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"Una aguja en la arena"Cabo Leonard 'Okli' Goitiers Marine Christian T. Anderson Marine Herber 'Araña' Spader Marine Jonás 'Calabazas' Russell Marine Stephen 'Tanque' Shanks Marine Marco 'Espaguetti' Toleni
La marcha había sido considerablemente dura. En un plazo breve de tiempo habían inspeccionado la pirámide; sin encontrar más que alguna ceniza que parecía ser de la noche anterior y uno de los motivos del enfado matutino del sargento, bueno, más bien una excusa más... No había pista del paradero de los dos desaparecidos y todos empezaban a temerse lo peor, tener que meterse en el desierto a dar vueltas. Menos mal que no estaba Kelvin en el grupo, si no Leonard estaba seguro que les recordaría la escena de Space Balls con el 'gag' de "peinar el desierto". Jonás y Steve se estaban quedando rezagados desde que habían dejado el campamento y ya había tenido que llamarles la atención un par de veces. Sin duda habían sido dos de los que habían sufrido el trabajo más duro el día anterior, pero eso no les daba una buena excusa para desfallecer o vaguear. Tenían que demostrar porque el sargento los había escogido a ellos entre los cientos de marines destinados a la base. Marco y Herber charlaban bastante animadamente como si la búsqueda no fuera con ellos. Leonard sabía de sobra que estaban buscando tan activamente como los demás, pero no eran capaces de dedicarse a una cosa sola, estaban acostumbrados a buscar, reptar, apuntar y mientras tanto calcular su posición... Para ellos aquello era aburrimiento. Mientras tanto Anderson les mandaba callar de vez en cuando. Tras seguir aumentando el círculo no tardarían en ver el Stargate al empezar a dejar atrás la pirámide. Sin duda era un trabajo tedioso, pero tenían que hacerlo. Anderson seguía serio y concentrado junto al cabo. Christian siempre se lo tomaba todo muy en serio, a veces demasiado para el gusto de Leonard, pero era fiable y eficaz. Mientras echaba otra carrerita para alcanzar al resto Jonás comentaba, otra vez, lo interesante que encontraría "su doctora" todo el suelo que iban pisando. Steve le lanzaba otra pulla y se reía, tanto con él como de él. Al parecer una de las civiles le había dado demasiada cuerda y alguien acabaría por ahorcarse con ella. Era bastante probable que por eso el sargento le hubiera mandado en este grupo pese a estar bastante cansado. Leonard prefería no saber cual era el pecado de Steve a ojos del sargento... Al menos había vuelto a demostrar su justicia al no cargarle el muerto a Ramón. Goitiers sabía por experiencia que pocos mandos se resistían en cargarle el "marrón" al que estuviera más cerca, y en este caso el pobre Brown tenía todas las papeletas. Okli rió en su entrañas su propio juego de palabras. - Cabo Goitiers, Cabo Goitiers, respondan. - Pensando en el Rey de Roma, éste empezó a mostrar su áspera voz por la radio. Desde el último informe había recibido un par de comunicaciones que indicaban movimiento en la pirámide, pero como no iban con ellos y no se recibían muy bien decidieron ignorarlas. El tono de desesperación del sargento acabó por preocuparle, así que diligentemente el cabo respondió: - Aquí Goitiers, cambio. Todo el grupo se paró como un solo hombre. Aunque no fuera necesario mantuvieron la formación pese a las ganas que tenían todos de formar un círculo alrededor de la radio del cabo. Afortunadamente todos tenían su propio transceptor, que ayudo a mantener la coyuntura y disciplina militar apropiada. La voz del sargento resurgió. Parecía que la premura fue sustituída por las formas y el protocolo. - Equipo de búsqueda, suspendan la búsqueda... Repito, suspendan la búsqueda. Vuelvan a base, los sujetos han aparecido. Cambio. - A Leonard le había extrañado que preguntara por él en vez de por todo el grupo, pero sin duda la noticia merecía la pena. Un par de muchachos rompió la compostura y se pusieron a brincar y lanzar sus chambergos al aire como recien licenciados entre gritos de "hurra" y "viva". Pero rápidamente se calmaron ante el gesto de la mano de su cabo pidiendo silencio, sabían que si el sargento escuchaba el mínimo rastro de esa algarabía el pasear por el desierto sería el cielo deseado para todos ellos. - Aquí equipo de búsqueda. Recibido, volvemos a base. Cambio y corto. - Leonard pronunció las últimas palabras con cierto tono de victoria y alegría. Lo más difícil había pasado. O eso creían ellos... (Return to base)
"Un cambio de actitud"  Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda) Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
La marine Fitgerald acompañó a la doctora Monteloup y al doctor Mallory al exterior de la pirámide. La doctora Monteloup volvió la cabeza hacia la triste escena que dejaba tras de sí. Allí estaba Catherine cogiendo a Holmes, una escena que parecía sacada de Romeo y Julieta. Sólo que en este caso el que moría era Romeo. Una escena un tanto peculiar, la mirada casi ida de Catherine, la tristeza reflejada en su cara... la doctora Monteloup volvió la cabeza con lágrimas en los ojos, aunque algo pensativa por la escena. El doctor Mallory amablemente tiraba de su brazo animándola a que siguiera caminando. Al salir se cruzaron con unos marines que llevaban una camilla que trasladaría a Holmes hasta la base. La doctora Monteloup miró de reojo la camilla y pasó rápido por su lado, era urgente salir al exterior. Una vez fuera, la doctora Monteloup respiró honda y profundamente. Se tranquilizó algo más. Sabiendo que no habían sido los Goa´ulds por una parte se quedaba tranquila. Pero por otras se sentía inquieta. Holmes no era santo de su devoción pero no podía remediar que aquel extraño sentimiento que sentía aflorara de manera tan evidente. No podía entender, esa explosión de dolor que había sentido durante breves instantes. Y sólo por ello se sentía mal, nadie se había descompuesto tanto como ella a parte de la capitana. Se sentía muy avergonzada. Miró a Mallory, y le dijo casi a modo de disculpa: - Creo que lo ocurrido los últimos días me está afectando demasiado. Tengo que centrarme. ¿No crees, Mallory? - El doctor Mallory se detuvo mirando un poco extrañado a la doctora. En el fondo a todos les estaba afectando la presión y los acontecimientos parecían querer complicar las cosas a cada momento. Aún así, entendió su pregunta y trató de mostrarse empático con ella. - Todos estamos un poco descentrados, doctora. La presión de estar afrontando una misión quizás excesivamente importante. Y ahora lo de Holmes. Quizás ahora es un buen momento para mantener la calma. - Apartó por un momento la mirada de los ojos de la doctora para buscar el cielo. No quería sonar demasiado trascendente. No iba mucho con su estilo y sabía que la doctora estaba bastante tensa. Así que buscó siempre sonar amigable y tranquilo. - Holmes es un pelmazo... pero seguro que sale de ésta. Aunque sólo sea para seguir dando la murga. - - Si supongo, que en estos momentos la calma es lo más importante. Pero me preocupa que debido a lo ocurrido sigan queriendo seguir adelante con la auditoría, ahora hay más motivos para fastidiar. Y respecto a Jonathan... sí, supongo que saldrá de esta, al menos eso espero. - La doctora miró hacia el horizonte y continuó - Qué curioso la forma en que Catherine miraba a Jonathan-. Apenas hubo pronunciado esas palabras, la doctora Monteloup se mordió el labio. No debía de haber expresado ese fugaz pensamiento en alto. Paul sonrió bajando la mirada y rápidamente recuperó los ojos de su interlocutora con un gesto divertido. - ¿Qué estás insinuando? -. Paul sabía perfectamente lo que la doctora Monteloup quería decir porque se había dado perfecta cuenta de que Holmes era algo más que un compañero de trabajo para la capitana Ford por el comportamiento y la actitud de la capitana instantes antes. Sin embargo prefirió mostrarse ingenuo ante ella y no apuntar a nada ni a nadie en concreto. La doctora Monteloup miró a Paul a los ojos iba a responderle cuando contempló aquella mirada divertida. Sólo acertó a decir: - Nada, olvídalo, serán imaginaciones mías -. Madeleine bajó la mirada al suelo. En el fondo sabía que lo que quería insinuar parecía ser cierto, pero no le apetecía comentar nada más y menos con Paul. Ese asunto era mejor tratarlo con la propia implicada y en privado. No quería levantar ninguna insinuación más. Sobre todo por la capitana, porque era algo suyo. En cuanto a Holmes, esperaba que no fuera una aventura más de las suyas. No quería que Catherine sufriera. La doctora contempló el lugar durante breves instantes y volviéndose hacia el doctor Mallory le dijo seriamente: - ¿Y tú, Paul? Aparte de la historia y ese libro que estas escribiendo. ¿Alguien ocupa tu corazón? - la doctora miró al doctor Mallory, cuan distinto era de su marido, físicamente no se parecían nada y su manera de ser y comportarse no se asemejaban. Mientras le miraba recordó lo tonta que había sido en la UIC, cuando intentaba nombrarle pronunciando su nombre tartamudeando, entonces pensaba que su marido siempre estaría presente en su vida. Pero pasado el tiempo, en ese instante, junto al doctor Mallory, descubría que ya estaba vacunada en ese sentido. Ya no veía a su Paul, sino al Paul que ahora se encontraba ante ella, una persona bien distinta. El doctor Mallory se quedó sorprendido por la pregunta. Se quedó mirando fijamente al cielo por un momento sin ser capaz de reaccionar. Se le había borrado la sonrisa de la cara, pero intentó recuperarla. - Ehm... no, nadie *ocupa mi corazón* - respondió con cierta sequedad. Aquella pregunta inesperada le había dejado bastante sensación de incomodidad en su interior. Sabía que Madeleine era alguien especial pero hasta ese momento no había conocido la extrema sinceridad de sus preguntas. Decidió contrarrestar aquella pregunta bomba con ironía. Recuperó nuevamente la sonrisa y clavó sus ojos verdes en los de Madeleine que desde ese momento fue consciente de que ya no miraba igual. Tenían algo especial. - ¿Por qué?. ¿Estás interesada en ocupar el puesto?. Debo advertirte que el casting es duro -. La doctora miró a los ojos de Paul y durante breves instantes se perdió en ellos. Un brillo especial los iluminaba. Vislumbró en ellos su interés por ella. Finalmente con una media sonrisa respondió a la ironía: - ¡Ahhh! Si el chico tiene casting y todo, pero te aseguro que no hay casting lo suficiente duro para mí. Si quisiera lo ganaría... - y añadió pícaramente - Porque lo ganaría, ¿verdad?. Madeleine durante breves instantes se sintió relajada. Hablar de temas fuera de lo que estaba ocurriendo le servía para que no se centrara demasiado en el dolor, algo a lo que empezaba a habituarse, y eso no era bueno para ella. El doctor Mallory amplió entonces su sonrisa. No estaba seguro del cariz que estaban tomando las cosas en medio de todo aquel vendaval de sucesos. Sin dejar de mirar a Madeleine abrió aún más los ojos. - Si de verdad quieres descubrirlo por qué no te presentas? -. No tenía demasiado claro hasta dónde estaba llegando la situación pero los ojos de la doctora le hacían querer seguir adelante. La doctora Monteloup se puso seria, la conversación estaba dando un giro para el cual ella no se sentía preparada. Sin embargo a pesar de saberlo algo la impulsó a contestar: - Lo haré... y ganaré -. La doctora Monteloup no bien hubo terminado de decir esas palabras, comenzó a marearse, una sensación de vértigo la invadió, y decidió apoyarse contra la pared. Y añadió en voz baja: - Cuando termine esta pesadilla y me recupere -. Realmente estaba algo aturdida, demasiadas emociones de golpe. - ¡Madeleine! - Paul extendió los brazos tratando de evitar que el movimiento de la doctora por el mareo terminara por dar con sus huesos en el suelo. Al final se encontró frente a ella con su mano derecha sobre su mejilla enrojecida por el calor. La miró fijamente. - ¿Te encuentras bien?. - La doctora Monteloup dejó que Paul la sujetase, no tenía muchas fuerzas para apartarle si quiera, pero agradeció su ayuda respondiéndole: - Sí, si... estoy bien... es sólo que el calor y tantas emociones me... - No pudo terminar la frase, pues en esos momentos sacaban en camilla a Holmes. Sacó fuerzas de flaqueza y se incorporó acercándose a la camilla. Intentó tomar la mano de Holmes, y cuando lo había conseguido los marines la apartaron, tenían bastante prisa por llevar a Holmes de regreso a la base para que tuviera una mejor asistencia. Tan sólo pensó: " No te mueras... maldito demonio". La doctora Monteloup los vió alejarse y miró a Mallory compungida. Se acercó a la pared y se deslizó por ella hasta quedarse sentada en el suelo. Vió alejarse la camilla y a los demás entre los que iba Catherine igualmente destrozada. Lo estaba pasando mal. Tendría que hablar con ella para darle todo su apoyo y que supiera que podía contar con ella. Levantó la cabeza hacia Mallory y le preguntó: - ¿Y ahora, qué? El doctor Mallory la miró con gesto tierno, la había acompañado en sus movimientos siempre consciente de que no se encontraba bien. Observó la escena y la extracción de Holmes del palacio para ser conducido a la base en la Tierra. Y después volvió a concentrarse en Madeleine. Se quedó un momento quieto mientras la observaba deslizarse pared abajo como si deseara encontrar un refugio. Algo había cambiado en su expresión. Estaba seguro de que tenía que ver con ella, necesitaba protegerla. Se acercó a su posición y se agachó quedando a su altura. Ella no dejaba de mirarle y aquella mirada cada vez le provocaba una sensación distinta. Pero todas muy intensas. Tomó lentamente una de las pálidas manos de la doctora y la observó con detenimiento. Su suavidad era estremecedora. Acto seguido alzó de nuevo la vista para encontrar los ojos de Madeleine que aún seguían con la pregunta en su interior. " ¿Y ahora, qué? ". Paul sintió que aquella pregunta en ese preciso instante tenía una especial relevancia. Suavemente buscó entrelazar sus dedos con los de ella, muy despacio. Quería transmitirle toda la confianza del mundo para evitar un suceso como el de las escaleras del palacio. Parpadeó un par de veces antes de responder con voz seria y el gesto decidido. Hizo presión con sus dedos en los de ella. - Ahora, confía en mi. - Madeleine dejó que Paul tomara su mano, y le sonrió tristemente mientras le respondía: - Claro Paul, confío en ti -. Con la otra mano acarició la cara de Paul. Acto seguido se incorporó apoyada en Paul y comenzaron a descender la pirámide.
