Archivo de misiones
"Tensión"
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptologa (Ana)
Cuando Dara dejó su coche en el aparcamiento reservado al personal del SGC-2, todavía contenía el aliento. Apenas había podido escuchar claramente lo que estaba sucediendo en Nueva York esa mañana. Primero habían hablado de una avioneta comercial que se había estrellado contra el World Trade Centre, pero ahora ya no había nada claro.
Entre que las noticias eran confusas y que apenas había podido escuchar más que palabras inconexas durante la mayor parte del camino debido a la defectuosa señal, Dara no sabía qué pensar.
Se dirigió a la entrada del complejo. Tras pasar los controles de seguridad habituales se dirigió rápidamente al ascensor. ¿Se respiraba un ambiente tenso o sólo lo estaba imaginando?
Apretó el botón del nivel con más fuerza de la necesaria. Necesitaba acercarse a su despacho, llamar a casa, conectar una televisión, lo que fuera. No quería poner un nombre a lo que temía que estaba sucediendo.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, no se fijó en los rostros de quienes se encontró por el camino. Con una determinación casi obsesiva se encaminó hacia su despacho.
Ana oyó abrir la puerta del despacho contiguo, pensó en Dara, podría echar un vistazo a lo que había preparado, y aportar su opinión al respecto. Salió al pasillo y vió la puerta de Dara entreabierta. Entró sin llamar.
"¿Dara?"
Ana vió a Dara con una cara que consideró *extraña*.
"¿Te pasa algo?"
Dara levantó la vista. Desde que había llegado tenía la mano sobre el auricular del teléfono sin atreverse a descolgar. No entendía muy bien porqué, quizás porque quisiera convencerse de que no pasaba nada.
"Al parecer una avioneta se ha estrellado contra el World Trade Center... Bueno, en realidad creo que han sido dos. No lo sé, lo escuchaba en la radio, pero ya sabes lo mal que se escucha en el coche a partir del campo de golf... Yo... yo quería hablar con casa..."
"Pero... ¿qué dices? no tiene sentido... ¿un accidente....un ....atentado?"A Ana no le salían las palabras, pensó en las miles de personas que había dentro de las torres, no podía ser, Dara tenía que estar equivocada.
Dara cerró los ojos al oir esas palabras. Todo lo que había pasado. La cumbre palestina suspendida. No quería pensar. Quería llamar a casa, pero no encontraba el valor de descolgar el auricular.
Ana se apresuró a encender la radio que se encontraba en una esquina de la sala.
....en estos momentos los bomberos estan haciendo todo lo que posible para detener las llamas, la policia esta acordonando la zona, se temen derrumbamientos .....
Ana miró a Dara.
"Vamos a ver si nos enteramos de más"
"Espera, Ana. Dame dos minutos. Necesito hablar con mi familia." Haciendo acopio de todo su valor, Dara levantó el auricular y marcó primero la extensión que le permitiría hablar con el exterior y después los prefijos necesarios para hablar con la casa de sus padres.
Fueron no más de tres minutos. Unas frases cortas que le permitieron saber que tanto sus padres como su hermana se encotraban bien. Suficiente. Al menos por el momento. Con la promesa de que llamaría en una hora, Dara colgó el teléfono.
Salieron al pasillo dirigiendose a la cafetería de la base, donde sin duda la gente sabría algo más, y verían en el televisor lo que estaba sucediendo.
"Cada camino se comienza con un paso"
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Era un día nublado, el cielo estaba encapotado y una finisima lluvia se podía sentir sobre la piel, James miraba las nubes y dejaba que la leve lluvia le tocara la cara, le encantaba aquella sensación, en plena ciudad cerraba los ojos y podía imaginarse estar en mitad de un verde prado, el claxon de un coche lo devolvió a la realidad, abrió los ojos para encontrarse de nuevo en la jungla de asfalto de la ciudad, la gente se movía arriba y abajo sin mirarse los unos a los otros, sin siquiera prestar atención a su alrededor, un hombre trajeado le empujo con el hombro al ir a cruzar la calle, James le miro mientras el hombre continuaba caminando como si nada hubiera ocurrido, James suspiro.
Se acercó lentamente al borde de la acera y alzó un brazo, luego con una potente voz grito: "¡Taxi!"
