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"Sellando el propio ataud"
James Lebau
Doctor James Lebau, diplomático economista (Hugo)


James observó como la capitán se alejaba mientras los hombres del sargento cruzaban el stargate con el cuerpo de Holmes, antes de que el último soldado fuera a cruzar James se le acerco.

-Disculpe soldado. Por favor, entréguele esta carta a la coronel Riker -James observó como el soldado la cogía y miraba a su sargento-. Sargento si es tan amable es un asunto importante que la coronel reciba esta carta. Si me permite me gustaría hablar con ella.

El sargento asintió con la cabeza y James se acercó a la camara mientras el último soldado se dirigía a la tierra con su carta, había visto como el sargento y la capitán hablaban a través de ella, suponía que al otro lado la coronel le vería y le escucharía.

-¿Coronel? Soy el doctor Lebau, como ve la situación aquí no es muy buena, el hecho de que el doctor Holmes se encuentre herido de gravedad podría, y casi puedo asegurar acelerará la finalización de la misión en cuanto se filtre la noticia a ciertas personas del senado y están claras cuales son las consecuencias de esto. Uno de sus hombres lleva una carta la cual me gustaría que enviara con la máxima urgencia al senador Kelly -James se paro un momento, quizá no hubiera hecho falta hablar tan seguido, ni de golpe, pero le resultaba extraño estar hablando a través de un aparato a alguien que no veía y que se encontraba a años luz de distancia, al finalizar este pensamiento decidió terminar de sellar su ataud, como si con la carta no lo hubiera conseguido ya-. Coronel, sin rodeos, es de vital importancia que la carta llegue antes que la noticia de la situación de Holmes. Esto hará que ganemos tiempo. Y como en estos momentos soy el único asesor que queda, recomiendo que se retomen las investigaciones de inmediato, la decisión ahora está en sus...

James no pudo acabar la frase, el suelo comenzó a temblar de repente y el stargate se cerró automáticamente cortando la comunicación. James comenzó a tambalearse un poco y acabó sujetándose al aparato de marcaje.

-¿Pero qué diablos?


 
"Teorías y hechos"
Madeleine Monteloup Ana Reyes Dara Santer Paul Mallory Catherine Ford
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dra. Ana Reyes Pérez, egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


Las "niñeras" se habían ido cada uno por su lado, los civiles aguardaban a que Ford o Delorence les indicaran que decisión habían tomado respecto a la misión. Ana se temía de vuelta a la tierra sin haber podido estudiar las imágenes de la pirámide a fondo, y encima no sabía el motivo, lo de Holmes había sido un fatal accidente, no había razón para que no la dejaran volver a seguir con sus estudios. ¿O sí? Ya no sabía que pensar, se encontraba ofuscada y cansada.

Sacó una chocolatina del bolsillo, vio que Paul la observaba, y le tendió una. - ¿quieres?

Paul se quedó sorprendido por ver como la hasta entonces cabizbaja doctora Reyes salía de su ensimismamiento y le ofrecía una chocolatina. Aceptó sonriendo:

-Gracias. Creo que no viene mal un poco de azúcar extra -.

Tras el primer mordisco Ana sintió que le volvía la energía. - En estos casos es lo mejor - comentó, y al final hizo la pregunta que le bullía por la cabeza, Se sentía mal por Holmes, pero ella seguía pensando en lo que había allá arriba. - ¿Cree que nos dejarán volver a seguir estudiando la pirámide?

Paul masticaba con cuidado aquella chocolatina que le pareció un auténtico manjar. - Si he de serle sincero. Creo que no. Aunque como fuera deberíamos hacer todo cuanto esté en nuestra mano por regresar.

Ana arqueó las cejas, como ocurría cuando se empezaba a enfadar. - Bueno, ¿Y que motivo hay?, lo de Holmes ha podido ser un accidente, esto es importante, y los accidentes ocurren.

- Lo de Holmes es el peor contratiempo que podríamos tener, pero hay cosas que aún no están finalizadas. Y si no ganamos tiempo es posible que se queden sin saber. - La mirada de Paul era ahora de circunstancias y la chocolatina le parecía estar perdiendo fuerza en su sabor por momentos.

- Bueno, doctor, creo que hay mucho por descubrir allí arriba. Usted mismo ha descubierto una sala que merece la pena ser estudiada a fondo. Cuando atiendan a Holmes podríamos insistir en que nos dejen seguir con la investigación. - Ana miró a Paul confiando en haberle convencido.

Paul quiso intuir un halo de ingenuidad en las palabras de la doctora Reyes. No estaba en absoluto convencido de que les fueran a dejar regresar, pero compartía las mismas intenciones que la doctora, así que cualquier muestra de apoyo era bien recibida.

Sonrió mientras daba un nuevo bocado a la chocolatina. - Creo que esa sala es mucho más importante de lo que parece Ana consideraba todas las salas importantísimas, pero el halo de misterio que rodeaba la frase de Paul no había pasado desapercibido. - ¿En qué sentido, ha descubierto algo nuevo?

- Creo que si - dijo Paul con sequedad. - Aunque debemos ser cautos y medir mucho nuestras palabras - continuó bajando un poco el tono de voz como si quisiera adquirir tintes de misterio.

El tono seco de Paul dejó a Ana indecisa un momento, dio otro bocado a la chocolatina, y se acercó bajando también el tono de voz- ¿Y me lo piensa contar? ¿O tendré que esperar a leer el informe? - el tono de voz era sarcástico. Paul no había elegido precisamente el mejor momento para ponerse misterioso.

Paul se quedó mirando a la doctora Reyes y sonrió divertido por la ironía de la doctora. - No tepreocupes Ana, no será necesario que esperes -. Hizo una pausa para dar un último bocado y apurándolo dio dos pasos separándose de la doctora y volviéndose luego para encontrar su mirada. - ¿Qué quieres saber primero Ana? ¿Lo del planeta o lo de la "nueva" civilización? - sus palabras sonaban ahora como si hubiera vuelto a las aulas en Houston.