"Marines que curan"  Capitán Catherine Ford, Antropologa (Blanca) Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ - David M.) Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana) Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta) Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda) Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Catherine abrió los ojos con aparente tranquilidad pero mucho más alivio, aunque poco podía ver luego de la explosión de luz tras la oscuridad que la había rodeado durante una eternidad, según creía. Sabía que sus mejillas estaban secas, pero también sabía que las lágrimas que las habían adornado de seguro habían dejado su estela, fundidas contra el polvillo que aún espesaba sus pestañas y, de seguro, la cubría por completo. La Capitán había logrado sentarse, y aún continuaba sosteniendo la cabeza de Jonathan de manera firme, con tres dedos aún sintiendo aquel débil remedo de pulso en la base de su garganta. Distinguió las figuras, sí bien no exactamente los rostros, y se dirigió a quien no podía ser más que DeLorence con cierta urgencia pero sin elevar la voz. - Sargento, necesitamos inmovilizarlo y trasladarlo a la base enseguida, - dijo mientras volvía su mirada hacia abajo y notaba los colores, especialmente el rojo oscuro que cubría su pecho... pero mucho más la cabeza y el cuello de Jonathan. Realmente DeLorence no necesitaba las órdenes de Ford pero por su entrenamiento espero a que ella acabara antes de comunicar por radio: - Malcolm, le quiero en la cumbre del zigurat en el plazo más breve posible. Tenemos un herido, necesitaremos una camilla y material médico. Pregunto recibido. - Una confirmación y una estimación de llegada de cinco minutos era lo que necesitaba. Mientras hablaba se acercó al herido y se quitó la chaqueta. Empezó a limpiarlo buscando la fuente de la hemorragia y cuando la encontró taponó con fuerza la herida con la parte que aún quedaba limpia de la prenda. Ya tenía un nuevo camuflaje rojo y verde. Madeleine no tenía ojos más que para aquella terrible escena que estaba teniendo lugar. En su retina solo podía ver a Catherine y a Holmes, que al parecer estaba gravemente herido. Palideció ante semejante visión y sintió que se mareaba, para evitar caerse agarró fuertemente el brazo de Paul. Miró a Paul y de nuevo volvió a mirar a Catherine y a Holmes. Intentó dar un paso hacia delante, pero sus piernas también estaban paralizadas. Tan sólo logró articular algunas palabras: - ¿Está... está muer...to?-. Intentando recuperar su anterior aplomo, añadió algo más: - ¿Han sido los Goa´ulds.? Realmente Madeleine no esperaba respuesta, era como si ya en su interior supiera que habían sido ellos, pero quería estar segura. Recuperando algo de su aplomo, dió un paso hacia delante para comprobar que Holmes estaba sangrando abundantemente. La visión de la sangre aún la angustió más hasta el punto de volverse hacia Paul y agarrarse fuertemente a su camiseta, hundiendo su cabeza en ella, y comenzando a llorar silenciosamente. - ¿Qué ha pasado Catherine? - Preguntó Paul sin poder apartar la mirada del aparentemente inconsciente Holmes y teniendo a su vez que dar respuesta en forma de improvisado abrazo a la reacción agitada de Madeleine. Holmes no era santo de su devoción aunque en el fondo no podía dejar de sentir una insana simpatía por aquel siniestro personaje. Ford mantenía su vista clavada en el Sargento, mientras éste dictaba sus instrucciones por el radio. Las voces de Madeleine y Paul no eran más que murmullos, aunque podía distinguir las palabras y comprender la preocupación subyacente que las originaba. - Está vivo, pero el pulso... Y no había nadie más,- dijo, volviéndose hacia Maddie antes de continuar el recorrido con sus ojos y encontrar a Paul. - Se cayó una viga. - Eso debía despejar todas las dudas. Y ella no tenía muchas ganas de hablar, por más que no había parado en el oscuro encierro del que la habían rescatado, esperando que el sonido de su voz fuera la barrera que impidiera que Jonathan la dejara sola. DeLorence no tardó en girarse. Con una ceja hizo un gesto a Alexandra: - Fitgerald acompañe a los doctores fuera de aquí. - Señalando con la cabeza a la pareja. - Vamos a necesitar el reducido espacio para atender al herido. - Girándose a las otras dos doctoras continuó. - Por favor doctoras, asegurense que no se reactiva el artefacto. Dara hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, intentando aparentar una seguridad que estaba muy lejos de poseer. No tenía ni la más remota idea de cómo se habían activado los malditos anillos, y estaba sobrecogida por la repetina aparición de Catherine y Holmes. No se movió de donde estaba, ni emitió una sola palabra, contemplando la escena como si fuera ajena a su realidad. Intercambió una mirada con Ana, que seguía a su lado, preguntándose si estaría tan confusa como ella. Ana miró a Dara con cara de perplejidad. Estaba sobrecogida y miraba lo que ocurría en medio de la sala, Holmes tenía muy "mala pinta", Ford no había hablado nada todavía. Ana miró hacia la pared pensando qué demonios podría hacer si por alguna razón se activaban los anillos, si no se había enterado muy bien de como se había realizado la activación minutos antes. El sargento se quedó mirando a la oficial a ver si ella quería tomar el control de la situación, aunque suponía que era probable que se encontrara en un estado de shock. Catherine tan sólo observaba la magnitud de la herida junto al ojo izquierdo de Jon, que había alcanzado a divisar mientras el Sargento la limpiaba y hasta que la cubriera. Allí debía haber sentido el filo del dintel, debía haberse girado apenas y... Sintiendo la mirada de Delorence sobre ella, alzó los ojos para responder a la pregunta que sabía que iba a encontrar en los de él. - Cinco minutos, Sargento, - murmuró. DeLorence con el dolor y sufrimiento que dicho gesto suponía en él intentó sonreir amablemente a su superior, pero dada la situación no le fue fácil. Movió levemente la cabeza en gesto afirmativo. De repente sus ojos se abrieron como platos y algo estalló en el fondo de su memoria como si hubiera pisado una neurona-antipersonal. Era un olvido imperdonable, se había olvidado completamente de sus hombres en el impetú de la situación. Aún no se había acostumbrado a la luz de los anillos cuando sus iris luchaban por salirse de su cara, su rostro se tensaba y su frente parecía una uva pasa, ya no sólo en color sino en arrugas. - Cabo Goitiers, Cabo Goitiers, respondan. - El sargento hizo un esfuerzo por repartir el peso evitando dañar al civil al cual cubría la frente, la ayuda de la capitán le fue de utilidad para centrarse en la radio. Tras la respuesta. - Equipo de búsqueda, suspendan la búsqueda... Repito, suspendan la búsqueda. Vuelvan a base, los sujetos han aparecido. Cambio. El cabo acusó el recibo y corto la conexión. El sargento miró a su alrededor y sintiéndose inútil se acercó a la puerta para ver que ocurría con la ayuda médica. Al llegar a la puerta vió a Kelvin y Rutherford que subían ya los últimos escalones cargando con una camilla y un maletin respectivamente. DeLorence los urgió con los brazos y un par de gritos de ánimo y les ayudó a introducir la camilla dejando sitio para que Rutherford pasara a atender al paciente. Aunque no era médico el chico tenía muy buena mano y conocimientos sanitarios previos para ser de forma informal el elemento especialista del grupo. Mientras el resto de militares, seguramente debido a su entrenamiento, se esforzaban por no molestar el joven rubio se puso manos a la obra recorriendo el rostro del doctor caído con sus iris verdes cual escáner. Sus rápidos y largos dedos empezaron a entrar y salir del maletin y a reparar los daños con cuidados precisos y certeros. El problema sin duda no era el agujero en sí, si no los posibles daños internos al complejo computador central que había detrás. Catherine se limitó a seguir las indicaciones de Rutherford mientras realizaba las curaciones básicas, le colocaba el collarín para inmovilizarlo y finalmente lo ubicaban, con la ayuda de Kelvin, sobre la camilla. Se puso de pie mientras el marine ajustaba las correas alrededor de su cuerpo. Cuando todo parecía preparado DeLorence se acercó a Kelvin y le dijo que acompañara a las doctoras mientras le indicó a Fonseca que le ayudara a coger la camilla a Brown al que había relevado de su guardia tras pedir que subiera alguien a cubrir su puesto. La idea era poner a dos hombres frescos para que llevaran la camilla con más facilidad. Rutherford los acompañaría para supervisar el transporte mientras los demás iban bajando. Mientras bajaban el sargento aprovechó para llamar a Daniels para que abriera la puerta y poder informar a la base. (Beginning the return journey)
"Un paso adelante"  Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ - David M.) Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana) Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta) Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda) Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo) Marine Alexandra 'Baby' Fitgerald (PNJ, Delfar)
La marine Fitgerald fue la primera en hacer acto de presencia seguida por Madeleine y Paul que entró tras ellas sintiendo que se le secaba la boca con tanta agitación. Allí estaban Ana y Dara que enseguida se volvieron hacia los recién llegados. El sargento aún no había hecho acto de presencia pero no tardaría a pesar de sus sonoros resoplidos a través de la radio. Madeleine preguntó bastante agitada al ver que Ana y Dara estaban junto a la mochila que parecía de Catherine: - ¿Habéis encontrado alguna pista que nos llevé a Catherine y Jonathan? Ana hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. No le dió tiempo a decir nada. Cuando la radio de todos emitió un zumbido y Fonseca y Fitgerald se pusieron firmes el sargento entró por la puerta acompañado de otro marine que enseguida volvió al exterior. Tras intercambiar los saludos reglamentarios el sargento también se interesó por las posibles novedades mientras paseaba con las manos a la espalda mirando la estancia y sus ocupantes. Ana tomó la palabra. - Pensamos que la mochila no podía estar aquí por casualidad, así que comenzamos a revisar esta pared. Entonces la Dra. Santer descubrió algo particular en esta parte de la imagen. - Ana señaló hacia el punto concreto de la pared. - En apariencia no es más que una parte del dibujo, pero cuando lo rozas... - Dara pasó su mano sobre la superficie de la piedra.-... el tacto es diferente. No es pintura, es una piedra... una gema incrustada en el mural. Algún motivo habrá para ello, quizás sólo sea estética, pero puede que tenga alguna otra función. - Así que creemos que apretando esta especie de "piedra-botón" se accionarán los anillos.- Concluyó Ana, observando a los demás, que escuchaban con atención. Entonces miró al sargento. - ¿Procedemos? El sargento preguntó a las doctoras como estimaban que podía ser de peligrosa la activación del aparato y que medidas consideraban que debían tomar. Ana meditó un momento antes de contestar. - Mejor estar un poco alejados de los anillos, y cuando se activen alerta, lo mismo podemos traer de vuelta a la capitan y al doctor Holmes, que a cualquiera que se encuentre sobre la posición de los anillos en el "otro lado", ¿comprende?. El sargente movió la cabeza de manera afirmativa mientras hacía una seña a los dos marines para que tomaran posiciones controlando el lugar por donde podría llegar algo. - Tambien podríamos intentar envíar algo, por si la capitan y el doctor no se encuentran sobre los anillos, para que sepan que los hemos activado. Aunque eso tambien podría hacer que "alguien más" sepa que estamos aquí. - Ana miró a Dara, Madeleine y Paul, intentando ver en sus caras qué opinaban, prosiguió - Aunque por el momento no nos hemos encontrado alma alguna, al menos en este lado de los anillos... El sargento pensó por un momento: - Una pregunta: ¿los goa'uld entienden nuestro idioma? - Antes de recibir una respuesta hizo un gesto con la mano extendida que parecía más interrumpir sus pensamientos que una posible contestación. Se llevó la mano al cuello del uniforme y quitó una pequeña insignia que denotaba su rango, la depositó con cuidado en el centro de los anillos. Sin duda era lo suficientemente pequeña para pasar desapercibida si no se buscaba activamente y poca gente sabría su significado, es más la mayoría de la gente en esa sala no parecía entenderlo. - Listos, procedan. Entonces Ana y Dara se miraron. - ¿Quién hace los honores? - pregunto Ana. Tú misma.- contestó Dara mirando con impaciencia a Ana, que en ese momento estaba más cerca del botón que ella. Le daba lo mismo quién apretara qué, lo que quería es que alguien lo hiciera ¡ya! Ana le dirigió una sonrisa de agradecimiento a su amiga, se sentía excitada, no podía evitarlo. Acercó su mano a la piedra, era grande como para apretarla con dos dedos, con el corazón y el índice empujó suavemente... miró hacia el circulo del suelo esperando ver el haz luminoso y los anillos goa'ulds. Nada. Eso es lo que sucedió. Las doctoras se miraron sin creérselo del todo. ¡Todo había parecido tan claro unos momentos antes! - Dale otra vez. Fuerte.- Dara insistió a Ana, al tiempo que la empujaba para que presionara nuevamente el botón. Ana apretó con toda la fuerza que fue capaz..... de pronto sintió la piedra más caliente, apartó rápidamente la mano. La piedra estaba iluminada como si fuera una bombilla. Estaba estupefacta. Paul observó la escena pasando por distintas sensaciones. Del nerviosismo inicial a la decepción y posteriormente a la sorpresa al ver como aquella especie de interruptor se activaba y comenzaba a brillar. Abrió los ojos de par en par. Nunca había visto nada igual. Madeleine también se quedó atónita. Que fallara la activación significaba que tardarían más tiempo en encontrarlos. Ante semejante situación Madeleine comentó: - Algo se os ha debido colar. ¿Estáis seguras de que es así como se activan estos anillos? Ana miró a Madeleine con cara de confusión. - Bueno, este botón nos pareció lo más sospechoso... - ¡Menuda mierda! - con desesperación, Dara apoyó su espalda en la pared que había estado examinando, la misma en la que había encontrado el botoncito dichoso. Golpeó impacientemente con su bota las baldosas del suelo. - Tanta historia para una lucecita... ¡oh! esto no debería ser así!!.- continuó al tiempo que daba un taconazo al zócalo. Cuestión de segundos. El instante de un parpadeo y entonces... un rayo de luz que parecía surgido de la nada, del mismo lugar de donde también surgieron cinco anillos.
