Archivo de misiones
"En la boca del lobo"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Cualquier día normal, pasadas las 16:00 estaría camino a cambiarse para ir a su casa. Pasadas las 16:45, en la playa. Pero, claro, no era un día normal. Catherine observó el cielorraso del ascensor, que parpadeaba semi-intermitentemente debido a la horrorosa iluminación. ¿Por qué, siempre, eran tubos fluorescentes? Podía explicarse la falta de espejos, pero no eso. Volvió la vista al frente apenas se abrieron las puertas en el nivel 5, y abordó el corredor con poca energía. Realmente, no tenía ganas de hacer lo que estaba haciendo, pero por algún motivo no podía decir que no a Martha.
Si bien no podía asegurar que eran las mejores amigas, la rubia miembro del equipo de trabajo de Holmes le caía bien. Seguramente todo habría comenzado con la sonrisa brillante con la que se lo había "cedido" hacía meses, la noche de la inauguración presidencial, durante la fiesta del Departamento de Defensa. Pero también, sin dudas, si no fuera por ese acto de obvio desinterés, ella ahora no tendría tantas ganas de salir corriendo en la dirección contraria, en lugar de acercarse a esa oficina en particular.
Una vez frente a la puerta, tomó aire. Seguramente le haría falta. Podía escuchar la voz de Jon, dentro, seguramente ocupado al teléfono. ¿Qué hora sería en el continente? Nunca lograba hacer la cuenta. Pero no debía ser un horario agradable para nadie. Mientras golpeaba la puerta rogó a los cielos que, del otro lado de la línea, ya estuviera Martha. Y que ambos tuvieran para largo.
Holmes se encontraba bastante enfadado, y su contertulio al otro lado de la línea también, tenía que descargar su enfado y por eso había llamado al número particular del senador Sebastián.
Sabía que era el mayor problema del senador, ...y para seguir siéndolo le encantaba despertarlo, y que supiese que por mucho que variara su teléfono privado siempre llamaba al correcto, ...de madrugada. Pero ya los descalificativos estaban siendo personales (suponía que por la falta de descanso de los dos), así que se sintió aliviado por el aviso de la puerta. Colgó casi sin despedirse y, todavía con la adrenalína a pleno funcionamiento, abrió. Cuando vio a Catherine, su cara cambió, y hasta él se dió cuenta -Tengo que estar más atento, parezco un estudiante de bachillerato-, así que recomponiéndose tras su máscara lanzó una de sus frases.
"Vaya, una agradable sorpresa, ¿a que debo este honor? "
Hubiera sido bueno poder retroceder el tiempo para decidir escribir el mensaje y pasarlo por debajo de la puerta, pero ya era tarde. Lo que fuera que estaba pasando, estaba mal, muy mal. Catherine se descubrió mordiéndose el labio inferior antes de responder.
"La Doctora Oesterheld ha estado tratando de encontrarte... tu extensión estaba ocupada," se sintió a punto de tartamudear, pero continuó de todas formas. "Así que me llamó a mí, y me pidió que te avise que necesita comunicarse con vos." Parpadeó. "Nada más."
Holmes la miró a los ojos " Ya...debía de imaginar que que la Capitana no quisiera hablar de nada más que no fuera trabajo. Gracias por el mensaje, ...y deberías de llamarla Martha, ya sabes que siempre que habla contigo te obliga a llamarla por su nombre de pila, ...no sé por que extraña razón le caes tan bien, puede que fuera por esos días en las que las dos quemaron la capital."
El suspiro de Catherine tenía más de frustración que de otra cosa. Afortunadamente, aún se encontraba en la relativa seguridad del corredor, lo cual le ofrecía una relativa confianza. "Jon, realmente no quiero," pronunció las últimas palabras con cuidado, "tener problemas. Más problemas," se corrigió en voz baja. "Estoy haciendo lo mejor que puedo. ¿Qué esperabas?"
"No lo sé... también las cosas se están poniendo calientes a este lado de la mesa Cat, y mi especialidad es arriesgarme, esperaba... nada déjalo, ni es el momento indicado, y creo que no soy la persona indicada, conoces demasiado poco de mi, y de mi pasado, ...ya perdí a alguien que no podía soportarlo, y me molestaría que..." Holmes dejó la frase en el aire, pero la terminó en su mente - Me odiaras, te alejaras de mí, que me consideraras un monstruo, ...y todo lo que puedas imaginar -
A esas alturas, la Capitán dio un paso hacia atrás, para observar mejor hacia uno y otro lado del pasillo. Reconfortada que no habían llamado la atención de nadie, apoyó sus manos sobre el pecho de Holmes y lo empujó hacia el interior de su oficina, mientras con un pie cerraba la puerta, tratando que no se golpeara contra el marco.
Había pasado lo que no podía calificar de forma diferente a un día de mierda, y ahora el señor se daba el lujo de esconder la mano con la que había arrojado la piedra. Él había tomado el paso que había desequilibrado su orden interno, el que tantos años le había tomado construir y en medio del que se había sentido protegida, y ahora simplemente podía darse el lujo de poner todo de cabeza, otra vez. Dos en un día. Era demasiado.
Las palabras se atoraban en su garganta, una tras otra, esperando para estacarlo en cuanto pudiera deshacerse del nudo que no les permitía salir. Sus ojos brillaban, oscuros bajo la luz artificial, clavados en los de él. Sin embargo, a diez centímetros de acorralarlo contra su escritorio, se detuvo. Catherine tragó saliva con dificultad, y desvió su vista hacia la lámpara del escritorio.
Se volvió hacia la puerta. ¿Qué sentido tenía nada, después de escuchar palabras como aquéllas? "No te olvides de llamar a Martha," dijo, mientras giraba el picaporte. Esperaba que Jonathan la hubiera oído, porque ni ella estaba segura de haber más que susurrado.
Holmes apoyó la mano contra la puerta. "Bien juguemos hasta el final, no se lo que pasará apartir de ahora, pero no voy a pararlo ", apoyó las manos sobre sus hombros y se hacercó a ella, quizás con demasiado peligro. "Pero antes de seguir, quiero contarte un par de cosas que llevan atrapadas mucho tiempo,...y como no se como será nuestra relación después de esto..." y volvió a besarla, esta vez de una manera lenta, pero no menos apasionada. "Busca un lugar para charlar un buen rato"
"¿Qué soy? ¿Tu secretaria?" alcanzó a balbucear Catherine, tratando de recuperar el aliento. Tres veces en el mismo día, era lo único que podía pensar. No entendía más nada. Y pensar en salir... cuando todos sus planes se reducían a una cena tranquila en el comedor, y una noche de insomnio en el pequeño pero sorprendentemente cómodo catre de su habitación de la base. Pero, si iban a hablar, lo mejor sería estar lejos de aquel complejo subterráneo, donde tanto escaseaba la privacidad.
Se encontró perdida en el verde de sus ojos, trazando con el índice el contorno de su mandíbula. Había deseado hacerlo durante todo el día. "Tiene que ser cerca, no quiero volver después de las siete," concedió, casi sin darse cuenta. "¿O mañana...?" Súbitamente, la idea de salir de la base la asustaba. No por él, sino por lo que significaba salir, con él. O separados, pero que los vieran juntos en algún lugar. Estaban hasta el cuello, pero al menos los dos lo sabían.
"Creo que hoy... apago el ordenador y dime donde te espero... y no te preocupes, te traeré devuelta antes de que la carroza se transforme en calabaza ...vaya vuelvo a poner la frase irónica en todas la conversaciones, tengo que dejar de hablar como si estuviera en una película... pero bueno, la vida ya es demasiado complicada". Y empezando a sonreir añadió "Espero que los demás chicos de la escuela no nos vean, claro que siempre podrás decir que me encontraste y me estabas peleando por lo malvado que soy"
Ella devolvió la sonrisa y bajó los ojos durante un momento. Fingir casualidades no los ayudaría mucho, de eso estaba segura. Si iban a ocultar algo, lo mejor sería hacerlo 'a plena luz del día'. "Mejor decimos que me invitaste un café. Yo me cambio y nos encontramos en la entrada, conozco un lugar tranquilo en Pago Bay... a unos veinte minutos de distancia. Debiera darnos suficiente tiempo."
Seguía abrazado a ella, su mente no paraba de generar hipótesis y ecuaciones, en todas el resultado no cuadraba con lo que a el siempre le gustaba, tener todo controlado. El introducir la variable de las emociones, era bastante ilógico... pero mágicamente encantador - Lo dicho parezco un chico de instituto, y lo que más me molesta es que se que no es el momento, que sé que ...que lo único que sé es que ahora no me importa -
"No sabes cuanto me gusta escuchar mi voz." Bromeo Holmes. "Y espero que sirvan algo más fuerte en ese sitio, la cafeína ya surte efecto una vez traspasado el límite de saturación ...pase lo que pase, espero que no odies este momento."
"Existe algo llamado café irlandés..." respondió ella antes de besar su sonrisa con suavidad, demorándose en el gesto varios segundos más que lo estrictamente necesario, esperando que entendiera el mensaje: se sentía lejos, muy lejos del arrepentimiento. Le costó separarse de él, pero los segundos seguían contando y ya había estado en su oficina más tiempo del suficiente para dejar un mensaje, el motivo oficial de su visita. "¿Te parece en diez minutos?"
Le devolvió la sonrisa "Demasiado tiempo... pero creo que podré dejarte sola un instante mientras hablo con Martha, le daré saludos tuyos". Vió como salia, y tardó en concentrase, mientras marcaba el número que la pondría en contacto con su compañera, sólo podía pensar en que estaba sintiendo lo mismo que cuando se movía tras líneas enemigas, y se arriesgaba a entrar en la boca del lobo. Al otro lado oyó una voz familiar.
"Hola Martha, comentame qué se ha roto esta vez."
"El mar de informes"
Doctor Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Doctor James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Cinco horas después los números empezaban a cuadrar, no había sido fácil buscar los resquicios necesarios en las ordenes, contabilizar los grupos y sus misiones, mezclarlos con sus días de descanso, aumentar la operatividad con especialistas en distintas áreas...y lo más complicado de todo, de quien prescindir.
Si, no había sido nada fácil, los tres ordenadores que permanecían encendidos mostrando bases de datos y hojas de cálculo, los expedientes apoyados de cualquier manera sobre las mesas y en el suelo, algunos apilados en oposición a las más normales reglas de equilibrio, daban fe de ello.
Pero sobre todo, se empezaba a conocer que se había llegado a una decisión, más o menos clara, por que las discusiones habían remitido, y sólo quedaba, como siempre entre ellos el tono cínico, y la ironía.
Holmes se estiró en la silla, señaló la pantalla del ordenador situado a la izquierda y comentó " Bueno, esas son las cifras, aquí está todo lo que podemos salvar, tendremos algún inconveniente en unidades científicas y de mantenimiento, pero creo que a esos amigos del rifle no les importará dejar a casi todas los combatientes,... y esas de más abajo,... todo lo que dejamos fuera, ahora queda la parte en la que tenemos que poner nombres y apellidos". Miró su reloj "Vaya todo esto en un tiempo record, se suponía que este informe estaría en dos semanas y está terminado en sólo un día,... destinaremos el tiempo que sobra a pulirlo,... o a beber martinis. La última parte, es el dossier sobre la exploración de mañana"
James levantó la cabeza tras escuchar las palabras de Holmes, tenía la cara pegada a la mesa, sobre uno de los informes, con los ojos cerrados y pensativo. Habían trabajado a toda velocidad, superando seguro algún Record Guiness, pena que no hubiera algún notario para constatarlo y salir en el libro.
"Perfecto, las dos partes más divertidas. Guillotinar a los pobres desgraciados y ver como los militares sobreactuan y ponen más esfuerzo de lo normal para quedar bien." James se bebió lo que le quedaba del café en el vaso y le sirvió otro a Furia. "Deberiamos haber hecho una visita sorpresa, suelen ser más diveritas, ver como todos se ponen a correr de un lado para otro sin saber que hacer."
"Dime, tú estuvieste en la Unidad de Instrucción y conoces a algunos de los que hay por aquí." James se sentó y se relajó puso los pies sobre la mesa haciendo que varios informes estuvieran a punto de decorar el suelo. "Hablame de ellos. Cuentame un poco sobre la base. He visto los datos, las estadísticas, sí, todo muy bonito, pero tú y yo sabemos que la teoría y lo plasmado en los papeles no es lo mismo que la realidad."
