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"Resaca I"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo


Chip se despertó, abrió un ojo con lentitud, le costaba, era como si los pardados estuvieran pegados con algún pegamento natural más fuerte que ninguno de los existentes en los mercados ¿quizá debería patentarlo? Poco a poco consiguió abrir lo dos ojos, miró el techo. "Este techo no lo conozco" pensó.

Se incorporó para encontrarse en una habitación totalmente desconocida, en una cama que no era la suya, el cuarto estaba decorado minimamente, un cuadro de una cantante de cuyo nombre Chip desconocía, parecía asiática, una mesa con escasos material encima y una estantería con unos pocos libros, a esa distancia no distinguía los títulos, al lado había un pequeño armario abierto, Chip agudizó la vista... no podía ser, volvió a mirar... en el armario había bastante ropa femenina y... uniformes policiales, muy muy lentamente giró la cabeza, a su lado, tumbada había una mujer, una mujer que no le sonaba absolutamente de nada, a los pies de la cama, otro uniforme.

"Mierda" fue todo lo que pudo decir. Chip comenzó a pensar rápidamente, no recordaba nada de anoche, sabía que había salido del bar de Moe con alguna cerveza de más en el cuerpo y luego... nada, en blanco ¿cómo había acabado allí con una policia? ¿qué pasaría cuando se despertase y Chip no recordase ni su nombre?

Sólo quedaba una solución, tenía que marcharse antes de que se despertase, con cuidado fue a coger los pantalones que estaban a los pies de la cama, pero no pudo ¿por qué? por que la muñeca de Chip estaba esposada a la cama, la cara de sorpresa que puso era digna de una serie de dibujos animados de la Warner y como no, no eran unas esposas falsas, era de esperar siendo ella policia. Chip comenzó a sudar.

¿Donde estaría la maldita llave? Con la vista recorrió la habitación, en ningún rincón parecía que estuvieran las llaves, entonces miró el cuerpo oculto bajo la sábana que estaba a su lado, con cuidado para no despertarla le quito la sábana, estaba de espaldas no estaba nada mal, un cuerpo muy bonito ¿cómo sería de cara? no, mejor no saberlo, mejor coger la llave y largarse. Costó pero por fin la encontró, estaba justo al otro lado de la cama, sólo tenía que estirar el brazo libre y cogerla.

Ya la tenía cuando la mujer se giró y le cogió por la cintura, comenzó a moverse y terminó por despertar, le miró y Chip sacó la mayor sonrisa que en aquella situación se podía sacar.

"Buenos días preciosa" dijo sin saber si recibiría un beso, un puñetazo o un tiro.

La chica se incorporó y le beso apasionadamente "Buenos días hombretón, voy a darme una ducha, si quieres te duchas tu luego, no puedo estar hasta muy tarde que dentro de unas horas trabajo." después de decir esto se levantó y salió de la habitación.

Chip miró la llave, no tenía mucho tiempo antes de que volviera.


 
"La diversión está incluida"
Henry Garland
Doctor Henry Garland, ingeniero mecánico, Hugo


Chip se encontraba en un local habitual, solía ir a tomar algo cuando salía de trabajar, intentando sacarse de la cabeza su vida aburrida, por lo menos cuando estaba en la NASA no conocía lo que existía más allá y se conformaba con hacer diseños para mejorar el brazo mecánico de un transbordador o los paneles solares de un satélite, pero ahora, para que quería diseñar eso sabiendo que podían viajar a millones de años luz con un solo paso. Sus talentos no debían ser utilizados en investigar nuevas maneras sino en 'desmenuzar' y averiguar como funcionaban aparatos con los que ellos sólo podían soñar y así aprender de ellos.

"Dame otra... jarradecervezaJim." dijo Chip.

El camarero se acercó lentamente y comenzó a limpiar con un trapo delante de Chip y le dijo: "No crees que ya has bebido bastante Henry, quizá deberías irte a casa. Antes un viernes hubieras venido con una mujer para invitarla a una copa e irte luego a casa."

Chip miró el trapo moverse de manera circular ¿por qué siempre que un barman iba a decirle a alguien que no debía beber más hacía aquello? ¿sería alguna señal secreta entre barmans?

"Mira John... soy yo quien pago... soy yo quien decido cuando debo de dejar de pagar... ips... Es cierto que no... me vendría mal una mujer... pero creo que estoy demasiado borracho... ips... como para ser lo suficiente 'hombre' y no me... gusta dejar las cosas a medias." Chip acercó la jarra a la cara del camarero "Rellenala Marcus... ips..." el camarero cogió la jarra, la relleno y se la sirvió con cara de desaprobación.

Chip siguió bebiendo perdido en sus pensamientos, a cierta distancia, en una mesa apartada dos tipos conservaban avidamente sobre como conseguir enviar una sonda a Marte, Chip agudizó los ojos, se lenvanto y tambaleandose se acercó, se acercó tanto que se puso a tan sólo pocos centímetros de uno de los tipos, de repente dió un respingo hacía atrás y lo señaló con el dedo.