"Paciencia no hay otra ciencia" Doctor James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
El tiempo pasaba. James era una persona paciente por naturaleza, pero tenía que reconocer que aquello le estaba superando, cada segundo que pasaba podía ser un segundo menos de vida de cualquiera de los dos desaparecidos. Ya había comenzado el informe en lo referente al campamento, no era muy bueno la verdad, materiales, hombres... toda para nada, no habían conseguido nada. Todo por dinero, el proyecto costaba más dinero de los que uno podría a pronunciar en menos de cinco segundo y eso era mucho dinero. No había beneficios, sólo gastos. El senado no podía comprender que no se trataba de eso, que el proyecto era algo más que conseguir la tecnología necesaria para tener un microondas que hiciera las palomitas más rápido. En aquel mismo planeta, en aquel desierto, había una pirámide que perteneció a una civilización humana. Una civilización humana a millones de años luz de la tierra, no se daban cuenta de lo que significaba eso. Pero claro, eso no daba dinero. -Cerrar el proyecto. Me pregunto si en cuanto ataquen los goa'ulds pensarán lo mismo. Probablemente entonces les echarán encara al Comando de Guam que no tengan nada con lo que defender la tierra. Son así de listos. Tira la piedra, esconde la mano y échale la culpa a otro -pensó James. James maldecía el no tener nada con lo que poder rebatirles, algo con lo que decir: no, no cerréis el proyecto, me la sopla lo que haya dicho el doctor Holmes, yo digo no. "Clavarás los clavos de tu propio ataúd" esas habían sido las palabras de Jonathan refiriéndose a si no seguía el juego de los de arriba... bueno, que diablos, no había estado a punto de provocar un conflicto diplomático por seguir sus principios, no había estado en guerras intentando ayudar a conseguir la paz en lo posible y no había recorrido millones de años luz para empezar a lamer culos ahora. Si tenía que clavar su propio ataúd lo haría, pero con clavos de oro. James salió de la tienda y se fue en busca de alguno de los cabos, mientras el grupo seguía fuera, volvería a entrevistar a todos los militares científicos en busca de algo, revisaría los informes en busca de algo. Tenía que encontrar algo con lo que luchar.
"Contratiempos"  Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (PNJ - Marta) Teniente Coronel Rain Harlan, Comando (PNJ - Blanca)
El aroma del té inundaba el despacho. Riker intentó relajarse por un momento. No había nada que pudiera hacer por el equipo desde el Comando hasta la siguiente conexión, y otros asuntos requerían su atención. Se recostó en su sillón, asiendo con ambas manos su taza de Earl Grey y aspirando con satisfacción su aroma. Pequeños placeres. Era lo todo lo que pedía en un día así. Mientras saboreaba el té, Riker analizaba todo lo sucedido a lo largo del día. La misión no estaba siendo, ni de lejos, un éxito. Eso era algo obvio. Dejando a un lado la desaparición de Ford y Holmes, nada de lo que había sido reportado hasta el momento podía calificarse de *descubrimiento fundamental*. Era la típica misión que el típico informe podría considerar buena o mala dependiendo de quien fuera el encargado de redactarla, y los encargados de dar cuenta en esta ocasión eran los típicos que no escribirían nada bueno. No porque creyeran que nada bueno había sucedido, sino porque, simplemente, esa era su misión. La coronel suspiró, algo cansada ya de la situación. Sólo esperaba que las aguas volvieran a su cauce, que Ford y Holmes regresaran de dondequiera que estuvieran y que todo acabara. Algo que sucedería en cuanto regresara el equipo completo y el General hablara con los dos asesores y les expusiera la situación. La política era así, unas veces se ganaba y otras no. A Riker no le gustaban esos tejemanejes, pero había aprendido a jugar. Y no era mala jugadora. Unos golpes secos en su puerta la sacaron de sus pensamientos. Tras unos segundos asomó Grafton, quien cerró la puerta tras de sí y tras un quedo "Señora" se quedó en pie, frente a ella. Riker se incorporó de su sillón. - ¿Ha podido localizar por fin al General?- le preguntó al Sargento Mayor. El hombre dudó un instante. Un rictus serio en su gesto que conectó todas las alarmas de la Coronel. - ¿Y bien? - Lo he localizado, Coronel. Está en el Hospital Naval.- Grafton habló lentamente y a Riker no se le escapó cuáles fueron las palabras usadas por el Sargento "lo he localizado". - Quiere hacer el favor de hablar claramente, Grafton. El Sargento Mayor hizo una pausa, como ordenando sus ideas, para continuar en un tono más bajo. - Parece ser que le General se encontró mal durante la reunión de esta mañana por lo que lo llevaron al Hospital Naval y...- otra pausa- Coronel, no han querido facilitarme más datos... Riker lo interrumpió.- Sargento, estaría terriblemente decepcionada si no hubiera podido conseguir ningún tipo de información adicional.- El tono empleado daba a entender a Garfton que sería mejor que no le hiciera perder el tiempo. - Un infarto, señora. Está en la UCI.- nueva pausa.- La señora Morris ya está en el Hospital. No querían decirme nada, pero recordé que uno de los auxiliares del Hospital, Kendall había estado hace unos meses en... La información cayó como una bomba sobre Riker, quien dejó de prestar atención al Sargento Mayor para intentar asumir la información que estaba recibiendo. Con un gesto cortó la cháchara de Grafton. - Gracias, Sargento. No comente este tema con nadie. Localice a la TCol. Harlan y dígale que venga. Puede retirarse.- La Coronel descolgó el auricular del teléfono con decisión. Los comentarios del tal Kendall, quienquiera que fuese no le servían de mucho, pero sí lo suficiente como para que moviera los hilos necesarios. Mientras intentaba localizar al Mayor Rothery en el Hospital Naval para conocer realmente cuál era el verdadero estado de salud del General. Tras ser informada y colgar, Riker sólo podía pensar en qué más se torcería a lo largo del día. Rain golpeó la puerta con los nudillos, dos veces, antes de escuchar la voz que la invitaba a entrar desde el interior. No necesitaba hacer mucha pantomima; la había saludado temprano y con una vez, por suerte, bastaba y sobraba. -Coronel,- acusó la presencia de su anfitriona antes de acercarse al escritorio. - Siéntese.- Riker acompañó sus palabras con un gesto indicando la silla que estaba del otro lado de su escritorio. Miró fijamente a Harlan y decidió que la sinceridad brutal sería lo mejor.- Harlan, acabo de tener conocimiento de que el General Morrison ha sufrido un infarto de miocardio y que su situación es crítica. Está ingresado en la UCI del Hospital Naval. He conseguido hablar con el oficial médico encargado de su caso, que me ha informado de que su situación es crítica y que lo seguirá siendo durante las próximas 48 horas. El General está actualmente en coma inducido para evitar *males mayores*.- La coronel hizo una pausa.- Parece que tenemos un problema. *Problema* parecía una descripción insuficiente, si la actitud corporal de Riker era para ser tenida en cuenta. Si bien su tono de voz no evidenciaba grandes diferencias con su seriedad habitual, en tres frases Rain pudo observar dos o tres cambios drásticos con respecto a los últimos días. La Teniente Coronel terminó de acomodarse en la silla, evaluó con rapidez de qué lado soplaba el viento, dieciocho niveles bajo tierra, y finalmente respondió. -Dejando de lado cuestiones personales, imagino que esto afecta nuestra situación en cuanto a la evaluación de la Comisión del Senado, ¿verdad? - ¿Por qué dice eso? Rain se encogió de hombros, y estiró apenas las comisuras de sus labios antes de responder. Le daba algo de vergüenza confesar que observaba esos detalles, pero no tanta con Riker. - Porque no está sentada derecha como siempre, y se tocó la punta de las uñas con la yema de los dedos, Coronel... sólo la vi hacer eso dos veces y ninguna de las dos veces se trató de algo bueno. Por el otro lado, el único problema que se me ocurre es ése... Riker sonrió levemente. - No es un problema, la verdad. Tan sólo un inconveniente. Era el General quien iba a tratar directamente con los asesores una vez volvieran de la misión y comenzaran a elaborar sus conclusiones. Lo cierto es... Su discurso se vio interrumpido por el teléfono. - Riker.- contestó escuetamente. Su mirada se ensombreció a medida que escuchaba las noticias que venían del otro lado. - ¿Está seguro?.... De acuerdo... Iré en cuanto pueda aunque no puedo decirle nada.... Entiendo. - Echó la cabeza hacia atrás intentando controlar la desesperación que la estaba invadiendo.- ¿La policía militar está en ello? Muy bien... sí... Manténgame informado, Capitán. Colgó el teléfono, demorando en la acción algo más de lo estrictamente necesario. Minutos antes había pensado que no era posible que las cosas se torcieran más. Bien, parecía que estaba equivocada. - ¿Coronel? - Rain había sentido elevarse la tensión, y cómo su superior ni siquiera había pensado ya en ocultarlo. Riker miró a Harlan fijamente, retomando el control de la situación. Estaba a punto de echarse un órdago. - Harlan, la residencia del General en Agaña acaba de ser asaltada. La policía militar está allí ahora. Al parecer no se trata de un vulgar robo. La casa está revuelta. De arriba a abajo. Los PM creen que han sido profesionales. - ¿Cree que estaban buscando algo referido al Proyecto? - El rostro de Rain reflejaba su extrañeza. Ninguno de ellos se llevaba absolutamente nada a casa. - Sí y no.- Riker sopesó unos segundos la decisión que ya había tomado. - Digamos que en posesión del General se encuentra cierta *documentación* que garantizaría la continuidad de nuestro Proyecto, independientemente del resultado de... cualquier auditoría. La Teniente Coronel elevó las cejas. Sentía como si Riker acabara de golpearla, en pocas palabras le había dado la respuesta a una cantidad de interrogantes que se había planteado durante esa semana, desde que la noticia de la llegada de Holmes y Lebau había hecho su ronda por la cúpula de la base. Entrecerró los ojos, un poco herida de que no la hubieran incluido en la jugada. Por ilegal que fuera, algo que no iba a preguntar para no saber la respuesta. - Vaya, - dijo. - Eso explica algunas cosas... Pero ahora sí tenemos un problema, ¿verdad? ¿Cree que consiguieron lo que buscaban? La coronel se incorporó ligeramente en su asiento. - ¿Sinceramente? No tengo la menor idea, Harlan. La ubicación de esas *pruebas* las conocía únicamente el General Morrison. Yo no sabría ni por dónde empezar a buscar. Y sólo Dios sabe en qué momento podremos hablar con el General. Alzó su mano, para retirarse un invisible mechón de cabello de la frente. - ¿Alguna sugerencia? Rain suspiró. - Empezaría por revisar el despacho del General y su habitación de la base... y por preguntar a su esposa si tienen alguna caja de seguridad. Ya sé que es irregular, pero de todos modos... esta situación *es* irregular.- Bajó los ojos por un momento antes de volver a hablar. - Si usted sabe de qué se trata, seguramente podríamos intentar encontrar copias. - Alzó los ojos otra vez. - Pero es difícil que yo hubiera hecho alguna, así seguramente él tampoco, ¿verdad? - Me temo que el General es demasiado cauto. Dudo que haya realizado alguna copia. Sobre la caja de seguridad... creo que su mujer sería la última en saber de su existencia. El General no haría nada que pusiera en peligro a su familia, ni tan siquiera de *refilón*. Por eso no comprendo que hayan asaltado su casa... pero el hecho de que *ellos* hayan acudido allí a la primera oportunidad... - Riker hizo una pequeña pausa.- Nuestras opciones se reducen a su despacho en la base y a hablar con la Sra. Morrison. Harlan asintió. - Como me imaginaba... - Tomó aire en profundidad otra vez, preguntándose en qué se estaba metiendo. Sin embargo, ¿no lo merecía la causa? "Maldito Maquiavelo..." pensó con cierto rencor. - Tan sólo dígame en qué puedo ayudarla. Y si puede dejarme fuera de algún detalle que voy a arrepentirme de conocer, mejor. - Es necesario que hable personalmente con la mujer del General, Harlan, y debería ser cuanto antes. No pienso abandonar el Comando hasta no tener noticias del SG117, pero en ese momento quedará Ud. al mando, y tendrá que ganar tiempo con nuestros amigos, los asesores. La Teniente Coronel asintió, una levísima sonrisa de asumida superioridad asomando de las comisuras de sus labios. - Creo que puedo encargarme de eso...
