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"Madrugada de Bronx"
Marine Ramón "Bronx" Brown (PNJ, Delfar)


Ya casi estaba amaneciendo, le quedaba poco de guardia y aún se mantenía sin problema en la semineblina del despertar en horas intempestivas. Ramón encendió otro cigarrillo, de esos suyos tan fuertes como baratos, era el último (prometía para sus adentros) de esta guardia. Al acabar le esperaban un par de horas de descanso antes de volver a las labores de niñera. Le tocaba esperar el relevo de "Baby" Fitgerald, esperaba que al menos fuera tan puntual como de costumbre...

Sumido en sus pensamientos y deseos de finalizar su labor tardó en darse cuenta que dos personas subían por la pirámide. Traían buen ritmo, se acababan de levantar seguro. Con la escasa luz que empezaba a dar el cielo a penas podía distinguir más que sus siluetas. Una era una hermosa figura femenina, demasiado cargada con mochila y demás para ser "Baby", el otro bien podía haber sido el "Sarge" por lo que oculto su mano izquierda con el pitillo mientras se ponía en la actitud propia del guardia. Estaba claro que no era el sargento por su forma de caminar. Cuando estuvieron más cerca no tardó en reconocerlos.

Saludó a la Capitán Ford tras tirar discretamente el cigarrillo y cambiar el arma de mano en un rápido y marcial movimiento mientras se ponía firme. El politicastro con el que ella iba era el que peor rollo le daba, aunque parecía ser el que tenía más experiencia militar. Al parecer según comentaban haber oído algunos de sus compañeros tenía fama de ser un cabronazo entre los doctores, aunque con esas fuentes de información nunca se sabe.

Cuando iba a empezar a contar los segundos que le quedaban de guardia para distraerse intentando evitar la casi ininteligible conversación de la pareja visitante, oyó un ruido no catalogado que lo sacó de su estupor. Como "chico bueneducado" como decía su abuela Priscila antes de entrar avisó: - ¿Capitán, se encuentran bien? ¿Capitán? ¿Capitán Ford? - Su tonó subió en volumen, preocupación e inseguridad. Solamente esperaba no meterse en ningún problema.

Brown entró en el interior de la cámara. Pese a los primeros rayos de luz que entraban por algunos huecos e iluminaban los dibujos había zonas en una molesta penumbra. Encendió la linterna de su P90 y se preparó para cualquier amenaza mientras entraba en la sala apoyando la espalda en la pared más cercan. Rastreó todo a su alrededor, nada excepto un pequeño bulto: la mochila de la capitán. Ramón apenas se dio cuenta de como el polvo en suspensión empezaba a depositarse de nuevo en el suelo. Las dos personas, que hacía escaso minutos había llegado, habían desaparecido sin dejar rastro, ni tener otra posible ruta de escape.

Ramón maldijo su suerte y a quién eligió los nombres en clave para los puestos que tanto le molestaban, seguro que habías sido el Sargento DeLorence con su retorcido humor: - Aquí el Cóndor Vigía a todos los puestos. Atención. La Capitán Ford y uno de los políticos acaban de desaparecer en el templo de la cúspide. Avisen al Sargento. Recomiendo el Estado de Máxima Alerta. Cambio.

El Cabo según recibió el mensaje envió un acuse de recibo y partió presuroso a despertar al Sargento DeLorence, no faltaba mucho para su turno pero sabía que las nuevas no iban a ayudar el agrio carácter que solía tener al despertarse.

(Red Alert!!, Red Alert!!)


 
"Un viaje a las leyendas", Parte I
Jonathan 'Furia' Holmes Catherine Ford
Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


Catherine salió de la tienda primera, despacio y sin hacer ruido, intentando no despertar a nadie. El amanecer apenas amenazaba, con el cielo de color azul marino y un levísimo tinte naranja oscuro hacia el este, aunque el resto continuara negro, ya sin notarse el brillo de ninguna estrella. Saludó al marine de guardia con un ademán, antes de ponerse las botas, derrochar un poco de agua lavándose la cara y cargar sus cosas para acercarse a la tienda del equipo, donde no sólo brillaba la luz de una lámpara, sino que podía adivinar a la distancia el olor del café. El aire estaba muy frío aún, pero pronto la temperatura se elevaría.

La débil luz de la tienda ayudaba poco, a revisar las notas tomadas ayer, actuaba escribiendo sobre el * pad* por costumbre, sabía que tendría que tomar un par de decisiones esa mañana, y quería unir todo los puntos del dibujo, los nuevos descubrimientos, y la situación de algunos elementos del equipo creaban * situaciones interesantes* "Esto va a complicar un poco las cosas, veremos como reacciona Cat". Holmes sonrió al pensar en ella, hasta que se dio cuenta de la *cara de idiota*, y cambió otra vez a la concentración sobre la agenda electrónica.

