Archivo de misiones
"Íntimas impresiones"  Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda) Dr. Paul Mallory, Profesor de Historia (Pablo)
Aferrado a su equipo Paul observaba las idas y venidas de los marines de un lado para otro buscando terminar con la tarea cuanto antes o al menos intentando parecer ocupados, pensó levantando una ceja y esbozan- do una sonrisa siempre pertrechado tras sus gafas de sol. Sabía que Madeleine estaba allí, así que no dudó ni por un instante en hacerla partícipe de su malestar. En las últimas horas había estado más cerca de ella que de nadie. Así que nadie mejor que ella para poder expresarse con sinceridad. - Es frustrante que nos vayamos así - le dijo sin orientar la mirada hacia ella pero asegurando un tono de voz lo suficientemente audible para la doctora. Madeleine miró a Paul aunque este no la miraba, claramente había oído lo que había dicho. Pero estaba irritada, ¿se les estaba olvidando a todos que había un herido?. Era demasiado, y respondiendo a Paul en el mismo tono de voz le respondió: - Claro que es frustrante... pero no hay que olvidar que hay un herido grave, y quizás si seguimos aquí puedan empeorar las cosas, incluso puede peligrar nuestro regreso por el Stargate. Si un terremoto acaba sepultándolo, ¿Cómo vamos a regresar sino?. En estos momentos siento decirlo Paul, pero estoy con Catherine -. Madeleine miró tristemente a su entorno. Estaba realmente cansada de aquel calor y aquel desierto deseaba poder disfrutar de una ducha fresca y poder terminar de relajarse y descansar. Estaba realmente algo dolorida y hastiada de tanto calor. Una vez que terminó su seria argumentación miró a Paul arrepintiéndose un poco de usar un tono tan duro a su voz y desde luego no quería herirle. Paul no acertó a comprender por qué Madeleine se posicionaba de aquella manera. Seguramente era ya un secreto a voces la misión de Holmes en aquel lugar. Frunció el ceño mirándola. - Mira, yo lamento también lo ocurrido con Holmes, pero si había un momento ideal para ganar tiempo y poder sacar algo en claro, ese momento era éste. Créeme Madeleine, estamos cerca, sé que estamos cerca de algo y lo vamos a abandonar justo cuando lo tenemos al alcance de la mano. Todo por... - Paul hizo una pausa apartando de nuevo la mirada de los ojos de Madeleine. - ...por Holmes. La verdad no sé qué pensar... me siento como si me hubieran estado engañando todo el tiempo con este asunto. Por mi parte, sólo espero salir de aquí cuanto antes y desaparecer de Guam - Su voz sonaba rozando la línea que separa la indignación del enojo. - ¿Te sientes engañado Paul?. Tú has decidido como todos los demás participar de este proyecto con todo lo que conlleva, por supuesto que hemos sido engañados en cierta medida, pero era un riesgo que todos sabíamos correríamos al trabajar para los militares. Y ahora el asunto nos ha dado una tregua. Con Holmes fuera del camino quizás se pueda hacer algo, o quizás no, ¿aún no te has dado cuenta de que ese tal Lebau también estaba con Holmes? No crees que aunque Holmes este fuera de juego, Lebau, no tomará las riendas?. Me temo Paul que ambos son el mismo perro y llevan por supuesto el mismo collar. Confiemos en que con las muestras que tenemos y la información que hemos obtenido podamos solucionar algo nuestra situación. Y decididamente, nunca pensé que tirarías la toalla tan pronto y a la primera de cambio pensarás abandonar Guam... sinceramente te creía más fuerte-. Madeleine se ladeó un poco enfada y algo molesta con Paul, esa actitud no la entendía en él. Paul esbozó una nueva sonrisa. Albergaba una cierta sensación de ingenuidad proveniente de Madeleine que le divertía. - He tirado la toalla cuando he visto que la persona que más ha creído en este proyecto desde el principio me ha dicho que no volveremos a la pirámide aunque lo que estemos buscando se encuentre en ella y por millones de argumentos que se le pusieran sobre la mesa. - Paul tomó aire. - Holmes, Lebau... todo ellos me dan igual porque te aseguro que de aquí podríamos haber salido con algo tangible entre las manos, pero los ojos de Catherine son lo que me han hecho tirar la toalla. Para ella ya no hay proyecto en el que creer. - Paul estiró las palmas de las manos hacia los laterales. - Y me importan un bledo los motivos.