"Ucronía" Paul Mallory Rush, jugador nº 6 del ránking ATP (Pablo)
(cuatro de septiembre de 1998, Complejo tenístico de Flushing Meadows, Nueva York. Semifinal del US Open.) - nada treinta, Agassi. Silencio por favor - La voz del juez de silla retumbaba en los oidos de Paul en medio de un mar de palmas que animaban, a pesar del aviso, a ambos jugadores listos para seguir dando golpes de raqueta hasta un final que se antojaba ya próximo. Llevaba una tarde penosa, pero a pesar de tener el servicio en el limbo y cuatro dobles faltas, Paul había aguantado hasta el quinto y definitivo set de aquel partido. Si conseguía la victoria y el pase a la final en la que ya esperaba un sorprendente australiano llamado Patrick Rafter estaría al borde de conseguir ser el número uno del ránking mundial. Los anteriores tres grand slams se le habían resistido aquel año pero no dejaría pasar el que se disputaba en su país y menos sabiendo que aquello le abriría definitivamente las puertas del masters a final de año. Atrás habían quedado el Open de Australia en el que Moyá le había doblegado pese a ser superior a cualquier español en pista rápida. Decepcionante. Roland Garros, la tierra batida y otra vez un español, Félix Mantilla y su terquedad le habían enviado a casa antes de tiempo y Wimbledon y los cañonazos del local Rusedski. La suerte tenía que cambiar. Agassi era un buen amigo, si, antiguo compañero de la academia de Bolletieri allá por el 83 cuando ambos, aún juniors, rivalizaban por alcanzar pronto la gloria de los profesionales pero como rival dentro de la pista era de aquellos que uno no deseaba encontrarse ni en pintura. Y estaba claro que su fama le precedía y Paul le conocía bien. Pero en el quinto set con 4-2 a su favor y estar a punto de ceder su saque no eran para nada buenas noticias. Tenía el partido en su mano y lo estaba dejando escapar. Paul botó la pelota con la raqueta. Una gota de sudor, la enésima, resbalaba por su mejilla mientras echaba un vistazo indefinido a su rival que permanecía pertechado en el fondo de la pista con las rodillas ligeramente flexionadas esperando para responder el saque. Los primeros saques no eran la especialidad de Paul pero sabía que si conseguía hacer uno bueno podría recuperarle el terreno perdido. Se dio ánimos mentalmente. "Vamos Paul... ...por una vez, uno bueno a la línea". Tenía la pelota en una mano y la raqueta en la otra. Se posicionó de lado justo tras la línea. La votó un par de veces y la alzó en el aire observándola en su ascenso con los ojos abiertos de par en par. El tiempo se detuvo por un instante con la pelota en lo alto. Inició el descenso que fue respondido por Paul con un movimiento acelerado. El golpe proyectó la pelota más allá de la red. "¡Bien!". La pelota se había ajustado a la línea interior del cuadro en un saque centrado que le pareció rapidísimo. Todo estaba en silencio, rapidamente dio dos pasos hacia delante y observó concentrándose al máximo el movimiento de André en busca de aquel misil. Un último paso largo le permitió al tejano alcanzar el servicio pero forzando mucho su situación. La respuesta logró superar la red pero Agassi estaba ahora en posición delicada y Paul tenía tiempo suficiente para ver llegar la pelota, moverse y reaccionar. El resto se había quedado corto, Paul dio otros dos pasos hacia delante iniciando, con su brazo derecho empuñando la raqueta, un movimiento con el que buscaba imaginariamente embolsar la pelota. Miró al fondo de la pista. "Esta te la comes, canijo" pensó. Dibujado el golpeo en su cabeza, inició el trazado del movimiento imprimiendo una enorme fuerza a la pelota buscando el angulo derecho del lado de Agassi. La pelota salió disparada y votó dentro. Agassi había quedado vendido por el contrapie creado en el saque. A la esquina. De nuevo una nube de aplausos y flashes provenientes de las gradas envolvieron el aviso del juez de silla. - quince, treinta, Agassi - Una pequeña pausa para que el público se desahogara. No en vano el partido se estaba prolongando ya más de la cuenta. Tres horas y cuarenta y cinco minutos que comenzaban a ser ya excesivos para las piernas y el calor que apretaba a pesar de que la tarde estaba enfilando su recta final. Paul esperaba no tener que llegar a la suspensión del partido pero con Agassi de por medio eso no importaba. - Silencio, por favor. Muchas gracias. - Paul se pasó la muñeca por la frente. El sudor se le agolpaba. Le hizo un gesto al recogepelotas que solícito lanzó una nueva bola. "Bien, hay que mantener esto, si consigue llevarme al fondo de la pista voy a sufrir." Había retrocedido hasta estar nuevamente en la línea de fondo dispuesto a repetir saque. Los aplausos y los gritos de ánimo se iban disipando poco a poco en la pista nº 2. Las banderas ondeaban en lo alto. Al fin una pequeña ráfaga de viento, otra cosa bien distinta era que llegase hasta abajo del todo. No tendría esa suerte. Repitió la maniobra y sacó con todas sus fuerzas, las que le quedaban. La pelota se estampó en la red. "Mierda" pensó acompañando el gesto con un movimiento brusco de la cabeza hacia delante. "Ya volvemos a las andadas." Con su mano movió el hombro de la camiseta blanca. Pero no se sentía demasiado cómodo. Votó de nuevo la pelota y respiró hondo. Segundo saque. Trató de asegurarlo lo más que pudo pero reguló mal la velocidad. Demasiado lento, lentísimo para la clase de rival que tenía enfrente. Agassi recibió el saque como si de una oportunidad de oro se tratase y se abalanzó sobre la pelota golpeandola con rabia hacia el lado de Paul. Aquel golpe le obligó a reaccionar como pudo moviendo rápidamente su brazo para tratar de hacer lo único que podía hacer con tan escaso margen de movimiento, un globo. Afortunadamente le imprimió la altura necesaria para hacer que Agassi tuviera que retroceder varios pasos hasta casi la línea de fondo observando la bola en su caída. Aquello le dio tiempo suficiente a Paul para recuperar la posición centrada. Abrió los ojos de par en par tratando de adivinar lo que haría su rival. Pero estaba demasiado claro, aun desde el fondo iba a golpear la pelota con un smash. Mala señal. El golpe fue salvaje. Angulado, a la esquina. Increíble. Paul inició la carrera a toda velocidad. Le daba tiempo a llegar. La distancia desde la que se produjo el golpeo se lo permitía. Alcanzó el punto de encuentro y devolvió un golpe paralelo al pasillo con el que esperaba forzar aún más la situación de su contrincante. El golpe fue acompañado de un grito a medio camino entre la rabia y el cansancio. El golpeo de la bola fue muy duro y ajustado a la línea. A Agassi le comenzaban a pesar las piernas y se notó. - Treinta iguales - Otra vez los aplausos y los gritos. Ya llovía menos, el 5-2 estaba más cerca y la moral lo sabía. Paul se giró regresando de nuevo al punto de saque cerrando los ojos y sonriendo de manera casi imperceptible. "Ya he sido bastante cándido por hoy. Vamos terminando." pensó mientras recibía una nueva pelota y comenzaba a repetir los movimientos anteriores de manera casi mecánica. La respiración comenzaba a ser demsiado agitada. Los cuartos de final habían sido complicados y no había tenido más que día y medio para la recuperación pero ahora todo parecía una cuestión de ánimo. De nuevo alzó la pelota en el aire y la golpeó en el descenso con violencia. Otro buen saque, ajustado, pero esta vez al ángulo exterior del cuadro. El tejano respondió restando el saque como pudo pero de nuevo se le había quedado corto. Paul dio tres pasos largos en busca de la bola, de nuevo no iba a dar opción alguna y dio un segundo golpe a la esquina contraria a la del saque. Sin opciones para Agassi. Paul apretó los dientes y soltó un grito de rabia justo en el momento en que los gritos y los aplausos brotaban nuevamente desde los graderíos. - Cuarenta, treinta. Mallory - ...... - Pelota de partido, Mallory. Treinta, cuarenta. Silencio, por favor. Muchas gracias. - Paul respiró hondo mirando fijamente a su oponente. Aquel tenía que ser el último saque, si o si. Los servicios de Agassi eran temerarios pero no era el primero que rompía aquella tarde y si uno más le servía para ganar el partido definitivamente, entonces no tenía ninguna importancia. "Vamos canijo, déjame darte el pasaporte." pensó parpadeando sin dejar de mirarlo. Paul flexionó las piernas, respiró hondo una vez más y comenzó a hacer girar la raqueta con ambas manos mientras no quitaba ojo de lo que Agassi hacía. El saque fue demoledor. Paul tuvo que dar un paso y responder en el mismo movimiento. La velocidad era endiablada pero logró restarlo de manera aceptable y sobre todo profunda. Agassi recorrió los cuatro pasos que le separaban del lugar donde la pelota había ido a botar y apuró su revés al máximo para enviar una bola cruzada que obligó a Paul a iniciar la carrera con la lengua fuera para llegar al extremo opuesto de la pista a tiempo. Estaba claro que la victoria iba a ser cara. El último paso lo dio casi perdiendo el equilibrio pero sacándose un golpe paralelo del que cuando menos obtener tiempo para recuperarse. Agassi regresó sobre sus pasos aceleradamente y respondió cruzando la bola al lado opuesto pero con mayor velocidad. Paul había logrado centrarse ligeramente pero estaba algo lejos corrió cuanto pudo y consiguió alcanzar la pelota cuando ya casi estaba a punto de dar el segundo y mortal bote. Con la inercia del movimiento y golpeando con su mano buena, sacó un drive cruzado que pilló a Agassi completamente a contrapie. A pesar de que trató de reaccionar, no fue suficiente y la bola consiguió dar un segundo bote antes de que la raqueta de el de Tejas la alcanzara. El griterío fue entonces atronador. Paul abrió los ojos y la boca al mismo tiempo y gritó dejándose caer al suelo de rodillas soltando a la par su raqueta. Por fin después de cuatro horas y cuarto de partido. - ¡Juego, set y partido. Mallory! 7-6, 4-6, 6-7, 7-6 y 6-2 - Estaba arrodillado con los puños en su frente, los ojos cerrados y los dientes apretados. Aquella victoria suponía muchísimo para su carrera y sus aspiraciones al número uno. De pronto sintió una mano sobre su hombro y giró la cabeza saliendo de su euforia. Era André que había saltado la red para felicitarle en un acto poco usual, aunque eran amigos. No en vano habían sido compañeros de fatigas siendo jóvenes. En medio de la histeria del gentío, Paul oyó perfectamente la voz de André. - Bravo, Beach boy. Ha sido un partido genial. Pero la próxima vez no escaparás vivo. - Paul se levantó y abrazó a su rival. - Canijo, lo siento pero el US Open de este año es mío. Ahora le voy a pintar la cara a Rafter. - - Así lo espero - dijo André riendo. - Lástima de aquel pinchazo en la muñeca que sufriste en aquellas semis del Lipton junior que nos enfrentó por primera vez. No sé donde estarías ahora si hubiera sido grave. - Paul sonrió. - Siempre que te gano me dices lo mismo y siempre te respondo igual. No lo sé, pero si sé que en ese caso no habría nadie capaz de enseñarte lo que es morder el polvo -