Holmes, colocó su sonrisa ladeada, respiró el aroma del café antes de dar un largo trago, un café que ya no tenía ningún efecto. " La base es, un poco más pequeña que la que estamos acostumbrados, pero tienen sus mismos vicios, recuerda que en Cheyenne tres equipos de científicos estaban trabajando en el mismo proyecto, ya sabes esa manía del secretismo. Siempre hemos coincidido en que los militares no deberían de llevar este proyecto, ...aunque tampoco es muy buena acción la política me parece más efectiva la coordinación por la parte civil".
Dejó el vaso y miró las cifras de la pantalla "La gente que trabaja aquí,...eso es otra cosa, todos decididos a dar el 100%, todos sacrificándose, todos en primera línea, conozco sólo a algunos, mi paso por la Unidad de Instrucción fue todo lo corto que este proyecto me dejó...y ya sabes que mis modales, bueno digamos que pisé muy fuerte. Y ahora, tenemos que hacer todo el espectáculo de esa salida para después,...cerrar todo, y lo más triste es que nadie se engaña, pero hemos de cumplir todos con nuestro papel"
"Ten cuidado Furia, te estás poniendo melancólico y pronto haré correr la voz por la base, los rumores llegarán hasta la Casa Blanca, seguro que más de uno se pasaba la mañana riendo." James se balanceo con la silla y puso las manos en la nuca, recostando la cabeza hacia atrás hasta mirar el techo. Luego de golpe, bajó los pies de la mesa y dejó que la silla callera hacia delante, aprovechando el impulso se levantó. "Venga camarada. Hay que hacer una larga lista de nombres. Lo mejor será hablar con los jefes de sección. No nos vendrá nada mal salir de estas cuatro paredes."
"¿Alguna sugerencia para la primera visita?"
"¿Sugerir yo???, por favor, lo único que te aconsejo es que te mezcles con los nativos, charla primero con los que saldrán mañana con nosotros, o más bien nosotros saldremos con ellos, deja caer tu sonrisa por aquí y allá.
Si tengo las * defensas * tan bajas será mejor que recargue baterías, así que llamaré a nuestro querido senador, lo despertaré y me pelearé con él un rato. Nos veremos mañana una hora antes de la reunión para la salida, así podremos comparar notas"
James sonrió ampliamente. "No sabes lo que me alegra decirte oir eso *patrón*" pusó especial rentintín en la palabra. "Por una vez será un placer obedecerte." Mientras, James recogía sus cosas y las metía en una pequeña cartera para luego colgársela al hombro. "No encontraba el momento de separarnos de una vez y perderte de vista." James le guiñó el ojo mientras se dirigía hacia la puerta. Todo había sido en tono jocoso, pero los dos sabían bien cierto que lo decía en serio. Eran profesionales y si debían trabajar juntos lo harían, pero eso no quitaba que a James no le gustase la idea, sobretodo cuando no sabía a ciencia cierta que tenía Furia en la cabeza en referente al proyecto.
"Una llamada"
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Sr. Phillipe Lagrange - Ejecutivo (PNJ de Yolanda)
Después de que se marchar Mallory, Madeleine decidió irse a su habitación se maquilló los moratones hasta que dejaron de ser totalmente visibles. Se quitó el uniforme que se había puesto cuando llegó a la base, dado que ella era civil no necesitaba andar con él, pero claro había que reconocer que con tanto viajecito empezaba a cogerle gusto. Decidió vestirse de falda, que era como mejor se encontraba. Se puso una falda negra y un jersey de cuello cisne negro alrededor del cual se colocó un pañuelo azul claro. Con ese pequeño detalle que daba una nota de color quedaba bien conjuntada. Se puso unas botas negras y encima la bata de laboratorio. Se miró una vez más en el espejo, se la veía tan fresca como una lechuga, y mucho más animada.
El intercambio de datos con Mallory la había tenido bastante ocupada. La había sentado bien su compañía. Ahora el resto de la tarde se dedicaría a encerrarse en su laboratorio y trabajar como una posesa. Necesitaba a toda costa distraer su mente. Mallory había dado pie a ello, con sus datos y sus teorías, ella simplemente seguiría el rastro.
Estaba saliendo de su cuarto cuando fue avisada por uno de los soldados de que tenía una comunicación del exterior. Sin soltar su cuaderno de dibujo y sus informes, fue al teléfono más cercano. Antes de cogerlo ya sabía quien era.
- ¿Maddie?-, escuchó decir a la voz del teléfono. Esa voz tan conocida la hizo sentirse un tanto incómoda. Pero había sido su rescator y tendría que hablar con él en algún momento. Armándose de valor le respondió.
- Si, Phillipe.-
- ¿Cómo estas? -
El tono tranquilo y sereno de su interlocutor puso a Maddie casi en guardia. Phillipe era una persona que por lo general sus comentarios eran irónicos y ácidos, oírle hablar casi cariñosamente era toda una sorpresa para ella que la hacía recelar.
- Saldré de esta-, tras unos segundos de silencio, Maddie siguió. - Muchas gracias por olvidarte tu mechero la otra noche, sino hubieras regresado por él, quizás ahora no estaría contándolo, o contaría otra historia.-
- Maddie querida, tan inocente como siempre, dejé al mechero a propósito, quería pasar la noche contigo y quedarme a desayunar. Pero tu no estabas por la labor, así que deje el mechero. Es un viejo truco de un mujeriego como yo. Pero cada día que pasa, me alegro ser tan persistente... al menos contigo.-
Maddie sonrió, de repente volvía a ser el mismo sinvergüenza de siempre. Durante unos minutos había olvidado su verdadera naturaleza de cazador.
- He pensado... que cuando termines ese trabajo tuyo al que tanto tiempo dedicas, podemos quedar y conocernos un poco mejor. Creo que a lo largo de nuestra vida nuestros encuentros no siempre han sido afortunados, y quiero conocerte y que tu conozcas al auténtico Phillipe.-
- Vaya, vaya... Phillipe, ¿es una proposición seria? ¿empiezas a madurar?-
- Maddie tesoro llámalo como quieras, pero después de la otra noche, me moriría si te pierdo.-
Maddie abrió la boca de par en par, empezó a sentir un fuerte calor en la cara. Seguramente estaba muy sonrojada. Una proposición seria de Phillipe, la estaba dejando anonadada. Tragó saliva y respondió: - Tampoco será para tanto, vamos Phillipe, tu y yo nos conocemos, y sabes que eso no funcionaría, somos muy diferentes.-
- También lo era Paul, un sinvergüenza mujeriego y te cazó en la Universidad, no sé que le hiciste, pero después de pasar por tus manos, es un buen esposo y buen padre de familia. A lo mejor también me reformas a mi. O, ¿a caso no recuerdas como era?.-
Madeleine lo recordaba claro está, por más que quería olvidarlo, todo volvía a Paul. Las palabras de Phillipe la irritaron enormemente por que la hicieron recordar parte de su triste pasado. Y enojada le respondió:
- Bueno Phillipe, basta ya, no quiero oír hablar del tema. Me has salvado y punto, pero no puedes pedirme más. No tengo ganas ni fuerzas siquiera para intentarlo.-
- De todas formas permíteme intentarlo-. Maddie no hizo comentario alguno. Y Phillipe siguió hablando.
- Bueno, piénsatelo, ya tendremos tiempo de hablar sobre el tema. Además... tengo buenas noticias, ya he solucionado lo de Arthur, tu familia no sabrá nada si no eres tu la que lo dice. Pero deberías hablar con Mimí no está pasándolo bien. Y está muy preocupada por ti.-
El cambio radical en la conversación puso a Madeleine tensa, quería evitar recordar, pero tarde o temprano tendría que afrontarlo. Pero ahora no podía. La salida estaba casi encima y tenía mucho que preparar. Cuando regresaran habría tiempo de hablar con Catherine y pedirle unos días de descanso para reflexionar. De momento decidió cortar secamente a Phillipe, - Phillipe me tengo que ir, ya hablaremos... y si.... de acuerdo.... cenaremos juntos.-
Al otro lado del teléfono sonó un simple y dulce: - Gracias Maddie, no te arrepentirás, te lo prometo-. Después de todo era su salvador, al menos se merecía una cena.
Colgó el teléfono y regresó al laboratorio. Esta vez, ni siquiera fue mirando por los pasillos para no encontrase con Holmes. Realmente en esos momentos le daba todo igual. Sólo necesita trabajar y hacia el laboratorio se dirigió. Los datos de la pirámide y las confidencias al respecto de Mallory, despertaban en ella un interés mucho más grande que sus propios sentimientos.
"El talismán"
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Cuando estuvo convaleciente durante su accidente de caza, su hermano estuvo con ella día y noche. Madeleine recordaba como entrelazaba sus manos con las suyas, y lo cálidas que eran, cuanta preocupación en un niño que sin querer había cometido un error, y cuanta devoción y dedicación.
Les costó mucho trabajo separarlo de su hermana cuando fue ingresada. Madeleine cerraba muchas veces los ojos y sólo podía recordar el apretón de manos de su hermano y su voz angustiada pidiendo que por favor no se muriera. Años después tiene un encuentro con un hombre cuyas manos son como las de su hermano, tan parecidas. En ese momento se enamoró como una tonta, podría ser a ojos ajenos una niñería, pero estaba segura que tendría un gran corazón y una gran bondad como su hermano. Así fue, pero su amor no fue correspondido, pues estaba enamorado de otra mujer. Fue un duro golpe para ella, pero llegó Chip y creyó superarlo, hasta que Chip se marchó.
Hubiera deseado irse con él, estar con él, pero no era muy buena idea mezclar el agua con el aceite. Chip, era un espíritu libre, como lo era el doctor Holmes. Y ella todo lo contrario.
Madeleine había pasado muchos días investigando sobre la vida y el pasado de Holmes. Y lo que había encontrado ciertamente la dejó preocupada, pero hizo que se mantuviera cautelosa frente a los sentimientos que asomaban cuando se encontraba con él. Aún no tenía claro si le odiaba o todo lo contrario. Como había supuesto, Holmes escondía mucho mas de lo que parecía. ¿Un asesor de su talla, en el proyecto Stargate? Algo se estaba cociendo.
Sin embargo pese a tener la capacidad de desarmarla y conseguir sacar lo peor de ella, también había conseguido algo durante la misión que compartieron. Había descubierto sus errores y a lo largo de las misiones subsiguientes podría subsanarlos, en el futuro no se derrumbaría tan fácilmente, y mucho menos dejaría que nadie lo viera, incluido Holmes.
Después de la conversación con Holmes, Madeleine necesitaba desahogar la ira o lo que fuera que llevara dentro y decidió irse al laboratorio y pasar la tarde en él, el trabajo la relajaría como había ocurrido siempre. En ese momento necesitaba abstraerse y con ello lo conseguiría.
Madeleine se encontraba haciendo unas anotaciones de unas muestras que habían examinado por la mañana cuando sin querer uno de los investigadores empujó una probeta, la cual se estrelló contra el suelo haciéndose mil añicos. Madeleine dio un respingo. Levantó la cabeza del microscopio y miró a los cristales del suelo. El hecho de ver los cristales rotos en el suelo la hizo recordar la cristalera de su casa, y fue entonces durante unos segundos y como un flash en que recordó plenamente lo ocurrido la noche anterior. Se quedó lívida de espanto.
El ayudante de Madeleine, Tommy un joven investigador bastante prometedor, al ver la cara angustiada de la doctora rápidamente recogió las muestras mientras aseveraba que no eran peligrosas, tan solo una probeta vacía que se le había escapado de las manos.
Madeleine apenas contestó simplemente se dirigió fuera del laboratorio. Necesitaba respirar aire. Estaba muy nerviosa, el descubrimiento de lo que había ocurrido la noche anterior la asustaba. Sin percatarse apenas de ello había caminado dando vueltas por la base hasta pararse en la puerta de las duchas. A esa hora nunca iba nadie por allí, por lo que sin pensárselo dos veces entró. Al principio comenzó a desabrocharse lentamente el uniforme para acabar casi por arrancárselo, estaba acongojada y apunto de llorar por la ira que llevaba dentro, y acabó por arrojarlo con contra la pared. Abrió el grifo de la ducha y dejó que el agua fría resbalara por su piel. Estaba muy fría, pero no le importaba, quería insensibilizarse todo lo que pudiera. Hasta que de repente estalló en un llanto descontrolado. Haber descubierto quien era su agresor la afectaba muchísimo, puesto que no era la primera vez que era agredida. En la primera ocasión la libró un transeúnte y a consecuencia de ello aprendió Karate. Esta vez su rescator había sido otro, y ni siquiera el Karate le sirvió, puesto que su agresor ya era experto en este tipo de artes marciales desde que era niño.