- Acto seguido reaccionó rectificando lo dicho justo antes. - Mejor dicho, si me importan porque lo que me fastidia es que todo se vaya a perder por Holmes. Todo lo que esta pirámide podría habernos revelado, - la palma de su mano derecha se orientaba en la dirección en la que supuestamente se hallaba la pirámide. - todo se va a la mierda. Me he dejado los ojos ahí dentro traduciendo jeroglíficos y buscando salidas... ...y todo ¿para qué?. Para nada. No importa lo que haya ahí dentro, eso es lo que me duele. Que no tiene ningún valor. Hemos perdido el tiempo si ante este tipo de contingencias nos volvemos atrás. - La voz de Paul terminó sonando todo lo más dura que su pensamiento le permitió mientras recordaba la sonrisa cínica de Holmes-. - Paul, no entiendo cómo puedes decir algo así. Estoy segura de que Catherine no va a tirar la toalla, sólo está algo triste y apesadumbrada por Holmes... por cosas que no te conciernen para nada. Estoy segura de que tu trabajo tampoco ha sido en balde y que hallaremos una solución a este problema con o sin Holmes. Y además... deberías preocuparte un poco más por los miembros de este equipo, Holmes nos guste o no forma parte de él, y debemos preocuparnos igualmente por él. Desde luego, mucho hablar del equipo, mucho hablar del equipo... pero realmente ninguno tenéis un espíritu que este a esa altura. Es triste, pero si el equipo está formado por gente como tú prefiero regresar de una vez y abandonar este grupo. Estoy segura de que sin vosotros seguramente se pueda hallar algo que merezca la pena para este proyecto-. Madeleine dijo estas palabras mirando directamente a los ojos de Paul con toda la dureza y determinación de la que era capaz. Estaba harta de lloriqueos. Había que seguir adelante a como diera lugar y eso estaba dispuesta a hacer. Cogió su mochila y se apartó bruscamente de Paul, hasta situarse a cierta distancia de él. Éste se quedó mirando por un momento a Madeleine alejarse. "Tú sueñas si piensas que esto va a seguir adelante por los cauces normales." Pensaba mientras la veía avanzar de espaldas a él. En aquel momento, tras enarcar una ceja pausando sus pensamientos, a Paul le pareció que Madeleine además de un fuerte carácter tenía también un estupendo trasero como así había notado en Guam la "primera" vez que la vio. Pero la visión duró el instante que tardaron Ana y Dara en salir de sus tiendas, momento en el que Paul comenzó en silencio y despacio la marcha tras los pasos de Madeleine.
"Viento en contra"  Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta) Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana) Dr. Paul Mallory, Profesor de Historia (Pablo) Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)
Dara siguió con mirada inexpresiva a Lebau que, como un perrito faldero, seguía a Ford para intentar hacerle cambiar de opinión. "Menudo gasto de energía". Bajó los ojos hasta la mochila que había arrastrado fuera, presa de un ataque de pánico contenido. Estaba asiendo con tal fuerza una de las tiras que los nudillos de su mano derecha habían perdido todo rastro de color. Le invadió una terrible sensación de impotencia. Comenzaba a estar harta de todo: el calor, la arena, los terremotos, la pirámide y del mismísimo stargate. - En mala hora.- fue un susurro entre dientes, tan bajo, que ni siquiera supo si alguien lo había escuchado. Ana alzó la vista, había escuchado el susurro perfectamente, porque había seguido los pasos de Dara. No hizo ningún comentario. Su cara reflejaba desesperanza, y mientras que hasta el momento del terremoto su intención había sido intentar quedarse y continuar la investigación como fuera posible, tras lo sucedido estaba claro, al menos para ella, que debían partir de inmediato. Madeleine había escuchado también lo que Dara había dicho y miró de reojo Dara con cara de enfado, desde donde estaba no podían ver su cara. Entendía que les diera rabia marcharse sin indagar un poco más acerca de lo que habían descubierto y tener que regresar para tener que abandonar el proyecto Stargate. Pero también comprendía a Catherine. Comprendía lo que sentía y la situación en que se encontraba demasiado bien. Lo mejor sería regresar, estaba convencida de que al final con las muestras que habían encontrado quizás encontraran algo que sirviera al proyecto y así evitarían su cierre. Paul se había puesto en marcha ya hacia su tienda unos pasos por delante de las doctoras con las gafas de sol puestas y sin querer saber demasiado de la situación. "Vaya pérdida de tiempo" pensaba mientras no podía