"La otra puerta"  Mayor Rhiannon Marks, Comando (Blanca) Capitan Victoria Petterson, Comando (Ana) Teniente Britanny Williams, Sanitaria (Blanca) Cabo Simon Foster, Logística (Ana)
(Unidad de Instrucción de Candidatos) La UIC seguía como siempre, sin grandes cambios, las personas iban y venían, el personal fijo de la base se ocupaba de mantenerla totalmente operativa. Por uno de los pasillos del nivel 5 Foster se dirigia a la enfermería, cargado con material médico que había llegado de la tierra en la última activación, al girar por el pasillo se encontró de frente con la Capitán Petterson, ésta como siempre tenía cara de enfado, nunca sabía porqué, parecía estar todo el día de mal humor, era una oficial competente pero en ningun modo resultaba simpática. Al llegar a la misma altura Foster se detuvo al ver que la capitán tenía intenciones de hablarle. - ¿Cabo Foster? - Petterson siempre se liaba con él y su *compañero de aventuras* Sanders, ambos cabos siempre estaban juntos y parecían conocerse de hacía años. - Sí, señora. - Veo que se dirige a la enfermería, digale a la teniente Williams que vaya al despacho de la mayor Marks en 10 minutos. - Entendido, señora. - Foster asintió con la cabeza y siguió su camino. Recordó entonces a la capitan Ford, era lo opuesto a Petterson, más tranquila, menos autoritaria, otra forma de disponer la disciplina, se la echaba de menos sin duda. Entró en la enfermería, estaba todo nuevo, había sido remodelada recientemente, tras dejar las cosas se acercó a la pequeña mesa donde se encontraba la Teniente Williams. Saludó. Brittany lo sintió llegar más que escucharlo, a esas alturas ya conocía la forma de caminar de quienes visitaban la enfermería más a menudo. El motivo de Foster, al contrario de muchos otros que no eran capaces de ponerse una tirita solos, siempre era el mismo. Alzó los ojos para comprobar que efectivamente se trataba de "lo de siempre" y le sonrió mientras se ponía de pie. -Buen día, Cabo, y gracias por eso,- dijo, señalando las cajas que había dejado cuidadosamente apiladas sobre una de las mesas de trabajo. -¿Alguna novedad? - La capitán Petterson me ordenó que la informase que la esperan en 10 minutos en el despacho de la mayor Marks. Petterson. Brittany frunció el ceño, apenas. Muy de ella de enviar a alguien a dar mensajes que podía entregar personalmente o por teléfono. Pero claro, estaba convencida que la cordial enemistad Petterson-Ford se había convertido en Petterson-Williams, especialmente siendo que no era tan fácil enojarse con Marks luego de que la ascendieran. Pero, teniendo ella menor rango, no le parecía exactamente justo. Por no decir que tenía suficiente con la poco cordial enemistad Hughes-Williams, ya que se trataba de su nuevo jefe desde hacía pocos meses, que afortunadamente esos días estaba de permiso. -Allí estaré...- "creo", agregó para sus adentros, mientras pensaba en que sería mejor dejar todo ordenado para el regreso de Hughes, que sería al día siguiente aunque el miserable tenía por costumbre conseguir colarse en conexiones anteriores, posiblemente tan sólo para encontrar algo que criticar. Sintió como si una mano helada apretara su garganta al darse cuenta que esa mañana había habido una conexión con el SGC-2; de lo contrario, ¿de dónde habían salido esos suministros? -Foster, una pregunta... Foster se volvió, observó la cara de la doctora mirando los suministros, y una idea surgió en su mente. Por intuición le contestó: - Enviaron los suministros solamente, el Capitán Hughes no ha regresado todavía, si hay alguna novedad la informaré. Brittany sonrió aliviada, y replicó con un guiño divertido. -Iba a preguntar si está lloviendo, pero me gusta su forma de pensar, Cabo. El cabo se despidió y salió al pasillo, rumbo al almacen de suministros. Ya sola, Brittany dedicó los siguientes siete minutos a organizarse. Calahan estaba de maniobras, o lo que fuera, así que recién contaría con su ayuda después del mediodía. Por suerte no se trataba de demasiadas cosas; finalmente la enfermería contaba con todo lo que necesitaba. Las "viejas" instalaciones del nivel 2 ya habían sido remodeladas para agregar dormitorios, y a su alrededor todo aún olía a nuevo. El nivel 5 aún se hallaba en obras, aprovechando las cavernas naturales que se extendían bajo la superficie del planeta. Sin embargo, ya contaban con lo mínimo indispensable. El pensamiento no era exactamente reconfortante, pero ante una eventualidad la UIC podía mantenerse sola. La Teniente sacudió ese pensamiento de su cabeza antes de dejar su área habitual de trabajo. Tenía una partida de cartas que perder, si mal no recordaba, por lo que no planeaba quedarse en la UIC más allá del siguiente mes; cuando su siguiente permiso la encontraría en la Tierra. Frunció el ceño mientras doblaba por un pasillo, pensando en que seguramente sus padres pretendían que pasara por su hogar de Baltimore en Acción de Gracias. Tendría que encontrar una explicación "adecuada para mayores" de por qué pretendía quedarse en Guam. Su rostro se ensombreció. ¿Y si Andrew tenía sus propios planes? Él también tenía familia, después de todo. Si bien él sabía que el permiso de ella coincidía con esa fecha, no había hecho comentarios, y Brittany no estaba haciendo más que asumir. Aún faltaba tiempo, pero quizás sería mejor preguntarle directamente. Lo cual no quería decir que recibiera una respuesta directa. Entró al ascensor con una mueca que, lejanamente, parecía una sonrisa, y ascendió al nivel 4. Inmediatamente pudo escuchar el murmullo de voces provenientes de la Sala de Conferencias, donde alguien estaría dando una clase bastante participativa. Giró a la derecha y golpeó una puerta con los nudillos, escuchó el lacónico -Pase,- y la abrió. -Mayor, Capitán,- las saludó. Rhiannon Marks alzó los ojos de los papeles que cubrían su escritorio para mirar el reloj que se encontraba sobre el marco de la puerta que acababa de abrir Williams. Tres segundos después se habían cumplido los diez minutos que le había anticipado Petterson. Alzó una ceja en dirección a la Capitán antes de volver a centrar su atención en Williams, la "niña puntual". -Teniente, ¿qué clase de diabetes es la tipo *dos*?- preguntó sin mayores preámbulos, dibujando un imaginario dos en números romanos en el aire con su índice derecho. Si no conociera lo suficiente a Marks, hubiera pensado que Hughes le había enviado un test de primer año por correo. De todos modos, Brittany decidió contestar antes de preguntar "por qué" como una criatura de cuatro años. -Es la clase de diabetes que generalmente se da en personas mayores,- desvió la mirada hacia la Capitán Petterson por un instante antes de volver hacia la oficial comandante de la Unidad de Instrucción. -El desorden no suele ser de origen genético sino el resultado de una vida de malos hábitos alimenticios... El control suele ser más simple que el Tipo I, también, si funciona la dieta sólo hace falta eso, en algunos casos dieta y medicamentos administrados por vía oral. Sólo la minoría necesita inyectarse insulina. -¿Qué clase de complicaciones podemos esperar de alguien que sufra de esta clase de... enfermedad? - Preguntó Petterson, no le parecía bien que enviaran a alguien enfermo, y además no le gustaba lo que estaba oyendo sobre esa enfermedad, el hombre sólo tenía 34 años. Era algo anómalo en una persona de su edad. -Las mismas que en un diabético de Tipo I.- Aunque Brittany estaba mirando a Petterson, pudo observar de reojo el gesto de Marks, que estaba claramente a punto de pedirle que se los deletreara si era necesario. Asintió antes de empezar con la corta enumeración. -Con el tiempo y aunque se trate de alguien que siga todas las recomendaciones médicas y el tratamiento al pie de la letra pueden aparecer problemas cardíacos, fallas en los riñones, ceguera- puso cara de circunstancias, -insolencia... Petterson se giró, mirando a la mayor, en su cabeza sólo giraba una idea, "no apto". - ¿Mayor? Le comunico que estoy en contra de la aceptación de este nuevo "sujeto" en el comando, dada la información que nos esta facilitando la teniente Williams. - Petterson como siempre decía las cosas claras y concisas, era su manera de actuar, aunque tambien sabía que la última palabra en este asunto lo tenía la Mayor Marks. Rhiannon embarulló su corto cabello (una tarea casi imposible) con los dedos mientras lo pensaba. Estaba algo fastidiada; Harlan había *pateado* aquella decisión durante los meses en los que estuviera a cargo de la UIC y, aunque no le había parecido una mujer que disfrutara de postergar sus obligaciones, ese *regalito* se lo había dejado a ella. Agradeció a sus estrellas por Petterson, que simplificaba los problemas con su brutal honestidad. No precisamente diplomática, pero expediente. - Capitán... - comenzó, - este hombre lleva esperando desde enero para saber si recibirá instrucción o si no verá más allá de los laboratorios del SGC-2. - Hizo una pausa, disfrutando no ser la única *mala*. - Finalmente recibirá su respuesta; que no debería sorprender a nadie de todas formas. Ni siquiera entiendo por qué nos enviaron el expediente. Se dirigió hacia Brittany. - Gracias, Teniente, puede retirarse. La joven Teniente balbuceó algo a modo de despedida, y se retiró por los pasillos camino hacia el ascensor. En medio de aquella conversación se había dado cuenta de un detalle: Foster no le había dado nada a firmar, y necesitaba la copia azul para el inventario de la enfermería. Hughes revisaría cielo y tierra para encontrarla en falta, y hasta ese momento había tenido todo en cuenta, excepto ese pequeño detalle burocrático. Se dirigió, entonces, hacia la sala de recreo, con el corazón estrujado. Lo de Hughes no era nada. Ella sola, sin ayuda, acababa de cerrarle la puerta en la cara a un honorable desconocido. Y no era cualquier puerta...
