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"P3R-240 - Parte I"
Catherine Ford
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


(Cercanías del Stargate, 10 de Enero de 2001)

Un mar de arena dorada la rodeaba. Catherine entrecerró los ojos mirando hacia el cielo tras sus lentes oscuros, protegiéndolos del brillo de los dos soles que la iluminaban simultáneamente. Una gota de transpiración bajó a un costado de su frente, acariciando su mejilla, el cuello y finalmente perdiéndose bajo el uniforme. Con un suspiro, la Capitán volvió su atención al grupo de hombres que trabajaba afanosamente sobre la MALP.

Para ser justos, en realidad sólo el Sargento Porter trabajaba. El Cabo Channing estaba *asistiendo*, mientras que Jefferies se limitaba a *montar guardia*. Ella no sabía muy bien qué estaba haciendo Porter, ya que poco podía entender acerca de calibrar una sonda. Pero, claro, en su caso se cumplía la regla de oro: *el que sabe, sabe. El que no, jefe.*

Se sonrió, dando media vuelta para admirar las suave y ondulante superficie que se extendía hasta donde alcanzaba a ver, y seguramente mucho más allá. Si no tuviera testigos, abandonaría el uniforme y tomaría una hora de sol.

Y, posiblemente, me convertiría en la envidia de... frunció el ceño, pero por pocos segundos.

Sostenía con soltura el MP-10 que colgaba de sus hombros, como si hubieran nacido el uno para la otra, cuando, en realidad, el arma había sido una incorporación bastante reciente a su vida fuera de los ejercicios de entrenamiento de rutina. Lo único que la consolaba era que había mejorado años luz con respecto al comentario que recibiera de uno de sus instructores del ROTC: "La Cadete Ford demuestra una habilidad natural para acertar de casualidad," había dicho frente a todos sus compañeros, allá lejos y hacía tiempo.

Claro que no tendría que demostrarlo allí, en ese planeta caluroso, deshabitado y cubierto de arena de polo a polo, según asumía mientras caminaba tranquilamente, dibujando un círculo imperfecto alrededor del Stargate, sin dejar sus ojos fijos en ningún lugar en particular por más de pocos segundos. No entendía por qué habría un Stargate allí, pero seguramente había una razón aunque ni ella ni nadie más pudiera descifrarla. Hasta ese momento, la MALP no había sido de gran ayuda tampoco.

Se detuvo junto al DHD, dándole la espalda a Jefferies, y tomó un sorbo de agua de su cantimplora antes de cerrarla cuidadosamente.

Nada como el desierto para sentir sed... y más sed.

Todavía faltaba cerca de una hora antes de poder regresar a la UIC. Aunque Porter terminara antes, no les quedaba más alternativa que esperar: los horarios de conexión eran estrictos. En caso de emergencia deberían regresar vía el SGC, pero... ...con estos planetas que eligieron para hacer las pruebas de calibración, difícilmente veamos un alma, mucho menos un problema.

Con las manos seguras sobre el subfusil retomó su recorrida, sintiéndose agradecida por la visera que la protegía de la luz directa de los soles, y por los lentes que la protegían de su reflejo en la arena. Nada más fácil que deslumbrarse en aquel lugar. Nada más fácil que aburrirse, agregó para sus adentros antes de decidirse por crear un círculo algo mayor que el anterior con las huellas de sus botas.

Una suave brisa arenosa la acarició, interrumpiendo la calma que había sido la constante durante su primera media hora en aquel planeta. Estaba lejos de aliviar el calor que sentía: era demasiado caliente para su gusto. Al pasar una mano por su rostro, con el inútil afán de secar una nueva gota de transpiración, notó que la arena se había pegado a la piel. Voy a volver hecha una visión para ojos cansados...

Casi al mismo tiempo, se dio cuenta de que algo no era como debía ser. Al menos, no según lo que sabía de P3R-240 según el archivo del SGC. "Porter," elevó la voz, apenas, para asegurarse que el Sargento la escuchara a través de la corta veintena de metros que los separaban. Apenas esperó a que él levantara la cabeza para mirarla.