evitar sentir la desazón por ver que sus argumentos no habían servido de nada. De buena gana hubiera arrojado la mochila duna abajo. Dara alzó nuevamente la vista. La capitana había dicho que empaquetaran. Pues empaquetarían. Vive dios que lo haría. Por última vez. No más planetas, no más gusanos inmundos, ni más tonterías. Que se fueran todos al infierno. Ella se marchaba por el mismo lugar por el que había venido. Y si la querían en Columbia de nuevo, estupendo, y si no, pues ya se buscaría la vida. Lejos de tanto estúpido militar, en algún lugar donde lo más peligroso que se le pudiera acercar fuera un catarro. Sintió el escozor en sus ojos antes de notar las primeras lágrimas de rabia. - Será mejor que empecemos a recoger, ¿no? No parece que tengamos mucho más que hacer aquí. - Sí, vamos. - Ana cogió a Dara por el brazo, intentando insuflarle un poco de entereza. Aunque no se encontraba nada animada tampoco. Al llegar vieron que su tienda estaba un poco ladeada hacia la izquierda, las varas que la sujetaban habían cedido. Paul, detenido ante la entrada de su tienda comprobó que el terremoto no la había maltratado en exceso comparándola con el resto. Se volvió para observar a las doctoras. - ¿Necesitáis ayuda? - les preguntó elevando lo justo el tono de voz. El gesto que Ana le hizo con la mano le dio a entender que no era necesaria su participación. Lo que le llevó a asentir con la cabeza y desaparecer rápidamente tras la lona de la tienda y mirar el interior donde los estragos si parecían mayores de lo que por fuera se percibía. Papeles y más papeles, libros y elementos de todo tipo desparramados por el suelo. "Menuda mierda" pensó. Madeleine vió a Paul desaparecer por la entrada de su tienda y suspirando regresó su mirada a su tienda, la cual realmente parecía que se iba a caer en cualquier momento. El único comentario que hizo en voz alta fue: - ¿Sujetamos la tienda primero?. No me gustaría que se nos viniera encima, ya hemos tenido bastante movimiento hasta el momento-. En el tono de su voz había bastante ironía y enojo. El simple gesto de Ana de tomarla por el brazo había tranquilizado en parte a Dara. Apretó el brazo de Ana con un gesto que esperó que entendiera. El apoyo de sus compañeros era todo lo que tenía en ese momento. - En lo que a mí respecta, no pienso tocar ni una sola piqueta. Quince marines son suficientes marines para desmontar todo este tinglado. Además, sinceramente, creo que sólo molestaríamos. - dejó que el sarcasmo fluyera con este último comentario.- Creo que debemos empaquetar nuestras cosas y esperar tranquilamente en la parada a que llegue nuestro bus. Y dicho esto, se dirigió al que durante dos noches había sido su cama para recoger los escasos objetos personales que todavía no había guardado en la mochila que todavía llevaba consigo. Madeleine imitó a sus compañeras y recogió algunas cosas. Salió rápidamente de la tienda y observó el movimiento rápido con el que los soldados comenzaban a desmontar el campamento. Vió a Jonás como se afanaba en su trabajo y sonrió mientras pensaba que después de todo algo bueno había salido de todo aquel desastre. Estaba terminando de meter sus libros en uno de los pequeños maletines que habían traído consigo cuando percibió de reojo que dos marines entraban en la tienda. Paul no dijo nada, ni siquiera les prestó atención. Se dedicó a ajustar los correajes de la mochila e incorporándose volvió a ponerse las gafas de sol, cargó sus bártulos al hombro y se dirigió en silencio hacia la puerta. Madeleine desarticuló la sonrisa de su cara al desviar su mirada de la persona de Jonás a la pirámide. Y algo cabizbaja se dirigió hacia el Stargate. Sin querer tropezó en su camino con Paul, el cual en esos momentos salía de su tienda. - Paul... lo siento, estaba distraída. ¿Vienes hacia el Stargate? - Abrió los ojos al toparse de bruces con Madeleine justo cuando volvía a recibir la luz del sol directamente. - Claro. No creo que queden muchos lugares a los que ir por aquí. - En ese momento Ana asomó la cabeza entre las lonas de la tienda. - ¡Eh, vosotros!. ¿No pensaréis iros sin nosotras verdad?.- Paul alzó la mano a oir la voz de la doctora. - Tranquila, aquí os esperamos. - Y acto seguido volvió a mirar a Madeleine con cara de circunstancias al comprobar que todo aquello estaba terminando de la manera más triste posible, como un enfermo que agoniza sin posibilidad de recuperar su vida.