"En los suburbios"Brenda Sue Henderson (PNJ, Blanca)
Nada como ser joven, bonita, y tener las piernas más fabulosas de toda Agana. De todo Guam. Posiblemente de todas las Marianas, también. Por eso le gustaba mostrarlas, emergiendo de los shorts que su madre odiaba y su padre le había prohibido usar. Bren sopló como sólo ella sabía hacerlo, observando el globo de color rosado emerger de su boca. Giró despreocupada, deslizándose sobre los patines mientras el chicle explotaba con su sonido característico, y agitó la mano, saludando a la señora Freeman, que estaba descargando aproximadamente un millón de bolsas de su coche. Finalizó el giro de 360 grados y siguió adelante hasta la siguiente bajada, tomando velocidad para terminar sobre el pavimento con suficiente envión como para poder dar tres giros imprecisos aunque llenos de gracia, y seguir adelante hacia la esquina con Wysteria Lane. Allí se puso los lentes de sol: Wysteria tenía los árboles retirados de la calle, y aunque el sol estaba alto, el brillo la molestaba. Además, se había pintado los labios con el "Rojo pasión" de su madre y se veía mucho más interesante con los lentes. Cruzó en diagonal, para recibir un par de bocinazos de un vehículo negro con vidrios polarizados que acababa de doblar, tras ella. Brenda les ofreció su dedo mayor mientras inflaba otro globo de goma de mascar color ciruela. El bocinazo que escuchó mientras el maniático giraba a la derecha en la Placita del Pasillo la hizo sonreír con superioridad: la había visto. Negoció la subida con algo de esfuerzo, notando cómo su piel brillaba bajo la luz del sol. Tomó a la derecha hacia la Placita, igual que el coche negro, la sonrisa ahora permanente en su rostro. El plan estaba resultando perfecto; a esa hora Thomas y compañía estaban jugando al básquet en el cul-de-sac al final de la calle. Los saludaría, como todas las tardes, daría un par de vueltas a la placita para saludarlos de nuevo y volver por donde había venido. Con suerte, Thomas le cortaría el paso para invitarla a alguna fiesta el fin de semana, y ella podría contestarle "si me llamas esta noche, te confirmo," antes de dar una vuelta completa a su alrededor como despedida. La calle se mantenía a nivel, por lo que podía continuar sin casi esfuerzo hacia el final de la calle, donde los chicos de último año del secundario estaban jugando. También podía ver el coche negro, estacionándose frente a una de las casas ubicadas alrededor del cul-de-sac, detrás de dos patrullas de policía. Continuó a su ritmo, cubriendo metro tras metro de pavimento, observando. Thomas llevaba una remera blanca, y había dejado de jugar, la pelota bajo su brazo. Eric Taylor estaba a su lado, gesticulando con fuerza, conversando con un oficial de azul. Todos estaban observando el coche negro, del que se bajaron cuatro hombres de traje. Con el calor que hacía, llevaban traje. Los planes de Brenda cambiaron inmediatamente. Se detuvo a un costado de la calle, fuera de la vista de Thomas y donde no llamaba la atención de nadie más. Uno de los hombres se acercó a ellos, y Eric gesticuló como nunca. Sacó su teléfono celular para hacer la mímica: él había llamado por teléfono y, si los tres fuertes golpes que diera con su índice al aparato servían para algo, se trataba del 911. Dejó de mirarlos para prestar atención a la casa. Todos sabían quién vivía allí. Lo habían visto ir y venir, fuera en su camioneta o en el sedán azul de su esposa; una dulzura de mujer según Bren, que siempre tenía algo para convidar a la multitud de adolescentes que se reunían todos los días frente a su casa. Tres de los hombres de traje estaban parados bajo la galería de la entrada, mientras los policías entraban y salían, tomando apuntes en sus pequeñas libretas o se comunicaban por radio a la central. Fue cuando tanto el oficial como el hombre de traje se alejaron de los chicos que Bren escupió el chicle, se arregló el cabello, y se deslizó sobre sus ruedas hasta la placita. Apenas si demostró algún cambio al modificarse su superficie de apoyo, y frenó con gracia (aunque sin estilo) al lado de su objetivo. Ignoró a Eric, que estaba preparado para contarle todo, y se quitó los lentes. "Hola, Tom, ¿qué pasó?" le preguntó con su mejor sonrisa.
"Calma y tormenta"  Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan) Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
-Estamos perdiendo el tiempo.- Catherine sopló de pura frustración mientras se ponía de pie. Si bien la iluminación había mejorado durante la hora y cuarto que habían pasado revisando el recinto, cada vez se convencía más que no encontrarían ningún panel oculto que pusiera aquellos anillos en funcionamiento. Antes de darse por vencida había llegado a pensar que, de haber un panel de control, podría encontrarse en las paredes que la sala compartía con la sala mayor del templo, donde se encontraban en ese momento. ¿Por qué no tenían un cristal? No, claro, lo más útil se quedaba en el Comando de Cheyenne, indudablemente. Apoyó una mano sobre la pared de piedra, acostumbrada ya a su frialdad, y dejó descansar el peso de su cuerpo sobre ella mientras se ponía en puntas de pie, sintiendo cómo las botas luchaban contra ella para realizar esa pequeña acción. Finalmente, volvió a su posición original y giró a mirar a Jonathan. -¿Ningún comentario original para mi deleite, Doctor Holmes?- lo tanteó con el poco buen humor que le quedaba. - No sólo estaba mirándote, pero como creo que no saldremos hasta dentro de un buen rato, aprovecharé para también para disfrutar de las vistas- Salió de la habitación y sintió el calor de la mañana - Si no fuera por la situación,...este sitio sería precioso. Y deberías de despreocuparte por un rato, ya sabrán que hemos desaparecido, así que enseguida darán con nosotros. ¿Me acompañas? - La Capitán abrió la boca para recitar la retahíla de motivos por los cuales tomar un descanso para "disfrutar de las vistas" era un acto de absoluta irresponsabilidad, pero se detuvo a tiempo. Miró las paredes una vez más, como si necesitara recordarse que difícilmente encontraría nada, y mucho menos en el estado de frustración en el que se encontraba. Se frotó los ojos con las manos, con un suspiro, antes de capitular. Su orgullo debería sufrir la ignominia de un "rescate". -Supongo que podemos confiar en que nos saquen de aquí... y si no, sobreviviremos. Sólo tengo que tentarte a comer la fruta prohibida del jardín del Edén- agregó con un dejo de ironía. Caminó hacia Jonathan y se paró a su lado. Sintió el brazo que se colocaba naturalmente alrededor de su cintura, antes de acercarla a él. Catherine retribuyó el gesto y apoyó la cabeza contra su hombro, dejando que su mirada vagara por el poblado que se extendía frente a ellos, enmarcado por la vegetación y las imponentes montañas que se erguían en la distancia. ¿Cómo habría sido el fin de aquella cultura? ¿Tendrían la oportunidad de prepararse para el final, o los había tomado desprevenidos? ¿Habrían encontrado la forma de huír, o aquellos malditos anillos se habían negado a llevarlos hasta el Stargate, así como les sucedía ahora a ellos? Si todo salía bien... Si todo salía bien, enfatizó mentalmente la condicionalidad, deberían organizarse para investigar aquel pueblo. Posiblemente, podrían pasar semanas allí. En su caso, simplemente entrando en cada casa, estudiando su arquitectura y tecnología de construcción, el amoblamiento y los cacharros que habían sobrevivido... inclusive su disposición en el conjunto, intentando encontrar pistas que la llevaran a imaginarse aquel lugar cuando había personas que vivían allí, llevando alegremente el peso de sus obligaciones y quehaceres mientras formaban familias, celebraban sus fiestas, enterraban (o lo que fuere) a sus difuntos... ¿Y si su diosa los había dejado morir allí? La falta de un panel de control significaba que sólo sus Jaffá tendrían los cristales necesarios para su funcionamiento y eran, por ende, los poseedores de la decisión (y la posibilidad) de escapar a través del Stargate. Quizá habían escapado. Pero no podía descartar la otra posibilidad: si quienquiera que fuese consideraba que sus "protegidos" no valían la pena, los habría abandonado a su suerte. Para bien o para mal. Seguramente para mal. Sintió un escalofrío recorriendo su columna, y la respuesta de Jonathan, que había girado su cabeza hacia ella. Apenas movió la suya, para mirarlo. -Estaba pensando en ellos,- un gesto de su mano abarcó el paisaje, -y cómo... por qué dejaron este lugar.- - Conociendo los métodos de sus * caseros *, no creo que los habitantes lo abandonaran por motivos propios, tendríamos que realizar una investigación más detallada, pero no parece que quedara nadie, ...puede que su * dios * entrara en combate con otro * Señor del Sistema *, y antes que dejar que sus servidores cambiaran de religión, se los llevó, o que la amiga Britney acabara con todos por que ese día se levantó con resaca, o no le gustaba el color de sus uñas. Por lo que sabemos de ellos pueden ser sicópatas, así que no es de extrañar cualquier motivo estúpido.- Empezó a sonreír, - Pero sabes que ese no es nuestro cometido, ya es función de nuestros amados científicos, nosotros estamos aquí para arreglar los problemas con * soluciones simples *. ¿Sabes? Estás para una foto del tipo * alístate, conocerás mundos *. Por lo que conozco de ti, toda tu vida has esto preparándote para esto,...hasta tu cuento favorito es Jack y las habichuelas mágicas, y no me digas que no ves la comparación entre esto y viajar a otro mundo colgado de una rama - Su sonrisa había ido creciendo mientras hablaba, y Catherine se encontró respondiéndole con el mismo gesto, aún sin levantar la cabeza de su hombro. -Nunca se me ocurrió que lo ibas a recordar,- le dijo en voz baja. -Quizá tengas razón, pero nunca supe que esto sería posible. No por cientos, miles de años. Sin embargo...- apartó los ojos de Jonathan para mirar la ciudad, nuevamente. -Me pregunto si llegaremos a ver el final feliz.- Holmes empezó a reirse, - Eso depende del día que tengan los escritores de cuentos, pero...- Giró su gorra, levantó su cabeza y poniendo ese cerrado acento escocés exclamó - Pase lo que pase, hermosa dama, bellos cantares de gesta se escribirán con nuestros nombres, las mujeres derramarán sus lagrimas y los hombres levantarán sus jarras por nosotros...- y tocándose la barbilla y recuperando su voz continuó - O era al revés, los hombres lloraban y las mujeres bebían, es que el cuento me lo han cambiado un poco últimamente ...-. Se giró hacia ella todavía con la sonrisa -¿ Un último intento por encontrar el camino de baldosas amarillas, antes de fundar nuestra propia civilización? - Catherine dio la vuelta para volver a entrar, antes de girar como para verlo de lado. -¿Estás sugiriendo que trabajemos? En lugar de...- se rió, con ganas, mientras meneaba la cabeza, incrédula, y continuar caminando hacia la sala de los anillos. En el peor de los casos, al menos estarían allí cuando los encontraran. Esperaba que no hubieran huído, creyendo que había una nave en órbita. Esperaba que no se hubiera enterado aún la Coronel Riker, aunque según su reloj hacía rato que debía estar al tanto de las novedades. "No va a volver a dejarme jugar con el Stargate," pensó con un mohín mientras se detenía bajo el dintel de madera que separaba las dos salas del templo. - Bueno, no quiero que digan que he roto nada más...- En ese momento se quedó parado, presintiendo algo. -Espero que no tengamos que pasar la noche... se me ocurre que debe hacer casi tanto frío como en el...- la palabra "desierto" no logró salir de los labios de la Capitán. Alzó el fusil, apuntando hacia la entrada del templo, pero insegura. -Parece...- se interrumpió. Lo notó en su nuca antes de que su cerebro lo procesara, ese sentimiento de * algo va a pasar *; una sensación que se demostró cierta al empezar a temblar el suelo. Su primera reacción fue mirar hacia el dintel de la puerta bajo el que se encontraba Catherine, los años habían desgastado una piedra y el pequeño sismo estaba terminando el trabajo. Se lanzó hacia ella. Ella no se había dado cuenta de qué se trataba hasta que el suelo comenzó a moverse bajo sus pies. Lo primero que sintió fue mareo, mientras bajaba el fusil. No vio a Jonathan acercarse pero sintió el fuerte empujón que le diera con su cuerpo, así como también el sonido que quedaría grabado a fuego en su memoria, mientras un apoyo del dintel cedía, la madera seca se quebraba por el peso que soportaba, ahora desbalanceado, y caía. No se dio cuenta que tiró de Jonathan, acercándolo hacia sí, pero tras el estrépito provocado por las piedras que rápidamente sellaron su única salida al exterior, se encontró en el piso, dolorida, a oscuras, tosiendo a causa del polvo en suspensión y bajo el peso de un hombre que no se movía. Que estaba manchando su ropa de sangre, aunque tan sólo podía sentir la humedad, no encontrar la fuente. -¿Jon?- lo llamó, alarmada, mientras intentaba zafarse, sosteniéndole la cabeza con extremo cuidado. Apenas si podía darse cuenta que la tierra estaba nuevamente en reposo. -¡¿Jonathan?!- Buscó el pulso de la base de su garganta con cuidado, pero le costó encontrar la más leve respuesta. Podría haber encendido la linterna que aún estaba adosada al fusil, pero no quería moverlo más de lo que ya había hecho. Además, de poco le serviría la luz con los ojos llenos de lágrimas. (If I was half-alive, and you were dead...)