Ella lo vio de costado al entrar en la tienda, y se dirigió a la cafetera casi sin hacer ruido. Parecía concentrado, totalmente perdido en lo que fuera que estaba haciendo. Catherine dejó su equipo silenciosamente sobre el piso, pero se permitió hacer un poco de ruido al sacar la taza metálica de su mochila, para sonreírle su -Buen día,- apenas él se giró hacia ella. -¿Más café?- preguntó, apuntando a la taza vacía que estaba al lado de él, sobre la mesa, que seguramente había llenado (y vaciado) varias veces antes de su llegada.

Holmes colocó su sonrisa ladeada, y poniendo su acento escocés le respondió - Si señora, un poco más por favor, han encontrado glóbulos rojos dentro del café que recorre mi cuerpo-, se levantó y fue a su lado hasta la cafetera, -Se ha levantado hoy temprano capitana-, y bajando más la voz, pese a que no había nadie en la tienda añadió -y he de comentarte algo que llevo dentro desde hace tiempo... que bien te sienta el uniforme, y el traje de fiesta, y los vaqueros, y... creo que sabes qué te quiero decir-, subió un poco más el tono de su voz, -y siguiendo con el asunto del informe, hay un par de cosas que quería comentarte, tanto de los últimos descubrimientos, como de los miembros del equipo, así que cuando tengas un momento espero que me acompañes- y volviendo a bajarlo -pero si puede ser más de un momento , mejor-.

Catherine se encontró bajando la vista, para no encontrar sus ojos mientras sonreía ante los cumplidos, sus mejillas ganaban un poco de color y se ocupaba llenando las dos tazas con café. -Doctor Holmes, que no le hagan creer que no sabe matizar las malas noticias,- le dijo, mientras le alcanzaba su taza y permitía que la tomara junto con su mano, demorando el contacto varios segundos más de lo estrictamente necesario. Bendito fuera ese instante de intimidad. -De seguro que esta habilidad le resulta muy útil en las reuniones de Consejos del Senado...- prosiguió, jugando al *usted*, -aunque debo resultar mucho más fácil de complacer que ellos.-

Furia aumentó su sonrisa -Será mejor para nuestra relación que no le comente lo que hay que hacer para complacer a un senador,...es ese tipo de cosas que a veces me impulsan a iniciar una carrera política, pero aunque no se lo crea Capitana,...el complacerla por muy difícil que sea, es un placer-

Ella rió suavemente y llevó la taza a su boca para saborear el líquido fuerte y amargo que contenía. Amaba aquella bebida, aunque sabía que era el desayuno equivocado, y siempre lo había sido. Sin embargo, jamás había podido abandonarla, y podía más que entender por qué Jon la favorecía. El único lugar donde la tenía prohibida era aquella ciudad industrial donde había nacido, y donde varios pares de ojos y otras tantas bocas no perdían oportunidad de recordárselo.

-Ésta era mi parada técnica,- dijo finalmente, saliendo de su corta distracción para recordar que él estaba allí... aunque no se podía decir que lo hubiera olvidado. -Quisiera subir a la pirámide, a ver la sala donde estuvieron ayer, antes que vuelva a llenarse de gente. ¿Me acompañaría... Doctor?

-Marque el camino Capitana, siempre es una delicia seguirla.

-Ya va... ya va,- contestó ella, riendo. Vació la taza, la limpió y la guardó, para dedicar unos segundos a la tarea de colocarse el chaleco, usualmente complicada para el principiante, pero decididamente rutinaria para el que llevaba algo de experiencia al respecto. Demoró unos segundos más verificando sus armas y municiones y, finalmente, aceptó su (innecesaria, pero bienvenida) ayuda para colocarse la mochila. Giró la cabeza apenas hacia la derecha, sintiendo su cercanía una vez que no se retirara de su espalda tan rápido como hubiera sido *correcto*. -¿Estamos listos?- le preguntó.

-Si, preparados para todo- le susurró al oído. La siguió mientras salían de la tienda, un poco más retrasado que ella al caminar. Al girarse Catherine lo vio sonriendo. -Antes de que me preguntes, ...estaba admirando lo bien que caminas, sinceramente, no me había fijado lo bién que moldea la figura esta ropa-

-Mentiroso.-

** Å **

La escalada había sido silenciosa, algo que Catherine no podía sino agradecer. Se le había presentado igual de larga y extenuante que el día anterior y, al igual que entonces, no quería hacerlo notar hasta recobrar el aliento. La Capitán saludó con una seña al marine que se hallaba de guardia en el otro extremo; si bien no alcanzaba a ver de quién se trataba aunque la oscuridad de la noche recedía. Los dos bajaron hacia el patio para acceder, así, al pasillo-galería que los conduciría a su destino. Aunque lo había evitado hasta ese momento, Catherine encendió la linterna que llevaba prendida en el chaleco, prefiriéndola a la que había dejado adosada al fusil desde el día anterior.