Todos estaban bastante pendientes de la conversación que sostenían el doctor Mallory y la doctora Reyes, de manera que ante la última pregunta del doctor Mallory, unos cuantos pares de ojos desorbitados le miraron. Entre ellos Madeleine, la cual hasta ese momento había estado dibujando como siempre que disponía de algún hueco en su bloc de dibujo. Se encontraba sentada en un rincón con las piernas cruzadas mientras dibujaba y se maldecía por el calor que daba el uniforme. En esa ocasión él descanso nocturno y un calmante tomado con una taza de chocolate caliente habían logrado el milagro de que al menos de momento no le doliera mucho el cuerpo.

Ante la pregunta del doctor levantó su cabeza del bloc mientras el lápiz de color que sujetaba con la boca, casi se le cae al suelo ante semejante pregunta. Como si tuviera un muelle se incorporó rápidamente. Se quitó el lápiz de la boca y preguntó: - ¿Tiene qué ver con tus traducciones? ¿Has logrado traducir algo importante?-.

Paul movió la vista hasta percibir a Madeleine que en un rápido movimiento y mostrando una clara intriga se había levantado de su rincón para formularle la pregunta. Sonrió ligeramente.

Misteriosamente ahora todo el mundo reaccionaba cuando de camino a casa todos parecían sumidos en un profundo sueño. "Hay que ver lo interesante que puede llegar a ser profesor de Historia" al reparar en que pocas veces en su carrera había visto tantas caras con tanto interés por saber.

- Ehm... ...sí, así es tiene que ver con las traducciones y con la ayuda que me echaste hace un rato en la sala de castigo del palacio, Madeleine. Lo cierto es que al principio me parecieron purapalabrería completamente insustancial pero se van descubriendo datos que no dejan lugar a dudas... -

Paul se volvió para buscar en la mochila que llevaba consigo el cuaderno donde había anotado lastraducciones de los jeroglíficos del palacio y se los entregó a Madeleine.

- Echadles un vistazo si queréis. Esencialmente os recomiendo la cuarta y la penúltima de lasadvertencias - Paul elevó el tono de voz para englobar en el asunto a la doctora Reyes y a Dara. - Yespecialmente me gustaría llamar vuestra atención sobre la penúltima - Por un instante se sorprendió a sí mismo pronunciando aquellas palabras. Se notaba que era profesor. Sus ojos buscaron con calma las primeras reacciones a la lectura de aquellas advertencias proféticas ahora traducidas.

Dara se acercó a sus compañeros. Había estado algo alejada, aunque escuchándolos. Sin decir una palabra, se acercó hasta Madeleine a quien Paul había tendido su cuaderno y, tras apoyar una rodilla en el catre en el que la bióloga estaba sentada, echó un vistazo desde su posición a las anotaciones, leyendo por encima de su hombro. Quería aferrarse a la posibilidad de seguir en ese planeta, investigando, deshacerse de la sensación que había tenido mientras bajaba de la pirámide de que nunca iba a volver allí, continuar luchando. Paul parecía haber encontrado el clavo al que asirse. Y sin embargo, ¿porqué le estaba costando admitirlo?

- ...la luz de las siete luces abrirá el camino de la salvación.

- Una profecía bastante odiosa, si me preguntan. - Catherine no pudo evitar el comentario al escuchar a alguien leer aquella frase en voz alta. El grupo de civiles, totalmente absorto leyendo del cuaderno de notas de Paul no se había percatado de su regreso en el campamento hasta ese momento. Sentía que toda la energía había sido drenada de su cuerpo, aunque se mantenía erguida y lucharía con todas sus fuerzas contra la tentación de... - Pero antes que me pregunten, me gustaría saber qué conclusión sacaste, Paul. Porque seguro que ya tenés alguna.

- ¡Catherine! - exclamó Paul alzando la mirada al oír la voz y abandonando por un momento cualquier intento de sumergirse en la explicación de sus teorías y hallazgos. - Bienvenida - le dijo sonriendo. Y, no pudiendo evitar cierta preocupación por el estado en el que la había visto dentro de la pirámide al retornar por los anillos, le preguntó sintiendo una tierna compasión. - ¿Seguro que estás en condiciones de aguantar la clase? No quisiera *torturarte* más de la cuenta -

La Capitán lo meditó un instante. Ese hombre que tanto le importaba la había abandonado sin saber qué se estaba haciendo por él, sin poder acompañarlo o al menos sentirse cerca. Estaba a una galaxia de distancia, preguntándose si acaso volvería a verlo. Recordó la pieza de metal que abrazaba su muñeca izquierda, y decidió volverse supersticiosa con sorprendente tranquilidad. Lo que fuera para hacer lo que debía.

- Creo que puedo tolerar una clase tuya, Paul, ¡adelante! - lo invitó con un mínimo esbozo de sonrisa. - De seguro que hay cosas mucho peores que esto, y necesito saber qué encontraste. Encontraron, - agregó, incluyendo a Madeleine.

A Madeleine escuchar de improviso la voz de Catherine le hizo dar un fuerte respingo. Alzó la cabeza junto con los demás compañeros. Al verla sintió un leve estremecimiento. Pero si ella estaba allí, Holmes podría estar fuera de peligro. Aunque conociendo a Catherine, continuaría en la brecha por encima de todo. Confiaba en que todo fuera bien. Ante la tímida sonrisa que afloró al rostro deCatherine, Madeleine le correspondió con otra sonrisa en el mismo tono. Al menos la presencia de Catherine dio un golpe de ánimo muy fuerte a Madeleine. Había que continuar con lo que habían venido a hacer, ya tendrían más tarde tiempo para hablar de todo aquello.

Madeleine le dijo igualmente a Paul: - Adelante doctor Mallory, tiene a la concurrencia en ascuas .

Una nueva sonrisa se dejó ver en el rostro de Paul al contemplar la reacción de Catherine. Era visible que estaba haciendo un buen esfuerzo por seguir adelante en aquellas circunstancias complicadas. Y más aún se sorprendió por las palabras de Madeleine. - Vaya, tanta ansia por saber me conmueve - dijo retomando la vista en la libreta donde estaban las frases. - Bien, al grano... -

Ana se sonrió, el doctor parecía estar en su elemento... y delante de una concurrencia muyinteresada además.