"¿Qué registro de vientos hizo la MALP desde que llegó?"


 
"Doctor Victor Von Garland"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, Ingeniero mecánico, Hugo
Doctor Victor Von Garland, Inventor loco, Hugo


Con todos mis respetos y admiración a Mary Shelley y El jovencito Frankestein.

La noche era oscura, las nubes de tormenta cubrían cada rincón del negro cielo, los truenos resonaban con una fuerza sobrenatural amplificados por las formas del valle, la lluvia azotaba como si intentasen atravesar el suelo al impactar.

El Doctor Victor Von Garland se encontraba de pie, junto a la mesa de operaciones, años de estudios y trabajos le habían llevado a aquel día, esa noche podía concluir todo con un estrepitoso fracaso o una absoluta victoria, detrás del doctor una figura curvada se movía nerviosa.

"¡Igor!" grito el doctor.

"Si, mi amo." respondió servicialmente el jorobado de ojos saltones.

"Pon en funcionamiento la máquina y pon algo de música."

Obedientemente, la figura se movió torpemente hasta uno de los cientos de aparatos que habían en la sala, de un pequeño cajón extrajo un cd y comenzó a sonar por todo el castillo los sólos de guitarra de James Hetfield. Acto seguido accionó una palanca que puso en marcha lo que tantos años había costado construir. La camilla comenzó a subir lentamente mientras la cúpula del laboratorio se abría, en el cielo los truenos resonaban a ritmo de la batería de Metallica. El doctor observaba estasiado y levantó las manos mirando el cielo.

A los pocos instantes de encontrarse la camilla en el punto más alto del castillo un rayo golpeó la misma produciendo un gran estruendo y una luz cegadora.

"Rápido Igor, bájalo, bájalo." grito el doctor.

La camilla comenzó a bajar lentamente hasta encontrarse de nuevo en su posición inicial, la lluvia caía a través del hueco dejado en el techo y Von Garland miraba con apremio a la espera de ver el resultado de su mayor esperimento. Entonces, ocurrió, debajo de la sábana algo se movio y poco a poco una figura se fue incorporando.

"¡Vive! ¡Vive! ¡Vive!" exclamó extasiado el doctor.

La chamuscada sábana fue deslizándose hacía al suelo dejando ver la criatura que había cobrado vida. El doctor Von Garland había conseguido lo que nadie creyó posible, dar vida a una criatura construida a partir de tejidos muertos de otros.

La bella figura era una mujer hermosa, de curvas perfectas, el más hermoso rostro jamás imaginado. Una mujer físicamente pérfecta.

"Poséeme." dijo la criatura.

De repente todo fue oscuridad, una negrura absoluta. Chip se levantó de un salto, se encontraba en la cama de su cuarto, miró a un lado y a otro perplejo y totalmente desubicado.

"Mejor me duermo y continuo con el mismo sueño."

De nuevo la oscuridad, la negrura absoluta. El doctor Von Garland se acerco a su criatura.

"Veamos cuan perfecta eres..."


 
"Sin rencores"
Paul Mallory
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


[Departamento de Historia de la Universidad Rice, Houston, Texas. Junio de 2001]

Nada más entrar en su despacho se dio cuenta de que había algo fuera de lugar, algo que no encajaba en aquel entorno que se sabía de memoria y en el que ahora se había colado un elemento *extra*.

Estaba depositado sobre su mesa, justo encima de un montón de portafolios con trabajos de final de curso para los rezagados y sobresalía con nitidez esperando ser tenido en cuenta.

Posó su maletín y tomó el paquete de pequeñas dimensiones en su mano preguntándose quién habría mandado algo así. No era habitual. Clarita, la becaria siempre le entregaba los paquetes personalmente, cuando sabía que podía encontrarle en el despacho para asegurarse de su correcta recepción.

Observó el exterior por todas sus partes en silencio tratando de buscar en vano un remitente pero no había escritura alguna. El primer nombre que asomó a su cabeza fue el de Rebecca, inmediatamente descartado pues no era su estilo. Ella habría colmado de glamour aquel bulto dejando bien a las claras que se trataba de algo suyo.

