialidad de Madeleine le siriviera dentro de aquel edificio.

Madeleine se volvió a Paul y le contestó, - no me refiero a salir corriendo ahora, sino pensar en algo cuando estemos en la base ... y regresar si es necesario de cualquier forma posible - , sentenció finalmente con gravedad.

Paul apartó la mirada de los ojos de Madeleine por un momento meneando la cabeza y algo contrariado por la terquedad de su colega. - A ver Madeleine. ¿Tú crees en serio que si regresamos a la base nos van a dejar volver?. ¿De verdad piensas que se van a tragar cualquier mentira que les digamos para que nos dejen volver?. Por favor, Madeleine, abre los ojos. La única oportunidad de salir de aquí bien parados la tenemos ahora mismo y desde luego aquí nadie está por la labor de ayudarnos un poco - terminó sentenciando Paul rememorando el rostro de la timorata capitán Ford hacía unos minutos.

Madeleine no pudo por más que dar una pequeña patadita a una piedra del suelo y respondió: - Ya veremos cuán elaborada puede ser una mentira... ya lo veremos Paul... ya veremos si regresamos o no. - Y con ese gesto caraterísitico de ella volvió a patear la piedra.

Obviamente Paul no la ayudaría, ya vería ella como lo haría. Aunque tenía en parte razón, sería dificil convencerles del regreso... pero siempre quedaba la puerta de atrás...

Mallory observó las evoluciones de la piedra que Madeleine había golpeado con el pie y tras calarse nuevamente las gafas comenzó a caminar muy despacio y pasando justo por delante de su interlocutora, momento en el cual se detuvo y le lanzó una sonrisa amigable bajando por un momento sus lentes y dejando asomar sus ojos a la vista de los de ella.

- Peque, no quiero que te metas en problemas... ...si existe aún alguna oportunidad de salvar lo que queda de esto, estoy seguro de que sabremos el momento en que debemos aprovecharla, pero por ahora no conviene empeorar las cosas. - Terminó la frase guiñándo un ojo y volvió a subirse las lentes oscuras para continuar una marcha cansina hacia ninguna parte. Quería echar un último vistazo a aquel lugar a solas consigo mismo. Era la primera vez que sentía el fracaso acechando en su nuca.


 
"Pensamientos"
Madeleine Monteloup
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)


Madeleine siguió unos pasos dejando tras de sí a Paul y al resto del grupo y se alejó de ellos bastante airada. Vió a Catherine cerca del marcador junto a Lebau. No le conocía lo suficiente pero al igual que con Holmes le despertaba cierta desconfianza. Observó a Catherine unos instantes y pensó lo duro que debía ser para ella todo. Cuando regresasen hablaría con ella, tenía que haber alguna solución auqnue tuvieran que hacer trampa. Debía reconocer que Paul tenía algo de razón, la clave estaba en la pirámide. Seguro que algo podrían hacer. Podrían regresar a hurtadillas, o con algún pretexto. Madeleien tenía claro que algo habría que hacer y estaba dispuesta a mentir si fuera necesario. Quizás si investigara a fondo algunas de las plantas que aparecían en las piedras, encontrara alguna que sirviera a los propósitos de los militares. Alguna planta para su guerra bacteriológica, o algo por el estilo. No estaba aún segura, pero si tenía que improvisar algo para ayudar a que no cerrasen el proyecto, lo haría sin ningún remordimiento de conciencia.

Con pensamientos mucho más animosos, Madeleine repiró hondo a pesar de que en cada respiración le dolían todos los músculos. Se acercó a Catherine y a Lebau. Al ver que estaban distraidos hablando Madeleine se alejó un poco de ellos y giró la cabeza para ver donde estaban los demás Ana, Dara y Paul se dirigían hacia ella. Paul la miraba seriamente y Madeleine respondió a su mirada con otra también seria y llena de ira. Giró la cabeza de la forma en que solía hacerlo y con marcado desdén espero a que llegaran hasta ella.


 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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