Paul miró por un momento las anotaciones tratando de articular una explicación coherente de todo cuanto quería decir en su mente antes de comenzar a hablar. Tras la pausa alzó la mirada buscando por un momento una de las paredes y acto seguido se detuvo en Catherine. - Empezaré por esa frase tan *odiosa* - comenzó dedicándole un guiño cómplice a la capitán. - La luz de las siete luces parece que a todos nos indica que está refiriéndose al Stargate de una manera alegórica, metafórica. Y más si consideramos las siguientes palabras. *Abrirá el camino*. Hasta aquí creo que no hay dudas. Ahora bien, la palabra clave es *salvación*. Aquí es donde la frase pierde todo el halo de alegoría que pudiera tener hasta ese momento. Creo que no es ninguna doctrina ni nada parecido. Es un aviso real y concreto. Si hay problemas, el Stargate será la vía de escape. -

Paul hizo una pausa. Ahora su gesto era serio. Sabía que su teoría podía no parecer gran cosa, pero al fin y al cabo era lo que tenía entre manos y las pruebas no dejaban de tener su peso. - Llevemos esta frase a nuestro propio contexto. ¿De acuerdo?. Poneos en el caso de que un pelotón bastante grande de Jaffas nos estuviera persiguiendo y tuviéramos que emprender el camino de regreso a casa precipitadamente huyendo del peligro. Imaginemos que marcamos la dirección de la tierra en el sistema de llamada pero por la precipitación, las prisas y la imprudencia o el desorden se nos olvidara marcar el código de reconocimiento que sirve a la gente de Guam para abrir el iris y permitirnos aparecer de una sola pieza en la base. ¿Creéis que el Stargate sería entonces el camino hacia nuestra salvación?. -

La mirada de Paul recorrió una a una todas las caras empezando por la de la doctora Santer y terminando por la de la capitán. Hizo especial hincapié en ésta última enarcando una ceja. - Esto me lleva a pensar que si no se sabe con total certeza qué es lo que hay al otro lado del Stargate no es posible afirmar que sea un camino de salvación. Dicho de otra manera. La goa'uld de las pinturas y el adivino que ordenó pintarlas conocían un camino hacia un lugar seguro o un lugar que disponía de tecnología con la que neutralizar el peligro o al que huir si las cosas se ponían feas y la supervivencia de esta gente se veía seriamente comprometida y ello se refiere especialmente al individuo que Holmes y yo encontramos en la sala de castigo. Las pinturas reflejan hechos reales y la advertencia profética del adivino lo es también. Yendo más allá - Paul hizo una nueva pausa para frotarse ligeramente la frente con su dedo índice.

- La última frase refrenda lo que digo. *Seguid el camino de la diosa y encontraréis la liberación*...seguid sus enseñanzas. Estas enseñanzas - Paul enfatizó esas últimas palabras apuntando con su dedoíndice hacia el cuaderno antes de continuar. - Diosa y adivino eran conscientes de las bondades de tener un plan de huída por si las cosas se torcían en exceso. Seguramente el adivino jugaría el papel de guía, pero. ¿Dónde está la dirección?. ¿Cuál es ese lugar?. -

Paul se acercó entonces a su mochila para sacar un montoncito de hojas arrancadas de otro cuaderno y algo arrugadas que posó sobre la pequeña mesa que había en la tienda. - No tenía ni idea hasta que fueron acumulándose a mi lado glifos que iban apareciendo a medida que traducía las distintas frases y que era incapaz de descifrar, y sigo sin serlo. No tienen hueco dentro del orden sintáctico de las mismas. De hecho las frases, al margen de ellos, tienen pleno sentido sin atisbo de errores en la traducción. A ver... voy a decir esto con muchísima cautela pero creo que en estos jeroglíficos *díscolos* está la clave para saber esa dirección. Son algo más de una treintena pero no he tenido tiempo de dibujarlos todos ni de grabarlos con la cámara. El adivino debió de ordenar que se ubicasen de manera aleatoria en el texto con el objeto de *esconderlos* entre la decoración para hacerlos pasar desapercibidos. -

Resopló dejando salir el aire para buscar un pequeño respiro antes de concluir con aquella teoría. -Alexander Von Humboldt y su equipo lograron copiar un códice astronómico maya a principios del siglo XIX que dejaba bien patentes los amplios conocimientos de los mayas sobre esta disciplina. En mi portátil he traído una copia del mismo y con un poco de tiempo y regresando allí estoy seguro de que podríamos dar con algo más *concreto*. Pero necesitamos volver. - La mirada de Paul estaba ahora completamente entregada a la de Catherine buscando refrendo a su indirecta petición. Sabía que las cosas se habían complicado mucho pero también era perfectamente consciente de queaquella vía no podía quedarse sin explorar.

Ana había escuchado la explicación, lo encontraba fascinante, le hubiera gustado haber podido observar la sala aquella con más detenimiento, miró hacia la capitán, esperaba que les dejara volver, poder seguir estudiando aquella pirámide cuyo misterio todavía estaba por desvelar.

Después de aquella larga explicación Madeleine retiró la mirada de Paul y la fijó expectante en Catherine a la espera de una respuesta que todos ansiaban. Esa respuesta no era otra que volver a la pirámide de nuevo e investigar más a fondo, teniendo cierta idea de lo que había que buscar sería más fácil encontrar algo que permitiese al proyecto seguir adelante.

Ford decidió comenzar a responder por la tangente. - Supongo que sería interesante adelantarles que no hay ciudad enterrada bajo la arena, al menos no hay necesidad que haya una. - La Capitán no entendía bien por qué, pero durante la explicación del profesor de historia había estado repasando el concepto antropológico de región y cotejándolo con cosas que no terminaban de cerrarle sobre esa pirámide ubicada en el medio del desierto, lejos de los recursos naturales necesarios para su construcción, ni mencionar los recursos necesarios para el sustento mínimo de quienes la construyeran. Por más que le hablaran de naves espaciales y recursos técnicos más allá de sus sueños hacía apenas un año, nada le cerraba.

- Los anillos no llevan a una nave, sino a un lugar a unos 500, o 700 kilómetros de distancia hacia el este, según mis cálculos. Podría ser más lejos, podría variar al norte o al sur, pero es hacia allá.- Señaló fuera de la tienda, hacia las lejanas montañas que se recortaban bajo el diáfano cielo azul. - Podríamos deducir que no sólo el Stargate lleva a la "salvación", sino que además hay que llegar a él antes, y quién sabe quién decidiría activar los anillos de aquel lado, porque no hay panel, cristal ni botón de ese lado. Si eso no es ser odioso, no sé qué...