Tras pocos pasos, se confió lo suficiente como para animarse a escuchar su propia voz. -Quizá ésta sea la mejor oportunidad que tengamos para conversar sin interrupciones... Mencionaste algo de descubrimientos y miembros del equipo.- Lo miró, adivinando su perfil recortado en la oscuridad. -Ya sabes, las malas noticias primero.-

Se encontraban en la misma sala rectangular que recorrió el día anterior, 20 metros cuadrados que enmarcaban las pinturas que reflejaban la cultura de aquellos antiguos habitantes, con la mujer con cabeza de cóndor que permanecía en el lugar de honor de todas ellas. El gran círculo que llenaba la estancia, los miraba desde el suelo, y Holmes no pudo sino volver a sentir ese aviso de peligro en la nuca.

-Las malas noticias vienen de un frente, uno de los miembros del equipo, ...no se encuentra en la mejor de sus formas, hable...con esa persona para que te lo comentara primero, si yo te digo quien es, bueno sabemos que tendremos que hacerlo oficial, el otro asunto no es tan malo, es más creo que podremos, usarlo para bien. Paul identifica los antiguos habitantes de este planeta como los de una región que...en fin simplificando, su teoría coincide con unas viejas leyendas recogidas en un par de libros muy poco conocidos de la biblioteca más privada del Vaticano, y no me preguntes como he llegado a leerlos, el poder estudiar esas leyendas, bueno ayudaría a la buena imagen y oportunidades del portal de Guam, sería como todo.... secreto, pero me da un poco de oxigeno, si a eso le unimos el secubrimiento de su * nuevo amigo *, todo daría un nuevo empujón, depende de como enfocar toda la información, espero que no se combierta en material de museo -

Catherine se quitó la mochila, y la dejó en el piso antes de desprender la linterna del chaleco y utilizarla para observar mejor las pinturas. Tenía la sensación de que, pronto, la sala se iluminaría; la disposición aparentaba estar diseñada para captar las primeras luces del sol, y quería estar allí para presenciarlo. -Ese miembro del equipo, sin nombres, lo sé, puede no estar en la mejor de las formas pero está habilitado para estar aquí. En cuanto a lo otro,- se calló, acercándose a una de las coloridas figuras para observarla mejor, mientras recordaba las palabras que había escuchado un día antes, de labios de la Coronel Riker.

-Me gustaría escuchar esas leyendas, aunque...- Dejó de prestar atención a la pintura para volverse a verlo, iluminado por el haz de su linterna. -¿Hasta qué punto crees que tu informe será... relevante?-

Holmes se extrañó de su pregunta, ladeó un poco la cabeza por la luz. -¿Un interrogatorio Capitana?, ...no se que responderte, se que soy una pieza de esta partida, se están moviendo fuerzas a unos niveles ...está todo pactado Cat, sabes como es todo esto, y además no me extrañaría que estos pactos dieran lugar a otros y otros, ya sabes acción reacción cambio de la situación y vuelta a empezar, ya se que todo esto lo detestas, pero yo,...bueno soy bueno en estos juegos y creo que podré variar algunas corrientes, ...parece una pregunta muy directa para tu estilo,...¿ocurre algo?-

Ella bajó la vista, consciente que él no podía observarla bien, oculta tras la única fuente de iluminación de la sala. -Puedo ser directa a veces, tengo mis días,- suspiró y volvió su atención a las pinturas. La respuesta de Jon le resultaba coincidente con él y lo que le había dicho hasta ese momento, pero no cerraba con la certeza de Riker. Obviamente, ella sabía algo que él no. Lo que no podía asegurar era de qué lado estaba la Coronel. Esperaba que del de *los buenos*.

-¿No vas a contarme aquellas leyendas...? Extraoficialmente, claro,- preguntó intentando cambiar de tema. Dio dos pasos hacia la izquierda, y luego un tercero. Las imágenes que le habían comentado le llamaban la atención, y tenían algo que ver con aquella escena de *curación*. La figura que se inclinaba sobre los *enfermos* con el cuenco en las manos le gustaba mucho más que aquella donde parecía tener un dispositivo Goa'uld de curación. A pesar de la desproporcionada cabeza de ave de rapiña, y de la obvia simplicidad con la que el artista había plasmado su obra bidimensional, la escena tenía algo... conmovedor.

Todavía un poco cegado por la luz de la linterna de Catherine, Holmes pudo ver como se dirigía hacia la pared,... pasando por encima del circulo... Sin pensar, saltó hacia ella - Cat, sal de...- su frase la cortó el tropezar con la mochila que su compañera había depositado en el suelo, enviándola con fuerza contra la pared, pero siguió hacia delante con el ímpetu de la carrera.