"Acercándose el fin... o no" Doctor James Lebau, diplomático economista (Hugo)
James escuchó estupefacto las palabras de la capitán. Acabarse, irse, marcharse, ni hablar, no podía creer lo que acababa de oir. Cuando Ford comenzó a caminar hacia el sargento le siguió de forma inmediata, ignorándo los posibles comentarios de los demás. Si la capitán Ford creía que iba a permitir que esto se terminará tan facilmente estaba muy equivocada, no acababa de desperdiciar un favor con uno de los senadores del gobierno sólo por que por la baja de un hombre (aunque se tratara de quien se trataba) y de un terremoto la misión fuera a estar en peligro según la opinión de la dama. Para James la misión continuaría y estaba dispuesto a dejarlo bien claro, aunque hubiera que recurrir y solicitar a Riker que sustituyera a Ford por otro capitán, si esta no estaba dispuesta a continuar.
"Moviendo el esqueleto"  Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta) Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana) Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda) Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca) Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo) Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
La tierra temblaba. Era una sensación extraña. Y horrible. Dara sentía un pavor racional y perfectamente explicable a los temblores de tierra. El suelo firme bajo sus pies era algo en lo que confiaba ciegamente, que dejara de serlo la intranquilizaba hasta límites que no quería comprobar. A duras penas consiguió asirse a lo único firme que tenía a mano. el hombro de Madeleine, quien en el preciso instante de recibir el impacto de su compañera cavilaba sobre lo que Paul y Catherine habían dicho y su significado: que no regresarían a la pirámide. El movimiento del suelo cogió a Ana desprevenida, perdió el equilibrio y notó cómo su cuerpo caía, poniendo los brazos por delante, en un intento de amortiguar la caída, con una sensación angustiosa. Ana oyó un quejido y vio a Dara caer encima de Madeleine. Dara había perdido el equilibrio, dejando caer todo su peso sobre el hombro de Madeleine. Las dos doctoras rodaron al suelo en un amasijo de brazos y piernas. Fueron sólo unos segundos, no más de cinco o seis; un abrir y cerrar de ojos en el que todo parecía suceder a cámara lenta. Dara se incorporó intentando ayudar a Madeleine. Debía estar realmente lastimada por lo que reflejaba su rostro. - ¡Oh, Dios mío, Madeleine! ¿Estás bien? Madeleine, aguantado el dolor, contestó a Dara.- No te preocupes, estoy bien- Respiró profundamente conteniendo un gemido. Dara asió por los hombros a su compañera, casi tanto para mostrarle su apoyo como para reconfortarse a sí misma. - ¿Segura?- insistió. Había algo en Madeleine que la preocupaba. Desde el principio de la misión, Dara sólo la había visto siendo "ella" a ráfagas. Hizo un esfuerzo para esbozar una ligera sonrisa. -Apuesto a que estás agradecida de que haya dejado los dulces, ¿verdad?- No era nada ingenioso, pero quería romper la tensión. Madeleine asintió con la cabeza, aunque sin evitar poder remediar el gesto de dolor, para que Dara comprendiera que no había problema alguno, y aguantándolo firmemente le contestó: - Estoy tremendamente agradecida por ello.- Y con su mano dio una palmadita a la mano de Dara para que comprendiera que estaría bien. Madeleine miró a su alrededor, esperaba que no se hubiera notado mucho que había empalidecido a causa del dolor. Justamente Dara se había apoyado en una de las partes más doloridas y en donde se encontraban algunos moratones próximos al cuello. Confiaba en que Dara no los hubiera visto. Por su parte, Catherine escuchó aquella breve conversación a medias mientras se dedicaba a escupir toda la arena que había logrado meterse en su boca. Incluso intentó quitársela de la lengua con las manos, una pésima idea considerando que no estaban precisamente mucho más limpias. Una sensación de morder minúsculos pedazos de mica y piedra era espantosa, pero llegado ese punto decidió sentarse de la manera más digna posible, tragar lo que no quería salir, y accionar el radio. - Aquí Ford. - Soltó el botón que activaba la comunicación mientras intentaba escupir algo que tenía en la punta de la lengua, frunciendo el ceño y advirtiendo con poca atención que se habían soltado varios vientos de la tienda. El resto, de seguro, estarían flojos. - Santer, Reyes y Monteloup