Se volvió hacia los civiles miembros de su equipo. - Podría ser interesante regresar. Podría incluso ser útil, pero de ahí a necesitarlo, no necesitamos a nadie más bajo una estructura de bóvedas mayas y dinteles de madera, no sin saber si el suelo va a decidir moverse también aquí. - Tragó saliva con dificultad, pero su actitud era la de calma determinación. - Hay pocas estructuras más inestables que éstas, por más que las pirámides sean todo lo contrario. Y no quiero seguir enviando gente de regreso a casa con los pies para adelante. Lo siento, Paul - lo miró directamente - pero en este momento nada vale lo suficiente.

"¿Nada en este momento vale lo suficiente?... ¿Ni salvar el proyecto libres de Holmes?...Vaya por Dios, el mundo se ha vuelto del revés" pensó Paul entreabriendo la boca sorprendido por la repentina reacción de *prudencia* de la capitán. Estaba claro lo que aquellas palabras significaban, ya poco o nada quedaba por hacer allí. Y también parecía obvio que lo sucedido con Holmes representaba mucho más para Catherine que la observación rígida de la mera tarea de protección y seguridad de un grupo de, precisamente, expertos en ruinas. Al menos así le pareció advertirlo en su mirada cuando terminó su intervención. Meneó la cabeza cerrando los ojos y volvió a guardar todo lo que llevaba consigo en la mochila de manera desordenada sintiendo que no era más que papel mojado.

Se la puso al hombro y se encaminó a la salida de la tienda sin mirar a nadie. - Estaré en mi tienda esperando el momento de largarme de aquí -. Viendo la cara de Catherine, Paul tenía la completa seguridad de que el siguiente paso sería cruzar el stargate de vuelta a casa. Se sentía bastante decepcionado por lo que estaba ocurriendo. Lamentaba lo de Holmes, pero si había un momento idóneo para ganar tiempo, ese momento era precisamente aquel. De nuevo meneó la cabeza mientras daba pasos por la arena bajo el sol que caía a plomo sobre su cabeza.

Ana estaba confusa, tras la partida de Paul, y las palabras de la capitán le rondaban por la cabeza, así que había sido eso, un movimiento de tierra había provocado el accidente de Holmes, pero de ese lado no habían notado nada. Tenía que intentarlo, si la decisión estaba tomada no tenían nada que perder.

-¿Un movimiento de tierra, capitán?, pero en este lado no hemos notado nada.- Tomo aire antes de proseguir. -Ustedes han podido estar en el otro lado del planeta, a miles de kilómetros.

Dara, que había estado observando calladamente todo el discurso de Paul y su *enfrentamiento* con Catherine, decidió romper su silencio. La vehemencia de Paul le resultaba demasiado familiar.

- Quizás estemos pecando de precavidos. Ana podría tener razón... y no volver a la pirámide sería peor

Ana reflexionaba como en la tierra había zonas donde ocurrían terremotos continuamente mientras en otras no los había habido nunca. - ¿Qué demuestra que estamos en peligro inmediato? - mientras lo decía miraba a la capitán intentando ver la reacción ante sus palabras.

Y entonces sucedió. Primero una extraña sensación que hizo que se les erizara todo el vello y antes de poder saber que algo estaba mal, la tierra bramó y todo lo que estaba a su alrededor comenzó a temblar. Parecía que sí estaban en peligro.


 
"Llamando a casa"
Catherine Ford Andrew McBride-Smith Rain Harlan Jeanne Riker
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
Teniente Coronel Rain Harlan, Comando (PNJ-Blanca)
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (PNJ-Marta)


No sabía bien cómo había logrado alcanzar al grupo de marines, y superarlos lo suficiente como para detenerse frente al DHD. Ford se giró hacia atrás, tan sólo para ver a Lebau aún a su lado y a DeLorence pocos pasos detrás de ambos. La camilla que transportaba a Jonathan un poco más atrás. Volvió a mirar el artefacto alienígena y comenzó a marcar la secuencia que lo llevaría donde pudieran ayudarlo. Su pulso seguía siendo errático y débil, tan sólo pedía a sus estrellas que soportara un poco más.

El stargate en medio de tanta arena le trajo recuerdos. Su corazón se aceleró y no volvió a respirar hasta que, al presionar el punto de origen, el agujero de gusano se extendiera hacia ellos antes de retraerse hacia los límites del anillo. Catherine activó nuevamente el radio.

- Segundo Comando Stargate, aquí Ford del SG-117. Tenemos un herido y solicitamos que abran el iris para su traslado. - Recién entonces se dio cuenta que había estado desaparecida aunque fuera por pocas horas y que el Comando había sido informado. Se pateó mentalmente, antes de volverse otra vez hacia DeLorence. - Sargento, por favor, confirme la situación.

Al otro lado de la puerta y a muchas estrellas de distancia un cabo y un subteniente seguían teniendo un trabajo rutinario muy interesante. Desde hace un poco ya esperaban la conexión, pero claramente esa no era la voz que esperaban oír. Habían conectado el vídeo de la MALP y podía ver la procesión allí reunida mientras el sargento confirmaba las palabras de la oficial. Al recibir el código el iris fue abierto siguiendo las ordenanzas, en ese momento sólo el oficial permanecía en su puesto mientras la Cabo había ido a avisar personalmente a la Coronel que seguramente se aproximaba para la conexión programada. Podrían haber usado la megafonía, pero avisar a la Coronel sin más en medio de una inspección no solía ser buena idea...

Harlan entró a la Sala de Control con el mismo paso entre apurado y expectante con el que había escuchado las sirenas de alarma ante la conexión extraterrestre. Escuchó un rápido informe de situación del Cabo mientras dos marines hacían su ingreso desde P5S-365 cargando una camilla y bajaban la rampa, donde los encontraron un par de oficiales médicos de la base y los dirigían, sin más protocolo, hacia la enfermería. Una mirada hacia el Subteniente McBride-Smith fue suficiente para que comprendiera el mensaje y abriera la conexión de radio hacia el planeta.