Enarcó las cejas un segundo decidiéndose a abrirlo y comenzando a sentir una enorme curiosidad por el contenido sabiendo imposible conocer el remitente. Al abrirlo observó que se trataba de un pequeño libro de aspecto antiquísimo. Paul abrió los ojos para darse cuenta de que no se trataba de un libro cualquiera.

Entreabrió la boca dejándose llevar por la sorpresa y la intriga. Era un manuscrito o al menos eso parecía por fuera pero daba la sensación de tener cientos de años. Era una especie de joya perdida. Se sentó para observarlo con mayor detenimiento sin abrirlo. Le infundía un tremendo respeto la visión.

Junto al libro había una pequeña hoja de papel doblada a la que Paul prestó inmediata atención desdoblándola tras posar el libro sobre la mesa.

Cuando leyó el contenido esbozó una sonrisa a medio camino entre el estupor y la admiración.
"Sin rencores, doc.
Jonathan Holmes."
Paul observó la hoja como aturdido, invadido por la pregunta que le asaltaba con total impunidad "Pero. ¿Cómo?..." Estaba claro que si Clarita no sabía nada, alguien se había colado inesperadamente en su despacho y aquel nombre le desconcertó. No pudo reaccionar. Aquel siniestro individuo que meses atrás le había dado un buen susto en un planeta lejano le había hecho llegar no sabía cómo una especie de incunable de misterioso contenido con afán de pedir disculpas.

Posó la nota desplegada sobre la mesa mirándola con intriga y cierta inquietud por aquel extraño *modus operandi* que desde luego si le parecía muy propio de aquel sujeto tan oscuro.

Por un instante, presa del leve desconcierto que aquel envío le había provocado miró a la puerta como culpándola por no haber sido capaz de decir nada ni dar la alarma.

Acto seguido volvió a mirar el manuscrito. Por un momento estuvo en silencio observándolo fijamente. Le inquietaba. ¿Cómo era posible que Holmes supiera que él trabajaba allí?. ¿A dónde enviarle cosas?. ¿Habría entrado él en aquel despacho para dejar en persona en paquete?.

Lentamente, casi con miedo, tomó el manuscrito entre sus manos y lo abrió con mucho cuidado en la primera hoja. La letra parecía antiquísima. En una tinta envejecida y en hojas amarillentas que delataban una más que probable autenticidad. El lenguaje le resultó inmediatamente familiar. Parecía castellano, castellano antiguo. Estaba muy familiarizado con aquella escritura y con un poco de atención su sorpresa fue en aumento al leer las primeras líneas.

No pudo dar crédito a lo que estaba leyendo.

"En el año de Nuestro Señor de Mil Cuatrocientos Setenta y Ocho a 14 de mayo, desplazados de nuestra ruta por la impía borrasca alcanzamos arribar a un archipiélago que me pareció ser el mismísimo paraíso y que según Manuel Linares se encontraba a entre setecientas y ochocientas leguas de las Canarias navegando en dirección oeste como parecían habernos querido llevar los desatados vientos...

...Y habían coloridas y extrañas aves que surcaban sus cielos Y hermosas mujeres que yacían con nosotros creyéndonos dioses y nos daban parabienes y ofrendas de oro a nuestra complacencia..."

Paul pasaba hojas leyendo breves líneas sin dar crédito a lo que su cabeza aprehendía.

"Hallamos tiempo después una mina de oro inmensa de la que aquellos hombres extraían lo que necesitaban para sus ornatos y joyerías. "

Con presteza miró el final de aquel extraño manuscrito sin pestañear. Aquello le tenía completamente absorto y por más que fruncía el ceño no podía creer lo que leía.

"Y ahora que mis entrañas arden y apenas si me tengo en pie por el dolor, padezco por no haber quedado allá hasta que este final malogrado de mis días llegase al menos prendado de aquella tierra incógnita que tantos placeres ofreciera a mis sentidos.

En Porto Santo, Madeira. En el año de Nuestro Señor de Mil Cuatrocientos Setenta y Nueve, a 16 de febrero. Alonso Sánchez de Huelva."

Paul se quedó mirando completamente parado, quieto, inmóvil ante aquella última línea de texto.