A James le gustaba coger el taxi y en cuanto tenía tiempo el autobus o el metro, prefería viajar rodeado de gente, escuchar las conversaciones ajenas, sus preocupaciones, sus alegrías, le hacía sentirse más, humano. Hoy tenía prisa, así que cogió el taxi dirección al aeropuerto, la conversación con el taxista fue amena y divertida, un italiano de mediana edad que se aburría y tenía gran conversación, James pudo averiguar los problemas y alegrías de su vida, un hombre sencillo, que deseaba como todo americano alcanzar su sueño y vivir en paz. Cuando el taxi llegó a su destino James se despidió y le dejó una buena propina a lo que el taxista respondió alegremente en italiano, James creyó poder traducirlo por un: gracias amigo, que tenga buen viaje.
El avión salía en una hora, tiempo justo para embarcar y pasar todos los controles antes de subir al avión. James se sentó en una silla de la cafetería, ya se encontraba en la zona de embarque, su maleta y el billetes facturados, lo único que tenía que hacer era esperar el aviso y subir al avión. Sacó el portátil de su bolsa y lo dejó sobre la mesa, le llevo un minuto abrir el archivo que buscaba y comenzar a escribir. Áquel libro que llevaba escribiendo y rescribiendo desde hacía años le servía de evasión, no tenía nada que ver con su compañero, el otro escrito que estaba realizando, un tratado sobre las guerras económicas entre paises, no, este trataba de un evasivo en referente a todo lo relacionado a su trabajo, una aventura, como las clásicas, un grupo de expedición que marcha a la antártida, a uno de los pocos lugares inexplorados del planeta y que allí encuentra algo increible, ya que al adentrarse en una cueva hayan todo un ecosistema tropical, lleno de una extraña vida animal y con una población indigena que ha optado por su propio camino en la evolución. La escritura de este libro le relajaba y le ayudaba a evadirse de la realidad.
"Señores viajeros del vuelo 356 con destino a Colorado Springs, Colorado, dirijanse a la puerta de embarque." La voz monotona le saco de su trabajo, justo cuando el protagonista se tenía que enfrentar a un enorme tigre de bengala blanco para salvar a la chica, James maldijo un poco entre dientes este hecho, era un punto interesante, ya que quería que el protagonista fuera herido, así la chica le podría cuidar y acabar besándose y desatándose el amor.
James subió al avión y en este continuó su trabajo particular escribiendo en la novela, le quedaban unas horas de vuelo que pensaba aprovechar en ella, luego tocaría desplazarse hasta la base y allí con toda probabilidad su vida comenzaría un nuevo camino.
"Momentos de calma"
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
La cocina olía a café recién hecho. Mientras esperaba a que *saltaran* las tostadas, Dara bajó la vista hasta el periódico del día anterior, repasando los titulares. En realidad no importaba mucho de en qué día vivía, las noticias no variaban demasiado de una jornada a otra.
Cuando sonó el *clik* sólo tuvo que extender su mano derecha para coger las tostadas humeantes. Echó la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y haciendo girar el cuello, en un intento de desperezarse. Cuando los abrió su mirada quedó fija en la ventana. Sonrió. Era maravilloso vivir en el paraíso.
Desayunó tranquilamente, disfrutando de la vista. La verdad es que no le apetecía demasiado ir a la base en un día como aquel, pero el deber era el deber, y ya llegaba tarde.
Dejó los cacharros en el lavavajillas y salió en busca de su cartera. Sólo tenía que encontrar las llaves del coche, tarea nada fácil, puesto que nunca era capaz de recordar dónde las había dejado. Esta vez hubo suerte. Milagrosamente estaban junto a la cartera.
Bajó por las escaleras hasta el garaje. Se había olvidado de llamar a Alice. Tenía que recordarle qué quería para su cumpleaños. Faltaba sólo una semana. Dara sonrió encantada, pensando que en menos de cuatró días tendría a toda su familia en casa, disfrutando del paraíso con ella.
"Palabras con solución"
Dra. Ana Reyes, Egiptologa (Ana)
Ana observaba la pizarra intentado concentrase al máximo. Sus ojos pasaban de una palabra a otra intentando abarcar todo el conjunto. La solución tenía que estar en alguna parte. Bajó los ojos hacia la mesa que tenía enfrente, donde se encontraba el manuscrito original y un montón de libros abiertos desperdigados por la superficie. Se le empezaba a agotar la paciencia. ¿Sería capaz de encontrar pronto la solución?