- Capitán Ford, ¿dónde estuvieron? ¿Qué sucedió exactamente con Holmes?

Catherine se mordió apenas el labio inferior antes de comenzar a contestar. Durante menos de un minuto ofreció a la Teniente Coronel un relato de su experiencia, intentando no obviar nada de importancia, recalcando el hecho de que no habían encontrado un alma en ningún lugar excepto ellos, y se detuvo tan sólo en la descripción de cómo Holmes había terminado como daño colateral, si cabía el término. - En este momento estamos - "aramos, dijo el mosquito" - revisando las lecturas sísmicas de este lado de los anillos; por el momento la pirámide ha sido evacuada.

Rain asintió, aunque la Capitán no pudiera verla, aprobando interiormente la prudencia. Lamentaba tan sólo la mala suerte; Holmes fuera de combate era una buena noticia; tener que informar del hecho... no exactamente. Había sentido más que visto la llegada de la Coronel Riker durante la explicación de Ford, y giró la cabeza hacia ella, dándole el pie para las consideraciones que le parecieran > pertinentes antes de cerrar la comunicación.

El Subteniente McBride-Smith se encontraba intranquilo con el "Estado Mayor de CSG-2" en la Sala de Control. No es que le importara estar rodeado de mujeres, a menos que éstas fueran dos de las comandantes de su base. El rostro de la Coronel Riker era serio y decidido, como casi siempre, y contrastaba con la preocupación de la Coronel Harlan. Era ese gesto hosco y casi rudo el que daba a Riker ese halo sexy que solía envolverla y que hacía temblar a sus subordinados con su mera presencia. En casos como estos valía más apartarse y dejarle sitio, incluso daban ganas de salir corriendo.

Riker había escuchado atenta las explicaciones de Ford acerca de lo ocurrido, aliviada en buena parte de la aparición de Ford y Holmes, incluso si el asesor lo había hecho más muerto que vivo. La coronel se pasó una mano por la nuca. Otro problema más. Era el maldito día de los problemas.

- Capitán, entiendo que tanto usted como el equipo pueden continuar con el trabajo.- era una afirmación más que una pregunta. - Mantengan informado al Comando acerca de esa actividad sísmica, no querríamos tener ningún otro herido- Necesitaba al equipo en el planeta, Quizás sin Holmes rondando, podrían ganar algo de tiempo.

Continuar con el trabajo, en líneas generales, no era la idea de Catherine. Sin embargo, decidió jugar a la pelota. Tampoco tenía que dar demasiadas explicaciones, quizá tan sólo cuando lograra empujar al último de regreso al Comando. Deseaba preguntar si ya se sabía algo de Jonathan, pero entendía que su urgencia por regresar no se correspondía con lo que debía hacer. - Entendido, señora.


 
"Santa Compaña"
Catherine Ford James Lebau
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)


No se trataba de una comitiva feliz, de eso todos podía estar segura. Más allá de todo, retirar a un moribundo... Catherine parpadeó al llegar a la base de la pirámide, la última del grupo, y observó a los marines continuar la marcha hacia el Stargate. Lo que fuera que les pasara por la cabeza, seguirían a muerte con aquella camilla donde se encontraba el cuerpo inmóvil de Jonathan, cuyo rostro continuaba perdiendo el color a cada segundo.

Era el momento de colgar los botines y enviar todo a la mierda. No había otro, no habría nunca otro como aquel. Ya fuera para renunciar "in situ" como para meter la cabeza en el horno luego de abrir la llave del gas. Un final melodramático para acompañar al hombre que significaba más todo que nada para ella. No sólo había fallado en su responsabilidad, sino que había sido la causa directa de su condición. La causa de que estuviera muriéndose, frente a ella. Saber que no podía siquiera cruzar el Stargate con él, sostener su mano, o al menos estar "por allí", donde los médicos se lo permitieran, le quitaba las ganas de seguir respirando.

James continuaba en el campamento, intentando encontrar algo que pudiera ayudar a salvar el proyecto, en un momento dado apareció Lentes que se le acercaba corriendo. James comprendió al instante lo que podía significar. En cuanto le informó los dos salieron para interceptar al grupo que se dirigía hacia el campamento.

Ford miró hacia atrás. Descendiendo la escalinata, Maddie y Paul, con Fitgerald, ya habían alcanzado la mitad del recorrido. Ana y Dara, con Kelvin, se encontraban mucho más retrasadas. Ford se colocó la mochila sobre sus hombros; la había recogido en un acto reflejo pero hasta ese momento había colgado de su brazo. A continuación acercó la radio a sus labios, observando a las figuras masculinas que se acercaba.

- Fitgerald, Kelvin, que los civiles con ustedes nos esperen en el campamento. A todo el personal, nadie entrará en el palacio hasta nueva orden. Gilliam revise los registros de las sondas, en referencia a movimientos sísmicos en la última hora. -

Recibió las distintas confirmaciones mientras retomaba la marcha, sobre las huellas recientes sobre la arena, en dirección al Stargate. En pocos pasos, la sombra de Lebau no sólo la alcanzó sino que llegó a su altura.

James no sabía que decir, no podía creer lo que estaba viendo. ¿Holmes en camilla? y su aspecto. No podía ser, alzo la vista para mirar a Catherine, para preguntar lo que había ocurrido, pero no pudo, al ver el rostro de ella, intentando ocultar bajo su semblante serio lo que pensaba, decidió reservar las cuestiones para mejores momentos.

James se colocó junto a Catherine mirando a Holmes, puso la mano sobre su hombro y le susurro.

-Se pondrá bien. Este cabrón ha pasado por peores cosas, se lo digo yo -James intentó creerse sus propias palabras, decirlas con la suficiente seguridad. No estaba seguro de haberlo conseguido.

Holmes y él tenían sus diferencias, pero jamás deseaba la muerte de alguien y menos de un compañero.

Catherine se giró a verlo, dejando por un instante la visión de los marines transportando su carga hacia el Stargate. No sabía exactamente qué había visto Lebau, pero en ese momento no le importaba demasiado. - Más le vale - respondió en voz baja mientras volvía a mirarlos. - Vamos.


 
"Lucha en el barro"
Jean Deveraux Madeleine Monteloup
Dra. Jean Deveraux, Bióloga (Carlos)
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)


    NRPG: Posteo situado en la UIC, antes del cambio de destino de Madeleine y el resto.