están conmigo. - Hizo otra pequeñísima pausa, notando la forma en la que el rostro de Madeleine había perdido su color natural. Sin embargo, continuó en lugar de empeorar la situación insistiendo sobre el estado de la bióloga. - Quiero la situación de todo el mundo. - Volvió a soltar el aparato, frotó las manos contra el pantalón y decidió mantenerlas lejos de la boca mientras esperaba que comenzaran a llegar las respuestas. Se puso de pie. El seísmo le había sorprendido a escasos metros de la tienda que acababa de abandonar y la fuerza y virulencia del mismo le hicieron llevar la rodilla derecha a tierra después de tener la desagradable sensación de ver como su cuerpo parecía moverse sin control. Durante aquellos segundos Paul se vio obligado a apoyar la palma de una de sus manos a la arena con el objeto de no dar con su cuerpo completamente en ella. Alzó la vista hacia las tiendas aledañas durante el largo instante en que la tierra tembló para acto seguido volverse hacia la tienda donde hacía dejado a la capitán con las doctoras. Aún junto al marcador del Stargate James pudo por fin incorporarse. Por su mente sólo pasaban dos pensamientos, que Holmes y los demás soldados hubieran llegado bien y que Riker hubiera recibido su mensaje, el hecho de que el Stargate se hubiera apagado cuando empezará el terremoto le daba muy mala espina, aunque quizá sólo fuera un fallo técnico o un sistema de seguridad. James lo pensó bien y rezó por que fuera un sistema de seguridad y no que se hubiera estropeado, dudaba mucho que hubiera alguien por las cercanías que supiera arreglarlo. Dara miró hacia la entrada de la tienda, todavía sacudiéndose la arena de la ropa, del pelo, de todo el cuerpo. Supo que era Mallory por su voz, no porque reconociera la silueta que, a contraluz, se dibujaba en lo que podría decirse como entrada. - Eso parece. dos piernas, dos brazos, dos manos, una cabeza - murmuró esto último mientras se palpaba el cuerpo con las manos. Alzó nuevamente la voz para anunciar que se encontraba bien. Se acercó hacia Paul, en parte para preocuparse por él y en parte porque empezaba a sentir la imperiosa necesidad de salir de la tienda. Intentando controlar sus miedos, se dirigió a Mallory, de quien ya distinguía sus hermosos ojos verdes.- ¿Tú estás bien? - Si. Tan sólo un *baile* no deseado ahí fuera - respondió Paul minimizando los efectos de la sacudida sobre su persona mientras observaba el rostro de Dara que de repente se tornó en lejanamente familiar. Tenía la sensación de haberla visto antes pero no sabía dónde. Tras un breve segundo pudo notar también el gesto especialmente dolorido de Madeleine en quien se fijó con atención. Ana por su parte parecía encontrarse bien. Sus ojos terminaron en el rostro de Ford, sosteniendo la radio en su mano y con aparente gesto de calma. Madeleine ya de pie miró a su alrededor recorriendo con la mirada al resto del grupo hasta que su mirada se cruzó con la del doctor Mallory. Después del susto inicial James corrió para reunirse con la capitán Ford, era imperante saber si Holmes y los demás habían llegado bien, además de saber que el resto de gente no había sufrido daños. Sólo faltaría que además de Holmes hubiera otros heridos. Eso definitivamente acabaría casi por completo con las esperanzas de salvar el proyecto. James pudo ver en una de las tiendas una figura, pudo deducir que se trataba del doctor del grupo por su silueta. Lebau entró en la semisuelta tienda corriendo de manera que estuvo apunto de chocar con la espalda del doctor Mallory. - ¿Se encuentran todos ien? -James se dio cuenta que en realidad no había hablado prácticamente con ninguno de los doctores, aún así espero respuesta. Al oír la voz surgida justo detrás de su espalda, Paul se volvió repentinamente. Aquel hombre con el que no había cruzado palabra alguna desde que se vieran por primera vez frente al Stargate de Guam había aparecido de improviso como surgido de la nada. Sus canas refrendaban la veteranía de su rostro. Con voz seria le miró y le respondió asintiendo levemente con la cabeza. - Parece que si. Todo ha quedado en un susto.