Lo doloroso no era que el agresor fuera las dos veces el mismo, sino que era alguien conocido y cercano. ¿Cómo decírselo a su hermano sin que sufriera?, él, que estaba tan unido a esa persona. Su mejor amigo, Arthur.
Siempre había sabido, casi intuido, que Arthur sentía por ella un amor realmente obsesivo, aunque la agresión a Mimí la puso en alerta y le dejó cuando estaba casi apunto de intimar con él. Y justo después fue agredida. Sí, ahora todas las piezas encajaban. Sólo él era capaz de llegar a una violación. Lo estúpida que había sido por no haberse dado cuenta antes. La primera vez que fue agredida, fue el primero en aparecer por el hospital. Siempre había agradecido que estuviera en esos momentos con ella, ¿cómo se había enterado el primero?. Ahora años después se desvelaba la verdad dura y cruel sin máscara alguna.
Madeleine salió de la ducha, se secó y se vistió. Fue a su habitación y terminó de secarse la cabeza. Después decidió ir al laboratorio. Necesitaba trabajar un poco para poder olvidarse de lo ocurrido. Pero antes solicitó una llamada al exterior. Quería hablar con su rescator, si él no se hubiera olvidado a propósito el mechero, nunca habría regresado y ahora Madeleine quizás no estaría en la base preparada para una misión. Intentó comunicarse con él, pero cogía el teléfono, seguramente estaría arreglando las cosas, sin que la familia ni nadie se enterara para evitar escándalos. Al menos eso creía recordar que la había dicho: "oh, mi pequeña, yo lo solucionaré".
La ducha le había sentado bien. Su aspecto externo se había recompuesto aunque por dentro seguía sintiéndose machacado. Salió al pasillo siendo consciente de que ya ni las camas le respetaban. Saludó de nuevo al marine hasta el que Ana le había conducido un rato antes levantando la mano y optó por caminar un poco antes de regresar de nuevo al despacho con el objeto de seguir revisando el informe, una vez más, y volver a repasar la parte más *académica* de su conversación con Ford.
Con las manos en los bolsillos y paso lento iba mirando los aburridos pasillos. No pudo evitar ante aquella visión pensar en lo que Ford le había dicho acerca de Holmes y Lebau. "¿Por qué tengo la sensación de haber sido contratado por una empresa en quiebra?" pensó recordando con una cierta pena la cara con la que Catherine le había hecho conocedor de la trama tejida sobre aquella base.
Al doblar una esquina se quedó parado. Una figura le hizo frenar en seco su deambular. "¿Será posible?" se preguntó para sus adentros. Ya era consciente de que Madeleine estaba en la base... pero volver a verla era muy distinto. Sonrió, desde la esquina en la que se encontraba, viendo a aquella mujer avanzar por el pasillo de espaldas a él y ajena a su presencia. Paul casi se recreó por un momento en su forma de caminar. No pudo evitarlo. Era ella, estaba seguro.
En silencio y justo antes de que despareciera tras otra de las esquinas que limitaba el tramo de pasillo comenzó a caminar tras ella manteniendo la distancia y sin poder borrar la sonrisa de su cara. Tras unos instantes se decidió a terminar con aquella singular *persecución* y saludarla por fin. Pero en ese preciso momento vio como desaparecía tras una puerta de las muchas que poblaban aquel pasillo.
Paul alcanzó entonces la puerta, cerrada, y se quedó pensativo un momento recordando el motivo por el que había seguido a aquella figura hasta allí...al instante levantó su mano derecha y la cerró para llamar. Un par de leves toques bastarían pensó.
Madeleine se encontraba ya en el laboratorio en su rinconcito particular repasando una vez más toda la información disponible sobre el planeta. Cuando alguien llamó a la puerta. Madeleine gritó: "Adelante", estaba expectante por saber quien podría ser y un tanto a la defensiva. Como al parecer no la habían oído, se levantó a abrir la puerta del laboratorio, ¿quién podría llamar a una puerta de laboratorio?, desde luego no debía ser nadie de la base, todos sabían ya donde se encontraba y no necesitaban permiso para entrar.
Abrió la puerta de golpe y se encontró cara a cara con el Doctor Paul Mallory. Su sorpresa fue total, desde luego no pensaba que fuera Mallory, no había vuelto a hablar con él desde el incidente en la UIC.
Paul se quedó mirando fijamente a Madeleine. - Vaya, vaya...doctora Monteloup... parece que hubieras visto un fantasma cuando si mal no recuerdo fuiste justamente tú la que evitaste que me convirtiera en uno -le dijo.
Madeleine le contestó poniéndose un poco tensa, precisamente no era una de las salidas por el Stargate que le gustaba recordar. - Lo hubiera hecho por cualquier compañero Mallory, pero no había ninguno tan patoso como usted - , Madeleine dijo las últimas palabras en un tono un tanto irónico y amargo. - Bueno no me haga mucho caso esa primera misión no fue precisamente lo que yo esperaba. -
Madeleine se apartó a un lado para dejar pasar a Mallory. Una vez entró este dentro le preguntó.
- ¿Qué haces aquí en Guam?, quiero decir..., no sabía que te hubieran llamado, pensé que seguirías en la UIC, o que habrías abandonado el proyecto Stargate.
"Sigue estando espléndida" pensó al ver su sonrisa. Espléndida cien por cien si no fuera por aquel cardenal que asomaba por debajo de su mandíbula y en el que Paul no pudo evitar fijarse desde el primer momento en que ella alzó el rostro para mirarle. Trató de no mostrar el más mínimo atisbo de inquietud en su expresión al ver aquella *marca* y se centró en disfrutar aquel reencuentro con alguien tan especial para él como había pasado a ser Madeleine.
Paul se la quedó mirando y reaccionó con cierta sorpresa. Parecía algo tensa. - Bueno, me marché de la UIC... pero por lo visto no pueden vivir sin mi, así que aquí estoy. -
La fragancia que provenía del interior de la estancia transformó el rostro de Paul como si estuviera teniendo una visión divina. - ¿Eso que huelo es chocolate?. Sé que me faltan el loro sobre el hombro y la pata de palo pero. ¿Puedo saquear tu suministro de *materia prima*? -.
Madeleine se relajó ante el comentario de Mallory y sonriendo le respondió. - Mi "suministro" como lo has llamado puede ser saqueado por todos aquellos amantes del chocolate. Pero ya sabe que los corsarios tiene que pagar patente de corso- . Madeleine se dio la vuelta y añadió: - ¿Con qué piensa pagarme Mallory?
- Bueno... - la sonrisa de Paul apuntaba a las baldosas del suelo. - No sé qué clase de tarifa exigen este puerto pero estoy seguro de que será un placer pagarla... -
Siguiendo los pasos de su anfitriona Paul pudo contemplar que nada en ella había cambiado. Su rostro seguía poseyendo un fuerte encanto...igual a como la recordaba de la UIC...de la que se marchó sin haberle podido agradecer debidamente lo que había hecho por él. Sentía una repentina alegría interior por aquella especie de segunda oportunidad que el destino le brindaba para tal cometido.
Madeleine preparó una buena taza de chocolate y se la ofreció a Mallory. Esperó paciente a que la probara. La cara de agrado del doctor le sirvió de sobra para saber que le había encantado.
Madeleine cogió la silla de uno de sus compañeros e hizo que Mallory la siguiera hasta su rinconcito. Puso la silla junto a la suya y le pidió que le sentara. - Bueno, ahora si me puede decir cómo has llegado hasta aquí.-
Paul se sentó taza en mano y echó un vistazo a su alrededor. Después inició su respuesta centrándose primero en los ojos de ella. Se quedó pensativo un momento y después le dijo serio como si acabaran de sacarle una muela. -....Estaba yo de vuelta de Tokio cuando dos tipejos de las fuerzas aéreas me dijeron que andabas por aquí.....y con lo que te hecho de menos me dije...nada, me meto en el primer avión que encuentre y voy a hacerle una visita...luego han empezado a decirme cosas acerca de una pirámide y he decidido aprovechar para quedarme unos días a ver si echo una mano...pero conste que mi prioridad era venir a verte. Su boca había ido extendiéndose progresivamente hasta formar una sonrisa. - Por lo que veo...tú pareces muy integrada aquí... -
Madeleine respondió con una gran sonrisa al comentario de Mallory, por unos instantes se relajó para responder, - ¿por mi?, ¿me echas de menos Mallory? Y no será que quieres un guardaespaldas gratis- argumentó guiñándole un ojo. Aquí estoy bien, pero porque no vivo aquí, tengo una casa junto a la playa. Tendrás que venir a la inauguración. Aún la tengo a medio reformar.-
- Bueno eso es algo que no me perdería por nada del mundo... - dijo riendo - me fascinan las inauguraciones domésticas....después de las reuniones de tupperware son los actos sociales que más me seducen... Cuenta conmigo. -.
Madeleine se tomó un trago del chocolate que se había servido y mirando a Mallory le preguntó: ¿Qué opinas de la pirámide?, es asombrosa, ¿verdad? - .
- Lo es... - respondió fijándose en su mirada pero pensando aún en el guiño de ojo y en la pregunta precedente. - ...Tengo la sensación de que va a darnos más de una sorpresa... y espero y deseo que sea positiva... aunque yo sabiendo que ya tengo talismán para ir de viaje ya me siento más tranquilo. -.
- ¿El talismán?, ¿llevas un talismán?, ¿qué es?
Paul bajó la mirada. Era evidente que Madeleine no había seguido la senda de su broma. De todos modos no se sintió decepcionado porque la veía mirar con ojos ingenuos que despertaron una repentina ternura en él... en cierto modo agradeció aquella reacción. - Mejor no te digo nada más....si se comparten los talismanes traen mala suerte... - trató de salir del paso como pudo - ...por lo que sé has hecho averiguaciones.... -dijo tratando de cambiar de tema.
Madeleine se quedó un tanto confundida, primero estaba emocionado con su talismán y luego cambiaba repentinamente de tema. Madeleine se puso algo seria, quizás era un tema que a él le hacía daño. Alargó la mano hacia la de él, y tomándosela, le respondió: - Mallory, no te preocupes por tu talismán, sea lo que sea, será nuestro secreto. Además, si tu talismán no te vale, aún te quedo yo, tu guardaespaldas, aunque chico con la altura que tu tienes tendría que ser al revés, deberías ser tú mi guardaespaldas.-
Y sin soltarle la mano añadió: - Y respecto a las averiguaciones que hice, supongo que ya habrás sido informado, hay cosas que no encajan como lo de la hoja de coca.
"Tarde pero a tiempo" pensó Paul al notar la mano de Madeleine sujetando la suya y su respuesta a modo de reproche. Al oír la palabra guardaespaldas Paul no pudo evitar por un instante volver a nuevo a buscar con la mirada el moratón que se apreciaba bien definido sobre las facciones de la mandíbula de ella.
Aquello no le impidió estar atento al comentario de la hoja de coca... - Si. Ford me comentó algo. Y también me habló de las especulaciones acerca del clima del planeta...todo parece bastante confuso y oscuro. -. Ese fue el extraño pie que Paul buscó para preguntarle por aquella marca. - oscuro como ese moratón que tienes ahí... parece que la guardia no estuvo lo suficientemente alta en ese instante. - añadió buscando relajar un poco el tono. Sabía que aquello no era, de momento, asunto suyo, pero aunque sin conocerse demasiado Madeleine era alguien especial en la vida de Paul... y no pudo resistirse a interesarse por aquella señal.
Madeleine se puso lívida, soltando la mano de Paul, la dirigió hacia su mandíbula, se había olvidado de maquillarla después de la ducha. - Si, debería de haber estado más en guardia, pero no volverá a ocurrir. Oye, Paul, dejémoslo como un secreto más entre nosotros ¿vale?, las últimas 48 horas no han sido muy buenas para mi, primero... lo de este golpe, luego la auditoría con ese maldito Holmes a la cabeza, creo que también hay otro, pero aún no he tenido ocasión de verle. Seguramente mañana le conozcamos-. Madeleiene respondió casi atropelladamente, y al final de su parrafada una lágrima se deslizó por su mejilla.
Paul se sintió confundido. Todo iba bien y de repente Madeleine se sobresaltaba y empezaba a hablar como si fuera una espía. "Definitivamente no es mi día" pensó. La reacción de Madeleine lo tomó por sorpresa. Intentó reaccionar como pudo cuando notó la lágrima asomada al rostro de ella. Se quedó quieto por un momento y al instante su dedo índice fue al encuentro con la resbaladiza lágrima. No quiso provocar más tensión en Madeleine de la que ya su rostro reflejaba de por si. - Sé lo de Holmes y su cruzada...pero tampoco es para echarse a llorar mujer...en peores hemos estado....a ti y a mi pueden decírnoslo - añadió pensando en la escena de meses atrás.