Jean estaba en la cafetería de la UIC; había cogido una infusión hace ya algunos minutos, pero ni la había probado. Desde que se había sentado en la mesa no había cambiado su postura: los codos separados apoyados sobre la mesa, las manos extendidas sobre la cara sujetándole la cabeza y la mirada perdida en el techo.

Se sentía como hacía tiempo que no le ocurría; tanto tiempo que ni siquiera podía recordarlo. Era como volver a la adolescencia. Y todo esto por unas pocas frases y gestos de un chico más bien normalito.

~ Pero muy especial ~, pensaba Jean en justo momento en que Madeleine la distrajo de sus pensamientos.

Madeleine se encontraba sentada en una de las mesas cuando se fijó en Jean y se acercó a ella. "Hola Jean, veo que has regresado de la misión, ¿te importa que me siente un momentito contigo?"

"Ah, hola Madeleine; no, no me importa, siéntate, por favor", respondió Jean.

"Te noto algo triste, ¿has tenido problemas en la misión?, porque si te cuento lo mío alucinarías"

"No, que va, todo ha ido bastante bien. Y no estoy triste, tan solo un poco pensativa"

"¿Pensativa?, y si no es indiscreción, ¿en qué piensas?", dijo Madeleine.

"Si te cuento una cosa, ¿me darás tu opinión como mujer y amiga?"

"Claro que sí Jean, por supuesto, suelta lo que tengas en esa cabeza".

"Pero te lo cuento en confianza, y que no salga de aquí, ¿de acuerdo?"

"Seré una tumba". Madeleine hizo como si se cerrara la boca con una cremallera.

Jean le relató a Madeleine lo que había ocurrido durante la misión con Chip, incluyendo sus propios sentimientos. Madeleine escuchó atentamente, sin interrumpir, hasta que acabó de contarlo todo.

A Madeleine la historia le inspiraba ternura, pero al mismo tiempo le hacía gracia, le recordaba sus tiempos en el instituto, por lo que, intentando quitarle importancia comentó: "Bueno chica, será que tu culito le inspiró confianza, lo moverías con gracia y salero", comentó sonriendo levemente.

" Muy graciosa la niña", dijo Jean con un tono de evidente enfado.

"Jean, por dios, era una broma para que no te sintieras tan triste, no te lo tomes a mal"

"¿Cómo que no me lo tome a mal?, te cuento algo íntimo y vas y te ríes de mí a la cara. Pero ¿quién te crees para burlarte de un sentimiento como el que tengo?".

"Tampoco es para tanto Jean, no tenemos quince años... Ohhh, espera, espera un momento... ¿te has enamorado de Chip?. Siiii, te has enamorado, pero chica sólo tiene un polvo y nada más."

"Mira, Madeleine, te aprecio mucho, pero hay cosas que no te pienso consentir", dijo Jean con un tono de evidente enfado. "Te reto a una pelea fuera de la base, en media hora", Jean se puso de pie y, acercando su cara a la de Madeleine, dijo: "Arreglaremos esto como sólo las mujeres sabemos".

"Jean estás loca, pero por supuesto que pienso acudir, esto no va a quedar así. No te consiento este comportamiento hacia a mí, yo sólo pretendía quitarle importancia al asunto; si tanto te gusta date un revolcón con él chica, ¿a mí qué me cuentas?."

Ambas doctoras se miraron fijamente. Madeleine se levantó, y después de que Jean saliera de la cafetería se encaminó, sin decir nada más, hacia su habitación.

Jean salió de la base al exterior; allí caía una lluvia fina y persistente, pero no era eso lo que más le llamaba la atención. Al parecer la noticia había corrido entre el resto de compañeros de la UIC, y allí estaban todos esperando el combate; incluso algunos de los chicos habían limpiado una pequeña zona cuadrangular y la habían acotado con unas varas de madera en las esquinas y unas cintas militares de plástico uniéndolas.

Se escucharon vítores cuando Jean apareció por las puertas del edificio de la UIC. Incluso la doctora creyó intuir algún flash de cámara fotográfica.

Se acercó despacio hacia la zona de combate, mientras los gritos de entusiasmo iban en aumento. Jean, fríamente, como si nada de todo eso fuese con ella, pasó bajo las cintas de uno de los laterales, se dirigió a una de las esquinas y se quedó allí, parada, esperando a su rival.

Jean Deveraux iba calzada con las botas militares reglamentarias; vestía unos pantalones cortos apretados color crema, que normalmente utilizaba para sus salidas a la naturaleza y, en la parte superior, un top blanco muy ajustado, especial para hacer deporte, que comenzaba a calarse con la insistente lluvia. El pelo lo llevaba recogido en una cola de caballo bien firme.

Casi en ese momento, sin hacer esperar más que unos segundos a Jean, apareció Madeleine por las puertas de la base militar. Esto hizo que la agitación del público aumentara considerablemente y los vítores eran, ahora ya, insistentes. A Jean incluso le pareció escuchar a alguno de los chicos: "Venga, ¡apostemos!"

Madeleine se sorprendió bastante de que hubiera tanta gente dispuesta a ver como se peleaban, la verdad, pensaba hablar de nuevo con Jean y olvidarse del tema, pero cuando la enfocó en uno de los ángulos de aquél improvisado cuadrilátero y vió su cara encolerizada, frunció el ceño. ~ De acuerdo, si esto es lo que quieres lo tendrás ~. Madeleine llevaba un peto corto de malla negro ceñido, y un chubasquero encima pues estaba lloviznando copiosamente. Y unos playeros último modelo. Se quitó el chubasquero y se puso en el ángulo opuesto al de Jean.

Dejó durante unos instantes que la lluvia se deslizara por su cara; aún le escocia la herida que se hizo durante la misión, pero en esos momentos le daba igual. Le partiría la cara a esa endemoniada y celosa diablesa. ¿Quién se creía ella para portarse así?, si tenia un problema sexual que lo resolviera de otra forma; desde luego estaba bastante desquiciada, debía gustarle bastante Chip como para dejarse pegar por él. Y pensar que a ella no le iba para nada Chip. Parecía un niño grande, y ella buscaba un hombre no un niño, quizás tuviera un buen polvo, eso había que reconocerlo, no estaba del todo mal. Pero no pasaba de eso, estaba totalmente segura.