Estaba claro que Holmes daba la imagen de tipo despreciable pero Paul no estaba preparado para algo como aquello. Paul siempre había tenido en cuenta a cierta distancia las tesis de algunos profesores que sostenían la hipótesis del llamado *prenauta* que suministró información valiosísima a Colón para el desempeño de sus posteriores viajes pero ese manuscrito... Aquello era como un tiro entre las cejas.

Miles de preguntas le bombardeaban sin descanso. Pensó en hacer un par de llamadas que verificasen la autenticidad de aquel libro. Pensó en interrogar inmediatamente a Clarita para saber quién había dejado el paquete en su despacho. Sin embargo cuando recordaba el apellido Holmes y volvía a su cabeza la sonrisa burlona de aquel tipo descarado y sarcástico alcanzaba por instantes a ver una respuesta clara a ambas cuestiones.

En ese momento llamaron a la puerta. Una silueta se percibía tras el cristal biselado. Paul se precipitó a guardar el manuscrito y la nota, así como el papel que envolvía a ambos en un cajón de su escritorio, justo antes de indicar con voz algo sobresaltada que quien estuviera al otro lado de la puerta podía pasar.

Clarita, una joven de tez morena y de baja estatura entró y saludó a Paul dejando sobre su mesa un libro que éste le había prestado el día anterior.

- Clarita - dijo Paul haciendo una breve pausa en la que los ojos negros de la joven se fijaron en él. - ¿Has visto a alguien entrar en mi despacho ayer por la tarde o esta mañana temprano? -

La joven hizo ademán de hacer memoria y esgrimió un gesto de negativa. - Pues no que yo sepa. Ayer cerré el departamento a eso de diez de la noche y nadie vino y hoy por la mañana cuando llegué a las ocho todo estaba como ayer lo dejé. - terminó sonriendo.

Paul bajó la mirada comprendiendo que efectivamente aquel era el *modus operandi* de alguien como Holmes. Esbozó una leve sonrisa y meneó la cabeza cerrando los ojos. - Gracias Clarita - respondió Paul. La joven emprendió el camino de regreso hacia la puerta cuando Paul interrumpió su caminar.

- Ehm...Clarita. ¿Te importaría llamar a Emma y decirle que deje un momento el archivo y venga a mi despacho, por favor?. Necesito su ayuda para resolver un... ...*misterio* - dijo Paul sonriendo con ironía mientras echaba un vistazo al cajón cerrado donde se encontraba el manuscrito.

La becaria sonrió en señal de afirmación y salió del despacho cerrando la puerta casi al mismo tiempo que Paul volvía a abrir el cajón para observar fijamente aquel texto mientras recordaba la grotesca sonrisa de Holmes detrás de aquellas antiguas páginas amarillentas y deterioradas.


 
"Resaca II"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo


*En capítulos anteriores: Chip, después de golpear a uno de sus más odiados enemigos cogió la cogorza del siglo, yendo de bar en bar hasta que por fin después de una noche bañada en alcohol y algún otro líquido que es mejor no nombrar desperto con lo que mucha gente llamaría el mayor dolor de cabeza de la historia. La sorpresa de Chip fue ver como ha su lado había una mujer de la cual no recordaba nada y peor aún se encontraba en la habitación de ella y peor aún esposado a la cama sin posibilidad de huir y peor aún ¡ella era policia! ¿Cómo huirá Chip de una situación tan embarazosa como esta? ¿Cómo podrá evitar que le peguen un tiro si ni siquiera recuerda su nombre? ¿Cómo conseguirá huir estando esposado? Si quieren saber el resultado de tan intigrante historia tan sólo deben continuar leyendo este posteo...*

Chip cogió la llave que estaba en la cama y con toda la celeridad que pudo se quito las esposas, las muñecas le dolían aunque no era lo único que le dolía. Una vez liberado comenzó a buscar su ropa, la camisa, los calcetines, los calzoncillos ¿donde diablos estaban los pantalones? Por fin Chip encontró los pantalones, tuvo que quitar un tanga entrelazado en una de los camales del mismo, entonces oyó como la puerta del baño se abría y unos pasos se dirigían hacía la habitación, rápidamente lanzó toda la ropa al suelo y se tumbó en la cama disimulando.