"¡James Cranger!" Chip se quedó parado, muy quieto mirándolo con los ojos muy abiertos, el hombre que Chip señalaba lo miró sorprendido.

"Vaya, vaya, no me imaginaba encontrarte por aquí Henry, sientate con nosotros." Cranger le señaló con una mano. Chip se sentó en la silla sin dejar de mirar a Cranger, el alcohol se le había evaporado de repente, de la fragancia embriagadora a un fuerte y creciente sentimiento: ira. "¿Qué haces por aquí? Pensabamos que después de que te fuiste de la NASA te habrías ido a europa o algún otro lugar remoto donde nadie te conociera, nadie supo nada de ti."

"Estuve... lejo." fue la escueta respuesta de Chip.

"Lejos ¿eh? La verdad es que fue efectiva tu manera de desaparecer." Cranger rió. Chip se fue encendiendo y cogió con fuerza la jarra de cerveza, ese hombre le había destrozado la vida en la NASA, su brillante carrera, todo por su incompetencia, por sus antiguadas ideas. Pero de repente cayó en la idea, que si no llega a encontrarse en esa situación a lo mejor jamás hubiera entrado en el proyecto y jamás hubiera conocido lo que conoció.

"Sabes" dijo "te he de dar las gracias."

"¿Cómo?" fue la respuesta.

"Gracias a ti he visto cosas que jamás soñarías, he averiguado que yo tenía razón y que tú sólo eres otro patán de miras estrechas, que se cree que avanzar es andar con una vela en vez de correr con una linterna." Chip comenzó a reir. "Definitivamente, muchas gracias Cranger, gracias a lo inutil que eres he visto 'la luz'."

"Estás loco Henry."

"¿Loco? Quizá, pero quien desea ir a Marte pudiendo ir más allá. Por cierto, he oido que el último satélite que hiciste fue hace ya un año y que te han trasladado a un departamento burocrático ¿que ha pasado? ¿por fin se han dado cuenta en la NASA que realmente no vales para nada?"

Cranger se levantó violentamente, la silla fue a parar al suelo, su compañero se levantó para calmarlo. "Tú que sabrás, no eras más que un mequetrefe sin ideas, todo lo que hacias era absurdo. Sabes, puede que este en un departamento burocrático, pero eso me da poder para encargarme que te quedes sin trabajo, no volverás a pisar un laboratorio."

Chip sonrió dejó la jarra en la mesa y con un rápido movimiento tumbó a Cranger en el suelo dejándolo inconsciente. "No importa, hace cinco minutos que he decidido dejarlo." se dirigió lentamente al barman y le extendió varios billetes "Esto por las molestias de todo Moe."

"Por lo menos ahora has dicho bien mi nombre, ¿ese es el Cranger que te jodió la vida?" preguntó.

"Si, siempre quise hacer eso." luego se dirigió hacia la salida.

"¿Y ahora qué?" preguntó Moe antes de que saliera por la puerta.

"No lo sé, para empezar me iré de fiesta y traeré una mujer a tomar algo."


 
"Gigantes y molinos"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup, bióloga.
Dr. Paul Mallory, profesor de Historia.


Quizás fuera por la tensión que se respiraba en el ambiente o por el excesivo calor o por la enorme cantidad de arena que lo cubría todo pero, a pesar de encontrarse bien allí, sentía cada vez más adosada a su nuca una incomodidad que no le parecía buen inquilino en aquellos momentos. Se acercaba hacia Madeleine en cuyos ojos percibió una sensación de rabia como si de la pataleta de una niña pequeña se tratase.

Al llegar a su altura apartó la mirada por un momento para observar como, a cierta distancia, Lebau y Catherine se encontraban cerca de echar el cierre a la misión. Paul no miró con buenos ojos a Lebau. De repente sintió un poco de hambre y comenzó a buscar en los bolsos de su chaleco una chocolatina o algo que los militares hubiesen dejado ahí para su *regocijo*.

Al final encontró lo que buscaba. La abrió y le dio un buen bocado notando el sabor dulce de la misma mientras cerró por un momento los ojos y acto seguido volvió a abrirlos para echar otro vistazo a Catherine. En cierto modo aquello había estado muy bien. Visitar un mundo alienígena con un enorme secreto que seguramente acabaría olvidado y sepultado por la arena en aquel mundo perdido y dejado de la mano de Dios. No. No estaba bien. Nada bien.

Madeleine torció de nuevo la cabeza hacia donde estaban Dara y Ana. Sonrió a estas, y de nuevo miró seriamente a Paul, el cual daba un buen mordisco a una chocolatina para a continuación mirar a Catherine. Un segundo después su mirada se cruzó con la de Paul. En el fondo sabía que dejar aquella pirámide sin más no era bueno, a pesar de los terremotos, el riesgo merecía la pena. Habría que asumir ese peligro y volver fuera como fuera. Si se quedasen atrapados siempre podrían ser rescatados por la tok´ra.

- ¿Estarías dispuesto a correr un peligroso riesgo? -, preguntó Madeleine mientras observaba la reacción de Paul a su pregunta.