Madeleine la miró y gritando para que todo el mundo se enterada declaró: "Chip, no es más que adolescente en cuerpo de hombre; a lo mejor me lo tiro antes que tu, eso te jodería ¿no?". Si Madeleine quería enrabietarla más, seguramente haciendo que todo el mundo se enterada de por qué luchaban, incluido el propio Chip, la haría enfurecer hasta límites extremos.

Jean recibió la frase como el primer golpe del combate y, seguramente, le hizo más daño que si se lo hubiesen dado con los puños. Se agachó rápidamente, cogió un puñado de barro y se lanzó, corriendo rápidamente, hacia Madeleine, a la vez que gritaba: "¡¡¡Eres una guarra!!!"

Un par de metros antes de llegar al contacto, Jean lanzó con rabia el contenido de su mano hacia Madeleine, con tanta suerte que la mayor parte del barro acabó impactando sobre la cara y el cuello de la doctora, dejando su bonito rostro con bastante mal aspecto.

Ninguna de las dos estaba acostumbrada a ese tipo de peleas callejeras. Habían decidido que las técnicas de karate no se podían usar, tenía que ser un combate distinto. El choque fue inevitable; Jean cayó sobre Madeleine y le hizo perder el equilibrio, lo que provocó que ambas cayeran al suelo enlodado del cuadrilátero. Comenzaron a rodar una sobre otra, embadurnando sus femeninos cuerpos de barro, lo que hizo que el volumen de los gritos de los espectadores aumentase de forma más que evidente.

Madeleine consiguió zafarse de ella durante un instante, metiendo la rodilla entre su cuerpo y el de Jean de manera que al estirar la pierna logró apartarla y empujarla y arrojarla contra el barro cayendo esta de culo sobre él. Los gritos del público expectante iban en continuo aumento.

Jean se puso de pie y se lanzó con los puños cerrados contra Madeleine, Maddie esquivó un puño, pero no vió el otro que se le venía en cima. El puñetazo fue directo hacia su ojo izquierdo. Madeleine comenzó a gritar de dolor. Si quería jugar sucio, habría juego sucio. Madeleine se acercó a Jean la cual intentó darle otro puñetazo, momento que aprovechó Madeleine para sujetarla por el brazo y lanzarla una vuelta de Karate que hizo que aterrizara de espaldas en el suelo. Se arrojó encima de ella y empezó a darle de puñetazos en la cara.

Jean gritaba: "Basta por favor Madeleine, basta". Pero Madeleine seguía sacudiéndola una y otra vez.

De repente Jean escuchó una voz que parecía de ultratumba: "Jean, Jean, despierta, te has quedado dormida en la cafetería. Deberías ir a la cama". Era sin duda alguna la voz de Madeleine. Jean abrió los ojos sobresaltada y se encontró en la cafetería, con la taza de su infusión y su contenido esparcido sobre la mesa. Sólo pudo decir: "¿Madeleine?".

Madeleine la miró un tanto divertida: "¿Te encuentras bien?, toda la cafetería se te ha quedado mirando; parecía que te peleabas con alguien y de vez en cuando mencionabas a Chip."

Jean, avergonzada, se levantó y sin dirigirle ni una palabra a Madeleine, salió del comedor y se fue directa a su habitación.


 
"Una senda de decepción"
Madeleine Monteloup Ana Reyes Dara Santer Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dra. Ana Reyes Pérez, egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


No cabía ninguna duda de que la precipitación de los acontecimientos no auguraba nada bueno. El hecho de que Holmes, precisamente él, hubiera sido el peor parado en el suceso adelantaría casi con total seguridad un regreso que quedó casi perfilado en el aviso que hacía pocos momentos Ford había dado por radio para que nadie regresara a la pirámide hasta nueva orden.

Ya en la base los doctores Monteloup y Mallory acompañados por la marine Fitgerald observaban con detenimiento como Santer, Reyes y el marine Kelvin negociaban los últimos escalones. Sus miradas serias reflejaban la gravedad del momento. Ya todos juntos comenzaron a caminar en dirección al campamento tal y como Ford había ordenado.

Tras los primeros pasos Paul observó el rostro preocupado de las doctoras y no pudo evitar hacer un comentario sintiendo que compartía el mismo pesar que sus acompañantes.- Muy a mi pesar me temo que esto se acabó. -

Dara se giró hacia su compañero, que caminaba junto a ella. No dijo nada esde que ella y Ana se reunieran con Madeleine y Paul. En realidad pensaba lo mismo que él y algo parecido le había mencionado a Ana. Pero el hecho de que fuera Paul quien lo dijera, alguien a quien no conocía más que de unas horas, que no había compartido con ella nada de todo por lo que había pasado, le molestó.

- Aún es pronto para decir nada, y en cualquier caso se trata de algo que no está en nuestras manos... al menos de momento.- Dara se sorprendió por la dureza de su voz. Se sentía incómoda con la situación y la estaba pagando con sus compañeros, pero estaba empezando a estar harta de sentirse como un vulgar peón en una partida en la que tenía todas las de perder.

Sin esperar respuesta continuó la marcha. Notaba una presión en su interior que iba subiendo poco a poco. El próximo que le dijera algo que no le gustara (y en estas circunstancias podría ser cualquier cosa), iba a sufrir las consecuencias. Así que optó por agachar la cabeza, asir su mochila con ambas manos y concentrarse en el camino.

Paul notó sorprendido por la reacción de Dara que se sentía tremendamente incómoda en la situación, no era para menos. Miró al paisaje entornando la vista por el efecto del sol y dio unos pasos un poco más rápidos para ponerse a su lado y susurrarle en voz baja y con tono intrigante. - Es posible que no nos vayamos por completo de vacío -Paul estaba ahora mirando a Dara fijamente mientras continuaba la marcha a su altura.

Dara se hubiera parado en seco, pero la furia que sentía dentro hizo que tan sólo titubeara un segundo en su marcha. Dirigió una rápida mirada a Paul, que se había situado junto a ella, para luego volver a clavar la vista en el frente. Seguía estando furiosa, consigo mismo, con los demás y con el mundo.- Es posible, siempre depende de cuál sea el objetivo.- respondió en el mismo tono que había usado su compañero.

