"Sin rencores"
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
[Departamento de Historia de la Universidad Rice, Houston, Texas. Junio de 2001]
Nada más entrar en su despacho se dio cuenta de que había algo fuera de lugar, algo que no encajaba en aquel entorno que se sabía de memoria y en el que ahora se había colado un elemento *extra*.
Estaba depositado sobre su mesa, justo encima de un montón de portafolios con trabajos de final de curso para los rezagados y sobresalía con nitidez esperando ser tenido en cuenta.
Posó su maletín y tomó el paquete de pequeñas dimensiones en su mano preguntándose quién habría mandado algo así. No era habitual. Clarita, la becaria siempre le entregaba los paquetes personalmente, cuando sabía que podía encontrarle en el despacho para asegurarse de su correcta recepción.
Observó el exterior por todas sus partes en silencio tratando de buscar en vano un remitente pero no había escritura alguna. El primer nombre que asomó a su cabeza fue el de Rebecca, inmediatamente descartado pues no era su estilo. Ella habría colmado de glamour aquel bulto dejando bien a las claras que se trataba de algo suyo.
Enarcó las cejas un segundo decidiéndose a abrirlo y comenzando a sentir una enorme curiosidad por el contenido sabiendo imposible conocer el remitente. Al abrirlo observó que se trataba de un pequeño libro de aspecto antiquísimo. Paul abrió los ojos para darse cuenta de que no se trataba de un libro cualquiera.
Entreabrió la boca dejándose llevar por la sorpresa y la intriga. Era un manuscrito o al menos eso parecía por fuera pero daba la sensación de tener cientos de años. Era una especie de joya perdida. Se sentó para observarlo con mayor detenimiento sin abrirlo. Le infundía un tremendo respeto la visión.
Junto al libro había una pequeña hoja de papel doblada a la que Paul prestó inmediata atención desdoblándola tras posar el libro sobre la mesa.
Cuando leyó el contenido esbozó una sonrisa a medio camino entre el estupor y la admiración.
"Sin rencores, doc.
Jonathan Holmes."
Paul observó la hoja como aturdido, invadido por la pregunta que le asaltaba con total impunidad "Pero. ¿Cómo?..." Estaba claro que si Clarita no sabía nada, alguien se había colado inesperadamente en su despacho y aquel nombre le desconcertó. No pudo reaccionar. Aquel siniestro individuo que meses atrás le había dado un buen susto en un planeta lejano le había hecho llegar no sabía cómo una especie de incunable de misterioso contenido con afán de pedir disculpas.
Posó la nota desplegada sobre la mesa mirándola con intriga y cierta inquietud por aquel extraño *modus operandi* que desde luego si le parecía muy propio de aquel sujeto tan oscuro.
Por un instante, presa del leve desconcierto que aquel envío le había provocado miró a la puerta como culpándola por no haber sido capaz de decir nada ni dar la alarma.
Acto seguido volvió a mirar el manuscrito. Por un momento estuvo en silencio observándolo fijamente. Le inquietaba. ¿Cómo era posible que Holmes supiera que él trabajaba allí?. ¿A dónde enviarle cosas?. ¿Habría entrado él en aquel despacho para dejar en persona en paquete?.
Lentamente, casi con miedo, tomó el manuscrito entre sus manos y lo abrió con mucho cuidado en la primera hoja. La letra parecía antiquísima. En una tinta envejecida y en hojas amarillentas que delataban una más que probable autenticidad. El lenguaje le resultó inmediatamente familiar. Parecía castellano, castellano antiguo. Estaba muy familiarizado con aquella escritura y con un poco de atención su sorpresa fue en aumento al leer las primeras líneas.
No pudo dar crédito a lo que estaba leyendo.
"En el año de Nuestro Señor de Mil Cuatrocientos Setenta y Ocho a 14 de mayo, desplazados de nuestra ruta por la impía borrasca alcanzamos arribar a un archipiélago que me pareció ser el mismísimo paraíso y que según Manuel Linares se encontraba a entre setecientas y ochocientas leguas de las Canarias navegando en dirección oeste como parecían habernos querido llevar los desatados vientos...