El otro tipo creo que se apellida Lebau... sólo espero de él que no venga con la lección aprendida....o acabaremos todos en la cola del paro. - Guardó un pequeño instante en silencio antes de seguir para terminar de centrar su mirada en la de Maddie. - En cuanto a... eso. - señaló la marca. Sólo espero que siendo lo que es... y no digas que te has golpeado... no intentes pasar un trago así sola. ¿De acuerdo?. No me precio de ser un caballero a la vieja usanza....pero no me gusta un pelo ver esas marcas en el rostro de una mujer... - su voz sonó más contundente de la cuenta. No quería ser duro con ella. Pero había entendido el mensaje y no le había hecho ninguna gracia.
Madeleine encontró alentadoras y consoladoras las palabras de Paul. Intentó poner un poco de orden en su cabeza. Miró a Mallory reprimiendo el resto de las lágrimas. - Tienes razón Pa...Pa...Paul - , aún se le resistía ese nombre. - Siento mucho que me veas en estas condiciones, pero me alegra mucho que hayas venido a.... verme. Tienes toda la razón de peores situaciones hemos salido, lo de Holmes y su cruzada, si... supongo que también será duro para él, algún sentimiento tendrá con lo insensible que parece. En cuanto a ese... ¿cómo le has llamado?...eso es Lebau seguro que sale derrotado de esta misión, algo me dice que vamos a realizar el descubrimiento del siglo, seguro que encontramos algo que nos ponga buena nota. Yo llevo dos días trabajando sin parar para poder estar a la altura y que no nos pillen desprevenidos. Y en cuanto a lo de "mis moratones"-, dijo recalcando las últimas palabras. - Ya cicatrizarán - .
Paul miró a su taza de chocolate...aún quedaba algún resto. Tomó un último trago. Definitivamente había entrado en la boca de un lobo.... con unas trazas de lo más sórdidas. No sabía muy bien si alegrarse de ver a Madeleine o pedir un billete en el próximo vuelo a tierra firme. Claro que en el fondo se alegraba de verla.... y mucho. De no ser por ella no estaría allí...vivo. Pero en aquellas escasas horas desde su regreso no había hecho más que descubrir intrigas palaciegas que tanto le gustaban....pero sólo en los libros. - Creo que los dos compartimos esperanzas para el viaje... -.
Madeleine un tanto más recuperada levantó la mirada bastante avergonzada, dos veces KO en el mismo día era demasiado. No sabía si la agresión, o Holmes la habían descompuesto tanto, pero tenía que reponer fuerzas y superar fuera lo que fuera que la pasara y mantenerse a pie de cañón. No, definitivamente sus sentimientos y emociones debía dejarlos a un lado. Aún no estaba preparada para afrontarlos, ni era el momento más adecuado. Se volvió hacia su mesa de trabajo dejó la taza aun lado de la mesa y recogió los informes que tenía sobre la mesa para entregárselos a Mallory.
- Aquí tienes el informe con mis anotaciones ... Paul, quizás te pueda interesar las conclusiones a las que he llegado - Madeleine se cruzó de brazos una vez le hubo dado el informe sonriendo tímidamente a Mallory. Después de todo con tan buena gente en el equipo todo saldría bien, no había nada que temer.
Paul abrió el informe. - ¿Te parece bien que lo repasemos juntos? - le preguntó sabiendo que ella no lo estaba pasando bien y siendo consciente de que así tendría tiempo para empezar a devolverle el favor prestado.
Madeleine respondió con una amplia sonrisa. - Me parece perfecto -.
"Otumba"
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia. (Pablo)
- Rediós q'aquestos salvajes se han propuesto en acabarnos la vida -. El eco de la frase que resonó grave y ronca pero cuya fuente no pudo identificar le hizo tomar conciencia de dónde se encontraba.
Notaba en sus ojos abiertos de par en par una humedad y un calor asfixiantes que entrecortaban su acelerada respiración. Su mirada estaba puesta en el horizonte. Al final de la llanura. Sobre las colinas que la limitaban miles de individuos gritando sin control y empuñando sus armas. Sentía una profunda soledad. En sus manos y apoyado sobre un pie oxidado, un arcabuz herrumbroso ya veterano, cansado y casi agónico. Seguramente insuficiente para enfrentar a un enemigo tremendamente superior en número y más fuerte.
No podía apartar la mirada del frente...aquellos guerreros con sus extrañas vestiduras plumadas profiriendo gritos contra el demonio invasor. El usurpador de Quetzalcoatl. La confusión y el miedo le dominaban y no era capaz de sentir nada más que un cuerpo cansado y dolorido, sus manos reflejaban la dureza de su devenir. Con horror contemplaba que la batalla era inevitable. En su mente oscurecida sólo existía la idea de que todo estaba ya perdido y la única razón para luchar era sencillamente sobrevivir. No había victoria ni gloria posibles en ese inminente combate. Llegar vivos a territorio de Tlaxcala era la única consigna. Sólo un milagro haría que sus huesos no terminasen reposando en ese campo, en aquella tierra hostil que tan lejos estaba de su patria. Lo sabe. Puede notarlo adosado a su nuca.
Otra voz sonó contundente. Esta vez pudo ubicarla a su espalda.
- ¡Tenedlo claro... por cada tiro, un jefe mexica muerto!. -
Una gota de sudor resbalaba por su frente como surgida de la nada desde el envilecido metal de su casco. Aquellos gritos lejanos le hacían presentir la muerte hasta casi notar su grotesca sonrisa a escasos centímetros del cañón de su arcabuz. Sus facciones estaban contraídas y rígido el cuerpo....su corazón latía retumbando en el pecho y su alma llevaba ya varios días encomendada a los cielos. Tenochtitlan fue su purgatorio y Otumba sería su infierno.
Poco a poco los gritos comenzaban a hacerse más y más nítidos. En lo alto. Al final de la llanura. Los guerreros estaban preparados....la muerte caería sobre aquel lugar sin piedad. En un instante como el de una exhalación su mirada buscó su flanco derecho.
Su arcabuz no era el único... varios apostados en paralelo acompañaban la escena. Y otros hombres como él, barbados la mayoría, con señales de sufrimiento en sus rostros y manos, permanecían inmóviles. Había heridos entre los que se situaban tras los arcabuces pero allí estaban como si su cuerpo no les perteneciera. Pudo contemplar por un fugaz instante como sus propias manos se encontraban invadidas de llagas y suciedad. Al final de la hilera un hombre de pie... con el casco calado y su espada en lo alto esperando el momento para abrir las puertas del averno.
A su izquierda guerreros tlaxcaltecas con otras vestiduras permanecían atentos armas en mano esperando la orden...
El suelo comenzó a retumbar...la nube de destrucción inició su dramática carrera mientras de su lado todo estaba en un silencio despiadado. A cada parpadeo los enemigos estaban más cerca, ya casi su nariz podía oler su furia desatada a punto de envestir. De repente un grito destrozó el silencio. Un lenguaje familiar antesala de la muerte o de la supervivencia pero seguro mensajero del dolor y la sangre como valle de lágrimas hacia el incierto final.
- ¡Arcabuces....por España....por Santiago....fuego! -
Podía ver la rabiosa faz de sus enemigos y oir sus gritos desaforados perforando sus tímpanos. Cerró los ojos, apretó los dientes y su dedo índice despertó el trueno...
Como si de un muelle se tratara Paul se incorporó en la cama notando el sudor en su rostro...inclinó su cabeza hacia delante tratando de contener la respiración acelerada. Permaneció unos segundos inmóvil tratándo de recuperarse y con la faz compungida. Con sus ojos buscaba a derecha e izquierda como si aún estuviera en aquella llanura a punto de morir. Cerró los ojos y movió la cabeza compulsivamente hasta que los volvió a abrir y tomó conciencia de que todo había sido una pesadilla. "jo.........der" pensó.
Miró su reloj y vio que tan sólo habían pasado cuarenta minutos desde que había entrado en la habitación para buscar un poco de descanso después de unas horas que estaban siendo demasiado movidas para lo que solía ser su vida en Houston.
Se levantó como intentando huir de aquella cama y entró en el baño con sus constantes más normalizadas...El ruido del agua de la ducha motivó un suspiro de alivio por sentenciar definitivamente a aquel desagradable suceso como una pesadilla. Sintiéndose un poco confuso aún se sonrió. "Tengo que salir más" se dijo a si mismo.
"Rumores"
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Desde el momento en el que había "desembarcado" en el SGC2, Dara prefería pasar las horas previas a una salida (siempre y cuanto ésta hubiera sido planeada) en el Comando. En realidad era simple comodidad, o más bien, vaguería. Dormir en su habitación de la base significaba una hora más de sueño. Un auténtico tesoro.
El ambiente del Comando había cambiado. Y no era sólo el hecho de que se reanudaran las misiones después de los últimos acontecimientos. Había algo más, y Dara no sabía muy bien qué era. Le habían llegado rumores, de diferentes fuentes apenas en el momento en el que cruzó el control. Todos señalaban a la presencia de nuevas incorporaciones en la misión. Dos civiles, al parecer, de los que Dara no había conseguido averiguar mucho. Seguramente porque el Cabo Nates no se encontraba de turno en la cafetería.
La doctora se dirigió a su despacho, para revisar por última vez (ese día) su equipo. Al pasar junto al despacho de Ana, llamó a su puerta para ver si se encontraba dentro.
-"Hola"- saludó "-¿Has hecho los deberes y has preparado los libros para ir al cole?"
Ana sonrió ante la pregunta, estaba sentada y en la mesa se encontraban las fotos que había mirado observado y vuelta a mirar hasta casi saberselas de memoria. Miró hacia Dara y le contestó -"Creo que casi, ya sabes que siempre se me ocurre algo más para llevar a última hora...."
-"Cierto... pero no te lo tendré en cuenta... forma parte de tu encanto"- dijo, guiñando un ojo a su amiga. Se acercó más a la mesa y señaló todo el material que había sobre ella.- "¿Con qué estás?"
-" Estaba revisando las fotografías del planeta, son curiosas, las conclusiones preliminares son interesantes, pero no parece que la gente que hizo esto esté muy cera del emplazamiento..."- Ana se detuvo un momento antes de continuar -"Lo comprobaremos allí."
Ana le acercó una silla a Dara para que se sentara. -"¿Tienes alguna novedad?"
-"En realidad no, y eso es lo que me escama... ¿sabes que no sé quién de no sé dónde, pero al parecer un pez gordo de algún sitio importante va a venir en la misión? Un tal Holmes, me han soplado, pero no sé nada de él... ¿será un sabueso?"- con un gesto de su mano dio a entender a Ana que el chiste era malo - "Pero di que no y que todo el mundo en la base no parece más alterado."- dijo haciendo un teatral gesto con sus brazos para enfatizar lo que decía.
Ana asintió, había leido el memorandum sobre la auditoría, el ambiente en la base se había resentido, los *peces gordos* andaban por ahí, aunque Ana no los había visto.
-"Nates no estaba de turno." -añadió Dara como si eso lo explicara todo, y poniendo su cara angelical añadió -"¿Seguro que no sabes nada? ¿Crees que alguien lo conocerá? ¿Preguntamos a Catherine...? ¿a quién sea? ¡Dios mío! Me estoy notando muy nerviosa..."
Ana le sonrió a Dara para tranquilizarla, aunque se había empezado a poner inquieta ella tambien. - "No he visto a ningun *pez* gordo, he estado encerrada en el despacho dando vueltas a la información, pero sí he conocido a alguien *interesante*, y que además vendrá con nosotras a la misión mañana"
Dara abrió los ojos expresivamente, pensando que lo del día seguiente sería más una pequeña party que una salida. "Cuenta"
Ana cogió el libro que había estado ojeando y se lo pasó a Dara, señalándole el nombre del autor.
-"Se tratá del doctor Paul Mallory, acaba de llegar a la base, ¿le conoces?"
-"No, aunque el nombre me suena. Seguro que he leído algún artículo suyo, o algo..."- contestó Dara mientras tomaba el libro que le tendía su amiga.
-"Parece agradable, ya veremos...."
-"Sí... por no hablar de que no está mal del todo."- añadió la asirióloga en un tono más bajo al ver la foto del Dr. Mallory en la contraportada. - "¿Que me cuentas de él?"