"Planta 8: lencería fina y palos de golf"  Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan) Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
La vuelta hacia el templo se había convertido en una sucesión de bromas, de atrapar un instante que se terminaría desde que regresaran, los dos sabían que tendrían que estar lo antes posible con el resto del equipo, tenían sus obligaciones, y además a eso se añadía este descubrimiento. - Se que nunca lo reconocerás Cat,...pero si estamos aquí es por culpa tuya- Antes de que la capitana le respondiera, siguió sonriendo y continuó - Pero para que veas que no te guardo rencor,...voy a contarte una historia, pero no me preguntes como la se,...tendría que *eliminarte*- Subian las escalinatas hacia la entrada del templo, hacia los anillos que les llevarían otra vez junto con sus compañeros. - Tras la conquista española, un par de monjes se dedicaron a recoger las leyendas y las costumbres de las zonas donde llegaban los conquistadores,...la idea era ...bueno, como siempre usarla en su beneficio, en un par de esos diarios, se cuenta la historia de un pueblo que desapareció...* en el cielo* en un gran * templo *, los nativos indicaron a nuestros monjes que ese suceso se producía con regularidad,... todavía. Así que no dejaron pasar esa oportunidad, los llevaron a la zona donde los dioses se llevaban a sus servidores, y esos dos monjes presenciaron lo que describieron como * el momento en que su fe se puso a prueba*- Catherine se detuvo en la plataforma anterior al ingreso. Había sentido y dominado la tentación de hacerlo e interrumpirlo un par de escalones antes, pero llegado ese punto no podía dejar de hacerlo. -¿Me estás diciendo que la gente iba a ese lugar a esperar a que una nave Goa'uld se los llevara por su propia voluntad... y que los monjes los dejaron ir...?- Se detuvo, mirando a su alrededor. Aquella gente, ¿se habría ido por voluntad propia? ¿O quizá el tiempo y los agentes climáticos habrían borrado los vestigios de una escena apocalíptica? -Jon, ¿te das cuenta que estamos hablando de actividad Goa'uld en la Tierra en el siglo XVI?- -Cat, en esos diarios no sólo se describe los *altos servidores * de los dioses, sino que los reflejaron con dibujos, a ellos, y a su...*casa voladora*,...y aquí viene lo importante, varios de los nativos fueron rechazados, alejados del grupo que se estaban llevando, es más, cuando algunos intentaron volver a ser aceptados, fueron asesinados por los * demonios con extraños mosquetes que disparaban la luz del sol *. Tendré que dejar que Paul los examine, no sabemos el motivo por el que no los aceptaron,... se supone que ese * bicho * puede curar cualquier enfermedad, así que descataremos ese punto, pero el descubrir que pasó...eso si sería...una ventaja incuestionable - La Capitán encendió la linterna de su subfusil al ingresar al templo. Se lo veía exactamente igual que cuando lo habían dejado, y no tenía reales motivos para sospechar que nadie excepto ellos estuviera caminando en esa área del planeta. Sin embargo, se mantuvo alerta mientras caminaban junto a una de las paredes hacia la sala del fondo. -Mira, si no fuera por todo lo que sé... estaría tentada a no creerte- dijo con una sonrisa. -Me parece una historia extraña... ¿por qué no querrían aumentar sus seguidores? Les tienen que haber dicho algo, antes de disparar, esta gente- señaló las pinturas de las paredes con el haz de luz -suele hablar bastante.- -Parece que la respuesta también estaba anotada en los diarios, pero faltan algunas partes, incluso creen que uno de ellos los mismos no llegó hasta nosotros- Llegaron junto a los anillos - Bueno * profesora* pulsa la planta 8, lencería femenina, palos de golf, y...el resto del equipo de esta misión- Catherine rió, recordando una de sus pocas visitas a Nueva York. -¡Eso es Sacks!- Iluminó nuevamente las paredes de la sala y comenzó a pensar por dónde empezar. -E imagino que no ibas por los palos de golf, precisamente...- Intentó recordar la corta cadena de acontecimientos que había terminado con ellos en ese lugar, y se decidió por la pared de la izquierda, aunque no se veía muy prometedora. - Bueno, tendrías que ver que bien conduzco uno de esos carritos eléctricos, ¿ te ayudo con algo?, ¿ o simplemente tropiezo contigo?- Los dedos de Ford terminaron de explorar cada junta entre las piedras, decidiendo que se trataba en verdad de piedra, y que no ocultaba nada. -No creo que sea tan fácil...- entrecerró los ojos. -Jon, los anillos no se activan solos. Es tan simple como eso. Por eso no me preocupaban...- Separó la linterna del fusil y se la dio para que iluminara la superficie para ella, mientras continuaba estudiándola. -Tenemos que haber hecho algo más.- Holmes miró la sala - Vale, reproduzcamos la secuencia, tu apuntabas con la linterna hacia,...el oeste, a unos dibujos parecidos a aquellos-, se situó tras ella, - entonces entraste en el circulo, ...y yo detrás y abracada....- Catherine bajó la vista y sonrió, mientras por algún motivo sentir su proximidad la ruborizaba. Sin embargo cerró los ojos, esperando que se produjera el milagro que los transportara de regreso a la pirámide. Contó uno, dos... y los abrió, para encontrarse exactamente en el mismo lugar. -¿Jon...?- - Bueno, no nos ha transportado pero sirve para tenerte cerca-. La giró hacia él y la besó apasionadamente, quizá de la única forma que sabía besarla hasta el momento. Cuando sus labios se separaron, la vió sonriendo, y antes de que ella hablara...-Ya lo se, tenemos que buscar el como salir de aquí,...te tengo que enseñar a divertirte- Ella prefirió no responder a ese comentario; si Murphy había escrito sus leyes, era por algo. Si siquiera intentaba besarlo, los anillos los llevarían de regreso y se encontrarían rodeados de gente. Lo sabía. Y pretendía guardarlo como as en la manga para más tarde, si no encontraban la forma de regresar. -Tiene que haber un panel para controlar el funcionamiento de los anillos. Mejor seguimos buscando... tus clases pueden esperar hasta que regresemos, ¿verdad?-
"Buscando un botón"  Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta) Marine Albert 'AlArm' Fonseca (PNJ, David M.) Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
La ascensión a la pirámide fue en esta ocasión más rápida que el día anterior. O eso al menos le pareció a Dara. Seguía la estela de un enorme marine de pelo castaño oscuro que la precedía y no podía dejar de pensar en la desaparición de Catherine y Holmes. ¿Podrían haber sido los anillos? Había leído sobre ellos, había visto alguna grabación, pero no los había visto en funcionamiento nunca. Sentía un nudo en el estómago, mezcla de excitación y miedo. Aunque iba muy concentrado en el camino y los alrededores, Albert de vez en cuando se acordaba que no iba solo y frenaba para ver como iba el resto del grupo. El seco ambiente desértico era su preferido de todos en los que había trabajado, y su morena y curtida piel agradecía el salir del presidio que representaba la base. Apartó un poco el ligeramente largo flequillo que con el calor caía sobre su frente. Dara se paró un instante, para tomar aire y calcular cuánto faltaba para llegar a la cumbre. Echó un vistazo a todos sus compañeros. Ninguno había abierto la boca durante el tramo que habían subido. No podría decir si por no perder el aliento o porque nadie sabría muy bien qué decir. Colocándose bien la visera, llenó de aire sus pulmones para continuar con la ascensión. Cuando llegaron a la sala, Dara sintió una cierta decepción. Salvo una mochila tirada junto a una de las paredes, nada había cambiado desde el día anterior. No sabía lo que esperaba, muestras de violencia, restos de algún extraño olor a quemado, marcas en el suelo... algo...lo que fuera. Pero todo estaba exactamente igual. - Vamos - dijo Ana señalando hacia la pared donde se encontraba la mochila. Dara asintió, sin dejar de mirar a su alrededor como esperando que algo extraordinario sucediera. En cualquier caso aquél era un punto tan bueno como cualquier otro para empezar. Fonseca entró en la sala echó un vistazo en busca de cualquier posible amenaza y se apartó al lado de la puerta, echando de vez en cuando un vistazo al exterior donde uno de sus compañeros montaba guardia; no quería molestar y su trabajo era simplemente estar en guardia. Ana y Dara se dirigieron hacia la pared teniendo mucho cuidado de no pisar los anillos, observaron la gran imagen de la pared. Una hermosa imagen de la mujer con cabeza de condor, ataviada con una túnica decorada con muchos motivos. Alrededor de su retrato la pared se completaba con un paisaje, algunos arboles, una hermosa plaza, una especie de poblado. Al fondo, conmpletando el paisaje, una cadena montañosa. Ana miró a la mochila. - ¿Deberíamos mover la mochila? - a Ana le parecía lo más obvio, para mirar que había debajo. - No sé si es una buena idea, pero... en esta vida hay que asumir riesgos... ¿no? - Dara mantenía el ceño fruncido.- Pero que no se diga que una mochila puede con nosotras... Ana y Dara, bajo la atenta mirada de Albert, la movieron con sumo cuidado. Debajo no parecía haber nada de interes, el suelo de de debajo era exactamente igual al del resto de la estancia. Tambien habían dejado al descubierto un trozo de zocalo de la pared, que adornaba toda la base de la imagen, desde una lado a otro de la pared el zocalo iba cambiando de color, el autor había usado varios colores para su decoración, la imagen quedaba encima de este. - Aclaremos la situación - comentó Ana - supongamos que dejaron aquí esta mochila, y se pusieron a estudiar la estancia. ¿despues salieron y se dejaron la mochila? Entonces hubieran avisado por radio...¿Pudieron activarse los anillos de alguna forma y ser trasportados? - Ana dudaba de que Ford o Holmes hubieran cometido la imprudencia de colocarse dentro del circulo. - ¿Realmente crees que se hubieran metido en el círculo? Me parece extraño, aunque conociendo a ese Holmes, quién sabe...- Dara se levantó para, dejando la pared a su espalda, abarcar toda la sala con la vista.- Los anillos están lejos. Si han sido los anillos los que los han sacado de aquí, entonces los activaron desde dentro... Será mejor, por si acaso, mantenernos alejados de los anillos. - Lo mejor será de todas formas empezar por esta pared. - dijo Ana señalando la pared donde se encontraba la mochila. Cada una empezó por un lado, moviendose desde donde se encontraba la mochila hacia arriba. Observaban despacio y muy atentas cualquier indicio que pudiese mostrar la pared. Dara examinaba con detalle la pintura de llamativos colores. La parte del fresco que le tocaba a ella mostraba a la diosa-cóndor (Brittney, la había llamado Paul) ligeramente inclinada hacia delante mientras en sus manos sostenía un cuenco. Su vestido estaba profusamente decorado con dibujos de formas geométricas, entrelazadas entre sí. El paisaje del fondo, algo por encima de su cabeza, mostraba un paisaje montañoso. El examen visual no mostraba nada extraordinario. Dara se acercó dos pasos al mural. La mayoría de las veces, estar demasiado cerca de la obra hacía que se perdiera la perspectiva, pero quizás era eso precisamente lo que necestitaban... perder la perspectiva. Con cierta reverencia, alzó la mano hasta tocar la pared y seguir con sus dedos el intrincado dibujo de la falda de la diosa; era simétrico, confluyendo los dos extremos de la cenefa en un punto común, un círculo. Dara comenzó a pensar que quizás la simetría podría tener algún significado especial, mientras sus dedos continuaban rozando la cenefa. Y entonces lo notó. - ¡Ana! Creo que he encontrado algo... fíjate aquí. En el dibujo del vestido... este círculo... no es... igual que el resto. El tacto es distintio, no es la misma roca... es como...¿un botón? Ana miró el sitio donde señalaba Dara, a primera vista parecía formar parte del resto de la imagen, no destacaba más que el resto.... salvo que Dara había dado en el blanco, este circulo no estaba dibujado, estaba de alguna forma incrustado a la pared. - ¿Será el "botón" de activación de los anillos? - Ana creía que era muy probable. - Lo mejor será avisar al sargento. - De acuerdo. - Fonseca pulsó su comunicador. - Sargento aquí Fonseca, hemos encontrado algo que podría ser el disparador de los anillos. Quedamos a la espera de instrucciones. Cambio. El sargento aceleró aún más el paso y entre resoplidos contestó: - Aquí DeLorence,... - tuvo que parar para respirar mientras corría a tal velocidad que Daniels apenas podía mantener el ritmo. - Vamos de camino, esperen por nosotros.