La chica entró por la puerta sonriendo, estaba desnuda y su cuerpo relucía debido al agua que todavía resbalaba por su cuerpo.

"Veo que ya te has soltado" sonrió picaramente "si quieres puedes ducharte tú ahora" la chica se sentó en la cama y le dió un beso.

Chip sonrió respondiéndole el beso, fue entonces cuando vió, tirado en el suelo una de las camisas del uniforme, una camisa con una pequeña plaquita y un nombre...

"Marie" dijo Chip casi inconscientemente.

"Ese es mi nombre, ahora ves a ducharte. Ya sabes donde esta el baño." Chip se levantó al mismo tiempo que recibía una palmada en el culo.

Chip salió por la puerta más desorientado que nunca, por lo menos ya sabía su nombre, aunque claro, tenía el mayor dolor de cabeza que pudiera recordar, no tenía ni idea de que había pasado anoche y peor aún, no sabía donde estaba el baño. Recorrió la casa con cautela, al final del pasillo habían cuatro puertas, una de ellas debía ser el baño.

"En la puerta número uno..." Chip abrió la puerta, se trataba de la cocina, se dirigió a la siguiente puerta. "En la puerta número dos..." el armario, un bate de beisball estuvo a punto de golpearle en la cabeza y caer al suelo, por suerte Chip reaccionó a tiempo y evitó el desastre. "En la puerta número tres..." Chip se quedó parado mirando la habitación, decir de piedra no hubiera descrito la quietud y el blanco color de marmol que se le había quedado y es que la habitación de suaves colores rosas pertenecía a una niña, que por suerte no se encontraba allí, habían algunas fotos suyas con su madre, Marie. Sin dudarlo entro en la cuarta puerta que efectivamente era el baño. "Claro, al fondo a la derecha, como no he podido darme cuenta."

La situación se complicaba, Chip no recordaba nada de lo que había pasado anoche, no sabía ni lo que le había dicho y si le había mentido y ahora se equivocaba al contarle algo.

La ducha le sentó bien, le refresco el agua fría y le alivió el dolor de cabeza, aún debía pensar como salir de esa situación. Cuando llegó al comedor Marie estaba vestida con el uniforme policial y dos tazas de humeante café.

"Me imaginé que querrías café, no sé como te gusta, así que te lo he traido sólo y aquí tienes leche y azucar por si quieres" dijo.

"No. Creo que me vendrá bien el café a solas." Chip se sentó y reinó el silencio, los dos permanecían callados, sin saber muy bien que decir. Al fin, Marie rompió el silencio.

"Mirá, quiero serte sincera" comenzó a decir "la verdad es que recuerdo bastante poco de lo que paso anoche, se que paso... más o menos, pero no del todo. Tenía la esperanzá de que me fuera acordando, pero no quiero quedar mal contigo... lo siento."

"Si quieres que te diga la verdad... yo no recuerdo nada de nada." Chip suspiró y Marie le miró sorprendida.

"¿Nada de nada?" preguntó.

"Ni lo más mínimo" respondió Chip.

Marie sonrió y rió por lo bajo, puso su mano sobre la de Chip. "Bueno, no te preocupes, es comprensible, si yo ayer había bebido mucho tú ya sobrepasabas los límites inimaginables."

"Jejejejeje, eso es cierto, no están siendo unos buenos días en mi vida." dijo Chip.

"En la mía tampoco"

Chip miró a los ojos semi lacrimosos de Marie "Seguramente ya me hayas contado la historia, pero hagamos como si nos acabamos de conocer..." Chip se levantó y le tendió la mano "¡Hola! Me llamo Henry Garland, pero todos mis amigos me llaman Chip, puedes llamarme así."


 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
Stargate, Stargate SG-1 y Stargate Atlantis son propiedad de MGM-UA Worldwide Television, Showtime,
Gekko Film Corp., Glassner/Wright Double Secret Productions y Stargate SG-I Prod. Ltd. Partnership.