Ana se quedó pensativa un momento antes de responder - "Bueno, al parecer lleva poco tiempo aquí, según llegó le adjudicaron un despacho, me lo encontre en el pasillo, aquí al lado de los nuestros, entablamos conversación..... y le acompañé a las habitaciones, que no tenía ni idea de por donde andaban, he hecho algo así como de *guía*".- Sonrió al recordarlo. - "me comentó que había hablado con Ford y que tenía asignado venir a la misión da mañana, así que ya lo conocerás"
"El Reencuentro"
Doctor Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Doctor James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Todavía no sabía a que se debía su dolor de cabeza, si se ponía a enumerarlas, cualquiera de las causas bastarían para ser la responsable. Y ahora tenía que sumar una más, para que los militares confiaran un poco más en su informe, les habían concedido el poder tener otra opinión. - Vaya y precisamente envían a Lebau - pensó Holmes, - es lógico, si el blanco cruzado lo firma,...nadie le pondrá reparo -. Sonrió con cierta amargura al recordar como se conocieron, y como sus métodos para alcanzar el mismo fin, se diferenciaban tanto. Al rememorar aquellos días, le vino a la mente la frase de Gregory, el asesor ruso ( el viejo espía, que se resistía a ponerse tras la mesa de despacho) - Es una inyección de adrenalina veros trabajar, a él buscando la verdad, y a ti buscando la victoria, el caballero blanco y el caballero negro...el iluminado por su fe, y tú pactando con el diablo, es una suerte que nunca trabajéis juntos, no me gustaría enfrentarme a vuestra alianza - No tenía de que preocuparse, y creo que en este caso tampoco llegaríamos a un acuerdo.
El café, el séptimo de la mañana...¿o era el octavo?
James entró en la cafetería, está se encontraba medio llena, militares y civiles circulaban de un lado para otro, en las mesas habían risas y conversaciones.
En un vistazo preliminar algo llamó la atención de James, era una imagen que desentonaba del resto, en una mesa del fondo había un periódico levantado, el "New York Times", no había nadie más en la mesa, antes de dirigirse hacía allá pasó a recoger su desayuno: zumo de melocotón, una madalena, tostadas, mantequilla y mermelada. Llegó hasta la mesa y dejó la bandeja al mismo tiempo que se sentaba, mientras cogía el cuchillo y lo hundía en la mantequilla miró a la cara de quien leía el periódico como si pudiera ver a través del papel.
"¿Alguna noticia interesante?" James comenzaba a tener dolor de cabeza, estaba seguro que era por estar tan cerca de Holmes.
Furia torció su sonrisa, y mientras doblaba el periódico comentó " Los Rangers tienen un nuevo refuerzo en la defensa, los Sox no volverán a ganar este año, y..."dobló el periódico y lo colocó junto al plato de Lebeau "...una artículo estúpido sobre un pueblo de Bosnia, Drinjaca, al parecer en esa zona se realizaron ciertas operaciones que, y cito * dañaron nuestras relaciones con los Servios * "
"Si algo había oído, aunque creo que los Oilers tienen todos los puntos para ganar este año." James conocía a Furia y sus metodos, el conseguir enojar a una persona tanto como para nublar su razón y sus acciones, y de esta manera aprovachar sus fallos, siempre había actuado de esta manera, eficaz si no ibas con cuidado y te dejabas llevar. "¿Drinjaca? Me suena de algo, creo que fue cosas de operaciones especiales o algún otro asunto turbio, ya se sabe, envias a alguien que hace su trabajo *demasiado bien* y en el fondo la caga."
Furia volvió a coger su taza de café "Pero antes de recordar viejos tiempos, pongamos las cartas sobre la mesa, no quiero engañarte la verdad es dura pero siempre te ha gustado. Van a cerrar todo esto, sólo quieren un informe que de más formalidad al asunto, alguien tiene que hacer de malo, y por eso estoy yo aquí y os había enviado al resto a Cheyenne, no quería que se manchara el nombre del equipo. Pero los militares protestaron, así que te enviaron a ti, para que tiraras de mis riendas, pero llevas en esto lo suficiente para saber que ponga lo que ponga en el papel, la decisión ya está tomada".
Dio un largo trago para que su compañero asimilara sus palabras antes de continuar " pero para su desgracia metieron a un tramposo en esta partida, les vamos a dar lo que quieren, pero a nuestra manera, tengo un par de ideas para salvar la mayor parte del personal y trasladarlo a la otra base, tienes que ayudarme a darle forma, algo así como mejoría de los equipos, trabajos conjuntos, aumento de las rotaciones y descansos, ...ya se nos ocurrirá algo, en cuanto al portal, algo se está formando en mi cabecita, pero quiero darle mejor forma. Por el momento nos dividiremos el trabajo, tú como siempre serás el poli bueno, así podrás ver lo mejor de la camada, lo que seguro que tiene que salvarse.
Clavó su mirada en los ojos de Lebeau " Mi papel es el de siempre, poli malo, así cuando necesiten odiar a alguien me tendrán a mi, dado que mi parte del informe será la más dura,...veré donde puedo hacer los recortes. Y una cosa más tendremos que salir en la próxima misión, espero que te apetezca un paseo por el desierto."
James miró tranquilamente a Furia, tardo un poco en responder, en ese tiempo se terminó de beber su zumo, después se apoyó cómoda y relajadamente en la silla. "Bien Jonathan" prefirió utilizar el nombre de pila de Furia, en realidad todo se trataba de un *bonito y entretenido juego donde se apuesta el futuro del mundo* como hubiera dicho su padre "Tanta sinceridad no me sorprende, siempre has sido un tipo sincero diciendo la verdad, la cuestión es que no la dices toda, sólo la que te interesa. Por qué tanto interés en: *salvar la mayor parte del personal y trasladarlo a la otra base* como tú has dicho. Venga, nos conocemos, todas tus acciones tienen un motivo y no creo que te hayas convertido en la Madre Teresa de Calcuta ahora de repente, eres de los que no le importa que mueran niños y mujeres si así consigues lo que quieres, ¿por qué los quieres salvar ahora?"
James cogió un trozó de tostada y le dió un pequeño mordisco, para dejar que Furia pudiera pensar en la respuesta, después de todo los *combates* dialectales tenían ciertos protocolos "Aún así no puedo negar los hechos y las realidades, esta base está sentenciada escribamos lo que escribamos, pero ello no quita que vaya hacer lo que debo, que es decir lo que pienso de la base, que no tiene por que ser cerrada, y me la traé sin cuidado lo que piensen los de allá arriba o que se manche el nombre del equipo. No dudo que haya muchas cosas que mejorar, siempre las hay, pero que por temas políticos internos y personales se quieran cerrar las instalaciones me toca las narices.
James se terminó su tostada, tras limpiarse la boca con el pañuelo se inclinó hacia delante y cambió el tono formal a uno más distendido "¿Cuando dices que sale el autobús para el desierto? ¿Podré tomar el sol? Por cierto, no te preocupes por tener que interpretar *un papel de poli malo*, tú siempre has sido el poli malo, es inato en tí. No hay que interpretar nada."
Furia empezó a reírse, "Sabes James, pensaba que el estar en la Onu te había abierto un poco los ojos, o que quizás, la iluminación divina que te guiaba se hubiera apagado un poco,...pero me alegra ver que no...eso es estimulante, pero sólo es eso estimulante y divertido. Tienes razón en una cosa, no me importan los medios para lograr el objetivo, y el mío ahora está claro. Puedes ayudarme, y variar algo del resultado final, o hacerlo a tu manera. Perteneces a mi equipo, así que podría ordenarte que no lo hicieras, pero no es mi estilo, o borrar tu parte, pero no es ...elegante, o dejar que lo enviaras como anexo al mismo y que tu carrera se fuera totalmente por el retrete, que fuera el último clavo que necesitan para tu ataúd, pero eso no es conveniente.
"El primer motivo es que en el fondo me caes bien, y llámame sentimental, pero me siento un poco obligado a seguir...salvándote el culo, además que sería de Lex Luthor sin Superman".
Holmes volvió a torcer su sonrisa, y sin perderla continuó, "Pero lo principal es que quiero aprovechar lo mejor de esta base, que sigan en el proyecto todos los que pueden aportar mejorías,...y cuándo cambien las corrientes, volver a funcionar con el mínimo esfuerzo. Lo que me impulsa a esto en contra de mis ordenes,...es asunto mío. Puede que a ti y a mi no nos importen las consecuencias, pero no dejaré que afecten a las carreras de las personas que está con nosotros, puede que tu no los consideres tus compañeros, pero todos, hasta tu, son mi responsabilidad, y no voy a dejar que les pase nada malo a mi gente. Y eso no es negociable. Como tu bien dices por ello he dejado que mueran mujeres y niños, pero ninguno de los míos se ha quedado sin volver por * cagarla *, cosa que tus valores si han logrado."
"Puede que te encante tu moralidad, y que creas que mi conciencia no me deja dormir, pero no es así, duermo como un bendito. "
"Y si has terminado de desayunar, pasemos de los cumplidos al trabajo tenemos un dia hasta la excursión y como también me has señalado, me encanta hacer de poli malo."
James no esperó para responder "Se sincero tenías tantas esperanzas de que yo hubiera cambiado como yo de que tú hubieras cambiado. Además que es del Yin sin el Yan. No me fió de ti ni un pelo, pero por ahora seguiré en esto por que creo que hay que salvar lo que se merece ser salvado, y no sé cuales son tus planes pero no dudes, cosa que ya te imaginarás que intentaré averiguarlos. Y si lo que quieren es el último clavo para mi ataud yo mismo se lo daré, con martillo y todo, firmado si hace falta. No será la primera ni la última vez que lo intentan." James se levantó e hizó una leve reverencía indicando que Furia fuera por delante. "Su majestad, vayamos, seguro que hay muchos papeles que revisar, personas que entrevistar y culos que salvar."
Holmes, recogió su periódico, y se lo colocó bajo el brazo de manera teatral, "Después de usted mi admirado caballero,...salvemos a este poblacho de los peligros que le rodean"
"Por cierto, Superman nunca terminó de gustarme, no podriamos ser mmm, ¿Spiderman y Kinping? Te pega más el mafioso grandote dueño de la cocina del infierno."
"No está mal...me gusta, intrigante y peligroso o ¿que te parece, el profesor Xavier y Magneto?,...
"Por los pasillos"
Doctora Madeleine Monteloup Parker, Bióloga (Yolanda)
Madeleine caminaba con las manos en los bolsillos por los pasillos. En realidad pensaba ir al laboratorio, pero primero se iba a dar una vuelta para despejarse un poco. La conversación con Holmes la había dejado una vez más extenuada.
Pero claro había que entender, un hombre con una vida como la de Holmes, ella debía de parecerle una niñata. Aunque claro cómo había indagado el tampoco dejaba de ser un niñato de Eaton. En el fondo tenían más en común de lo que ella querría. La diferencia estaba en que él seguramente se habría independizado pronto de casa. Y ella paso directamente de casa de papá a casa de su marido. No había experimentado ni había vivido lo mismo que Holmes. Y desde que había entrado en el proyecto Stargate, todo cambió de repente. Lejos de todos, de sus padres, de sus hermanos y de su mundo. Podía permitirse ser ella misma y afianzarse sin intermediarios. El único que había confiado en ella era su hermano Will. Y sólo por el estaba cambiando.
En unas cuantas horas estaría de nuevo atravesando el Stargate. Había estado memorizando cada dato, ahora y con la situación del proyecto bajo un examen microscópico, quería asegurarse de no fallar y sacar el mayor provecho y beneficio del viaje. Era de máxima prioridad. Lo acontecimientos de las últimas horas eran meramente secundarios. Ya tendría tiempo de solucionarlos.
Ahora, como a lo largo de su vida, el trabajo curaría algunas heridas, sobre todo las que no eran visibles.
"Nunca Más"
Doctor Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Doctora Madeleine Monteloup Parker, Bióloga (Yolanda)
Madeleine se encontraba escuchando el "Claro de Luna" de Beethoven mientras terminaba de preparar su mochila. Llevaba de todo, algunos bolsas para muestras, pinzas, tijeras, guantes, tenacillas, etc... todo lo que posiblemente pudiera necesitar. Aunque se trataba de un planeta desértico, nunca estaba de más llevar el equipo necesario para recoger muestras de animales o vegetales. Por lo menos seguro que un puñado de arena podría traer. Esa noche la pasaría en la base, era más seguro para ella. Desde luego no pensaba regresar a la casa después de los acontecimientos de la noche anterior. Terminó de llenar su mochila en la que por supuesto iban incluidos un cuaderno de dibujo, además del suyo personal. Una cámara digital. Y como no la cajita de música de Chip que siempre la acompañaba a todas partes, era como su amuleto de la suerte.