"Memorias de lo verde"  Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda) Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo) Marine Alexandra 'Baby' Fitgerald (PNJ, Delfar)
De camino a la pirámide Madeleine le entregó a Paul su guerrera. - Paul... gracias por dejármela. Has sido muy amable. Espero que no hayas pasado mucho frío. Madeleine se la alargó a Paul, y al dársela le acarició con un dedo la mano sonriéndole, lejos de las miradas indiscretas de la marine Fitgerald, dándole a entender que estaba muy agradecida, no solo por la prenda, sino por la conversación nocturna. - No, en absoluto. - fanfarroneó Paul - Y no te preocupes, cuando necesites abrigo, ya sabes dónde está el guardarropía - le dijo sonriendo abiertamente. El ascenso fue más rápido de lo acostumbrado debido a la situación y la entrada en la pirámide fue rauda sin demasiadas contemplaciones. Había que ir a "tiro fijo" y no perder un sólo segundo en los desplazamientos, Catherine y Holmes seguían perdidos y aunque a Paul le pareciera que no debían ser valorados por el mismo rasero, para bien o para mal, los deberían hacer volver. Ya estaban inmersos en la oscuridad de la sala de castigo tan solo rota por las luces de las linternas. Habían llegado y todo estaba en silencio. Dentro de la pirámide Paul había descendido en primer lugar pues conocía mejor ese terreno. La marine que les acompañaba, Fitgerald, les había rogado que no se separasen una vez dentro del complejo y que permaneciesen siempre a la vista para evitar aumentar el mal que se cernía sobre la expedición. La joven se mostraba bastante seca y marcial, sin duda porque la situación lo requería. La desaparición de dos científicos recaería sin duda sobre sus guardias. Paul respetó al cien por cien la solicitud de la marine, la cosa no era para menos. Con DeLorence allí parecía muy próxima la idea de un pelotón de fusilamiento allí en medio del desierto por tirar el papel de un chicle al suelo. El chorro de luz se orientó al fondo de la sala con la imagen del demonio imperante. Seguía imponiéndole respeto, como la primera vez que la vio el día anterior. Paul se situó junto a Madeleine que apuntaba con su linterna en la misma dirección de él. - ¿Qué opinas?. Fascinante, ¿verdad?. Este es nuestro amigo "J.R.", el malo de la serie. - Madeleine lo contempló realmente extasiada. No era lo mismo ver fotos de supuestos Goa'ulds en relieve que verlo al natural. "J.R." como Paul le llamaba presentaba un aspecto bastante fiero. Madeleine comentó: - Dios mío Paul, ¿crees que todavía existirá ese ser?. Con la longevidad que dan esos parásitos me aterra pensar que Catherine y Holmes se hayan encontrado con él.- Madeleine parecía bastante preocupada por ello. - No lo sé. Pero te aseguro que las escenas que vas a ver aquí representan un pasado real y que estoy convencido de que fue él quien terminó con los habitantes de este planeta. - Paul movió rodeando a Madeleine por su espalda y poniendo una mano sobre su hombro, cuyo tacto le pareció muy suave, para levemente orientarla hacia la izquierda. De nuevo el foco de luz de la linterna apuntaba una de las escenas. - Mira - comenzó Paul - Sé que no tenemos mucho tiempo así que iré al grano. - Su mano seguía sobre el hombro de Madeleine y con ella la invitó a acercarse a la escena de la pared siempre apuntando con la linterna. - Lo que necesito que veas es esto... Aparentemente este podría ser un detalle sin importancia, pero da la casualidad de que estando en medio de un desierto, parece fuera de lugar y además explica que estos eventos fueron reales y ocurrieron. Necesito que me digas, si es posible, qué clase de flora te parece ésta. Si pudieses darme una orientación geográfica. No sé, a qué tipo de clima crees tú que puede corresponderse este tipo de vegetación si es que puedes asociarlo de algún modo. - Paul la miró por un momento y sonrió pícaramente. - Ahora mismo estoy en tus manos - Madeleine se puso seria y observó con detenimiento. - Parece... ¡No! Estoy segura... es una selva tropical... esto de aquí parece... ¡Dios mío! Son árboles selváticos... y esto de aquí parece una Palma... Sí, son palmas gigantes, suelen tener una de hasta 88 pies de diámetro y el tronco hasta de unos 40 pies de alto, se podrían construir casas sobre ellas, de hecho en algunos lugares de la selva amazónica se utilizan para construir sobre ella chozas. Esos malditos Goa'ulds han asolado el planeta entero. Aquí había una flora increíble y... sólo queda polvo... - Paul estaba asombrado. La miraba intrigado al ver como sus ojos parecían penetrar la piedra en busca de una respuesta. Le tenía subyugado la capacidad y el desparpajo con los que aquella personita se enfrentaba al reto que suponía desentrañar los misterios de las paredes. "Genial...esta chica es genial" pensaba Paul mordiéndose el labio inferior y escuchando con atención sus indicaciones. Le estaban revelando datos que él creía importantes y lo que es mejor le ponían tras la pista de algo que rondaba en su cabeza. Madeleine se puso realmente seria. Bajo la mano que había elevado para señalar la flora y comentó casi para sí misma: - Si hicieron esto con el planeta... las personas que habitaron aquí... ¿qué habrá sido de ella? - Maddie miró a Paul: - ¿Crees qué les dio tiempo a huir por el Stargate? Paul miraba a los ojos de Madeleine aún recreándose por la profesionalidad de la pequeña Bióloga. - En realidad todavía no lo sé, pero me atrevería a decirte que no debió haber supervivientes. No te puedo decir mucho al respecto, aún estoy trabajando con diferentes hipótesis, aunque la mejor colocada en este momento es la de la destrucción o total o traslado forzoso para ser esclavizados. - Madeleine se mordió el labio bastante preocupada. Paul se quedó en silencio por un momento, y luego, tras la breve pausa, prosiguió. - Entonces. ¿Estás segura de que puede tratarse de algún tipo de flora amazónica?. - - Completamente segura Paul, algunas especies se ven bastante borrosas, pero claramente esto de aquí es la Palma que te acabo de describir, es la Foliis pinnatis o Cocos butyracea, lo sé por esos racimos de ahí que son sus frutos. Se da en muchas selvas, como ya te he comentado, de la Amazonia. Quizás no sea exacta, éstas de aquí parecen aún mayores que las de la Tierra, pero al igual que la hoja de la coca hay pequeñas modificaciones que serán debidas a la climatología. Además... se ve algo confuso lo que parecen ser plantas trepadoras... y esto podría ser alguna especie de liana... - Maddie se quedó mirando casi aleladamente, sin apenas darse cuenta de la presencia de Paul. Estaba totalmente absorta en lo que veía. Y mientras a la luz de la linterna realizaba un dibujo rápido de lo que estaba viendo. Paul se acarició ligeramente la frente. Aquello parecía tener alguna manera de encajar en toda la historia pero lo cierto es que aún quedaban muchos cabos los cabos sueltos aunque algunos de ellos comenzaban a estar sujetos, pero aún eran los menos. Echó un último vistazo. Si era posible tendría que regresar, aunque en la situación en la que se encontraban, la cosa se presentaba demasiado complicada. Su linterna iluminó de nuevo la pared del fondo. Paul casi la había tomado cariño a aquella figura. Y algo en su interior le decía que no tendría tiempo para volver a verlo. Los acontecimientos estaban tomando un camino feo de verdad. - Bien Madeleine creo que podemos irnos. Te agradezco sinceramente tu ayuda. Jamás pensé que llegaría a depender tanto de una bióloga... empiezas a asustarme. - le reprochó de manera juguetona mientras le invitaba a comenzar de nuevo el ascenso por las escaleras. Madeleine dejó de fijarse en la pintura para centrase en el comentario de Paul. Cerró su bloc de dibujo. Y sonriendo comenzó a ascender por las escaleras. Mientras iba subiendo por ellas no pudo por menos contestar al comentario: - ¿Realmente te asusta... - Madeleine se dió la vuelta al terminar la pregunta para continuar la frase. - ... depender de alguna manera de mi, Paul?. Madeleine lo dijo en el mismo tono burlón que Paul. Al darse la vuelta tan de repente la cabeza de Paul quedó casi a la altura de la de ella. - ¿ O simplemente... te asustaste por esto? -, y acto seguido le propinó un beso en la mejilla. Paul abrió los ojos sorprendido ante el beso de Madeleine. Se fijó un instante en que la marine Fitgerald iba ahora en cabeza y parecía estar de espaldas y no haber visto nada. - Realmente no me preocupa lo más mínimo depender de ti... - le dijo en voz baja acercando poco a poco la boca a su oído mientras llegaba a su altura en la escalera y su mano se acoplaba de manera amistosa a su cintura. - Lo que de verdad me preocupa... es que lleguen a gustarme demasiado esos besos en la mejilla. - Terminó de responder mirándola con el gesto sonriente y cómplice. - Pero antes de eso... centrémonos en encontrar a Catherine y Holmes.- En ese momento Madeleine al sentir el contacto de la mano de Paul en su cintura, se deshizo rápidamente de ella bastante angustiada. Miró fijamente a Paul, pero Madeleine le miraba con auténtico pánico. Ese momento de contacto había sido demasiado para Madeleine, sintió angustia, casi verdadero pavor ante esa situación. Estar en la escalera con escasa luz, la hizo recordar algo que pretendía olvidar. Creía que podía seguir con su forma de ser, pero algo le decía que tardaría en reponerse de lo que le había ocurrido. Subió un par de escalones pero lo hizo tan bruscamente que resbaló y quedó sentada sobre ellos. Paul intentó sujetarla para que no acabara de hacerse daño, pero ese gesto sólo sirvió para que Madeleine casi ahogara un grito de espanto en su garganta. Miró hacia Paul y un sudor frío comenzó a recorrerle la piel. Mirándole con cara de espanto comenzó a ponerse de pie, sin dejarse ayudar por este. Se dio la vuelta y subió corriendo lo que quedaba de escalera, hasta situarse al lado de la marine. Respiró hondo y entrecortadamente. Miró a la marine y dijo disimuladamente: - Es bas...tante claus...tro...fóbi...co este lugar... -. Y volvió la cabeza para ver a Paul. Avergonzada, bajó la mirada al suelo. No se atrevía a decir nada a Paul, al menos delante de aquella marine. Paul se quedó completamente estupefacto por la reacción de Madeleine. No sabía que hacer. Ella parecía querer rechazar todo tipo de ayuda y la culpa parecía suya. Se sintió mal. Se volvió a acercar a ella una vez más pero esta vez manteniendo las distancias. Sabía que ella había reaccionado mal ante su contacto inmediatamente anterior. Sabía que esto estaba relacionado con el relato de la noche precedente a los pies de la pirámide. - Lo lamento Madeleine. ¿Estás bien? - Madeleine miró a Paul con tristeza, y respondió en el mismo tono triste: - Si Paul, ya...ya estoy mejor, de verdad... gracias por preocuparte. Y ahora, ¿qué hacemos? -. Paul se dio cuenta de que determinadas familiaridades podrían herir la sensibilidad de Madeleine por lo vivido y se sintió mal por la falta de tacto. La miró con un mensaje evidente en los ojos de "lo siento"; pero no estaba seguro de si ella lo habría captado. Ya estaban en lo alto de la escalera. Fitgerald ya les observaba atentamente esperando proseguir el camino. Paul respondió con tono serio y casi próximo al arrepentimiento. - Vayamos a la sala de la diosa. Dara y Ana deben estar ahí. -. Paul dejó que Fitgerald encabezara la marcha y se colocó detrás de la marine y Madeleine, a unos pocos pasos de distancia. "Más cuidado Paul..."; se dijo a sí mismo. Madeleine volvió la cabeza hacia Paul y le dedicó una tímida sonrisa esperando que se diera cuenta de que no había sido culpa suya, sino de ella. Paul sintió alivio al percibir aquella sonrisa. Madeleine estaba bien. Pero debía ser más cuidadoso con ella, en ese momento y por lo que ambos habían hablado la noche anterior, estaba claro que debía guardar un cuidado especial con ella. Le devolvió la sonrisa con otra muy leve en señal de respuesta pero decidió permanecer por detrás de sus acompañantes. Así era mejor pensó. Un mensaje de radio fue el punto y final a aquella escena. Una voz con un ligero acento hispano resonó desde el pequeño altavoz: -Sargento. Aquí Fonseca. Hemos encontrado algo que podría ser el disparador de los anillos-. Paul y Madeleine se miraron por un momento justo antes de apretar el paso tras la marine Fitzgerald en busca de la sala de los anillos. Parecía que afortundamente todo se resolvería sin excesivas consecuencias. Paul sintió un tremendo alivio. Al cabo de unos instantes otra voz ronca y bastante desagradable que pertenecía al sargento Delorence sonó en respuesta: - Aquí DeLorence... - Una mínima pausa permitió que se oyera un fuerte resopplido a través del altavoz para acto seguido volver a escuchar al malencarado sargento - Vamos de camino, esperen por nosotros -.
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