"Cambios" II
Doctor Henry Garland, Ingeniero mecánico, Hugo.
Hacía más de cuatro meses que no veía a su madre, era mucho tiempo, solía visitarla asiduamente y enviarle dinero siempre que podía.
Entro por la puerta y su madre le estaba esperando sentada en la mecedora.
"Mi pequeño Henry."
Chip sonrió y se dirigió rápidamente a darle un fuerte abrazo. El abrazo duró varios minutos luego se miraron a los ojos tiernamente.
"Quiero pastel" fue lo primero que dijo Chip.
"Lo sabía. Está esperando en la ventana enfriandose."
Los siguientes minutos pasaron en un festín de pastel de manzanas.
"Hacía mucho que deseaba llegar de nuevo a este momento." Chip sonrió y miró a su madre. "¿Cómo te va todo?"
Su madre sonrió. "Bien, bien. Cómo siempre. Estoy dando clases particulares al pequeño de los Smith, ¿te acuerdas de ellos?"
"¿Los Smith? ¿No eran aquellos a los que les robaba las mazorcas?" preguntó Chip.
"Los mismos. Pero dime cómo estas tu. Sé que te ocurre algo."
"Eso es el sexto sentido ese que teneis las madres verdad. No me pasa nada."
"Henry... no te tuve nueve meses y medio en la barriga para que me vengas ahora con esas. Sabes que no me puedes mentir."
Chip dejó el tenedor en el plato. "Está bien. No te puedo decir mucho, es simplemente, que no sé que hacer."
"Explicate." dijo su madre.
"Durante años he perseguido un sueño. He perseguido llegar a una meta y un día alcanzas el 'Dorado' y resulta que no es lo que esperabas, tus sueños se rompen como un cristal, y que hacer ahora, la vida vaga sin rumbo, sin saber a donde dirigirla, nada tiene sentido. Un asco."
La mano de su madre se posó sobre la de Chip, con un gesto tierno le apretó suavemente.
"¿Qué ocurrió exáctamente con tu sueño? Las estrellas como decias de pequeño. Siempre soñabas con las estrellas."
"No te puedo explicar nada y no es que no quiera, es mejor para ti."
"Militares, no sé como te pudiste juntar con esa gente, pero seguro que hay un buen motivo." La madre de Chip le sirvió un poco de zumo "Sólo puedo decirte una cosa, y citando a un autor europeo, 'Un sueño es aquello que reside en tu corazón. Cuando no sepas que hacer, pregúntale a tu corazón. Pues él siempre te guiará hacia tu sueño'. Pregúntale a tu corazón y haz lo que él te diga, pase lo que pase, como mínimo lo has intentado." depués de decir esto volvió a servir un poco más de zumo a Chip.
"Tienes razón... como siempre."
"Para eso estamos las madres... para tener razón."
"Cambios" I
Doctor Henry Garland, Ingeniero mecánico, Hugo.
Chip se encontraba delante del enorme edificio, una estatua del Doctor Wetland custodiaba la entrada, a su lado un cartel rezaba: Wetland Investigaciones. Con paso decidido se dirigió a la entrada, el guarda le saludo con aire despreocupado tras un vistazo rápido a la targeta de seguridad de Chip. Este llegó a los laboratorios de investigación mecánica, saludo a los viejos compañeros y fue a ver a su supervisor. El doctor Caine estaba repasando los trabajos de varios de sus hombres, al entrar Chip se le quedó mirando.
"Buenos días Garland, llega tarde, además ayer no vino."
Chip sonrió se le acercó y apoyó las manos sobre su mesa.
"Sólo tengo una cosa que decirle. Usted y esta puta empresa dan asco, son la mayor escoria que he visto en cuanto investigación. Serían capaces de acabar con la vida humana con tal de ganar dinero. Me dan asco y pueden irse a la puta mierda." Chip se giró y se marchó del despacho, al fondo podía ir la voz airada de su supervisor.
"¡Puedes darte por despedido!" gritaba.
"¿Y quién quiere trabajar aquí? Aún me quedan por visitar el jefe de investigación y el director."
Treinta minutos después Chip estaba siendo 'amablemente' acompañado a la salida por la seguridad del edificio, en su mano estaba parte de la corbata del director de Wetland S.A.. La satisfacción que le inundaba había bien valido el rodillazo y los dos codazos de los agentes de seguridad privada.
Había pasado prácticamente una semana, todas sus pertenencias estaban empaquetas, en una maleta, y de camino con una empresa de transporte Tenesse. Mientras tanto Chip podía sentir el fuerte viento contra su cara mientras aceleraba todo lo posible su moto. Necesitaba sentir la libertad, dejar su mente en blanco.
Tardo varias horas en llegar a su destino, paro la moto a cierta distancia para poder contemplar la hermosa casa blanca de dos pisos, una valla un tanto vieja y un agradable olor a pastel de manzanas procedente de la cocina, como olvidar ese olor a pastel de manzanas, como olvidar la casa donde nacio.