Se despertó en el hospital sin saber cómo había llegado. Allí la dijeron que la trajo un coche de la policía, y que el ingreso lo había efectuado un hombre, pero no supieron decir nada más, o no quisieron. Su salvador estaba en completo anonimato. En el hospital la dijeron que se encontraba en perfecto estado. Sólo bastante magullada, pero nada que no tuviera remedio. En unos cuantos días estaría como nueva. No había notificado nada a la base, pues deseaba ir a ese planeta a como diera lugar. Y porque básicamente apenas recordaba algo, sólo dolor. Por lo menos tenía que dar gracias que estaba de una pieza.
Los dolores empezaban a asomarse otra vez. Miró en su neceser, aún quedaban algunos calmantes que le dieron en el hospital. Se vistió rápidamente y se dirigió a los lavabos, en donde se los tomó bebiendo a morro del grifo. Nadie la vería tomárselos.
Salió del baño, mirando como siempre a ambos lados, y decidió ir a la cafetería a tomarse algo, apenas había comido en todo el día y empezaba a tener hambre. En cada recodo de los pasillos se asomaba por si acaso, al final confiada en que ya era tarde para encontrarse con Holmes dejó mirar. Tan solo quedaba girar en el siguiente pasillo y estaría ante la puerta de la cafetería. Ya cantaba victoria cuando al girar la esquina de la cafetería se encontró cara a cara con el doctor Holmes. La sonrisa de triunfo se congeló en su cara. Lo que tanto había evitado acaba de ocurrir.
"Vaya doctor Holmes, ¿donde dejó usted a Nunca Más?"
Madeleine lo contempló durante unos instantes. Seguía teniendo esos bonitos ojos, tras los cuales ocultaba su verdadera naturaleza, por eso quizás parecían algo burlones. Tal como lo veía ella, era un cazador. Ella entendía mucho de cazadores, por eso sabía que seguramente tenía alguna presa a tiro y no estaba dispuesto a dejarla escapar. La pregunta oportuna sería, ¿quién, o qué sería la presa?. Había que reconocer que era un personaje muy interesante, y ella demasiado cabezota, poco dispuesta a reconocerlo.
La frase que le lanzaron, consiguió que Furia volviera a centrarse en su cometido. Así que empezó a sonreír mientras pensaba - Vaya, es agradable este encuentro, si sigue teniéndome tanto odio como la última vez, será divertida esta conversación. -
" Hola Madeleine, la encuentro más... seca, que la última vez que nos vimos. Me imagino que sabrá el por que estoy aquí, así que sólo decirle que * Nunca Más *, es una frase que nunca ha sido muy políticamente correcta. Me dirigía a la cafetería a esperar a un compañero, ¿quiere acompañarme un rato?".
Madeleine una vez más acertaba, cada vez que tenía un pensamiento positivo hacia Holmes, a continuación este hacía lo posible para que cambiara de opinión radicalmente. Era algo que no entendía. La sacaba de sus casillas, y comenzaba a gustarle las extrañas peleas y conversaciones que solían tener. Deseaba abofetearle, morderle, patearle el trasero, darse la vuelta y marcharse, pero no tenía el cuerpo como para mucho trote, necesitaba comer algo urgentemente. Así que suspirando y bajando un poco la guardia le contestó.
"Se conoce que no lee mucho a Poe, entonces sabría que no se trata de una frase * políticamente correcta *", Madeleine recalcó las últimas palabras con rintintín. "Cuando lea algo de Poe, quizás lo entienda. Y ya que lo ha mencionado, no estaría de más que me contara que hace exactamente aquí, no tiene a Catherine muy contenta. A pesar de lo que pueda opinar no estoy tan loca por usted como para saber que hace en cada momento. Y sí, le acompañaré un rato, pero por poco tiempo, tengo asuntos que resolver para mañana y hoy a penas he comida nada".
Madeleine no entendía que tuviera que darle explicaciones de nada, la paliza recibida debía de haberle ablandado el cerebro. Entró en la cafetería empujando la puerta, lo cual hizo que los músculos del brazo la dolieran más. Reprimió un gemido mientras se mordía un labio, y entro la cafetería, aún le quedaron fuerzas para sujetar la puerta y que pasara el doctor Holmes.
Furia, sonrió, y pasando delante de ella le comentó con un gran sarcasmo "Yo no leo en las noches de luna mientras un cuervo llega mi ventana doctora, pero si quiere seguir hablando de Poe, imagine que estoy aquí por ver la caída del péndulo..., por lo demás si no lo sabe ya se lo comentarán enseguida, oficialmente soy el evaluador de todos ustedes, imagine que soy su profesor en la asignatura más difícil. Y como * hueso * que soy, sólo me alimento de cafeína, si necesita ayuda para llevar su comida, no tiene más que decírmelo, si no estaré en la mesa del fondo, lo mejor de ser el malo de la película es que nadie se sienta contigo y siempre hay suficiente espacio"
Y se dirigió hacia la mesa tras recoger su café.
Madeleine siguió con la mirada a Holmes, luego cogió una bandeja para ir a por la comida, pero no estaba segura de poder con el peso de esta, dado el malestar que presentaba, pero no quería que Holmes la viera una vez más en un estado de debilidad bastante más lamentable que la última vez que estuvieron juntos. Y no quería darle ese gusto. Con lo que con toda la entereza de la que era posible se dirigió hacia el cocinero para que le diera un puré de patata y un muslito de pollo, de postre un poco de gelatina de manzana. Y se dirigió a la misma mesa que Holmes.
Se sentó en frente de él, y le observó. Se quedó mirando unos segundos a los ojos de Holmes, la verdad es que eran preciosos, y en cierto modo la intimidaban, pero no iba a dejar que eso ocurriera una vez más. Finalmente se armó de valor y mientras tomaba un poco de puré de patata dijo casi de carrerilla y sin respiración: "Y por cierto..., ya puedes ir quitándote de tu cabecita la estúpida idea de boicotear el proyecto. ¿Se han vuelto locos por ahí arriba? El proyecto Stargate es importante para todos. Y sobre todo teniendo en cuenta ahora a nuestros vecinos los goa´ulds. Pero, claro, debes de dormir muy bien, sin conciencia, no tendrás remordimientos. Sabes lo que Catherine ha trabajado en este proyecto, y no sólo Catherine, sino todos nosotros. ¿Sabes las horas que he dedicado al proyecto?. Tanto trabajo va a ser desperdiciado por que a ti y a ese compañero de la muerte tuyo puede pareceros que no tiene interés el proyecto... "
Madeleine se comió el puré de pata de la cucharilla, bajando la mirada al plato. Y empezó una vez más a mover negativamente la cabeza. Era imposible, no conseguía dominarse con ese hombre. Pero debía conseguir controlarlo. Respiró profundamente levantó la mirada del plato y le dijo: "Mira, ambos sabemos de sobra que no encajamos bien... intentaré en lo posible ayudar en cuanto este de mi mano, pero participar en algo tan monstruoso, ¿realmente se siente a gusto con lo que hace? ¿No le importa dañar a quien sea para lograr su trabajo, a costa de quien sea?.... "
Holmes la miró divertido " Si supiera lo fácil que sería desmontar todo lo que me dice.todos hemos trabajado mucho doctora, todos, por eso puede que los esfuerzos se deberían de dirigir con mayor precisión, estamos en la línea del frente y eso parece que no lo puede ver, reconózcalo, esto no son excursiones por el campo bajo la lluvia" la miró directamente a los ojos, " y si usted no es capaz de definir su misión yo si, y ni la amistad, me librará de ese camino, por que yo antepongo el bien común al individual, y debería empezar a hacer lo mismo. Y no sólo haga lo posible para que esto salga bien, de le 120%, todos estamos en el mismo barco, y eso lo tendrá que demostrar mañana.así que será mejor que descanse, le adelanto que este * diablo * viajará con ustedes"
Madeleine levantó la cara del plato para encontrarse con los chispeantes ojos de Holmes, el cual parecía divertirse. "Es usted un insensible, se que todos incluido usted trabajan duro, pero ¿es necesaria tanta arrogancia de su parte? Tiene a Catherine muy preocupada, y no solo a ella sino a todos. Siempre que aparece por medio hay algún problema. Realmente ya no sé que pensar de usted, espero que mañana sepa mantener las formas, y se comporte como lo que es, simplemente un observador, y deje a un lado sus dotes de Tarzán. - Madeleine se incorporó y acercó su cara hasta la de Holmes recalcando las últimas palabras. El brusco movimiento la hizo sentir dolor en el cuello. Se mordió un labio para reprimir un dolor.
Furia apoyó la cara sobre su mano, su sonrisa se ladeó un poco, dejó ver su colmillo sólo un momento " Creo que de esta mesa, no soy yo quien no sabe mantener las formas doctora, mi línea siempre ha sido la misma, le guste o no, y si mis dotes de Tarzán tiene que aparecer, será por que alguien no hace bien su trabajo, .que es cuando único han aparecido.¿algo más que comentar?, por que si no es así debería de ahorrar fuerzas para mañana "
"¿Está insinuando que no hago bien mi trabajo?. Esto es increíble..." Madeleine no sabía que decir, ya no tenía ni hambre. "Si creo que lo mejor será que me vaya a descansar, me está poniendo enferma, realmente enferma... ¿Sabe una cosa doctor Holmes? Yo..." Madeleiene no terminó la frase miró con tristeza a los ojos de Holmes. "Creo que estoy algo cansada, mañana será otro día. Siento comportarme así pero no sé, yo ..." Una vez más ni termino la frase Madeleine se levantó con cuidado con su bandeja y la llevó de nuevo al cocinero. Al regresar pasó de nuevo por la mesa de Holmes tan sólo le miró con tristeza. Salió de la cafetería y se dirigió cabizbaja de nuevo al laboratorio. Una vez más Holmes la había dejado KAO. El trabajo remediaría su profunda tristeza. El doctor realmente la agradaba cada día más, pero la sacaba de sus casillas, cuando estaba con él no podía evitar comportarse como una quinceañera mimada. Y ella no era así, ¿o realmente Holmes tenía razón respecto a ella?
"Encuentro"
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia. (Pablo)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Ana estaba cansada depues de dos horas metida en su despacho haciendo trabajo de investigación, los libros se encontraban abiertos por todas partes, debería ponerse a reordenarlos y colocarlos en su respectiva estantería. Pero se encontraba cansada, eso ya lo haría despues, pensó, mientras salía por la puerta decidida a ir a algun lado de la base donde pudiera descansar la mente, quizás a la cafetería, o salir al exterior no le vendría mal tampoco.
El marine del pasillo apenas la miró cuando ella pasó rapidamente, pensó dirigirse hacia el despacho de la capitan Ford, se quedo un momento parada en el pasillo sopesando si Catherine podría informarle de algo más de lo que ya sabía cuando vió salir del despacho a un hombre de complexión media, bastante atractivo, que rondaría los 30 años.
Paul había salido del despacho en el que parecían haberle confinado como si de un loco o un preso se tratara. Le rondaba la cabeza lo que había visto y leído en aquel informe y la conversación con Ford. Todo estaba sucediendo demasiado deprisa pensaba mientras miraba el desnudo techo del pasillo tan sólo recorrido por algunas tuberías que a saber dónde irían a parar.
Tras dar cuatro pasos para intentar estirar las piernas, se apoyó en la pared. Mientras, su mano derecha yacía apostada en su nuca y sus ojos permanecían cerrados. Tuvo la sensación por un instante de no estar sólo en aquel pasillo...Abrió los ojos y creyó intuir sin mover la cabeza que alguien más se encontraba allí...
Ana observaba al hombre pensando entre pasar de largo o presentarse, era nuevo en la base, no lo había visto nunca, y por el aspecto era civil.
- Hola, disculpe, ¿recien llegado? - Le preguntó educadamente con una sonrisa de simpatía.
Ante la presencia de la joven Paul se incorporó. La pregunta le sonó divertida después de lo pasado en las últimas horas. - Si...así es -.
- Soy la Doctora Ana Reyes, egiptóloga.- Ana le tendió la mano.
Paul se sintió entonces un poco más tranquilo al ver que no era el único al que los militares habían conseguido engañar para entrar en aquella ratonera. Atendiendo su mano que notó delicada le respondió.
- Hola. Soy Mallory. Paul Mallory. Profesor de Historia a secas...encantado señorita Reyes -.