Paul detuvo el movimiento de su boca al oir la voz que provenía de su lado izquierdo. La interrogante de Madeleine le sonó a pregunta de examen. Bajó la vista para seguir masticando durante unos breves segundos. Volvió a alzarla y se quedó mirando a Madeleine con cara de pocos amigos.

- Bueno, eso depende de por qué motivo estaría dispuesto a correr un peligroso riesgo. Si te refieres a la pirámide mi respuesta es sí. Correría ese riesgo. Esa pirámide vale la pena y representa una oportunidad única. No es justo condenarla a desaparecer en el olvido sin darle al menos la oportunidad de contarnos lo que esconde -.

Al terminar la frase los ojos de Paul se habían trasladado a la dirección imaginaria en la que se encontraba la pirámide. Se quedó despacio en silencio y con la mirada un tanto perdida.

Madeleine igualmente miró hacia la pirámide. Y añadió en alto, - debemos buscar la forma de regresar sea cual sea -. Y al terminar su frase centró su mirada en la de paul, para observar su reacción.

Paul enarcó una ceja y tragó con dificultad en bocado de la chocolatina mientras volvía la mirada hacia Madeleine.

- ¿Qué?. Oye, Nadie quiere volver allí más que yo porque no soporto dejar un trabajo a medias, pero no pienso contravenir las órdenes de esta gente porque no quiero verme en más problemas de los que ya estoy. Así que si estás pensando en cosas raras como escapaditas o escaqueos, olvídalo. A Catherine ya le he dado todos los argumentos de que dispongo y no ha servido de nada.-

- Paul... -, dijo ella bajando la voz. - No digo que Catherine tenga que saberlo. No se trata de convencerla, sino de hacer algo-.

Paul sintió que la chocolatina ya no le hacía ninguna gracia y aquellas insinuaciones de Madeleine si que empezaban a ser una incomodidad. Mallory bajó igualmente la voz hasta nivelar su tono con el de ella y enarcó la ceja en señal de incredulidad por lo que Madeleine estaba a punto de proponer.

- A ver. Sorpréndeme...-.

El tono empleado por Paul y el gesto que empleó para remarcarlo la dejó un tanto molesta pero le contestó.

- Bueno, todavía no se me ha ocurrido nada... pero estoy en ello -. Y algo frustrada, se cruzó de brazos y se mordió, un labio. Si Paul no ponía de su parte, tendría que actuar ella sola.

- Madeleine no se te vaya a ocurrir hacer una estupidez. Una cosa es arriesgar y otra suicidarse. Y no lo digo por la pirámide. Yo volvería ahora mismo. Pero con esos tipejos armados y nerviosos, me parece que no es el mejor momento y además. ¿Qué harías tú dentro de la pirámide?. ¿Me lo quieres explicar?.- Los ojos de Paul volvieron hacia los de ella buscando una respuesta clarificadora pues a Paul le costaba entender que la especialidad de Madeleine le siriviera dentro de aquel edificio.

Madeleine se volvió a Paul y le contestó, - no me refiero a salir corriendo ahora, sino pensar en algo cuando estemos en la base ... y regresar si es necesario de cualquier forma posible - , sentenció finalmente con gravedad.

Paul apartó la mirada de los ojos de Madeleine por un momento meneando la cabeza y algo contrariado por la terquedad de su colega. - A ver Madeleine. ¿Tú crees en serio que si regresamos a la base nos van a dejar volver?. ¿De verdad piensas que se van a tragar cualquier mentira que les digamos para que nos dejen volver?. Por favor, Madeleine, abre los ojos. La única oportunidad de salir de aquí bien parados la tenemos ahora mismo y desde luego aquí nadie está por la labor de ayudarnos un poco - terminó sentenciando Paul rememorando el rostro de la timorata capitán Ford hacía unos minutos.

Madeleine no pudo por más que dar una pequeña patadita a una piedra del suelo y respondió: - Ya veremos cuán elaborada puede ser una mentira... ya lo veremos Paul... ya veremos si regresamos o no. - Y con ese gesto caraterísitico de ella volvió a patear la piedra.

Obviamente Paul no la ayudaría, ya vería ella como lo haría. Aunque tenía en parte razón, sería dificil convencerles del regreso... pero siempre quedaba la puerta de atrás...

Mallory observó las evoluciones de la piedra que Madeleine había golpeado con el pie y tras calarse nuevamente las gafas comenzó a caminar muy despacio y pasando justo por delante de su interlocutora, momento en el cual se detuvo y le lanzó una sonrisa amigable bajando por un momento sus lentes y dejando asomar sus ojos a la vista de los de ella.

- Peque, no quiero que te metas en problemas... ...si existe aún alguna oportunidad de salvar lo que queda de esto, estoy seguro de que sabremos el momento en que debemos aprovecharla, pero por ahora no conviene empeorar las cosas. - Terminó la frase guiñándo un ojo y volvió a subirse las lentes oscuras para continuar una marcha cansina hacia ninguna parte. Quería echar un último vistazo a aquel lugar a solas consigo mismo. Era la primera vez que sentía el fracaso acechando en su nuca.


 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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