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"Gigantes y molinos"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup, bióloga.
Dr. Paul Mallory, profesor de Historia.


Quizás fuera por la tensión que se respiraba en el ambiente o por el excesivo calor o por la enorme cantidad de arena que lo cubría todo pero, a pesar de encontrarse bien allí, sentía cada vez más adosada a su nuca una incomodidad que no le parecía buen inquilino en aquellos momentos. Se acercaba hacia Madeleine en cuyos ojos percibió una sensación de rabia como si de la pataleta de una niña pequeña se tratase.

Al llegar a su altura apartó la mirada por un momento para observar como, a cierta distancia, Lebau y Catherine se encontraban cerca de echar el cierre a la misión. Paul no miró con buenos ojos a Lebau. De repente sintió un poco de hambre y comenzó a buscar en los bolsos de su chaleco una chocolatina o algo que los militares hubiesen dejado ahí para su *regocijo*.

Al final encontró lo que buscaba. La abrió y le dio un buen bocado notando el sabor dulce de la misma mientras cerró por un momento los ojos y acto seguido volvió a abrirlos para echar otro vistazo a Catherine. En cierto modo aquello había estado muy bien. Visitar un mundo alienígena con un enorme secreto que seguramente acabaría olvidado y sepultado por la arena en aquel mundo perdido y dejado de la mano de Dios. No. No estaba bien. Nada bien.

Madeleine torció de nuevo la cabeza hacia donde estaban Dara y Ana. Sonrió a estas, y de nuevo miró seriamente a Paul, el cual daba un buen mordisco a una chocolatina para a continuación mirar a Catherine. Un segundo después su mirada se cruzó con la de Paul. En el fondo sabía que dejar aquella pirámide sin más no era bueno, a pesar de los terremotos, el riesgo merecía la pena. Habría que asumir ese peligro y volver fuera como fuera. Si se quedasen atrapados siempre podrían ser rescatados por la tok´ra.

- ¿Estarías dispuesto a correr un peligroso riesgo? -, preguntó Madeleine mientras observaba la reacción de Paul a su pregunta.

Paul detuvo el movimiento de su boca al oir la voz que provenía de su lado izquierdo. La interrogante de Madeleine le sonó a pregunta de examen. Bajó la vista para seguir masticando durante unos breves segundos. Volvió a alzarla y se quedó mirando a Madeleine con cara de pocos amigos.

- Bueno, eso depende de por qué motivo estaría dispuesto a correr un peligroso riesgo. Si te refieres a la pirámide mi respuesta es sí. Correría ese riesgo. Esa pirámide vale la pena y representa una oportunidad única. No es justo condenarla a desaparecer en el olvido sin darle al menos la oportunidad de contarnos lo que esconde -.

Al terminar la frase los ojos de Paul se habían trasladado a la dirección imaginaria en la que se encontraba la pirámide. Se quedó despacio en silencio y con la mirada un tanto perdida.

Madeleine igualmente miró hacia la pirámide. Y añadió en alto, - debemos buscar la forma de regresar sea cual sea -. Y al terminar su frase centró su mirada en la de paul, para observar su reacción.

Paul enarcó una ceja y tragó con dificultad en bocado de la chocolatina mientras volvía la mirada hacia Madeleine.

- ¿Qué?. Oye, Nadie quiere volver allí más que yo porque no soporto dejar un trabajo a medias, pero no pienso contravenir las órdenes de esta gente porque no quiero verme en más problemas de los que ya estoy. Así que si estás pensando en cosas raras como escapaditas o escaqueos, olvídalo. A Catherine ya le he dado todos los argumentos de que dispongo y no ha servido de nada.-

- Paul... -, dijo ella bajando la voz. - No digo que Catherine tenga que saberlo. No se trata de convencerla, sino de hacer algo-.

Paul sintió que la chocolatina ya no le hacía ninguna gracia y aquellas insinuaciones de Madeleine si que empezaban a ser una incomodidad. Mallory bajó igualmente la voz hasta nivelar su tono con el de ella y enarcó la ceja en señal de incredulidad por lo que Madeleine estaba a punto de proponer.

- A ver. Sorpréndeme...-.

El tono empleado por Paul y el gesto que empleó para remarcarlo la dejó un tanto molesta pero le contestó.

- Bueno, todavía no se me ha ocurrido nada... pero estoy en ello -. Y algo frustrada, se cruzó de brazos y se mordió, un labio. Si Paul no ponía de su parte, tendría que actuar ella sola.

- Madeleine no se te vaya a ocurrir hacer una estupidez. Una cosa es arriesgar y otra suicidarse. Y no lo digo por la pirámide. Yo volvería ahora mismo. Pero con esos tipejos armados y nerviosos, me parece que no es el mejor momento y además. ¿Qué harías tú dentro de la pirámide?. ¿Me lo quieres explicar?.- Los ojos de Paul volvieron hacia los de ella buscando una respuesta clarificadora pues a Paul le costaba entender que la especialidad de Madeleine le siriviera dentro de aquel edificio.

Madeleine se volvió a Paul y le contestó, - no me refiero a salir corriendo ahora, sino pensar en algo cuando estemos en la base ... y regresar si es necesario de cualquier forma posible - , sentenció finalmente con gravedad.

Paul apartó la mirada de los ojos de Madeleine por un momento meneando la cabeza y algo contrariado por la terquedad de su colega. - A ver Madeleine. ¿Tú crees en serio que si regresamos a la base nos van a dejar volver?. ¿De verdad piensas que se van a tragar cualquier mentira que les digamos para que nos dejen volver?. Por favor, Madeleine, abre los ojos. La única oportunidad de salir de aquí bien parados la tenemos ahora mismo y desde luego aquí nadie está por la labor de ayudarnos un poco - terminó sentenciando Paul rememorando el rostro de la timorata capitán Ford hacía unos minutos.

Madeleine no pudo por más que dar una pequeña patadita a una piedra del suelo y respondió: - Ya veremos cuán elaborada puede ser una mentira... ya lo veremos Paul... ya veremos si regresamos o no. - Y con ese gesto caraterísitico de ella volvió a patear la piedra.

Obviamente Paul no la ayudaría, ya vería ella como lo haría. Aunque tenía en parte razón, sería dificil convencerles del regreso... pero siempre quedaba la puerta de atrás...

Mallory observó las evoluciones de la piedra que Madeleine había golpeado con el pie y tras calarse nuevamente las gafas comenzó a caminar muy despacio y pasando justo por delante de su interlocutora, momento en el cual se detuvo y le lanzó una sonrisa amigable bajando por un momento sus lentes y dejando asomar sus ojos a la vista de los de ella.

- Peque, no quiero que te metas en problemas... ...si existe aún alguna oportunidad de salvar lo que queda de esto, estoy seguro de que sabremos el momento en que debemos aprovecharla, pero por ahora no conviene empeorar las cosas. - Terminó la frase guiñándo un ojo y volvió a subirse las lentes oscuras para continuar una marcha cansina hacia ninguna parte. Quería echar un último vistazo a aquel lugar a solas consigo mismo. Era la primera vez que sentía el fracaso acechando en su nuca.


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