A Ana le confundió el término señorita, hacía años que nadie la llamaba así, noto que se le subia un poco el calor a la cara cuando le comentó - Mejor Doctora.... - y le lanzó una pícara sonrisa - ...o viene con alguna segunda intención?
Paul se rascó la frente intentando que no se notara la cara de trágame tierra que llevaba. - Perdone...doctora...ha sido un lapsus...llevo demasiado tiempo sin dormir...todos los tratamientos me parecen ya iguales...y ese es el menor de los efectos secundarios créame -.
- Hacía mucho tiempo que no oía un señorita seguido de mi nombre, resulta agradable -.
- Ya dicen que no hay mal que por bien no venga. - contestó Paul.
Ana le observó un momento, pensando de qué le sonaba ese nombre, siempre le daba mucha rabia cuando algo le sonaba y no sabía exactamente de qué, más tarde o más pronto se acordaría.
Paul quedó mirando fijamente a la doctora con el gesto un poco confidente como si buscara sonsacarle información.
- Verá doctora. No quiero resultar grosero con usted... - Sonrió tratando de mostrar su cara amable a pesar de que el cansancio y las prisas estaban haciendo mella en él...pero sabía que aquel día aún tenía horas por delante. - Ahora mismo todo mi patrimonio se reduce a lo que hay dentro de esa oficina...-. dijo apuntando hacia la puerta que acababa de cruzar hacía unos instantes.... - ¿Sabe usted si hay en esta base algún lugar donde uno pueda dormir?. Porque con franqueza...ahora mismo no tengo donde caerme muerto...- Su voz intentaba no parecer excesivamente preocupada por lo que le estaba pasando pero la verdad....había llegado allí casi traido en volandas y ni siquiera le habían dado tiempo de decir esta boca es mía.
Ana consideró atentamente sus palabras, ¿no le habían adjudicado habitación? ¿llevaba trabajando en su despacho desde que había llegado a la base? ¿Cuanto tiempo llevaría allí? Suspiró, las respuestas por el momento seguirían constituyendo un misterio.
- Acompáñeme, le indicaré donde se encuentran las habitaciones, le preguntaremos al marine de guardia si alguna esta destinada a usted.
Por primera vez desde que había llegado a aquella base Paul sintió que alguien hablaba un lenguaje parecido al suyo y que por fin le entendían. Siguió los pasos tras la doctora Reyes hasta ponerse a su lado. Y entonces intentando compensarla por su ayuda se decidió a entablar una conversación más fluida aún a riesgo de perder las pocas neuronas que le quedaban, ....-digame, doctora, ¿lleva mucho tiempo aquí? -.
- No mucho -Respondió Ana - el tiempo pasa muy rápido, hay mucho trabajo de investigación, ya lo verá.
La inquietud se instaló por un momento en el rostro de Paul pensando que para eso de investigación se habría quedado en Houston. Así que siguió interrogando a la doctora pero esta vez con más curiosidad. -Y....de trabajo de campo ¿cómo andamos? -.
Ana se quedó muda de pronto, sopesando lo que iba a responderle. Por fín respondió. -Hay varias opciones al respecto, doctor, debe esperar a que le asignen un puesto. ¿Ya le han notificado algo? . - Se quedó esperando la respuesta con interés, a ver si se enteraba de algo respecto al *misterioso* doctor Mallory.
Paul....se quedo mirando sintiéndose un poco sorprendido por la pregunta....- bueno, he hablado con la Capitán Ford y.... creo que quiere que acompañe a su grupo -.
- ¿De verdad? - Ana se acababa de llevar una buena sorpresa - Yo tambien iré con la Capitán Ford, entonces somos... compañeros -.
Paul entonces enarcó las cejas, tranquilo por no haber hablado más de la cuenta, aunque no es que hubiera demasiados civiles por aquella zona como bien podía comprobar mientras caminaba con la doctora. - Vaya...Bien, creo entonces que mi obligación es pedirle que me llame Paul...al fin y al cabo estamos en el mismo barco... -.
- Sí , eso parece....le llamaré Paul si me llama Ana -.
A Paul le gustó mucho el nombre. Sencillo y breve...no le gustaban las complicaciones excesivas en los protocolos de trato y urbanidad....- Estupendo Ana... - le dijo sonriendo. - Y ya que andamos tras de lo mismo....¿qué piensa de la excursión de mañana? -.
- ¿Ha leido las conclusiones y ha visto las imagenes? Habrá trabajo de campo que hacer, pero no parece haber nada más en las cercanias. Si no hay sorpresas realizaremos el estudio y nos volveremos -.
- Entiendo - dijo Paul. Más o menos el esperaba lo mismo después de charlar tranquilamente con Ford acerca de lo que aguardaba. - Francamente mi primera *salida* en mi brevísimo paso por la UIC fue tan lamentable que no me gustaría volver a repetir una experiencia similar en esta primera salida por más que desee estar ya delante de esa rampa a punto de atravesar la puerta -.
Ana no sabía muy bien si preguntar sobre esa salida de la UIC, de la cual no tenía conocimiento, pero en ese momento llegaron al pasillo de las habitaciones personales. Se dirigió al marine de guardia indicándole el nombre del Dr. Mallory, este se dirigió al sargento, que vino con unos papeles, al parecer le esperaban.
- Señor, acompáñeme a por el equipo y le enseñaré su habitación - Le indicó el sargento al doctor.
Paul atendió la invitación del sargento con un gesto afirmativo de su cabeza para justo después volverse hacia Ana y agradeciéndole con una sonrisa y un guiño cómplice su ayuda y su oportuna presencia minutos antes en aquel pasillo le dijo levantando su mano derecha - Nos vemos Ana...ya sabes donde está mi puerta para todo lo que necesites - Realmente le estaba muy agradecido por haber acudido en su socorro aunque ella no fuera consciente.
- Hasta la vista... Paul. - le dijo Ana esbozando una sonrisa, y se giró dirigiendose nuevamente a su despacho. Estaba más relajada, la conversación con el doctor le había hecho despejar la mente, se notaba descansada.
Entró y se sentó, tenía las fotografías distribuidas por la mesa, y algunos libros medio abiertos por capítulos que había estado consultando. Cogió uno de ellos y observó el título: Tras los pasos de Cortés. Autor: Dr. Paul Mallory Rush
-Uau - dijo en voz alta aunque no la oía nadie. - Esto se pone interesante -.
"Trazando un nuevo mundo"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Intentando no pensar en el hecho de no haber tenido tiempo ni siquiera para poder ducharse y cambiarse de ropa, Paul seguía concentrado en la documentación que tenía ante sí. Medio sentado en uno de los bordes de la mesa y con el informe en las manos había ido desplegando progresivamente las fotos de forma que pudiera acompañar la lectura detenida con una visión de cada imagen a modo de libro ilustrado.
Su vista había hecho especial hincapié en la fotografía en la que nítidamente aparecía una pirámide de notables dimensiones. Aquella imagen no le era ajena, lo llamativo era que hubiera sido hallada en otro planeta. El informe era bastante inconcluso e indeterminado en muchos aspectos, tal parecía que tuviera un caracter preliminar o que hubiera sido redactado con prisas.
El ruido de la cafetera le indicó a Paul que había llegado el momento de hacer un poco más soportable su tarea recargando las baterías con un poco de café. Mientras sus dedos índice y pulgar frotaban sus ojos para buscar claridad de ideas posó el informe en la mesa y se incorporó rumbo a la humeante cafetera.
En su búsqueda por las alacenas encontró una taza blanca con el emblema de las fuerzas aéreas que llenó casi hasta el borde y se llevó a la boca casi de inmediato. Con el primer sorbo Paul cerró los ojos y *se lamentó* mentalmente de descubrir que lo más apropiado habría sido esperar unos minutos pues aquello estaba ardiendo.
Justo en aquel momento el sonido de unos nudillos al otro lado de la puerta interrumpieron la accidentada ceremonia. Paul posó la taza y con el gesto aún compungido por la quemadura emitió un - adelante - que sonaba más a una petición de socorro que a una simple indicación. Un rostro femenino apareció al otro lado de la puerta.
-Ese café huele bien- saludó Catherine mientras entraba a la oficina. -Habría llegado antes a probarlo... digo, a darte la bienvenida, pero me parece que aún está muy caliente,- rió. No había visto a Mallory desde su "graduación" de la Unidad de Instrucción, sin embargo se lo veía prácticamente igual. Aunque se había reincorporado a la actividad apenas esa mañana, se veía que no le había tomado mucho adueñarse de aquella oficina.
Podía ver las fotografías que coloreaban el lugar, incluyendo las de P5S-365. Las señaló con el índice, mientras se acercaba. -De eso venía a conversar. ¿Te avisaron que salimos mañana?-
Al oir la pregunta Paul cerró los ojos sonriendo. Ni siquiera las películas de Buster Keaton que tanto le gustaban iban tan deprisa. Tratando de contrarrestar el duro saque de Catherine, Paul intentó imprimir juego desde el fondo de la pista con la única intención de no terminar con severas dolencias cardíacas. Aquella locomotora terminaría por pasarle por encima.
Primero miró a la capitán buscando reencontrar la familiaridad en su rostro. Y luego su gesto se transformó como si intentara hacer memoria. - Veamos...hace doce horas, dos colegas tuyos me abordan en el aeropuerto de Los Ángeles pidiéndome que les acompañe porque mi presencia es requerida aquí. Me meten en un avión y antes de poder pegar ojo me encuentro entrando por la puerta con lo que ves por aquí desparramado y esa bolsa negra que está a tu espalda por todo patrimonio. Me lanzan una carpeta a la cara y me dicen que a la mayor brevedad posible le eche un vistazo. Me abren esta puerta...y...decididamente no. Creo que no me dijeron nada...Catherine...no te ofendas... - apuntó Paul con semblante de petición de auxilio - ...pero...¿podrías darme un contexto sobre el que empezar a entender esto? - le preguntó mientras señalaba las fotos sobre la mesa.
La Capitán se encontró ampliando su sonrisa, y asintiendo, casi, en derrota. -Bueno, desde abajo...- Se acercó a una de las sillas libres, y la acercó al escritorio. Sin embargo, no se sentó. Apoyó sus manos sobre la mesa y eligió las fotos que a ella le daban algún dato. Del resto, seguramente, se encargaría él. Y Ana, quizá Dara, posiblemente Madeleine...
-Aquí, pirámide,- rió. -La MALP tomó la foto desde el Stargate, me parece raro que no esté sobre la pirámide... Obvia semblanza precolombina mesoamericana, pero las proporciones no concuerdan... ¿verdad?- Buscó la aprobación de Paul. -Es demasiado masiva, y no lo suficientemente alta, estas escaleras no parecen querer obligar al ascenso serpenteante de los adoradores de Quetzalcoatl... Seguramente vamos a odiarlas a medio camino, pero estoy segura que entra el pie completo en la huella, no creo que haga falta subir "de costado".-
Paul se decidió a dejar que Catherine continuara en su discurso cruzando los brazos y apoyando el cuerpo contra la pared y trató de no parecer demasiado intrigado. Catherine no parecía contarle nada nuevo...no desde luego lo que él esperaba saber tras formular su pregunta.
Catherine tomó otra foto, la que había tomado la UAV sobre la inmensa pirámide, del palacio rehundido en su interior. -Aquí, palacio... todo alrededor, desierto. No parece haber llovido en años, pero para estar seguros habrá que tomar muestras de suelo.- Señaló la última foto, la de la imagen que más le había llamado la atención. -Y aquí, finalmente, lo que más me extraña.- El grabado en el talud de la pirámide, en el contexto de otras escenas de animales, vegetales, y algunas figuras (¿quizá danzantes?), parecía tan parte de ellos como fuera de lugar. -Madeleine me confirmó ayer que se trata de variedad terrestre de una hoja de coca...- Frunció apenas los labios, antes de desviar sus ojos hacia los de Paul. -No soy experta en estos temas, pero por culpa de ese detalle no me dan las cuentas.-
Paul se quedó quieto por un momento. Una palabra le había dejado profundamente intrigado. - ¿Madeleine?....¿Monteloup?. ¿Madeleine Monteloup está aquí? - Preguntó Paul mirando con cara de sorpresa a Catherine.