...cuerpo....en.....muerte.....mente....interior.....vida......camina.... Todo eran suposiciones, les daba vueltas en la mente a las palabras, ese pergamino lo habían catalogado dentro de manuscritos religiosos, esa religión que los goaults fomentaban y que formaba parte de su sistema de gobierno, autodeterminandose dioses. Aunque Ana pensaba que era un manuscrito en goault sobre otra cultura, despues de todo se había encontrado en un palacio goault, no en un templo, y además escondido. Suposiciones, todo suposiciones...
....cuerpo...en ....muerte......
....la muerte del cuerpo....
....mente interior...vida ....camina...
...camina...
¿....lleva....?
...la muerte del cuerpo lleva.....a una vida mental interior.
¿...interior....?
....la muerte del cuerpo lleva...hacia.... el interior de una vida mental....de la mente..... Se le iluminaron los ojos mientras anotaba a toda prisa en su libreta, iba por el buen camino, estaba segura, " sentia" que esas eran las palabras correctas. No quería mirar todavía cuanto le faltaba para terminar el manuscrito, como siempre, su metodo de trabajo era frase por frase, abarcando las palabras.
Suspiró y borró la pizarra, empezó a anotar la siguiente frase. Con suerte terminaría esa semana con el manuscrito, esperaba que le adjudicaran un trabajo más interesante la proxima vez, pero se daba por satisfecha, gracias a esos manuscritos estaba practicando el idioma goault, que le sería de mucha utilidad para un futuro trabajo "de campo" atravesando el stargate.
"Hecatombe"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
La cafetería se encontraba bastante silenciosa, si no fuera por el incesante bla bla bla del televisor, que habitualmente jamás alcanzaba a ser escuchado desde la mesa donde se encontraba Catherine. Habitualmente, claro, ella no se encontraba allí excepto a la hora del almuerzo, cuando el bullicio reinante la obligaba a intentar leer los labios de los periodistas, fueran de CNN o de Fox.
La Capitán sospechaba que la elección caprichosa de cadenas de noticias se debía a alguna rencilla interna. Tenía a un demócrata y a un republicano asignados en el área del comedor, que se dedicaban a cambiar de una a la otra. Si no, no podía entender por qué no estaban todos disfrutando del canal Disney con su café: esa mañana había ganado el demócrata, y los pocos presentes podían observar la movilización de tanques del ejército israelí en una ciudad que bien podía ser Gaza en la Clinton News Network.
El café, claro, era el motivo por el que se hallaba allí. La cafetera de la minúscula oficina que le habían asignado temporalmente hacía seis meses jamás había funcionado bien. Hasta el día anterior había logrado, con tímido éxito, preparar una bebida oscura que habría llenado de horror a su madre que, afortunadamente, jamás la probaría. Sin embargo, esa mañana había dejado de funcionar por completo.
...israelí no confirmó ni desmintió las denuncias palestinas, pero los observadores consideran...
Despegó la mirada del televisor y la bajó hacia su taza. Tenía una cantidad de papeles junto a ella, pero no se sentía con ánimo de comenzar a leer. Estaba, seria y concienzudamente, perdiendo el tiempo.
... buscan terminar con un año de guerra no declarada. Recordemos que el próximo jueves se cumplirán ocho años del apretón de manos en la Casa Blanca...
Infaltable, la histórica (y mentirosa) foto de Peres y Arafat ilustraba el comentario. Catherine suspiró. Ese problema no iba a tener fin mientras ella, o ellos, vivieran. Tomó el resto de su café y se puso de pie, acomodando deliberadamente su ya perfectamente prolija pila de folios antes de levantarla y comenzar su marcha hacia la salida, cuando un silencio de aproximadamente dos segundos del acostumbrado bla bla ambiental la detuvo. Alzó los ojos hacia el televisor, para observar que la expresión seria y profesional de la mujer rubia de traje Chanel se había endurecido.
Tenemos en línea a nuestros corresponsales en Nueva York donde, aparentemente, una avioneta se ha estrellado accidentalmente contra...
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