- James miró al doctor Mallory y le semi sonrió recuperando el aliento -Me alegro doctor -con la mirada buscó a la capitán para poder hablar con ella. Madeleine respondió al doctor Lebau algo aturdida: - Doctora Monteloup operativa-. Catherine se acercó a él. Con las entradas la estructura de la tienda se balanceaba en forma precaria y no la hacía muy feliz la idea de permanecer adentro. Prefería el sol. También quería ver qué sucedía fuera con los demás; la falta de respuesta de los marines (a excepción de Kelvin, que había acompañado discretísimamente a Lebau, y se encontraba a un decente número de pasos), contrastada con la aparente eficiencia de los civiles que no habían estado en su ángulo de visión la preocupaba. - James, ¿me permite su radio? James cogió su radio y la extendió para que la capitán se hiciera cargo de ella -Faltaría más. - Gracias. - Con ella, Catherine salió de la tienda, reelaboró la situación anterior y la orden. Podía ver a varios de los marines, incluyendo a su Sargento estrella, acercándose. - Aquí Ford. Todos los civiles están conmigo. Quiero la situación de todo el mundo, - elevó apenas la voz, siquiera para dar énfasis a sus palabras, fuera por frustración o porque no entendía qué sucedía. Se giró a mirar a los demás. - No escucho el eco... ¿me escucharon por sus radios la primera vez? James había ido detrás de Ford, no le hacía mucha gracia estar bajo una estructura que se balanceaba de una manera que parecía indicar que si te quedabas debajo se te tiraría encima encantada. Al oír la pregunta respondió sinceramente -La verdad es que no le he prestado absoluta atención a la radio, me encontraba comunicándome con la base y después del incidente he venido corriendo sin prestar atención -James alargo el brazo y se meció el pelo por la parte de la nuca, se daba cuenta que se había dejado dominar un poco por la impresión inicial, pero a lo hecho pecho, se giro para escuchar las respuesta del resto de doctores. Ana estaba de pie, observando con mirada insegura. Miró a Dara. - Vamos fuera. ¿Ya? Dara miró a sus compañeros y por primera se percató de que estaba *dentro* de la tienda. - Creo que sería buena idea salir, por si... se... repitiera... que no se va a repetir, pero... - Se dirigió al camastro donde había dejado su mochila para recogerla. - Fuera estaremos mejor.- dijo haciendo extensiva su mirada a los otros tres ocupantes de la tienda. Ana asintió, se sentía confusa, muy confusa, nunca se había encontrado en una situación semejante, afortunadamente no había habido heridos, o eso parecía. Al salir de la tienda miró a su alrededor. Entonces vio que Ford las miraba y sus últimas palabras volvieron a su mente "¿me escucharon por sus radios la primera vez?". Ana cogió la radio, y la miró un momento, antes de contestar. - Yo no he oído nada, capitán. - Ana observaba la radio con gesto de duda, realmente no había prestado mucha atención.... Dara escuchó la respuesta de Ana y trató de recordar. - La verdad es que no podría decir que la oí antes... Siguiendo el paso marcado por sus colegas al salir de la tienda, Paul fue el último en abandonarla. Se puso las gafas de sol y trató de hacer memoria al escuchar la pregunta de Catherine. No era capaz de recordar con exactitud. Tras la respuesta de Dara y Ana miró a la capitán y se encogió de hombros mientras alzaba las cejas en señal de negativa. Madeleine respondió con la cabeza a la pregunta de la capitana. A pesar de lo acontecido estaba segura de no haber escuchado la radio. Y expresándose en voz alta, más para ella que para el resto del grupo añadió mientras recogía sus cosas: - Quizás... a causa del terremoto las comunicaciones se vieron alteradas, o simplemente estábamos tan compungidos por lo de Holmes que no le prestamos la debida atención, pero mi radio no la escuché -. La Capitán agradeció a su estrella no haber estado hablando en ese momento, porque acababa de atragantarse. Miró a propósito hasta otro lugar, hasta que se aseguró que no tenía nada en la garganta bloqueando el paso del aire ni de nada más, y ni siquiera podía culpar al sismo del que aún llevaba las marcas de tierra en el rostro y el resto de su cuerpo, o al segundo que le había hecho tragar cuánta arena, ni a los radios que no aparentaban funcionar... Tan sólo tomaba el nombre de quien no quería ni debía pensar en esos momentos. - Señores - elevó la voz, - esto ha sido todo. Kelvin, avise a los demás: nos vamos. - Sabía que ya DeLorence estaba lo suficientemente cerca como para escucharla, pero comenzó a caminar hacia el Sargento con decisión, sin la más mínima intención de recolectar la reacción de la población civil a sus palabras.
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