-Pero claro...- Ford parpadeó, casi cegada por el brillo de los ojos de Paul. Eran verdes... como, en algunos lugares, el agua del mar, centellendo bajo la luz del sol. No tormentosos, como los de Jonathan. Bajó la vista, con el pretexto de volver a dejar las fotografías sobre el escritorio. -Fue asignada a principios de marzo,- esperaba no estar balbuceando, aunque sabía que hablaba simplemente para no permitir que se produjera un silencio. -Viene con nosotros, también.-
Paul miró entonces a la puerta por un momento pensativo. Vaya, así que la buena de Madeleine sigue por aquí.... A su mente acudieron fugazmente los acontecimientos que hicieron que Paul dejase de ver en Madeleine a una más del grupo para empezar a verla como lo mejor que había encontrado en sus escasas horas en la UIC.
Paul trató de no reflejar excesivo interés en Madeleine ante Catherine. Y si trató de concentrarse en la cuestión por la que ella había acudido hasta su pequeña oficina. - Volviendo al tema que nos ocupa... - Su tono por un momento pasó de la intriga de los instantes inmediatamente anteriores a un rictus de seriedad - ...viendo estas imágenes y leyendo el informe se podrían decir bastantes cosas la verdad... pero la mayoría serían especulaciones. Aunque si creo que una cosa se puede asegurar tajantemente. En ese palacio residió alguien importante. Mucho... En mi humilde opinión... creo que saber de quién se trataba nos abrirá muchas puertas. La decoración exterior es muy sobria, no ayuda...pero creo que el interior estará más dispuesto a colaborar. Y esos relieves tal vez sean más importantes de lo que pensamos. - Su voz reflejaba que Paul se estaba concentrando cada vez más por momentos en el tema en cuestión.
Su mirada estaba puesta en la foto del palacio. - Creo que no hace falta mucho para afirmar tal cosa. Ahora bien. Hay cosas en estas imágenes que no encajan demasiado. La primera de ellas es ese palacio semi-incrustado en la parte superior de la pirámide. No se corresponde con la arquitectura que refleja el exterior. No es un elemento *novedoso*. Sencillamente está fuera de lugar. Podría tener sus explicaciones pero eso sería comenzar a hacer cábalas. Y otra cosa.... ...no es en absoluto normal que sólo haya una construcción de tipo piramidal. Las sociedades de la América pre-hispánica tienen una fuerte conciencia social. Muy desarrollada. No es normal que lleguen a un sitio construyan un edificio y desaparezcan. No es su estilo. Si por algo se caracterizan sus centros urbanos es por ser complejos de edificios que acogen sedes para distintos tipos de dependencias, religiosas, científicas, administrativas...etc... - Paul tenía la sensación mirando a Catherine de que no le estaba contando nada nuevo... no obstante... si tenía bien claro que con el material presente no se podían pedir milagros. - Ahí debería haber más edificios...pero no seré yo quien rasque toda esa arena para averiguarlo.... no al menos sin el equipo adecuado - sonreía con simpatía. - ¿Has pensado que es posible que lo que se ve en la imagen sea sólo una parte? - Paul se quedó mirando fijamente.
Ella había asentido a intervalos durante su discurso. También había podido sentir la temperatura elevándose sobre sus mejillas, claro síntoma de que se había ruborizado, quizás hasta la raíz del cabello, al recordar finalmente con quién estaba hablando. -No, no se me había ocurrido,- concedió, mientras tomaba las fotografías de la pirámide y volvía a examinarlas. La idea abría un completo abanico de posibilidades, y pocas de ellas (si alguna) la hacían feliz.
-Pero si es así, estamos hablando de...- emitió un silbido. -Esto debe haber sido terriblemente grande.- Se frotó la frente, mientras observaba la prolijidad del suelo. Parecía rastrillado. ¿Cuántos años habían tomado para que el desierto ganara sobre un centro ceremonial y una ciudad, si los hubiera bajo él? ¿Cuán alta sería esa ya inmensa pirámide, para continuar imponiéndose sobre el paisaje?
Volvió a mirar a Paul. -Y también,- como si él hubiera compartido su recorrido mental por los distintos interrogantes,- ¿cómo hizo el Stargate para quedar a nivel del suelo?-
- 'touché'. - dijo Paul mirando a los ojos de Catherine sabiéndose en claro fuera de juego. - Ahí me has pillado... No obstante.... y ya que aún no estamos allá arriba, aprovecharé la duda razonable. Los stargates pueden ser trasladados...¿no?. A lo mejor ese planeta no está tan abandonado como parece - Paul había enarcado una ceja y miraba sonriendo a Catherine esperando que por un momento tuviera piedad con él.
La capitán se permitió temblar, fingidamente, ante la posibilidad. -O que, de casualidad, se encuentre en la punta de otra pirámide que aún no fue cubierta...- Se encogió de hombros, para devolverle la mirada con un dejo de picardía. Se le ocurrió que podían estar así por el resto del día, y no parecía una idea desagradable. -Podemos dejar el concurso de ideas para cuando estemos allí,- rió.
- Creo que será lo mejor... - le dijo Paul. - Me parece que los dos sentimos demasiadas ganas por estar ya allí viendo a ver qué nos encontramos...sea lo que sea....el descubrimiento merece la pena de por si. -
-De todos modos, si no encontramos nada increíblemente interesante en el palacio...- Catherine sacudió la cabeza, -difícilmente consigamos los recursos para realizar una excavación.- Podía recordar las palabras de Lebau, que escuchara hacía apenas minutos: "Sólo le pido que me demuestre que no estoy equivocado." En el fondo, era un político, se considerara uno o no. Lo que les importaba, tuvieran la ideología que tuvieran, era conseguir ventajas en la carrera que sólo ellos corrían, por altruistas que fueran. Esa pequeña salida, cuyo modesto objetivo original había sido el de reiniciar las actividades desde el complejo de Guam, cargaba con la responsabilidad de demostrar que... La capitán cerró los ojos, mientras se mordía suavemente el labio. -Con lo bien que nos vendría algo *bueno*, bonito, barato...- sus palabras, apenas un tono más elevado que el de un murmullo.
El último comentario de Catherine fue captado por Paul que tenía la mirada fija en Catherine y fue recibido con simpatía. - ¿Apuestas algo a que nos traemos un *souvenir*?. ¿Te parece bien un café que no esté tan caliente como ése? - le preguntó apuntando a la cafetera.
-Cualquier clase de café suena bien,- sonrió ella. -¡Creí que nunca preguntarías! Y sobre lo primero...- no apuesto -¡ojalá!- finalizó. -Llevo papel y grafito... si vieras la de regalos que enmarqué este año,- terminó riendo mientras, finalmente, tomaba asiento sobre la silla, y volvía su atención al trabajo.
- En cuanto a esos relieves y la hoja de coca que me comentaste - añadió Paul sentándose frente a Catherine - Bueno, como te he dicho creo que son importantes. A priori no parecen dar demasiado juego pero sobre el terreno tendremos base para empezar a darles sentido. Tanto si reflejan simples escenas cotidianas como si son hechos relevantes tendrán su importancia. Ayudarán a conocer al VIP que moraba por aquellos pagos. - Paul se calló por un instante observando la foto que contenía los relieves. - Pero ahora que me doy cuenta... se ve rara una hoja de coca en el desierto... - le dijo sintiéndose por un momento confuso ante tantas piezas sin encajar.
La Capitán asintió. -Conversamos algo del tema con Madeleine... hay variedad de posibilidades. O hubo un cambio climático, o fueron destruídos, quizá esclavizados y llevados a otro lugar... ¿Qué más se te ocurre?- preguntó, invitándolo a proponer nuevas ideas. -Mientras más ideas llevemos, creo que nos ayudará a sacar conclusiones... en el caso que encontremos algo que nos sirva a ese respecto, claro...-
- Francamente no sé muy bien qué pensar...las posibilidades, muchas o pocas, son admisibles por igual... aunque no sé por qué noto en tus palabras y tu tono que aquí está en juego algo más que una pirámide y sus constructores.... ¿Te parece si volvemos a la pregunta inicial y me lo presentas de otro modo? - le dijo Paul entornando su vista y mirando con mucha atención los expresivos ojos de la capitán que poseían una iluminación muy particular en aquellos momentos.
Catherine frunció la nariz, apenas. Se estaba pisando... repetidamente, y aunque podía explicarlo por haber pasado tanto tiempo con Lebau antes de llegar a la oficina de Paul, esperaba poder controlarse en lo que quedaba del día. -¿No leíste nada, verdad?- preguntó, apuntando a la pantalla del ordenador.
Paul se quedó mirándola con el gesto circunspecto. - Aparte de este informe que me habéis suministrado....no -
-Bueno, entonces dejalo para más luego... lo cierto es que nos están evaluando. ¿Te acordás del Doctor Holmes?- Qué podía hacer... odiaba hablar de él en ese tono despreocupado, pero tampoco iba a llamarlo "Jonathan" con tanta libertad, sin temor a pisarse y mucho peor de lo que venía haciendo ya.
Paul hizo memoria por un instante. Recordaba a un personaje de la UIC que llevaba el mismo apellido. En ese momento su estómago se revolvió ligeramente. El recuerdo no era del todo bueno. - Si....ese apellido me es familiar....me temo -
"Lo imaginaba," pensó Catherine antes de continuar. -Bueno, él y un Doctor Lebau, un hombre reconocido en el campo de la diplomacia... sé que he oído hablar de él antes de conocerlo esta mañana. Están encargados de un informe, cosas así. vienen con nosotros, y cuánto preferiría que no... ¿Me explico?- finalizó, mirándolo, esta vez su turno de pedir auxilio.
Paul buscó apoyo en el respaldo de la silla. De repente se sintió un poco descorazonado. - ¿Me estás diciendo que tus jefes nos están haciendo una auditoría y que estamos en manos de esta pirámide?... - Paul no necesitó respuesta. Había captado el mensaje de Catherine. Se quedó pensativo por un instante... No quiso entregarse a la negatividad. En realidad a él siempre le habían gustado las causas perdidas. "Si mi familia me considera una" pensó.
- Entiendo entonces que lo debemos encontrar pasa de la categoría de souvenir a la de megaestrella del pop... - volvió a callarse por unos segundos. - ...vale, vale... me parece bien. Sinceramente Catherine...me encantaría poder decirte desde ya que vamos a encontrar Eldorado...pero... creo que lo más que puedo decirte es que tendremos que poner mil ojos...atender a cada dato...y....encomendarnos a la suerte. Sé que no sirve de nada...pero hay indicios que apuntan a que a lo mejor salimos mejor parados de lo que pensamos. Si es un palacio, tendrá que haber algún objeto y quiero seguir pensando que si hay un stargate ahí no es por puro turismo... - Paul sintió de repente cierto abatimiento.
Tomó impulso sobre el respaldo para acercarse de nuevo a Catherine... -¿tan pequeño es el margen que tenemos?-. No podía alegrar el día de Catherine, ni ahora el suyo pero si al menos podía dejar que se desahogara...al fin y al cabo aquel era el mismo barco para todos.
La Capitán se se frotó las sienes con las manos por un instante, mientras tomaba aire en un gran suspiro. -¿La verdad, Paul? ...- Hizo una mueca, -No tengo idea.-
Era la verdad. A pesar de lo que le había confiado Jonathan, la llegada de Lebau le había dado una perspectiva diferente. Allí había alguien que no estaba dispuesto a seguir las "órdenes" de quienquiera las hubiera dado. Tampoco quería quitarle el voto de confianza a Jon... podía sentir el conflicto interno dentro de él en cada uno de sus encuentros desde que llegara a la isla, y no dejaba de confiar en que, finalmente, no se dejaría manipular. Pero tampoco podía contar solamente con ello...
-De todos modos, nuestras órdenes son hacer lo nuestro.- Tomó aire nuevamente, para sonreir de verdad, sin esfuerzo. -Y sabemos hacerlo, ¿no?-
Mallory acompañó su sonrisa decidido. - No se imaginan hasta qué punto sabemos... - Definitivamente no quería dejarse conducir por el desánimo. Acababa de llegar... y no tenía la más mínima intención de volver a salir por la puerta de atrás como meses antes lo había hecho. Miró a Catherine a los ojos sin mover un sólo músculo - La única forma en la que pienso salir de aquí es por ese dichoso aro.... -
"Bendita sea Florida." Era el segundo reencuentro que tenía en menos de dos días, y el que no traía ninguna pega. -Somos varios...- La sonrisa de Ford se amplió, mientras agradecía a los dioses por el regreso de Mallory. Decidió que ya era suficiente. Tenían mucho que hacer y, si bien ella había sucumbido a la debilidad de... mostrar debilidad, era hora de levantar la cabeza y seguir adelante.
Tomó las fotos en sus manos, nuevamente, y eligió la que más le gustaba de la pirámide, que colocó sobre el escritorio frente a él. -Te propongo un partido de hipótesis... a cambio del café que me prometiste.-
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