...Y habían coloridas y extrañas aves que surcaban sus cielos Y hermosas mujeres que yacían con nosotros creyéndonos dioses y nos daban parabienes y ofrendas de oro a nuestra complacencia..."
Paul pasaba hojas leyendo breves líneas sin dar crédito a lo que su cabeza aprehendía.
"Hallamos tiempo después una mina de oro inmensa de la que aquellos hombres extraían lo que necesitaban para sus ornatos y joyerías. "
Con presteza miró el final de aquel extraño manuscrito sin pestañear. Aquello le tenía completamente absorto y por más que fruncía el ceño no podía creer lo que leía.
"Y ahora que mis entrañas arden y apenas si me tengo en pie por el dolor, padezco por no haber quedado allá hasta que este final malogrado de mis días llegase al menos prendado de aquella tierra incógnita que tantos placeres ofreciera a mis sentidos.
En Porto Santo, Madeira. En el año de Nuestro Señor de Mil Cuatrocientos Setenta y Nueve, a 16 de febrero. Alonso Sánchez de Huelva."
Paul se quedó mirando completamente parado, quieto, inmóvil ante aquella última línea de texto.
Estaba claro que Holmes daba la imagen de tipo despreciable pero Paul no estaba preparado para algo como aquello. Paul siempre había tenido en cuenta a cierta distancia las tesis de algunos profesores que sostenían la hipótesis del llamado *prenauta* que suministró información valiosísima a Colón para el desempeño de sus posteriores viajes pero ese manuscrito... Aquello era como un tiro entre las cejas.
Miles de preguntas le bombardeaban sin descanso. Pensó en hacer un par de llamadas que verificasen la autenticidad de aquel libro. Pensó en interrogar inmediatamente a Clarita para saber quién había dejado el paquete en su despacho. Sin embargo cuando recordaba el apellido Holmes y volvía a su cabeza la sonrisa burlona de aquel tipo descarado y sarcástico alcanzaba por instantes a ver una respuesta clara a ambas cuestiones.
En ese momento llamaron a la puerta. Una silueta se percibía tras el cristal biselado. Paul se precipitó a guardar el manuscrito y la nota, así como el papel que envolvía a ambos en un cajón de su escritorio, justo antes de indicar con voz algo sobresaltada que quien estuviera al otro lado de la puerta podía pasar.
Clarita, una joven de tez morena y de baja estatura entró y saludó a Paul dejando sobre su mesa un libro que éste le había prestado el día anterior.
- Clarita - dijo Paul haciendo una breve pausa en la que los ojos negros de la joven se fijaron en él. - ¿Has visto a alguien entrar en mi despacho ayer por la tarde o esta mañana temprano? -
La joven hizo ademán de hacer memoria y esgrimió un gesto de negativa. - Pues no que yo sepa. Ayer cerré el departamento a eso de diez de la noche y nadie vino y hoy por la mañana cuando llegué a las ocho todo estaba como ayer lo dejé. - terminó sonriendo.
Paul bajó la mirada comprendiendo que efectivamente aquel era el *modus operandi* de alguien como Holmes. Esbozó una leve sonrisa y meneó la cabeza cerrando los ojos. - Gracias Clarita - respondió Paul. La joven emprendió el camino de regreso hacia la puerta cuando Paul interrumpió su caminar.
- Ehm...Clarita. ¿Te importaría llamar a Emma y decirle que deje un momento el archivo y venga a mi despacho, por favor?. Necesito su ayuda para resolver un... ...*misterio* - dijo Paul sonriendo con ironía mientras echaba un vistazo al cajón cerrado donde se encontraba el manuscrito.
La becaria sonrió en señal de afirmación y salió del despacho cerrando la puerta casi al mismo tiempo que Paul volvía a abrir el cajón para observar fijamente aquel texto mientras recordaba la grotesca sonrisa de Holmes detrás de aquellas antiguas páginas amarillentas y deterioradas.