Ana se encontraba ajena y sumida en sus pensamientos, miró a Dara un momento y le vió una cara "extraña", pero era normal, en esas circunstancias cada uno se mostraba como podía. Ana le dió una pequeña patada a una piedra, cosa que luego le pareció muy "tonta" por cierto, pero que al hacerlo le hizo soltar un poco de su mal humor, y se sintió mas relajada.

Madeleine simplemente se sentía algo abatida con los acontecimientos, parecía que de repente todo se había ido al garete a pasos agigantados. Apretaba con fuerza su bloc de dibujo y caminaba cabizbaja junto a Ana.

Volviendo la cabeza por encima de su hombro Paul echó una mirada hacia atrás que tenía como única destinataria a Madeleine. Trataba de ir pendiente de ella. Su cara transmitía el sentir general, o al menos así se lo parecía a él. Pero a pesar de todo, le dio la impresión de que se encontraba bien. A su lado comprobó como la doctora Reyes caminaba con el rostro ajeno como si tuviera colgado al cuello un cartelito que pusiera "he salido. Vuelvo en cinco minutos". Esbozó una leve sonrisa al ver como daba una patada a una pequeña piedra que se interponía en su camino.

Nuevamente giró la cabeza hacia delante. El calor estaba apretando y aquel silencio no le hacía sentirse especialmente cómodo, pero a la vista de la reacción de Dara, seguramente sería mejor callarse, ante lo cual decidió sacar la pequeña libreta que llevaba en uno de los bolsillos de su chaleco y comenzó a repasar sus notas.


 
"A propósito de varios"
Dara Santer Ana Reyes
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)


Finalmente se había movido. Con mucha prudencia, eso sí. Dara no tenía la menor idea de qué era lo que había activado aquellos anillos, si la gema brillante, el haberse apoyado en la pared, aquel taconazo al zócalo de la sala, o todo, o nada y había sido Catherine desde el otro lado, la dichosa viga o lo que fuera... Se sentía frustrada por lo que acababa de suceder: ver el cuerpo inerte de Holmes en brazos de una desolada Catherine en una imagen que le recordó inmediatamente a una pietá, la reacción casi desesperada de Madeleine, las palabras de DeLorence; y sobre todo estaba frustrada por su reacción. Inmóvil, observando, como si todo lo que pasaba no fuera con ella.

La mayoría de los marines habían salido de la sala y Ana y ella se habían *encargado* de que los anillos no se *reactivaran*. Sonrió para dentro. Nó tenía ni idea de qué era lo que había pasado y además sabía que nunca lo sabría, porque nunca volvería a subir a esa pirámide.

- ¿Bajamos?- preguntó a Ana. Apenas habían intercambiado unas frases en los eternos escasos minutos que se habían sucedido desde la aparición de los *desaparecidos* hasta su traslado fuera de la sala. - No hay mucho más que podamos hacer aquí...

Ana asintió, el marine que había asignado DeLorence iba con ellas.

Durante unos minutos bajaron en silencio, cada una ensimismada en sus pensamientos, por fín Ana rompió el silencio.

- ¿Crees que todo irá bien?

- ¿La verdad? No tengo ni idea.- Dara miró de reojo a su compañera mientras continuaban el descenso.- Ni la más remota idea...

- ¿Cómo ha podido suceder?- Ana recordaba las palabras de Ford "...no había nadie más...Se cayó una viga...." , siguió hablando - ¿te fijaste lo que dijo Ford, sobre una viga y que no había gente? ¿como se ha caido una viga? ¿a donde conducían los anillos?.

- ¿A un lugar donde había vigas, ergo, techos? - Dara suspiró.- No tengo ni idea, ni de esto ni de nada... me siento estúpida...

- Oye, entre nosotras - dijo Ana, observando que el marine no las escuchase - ¿cómo demonios se han activado los anillos, al final no me he dado cuenta, aunque DeLorence parece estar seguro que ha sido algo que hemos hecho nosotras...

- ¿Verdad que sí? Parecía convencido de que habíamos sido nosotras. ¿Recuerdas que dijo "que no se reactiven los anillos"?- Dara impostó la voz para hacerla sonar más grave, imitando el acento del sargento.- ¡Si supiera...!

Ana sonrió echando una mirada de reojo al marine, que parecía, o hacía ver, que no oía la conversación. - Bueno, si hay que activar otros anillos ya sabemos, botón....taconeo....pisotón.....

Dara no pudo dejar escapar una risa, que ciertamente sonó un poco nerviosa. - Casi parece el nuevo baile de moda... podría hacerle sombra a la Macarena... botón, taconeo, pisotón... ¿Crees que ha tenido algo que ver? No sé, quizás había que hacer varias cosas al mismo tiempo.

Dara hizo un alto en el camino para tomar aire y ajustarse la visera. Habían pasado la mitad del recorrido. Miró hacia lo alto. -Tengo la sensación de que no vamos a averiguarlo, ¿sabes? Algo me dice que...

- ......no estaremos aquí mucho tiempo, ¿verdad?- terminó Ana la frase. - Lo importante ahora es que Holmes se recupere, lo demás, ya veremos - el gesto de Ana era preocupado.

- Sí, por supuesto... Holmes. Seguro que se recupera, al menos si es cierto la mitad de lo que dicen de él, ya sabes eso de que mala hierba nunca muere.

Dara hizo un pequeño silencio. - Tengo una pregunta para ti sobre todo esto, Ana... ¿te fijaste en Catherine? La vi "tan" tremendamente afectada... Casi no podía reaccionar. La verdad es que me sorprendió, ¿a ti no?

- No se quién me sorprendió más, Catherine o Madeleine.... - Ana ladeó la cabeza como cuando se sentía insegura con algo - No se que les habrá pasado Catherine y a Holmes al otro lado, pero Madeleine estaba bastante.......

-... fuera de sí? Sí, tienes razón. Su reacción casi me asustó; fue como si la hubieran atacado a ella. Está muy sensible últimamente, o al menos, eso me parece a mí.

- Sí. Yo también lo creo.

Las dos callaron un instante, habían llegado casi al final de la pirámide. En la base les estaban esperando sus compañeros.


 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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