El grito la tomó desprevenida, así como también la sensación que erizó los cabellos de su nuca, seguida por un sonido que no había escuchado nunca antes: el de los anillos activándose. Casi en cámara lenta pudo observarlos emerger del suelo, envolviéndolos a ambos, la luz explotando entre uno y otro...

...para luego volver a descender al piso, y desaparecer bajo él. La inercia, o lo que quiera que fuera, se mantuvo: Jonathan llegó hasta ella, empujándola fuera del círculo y haciéndola chocar contra la pared justo en frente de ella. Pudo escuchar el ruido de la linterna al estrellarse, y el de los cristales cayendo al piso. Entre la magnitud de la sorpresa y el impacto sufrido por su cuerpo, le tomó quizá unas milésimas de segundo de más aprovechar el momento del movimiento para girar, liberándose de él y alzando el fusil, para comprobar que podía ver sin ayuda de la linterna.

Estaban solos.

Dondequiera que estuvieran, esto es... Comprobó que no era una nave y que, allí, ya era de día.


 
"El abrigo de la noche"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


Paul se quedó pensativo por un instante. No estaba muy seguro de lo que iba a decir. No quería entrometerse pero sabía que Madeleine no lo había pasado bien. Habría pagado por encontrársela con un poco de calma mediante para poder saber de primera mano como se encontraba y ahora la tenía delante. A pesar de todo no quería desaprovechar la oportunidad. Continuó.

- Madeleine....yo....espero que no pienses que soy un entrometido...pero hoy no te he visto nada bien...y francamente tenía ganas de verte para saber como estabas. Por tu actitud hoy en la comida, casi he llegado a pensar que no deberías haber venido. Y presiento con mucho temor en mi corazón que tiene que ver con el cardenal de tu cara. Siempre llego el último a todos los lugares...- sonrió - pero a lo mejor quieres contarme algo...aunque sólo sea por conversar de algo que no sea la pirámide...por hoy ya he tenido bastante. -

Respiró profundamente. Apartó su brazo de los hombros de Paul y los metió bajo la guerrera. Y comenzó una vez más su relato de lo acontecido días antes. Retuvo todo lo más que pudo las lágrimas. Y casi lo consigue, pero al final una vez más dejó que se deslizaran silenciosas por sus mejillas.

Paul asistió al relato de Madeleine con una mezcla de sensaciones a caballo entre el desagrado y la pena. Sentía una profunda tristeza al oír aquellas palabras en boca de ella. Con razón la había visto tan mal a lo largo de todo el día. Realmente no sabía qué hacer ni decir. Pero no quiso intervenir. Sencillamente se había interesado por ella, así que no quiso interrumpirla.

Contempló como Madeleine acababa entre llantos la dramática historia de los sucesos acaecidos en los días precedentes. En ese momento se vio impelido interiormente a tomar cartas en el asunto. Detestaba ver llorar a una mujer. El había cometido el error de provocar el llanto en una años atrás y aquella sensación le angustiaba.

Aún estando sentado a su lado la abrazó y le susurró al oído - Oye peque...- aquella persona bajita envuelta en su guerrera le provocó una repentina ternura. - ...en dos días ya me has llorado dos veces. Y no es que me importe... el verte cada día. Pero lo que no estoy dispuesto a admitir es que siempre que hablemos terminemos así. Si aquel día no te hubieras lanzado al agua... ahora mismo no podría estar aquí abrazándote para que sepas que no estás sola sea cual sea tu situación... -

Paul permaneció abrazando a Madeleine, aunque en esos momentos no estaba seguro de quién de los dos necesitaba más el abrazo. Sí ella por su situación o él por estar vivo gracias a ella. - aunque nos conozcamos sólo de tres días y un chapuzón... me tienes a tu lado.- susurró mirando al cielo estrellado y limpio.

Madeleine permitió que Paul la abrazara hasta que cesaron las lágrimas. Al contrario de lo que ella había pensado en un primer momento, que todo lo olvidaría rápido, se había dado cuenta de que no era así. Cada vez que narraba su espantoso relato comenzaba a recordar más escenas de aquella tormentosa noche haciéndose más doloroso. Sin embargo si conseguía quitarse un gran peso de encima.

A medida que las lágrimas cesaron lentamente se separó de Paul. Con las manos apoyadas contra su pecho y la cabeza apoyada en su hombro respondió a las palabras de Paul.

- Paul... gracias por ser tan comprensivo y por brindarme tu apoyo. Siento que me veas en estas condiciones, pero el día como ya te dije ha sido muy duro y muy largo. Después de descansar esta noche seguramente mañana me encontraré mejor. Los médicos me dijeron que tardaría un tiempo en desaparecer todos los hematomas, pero que afortunadamente había tenido suerte, supe defenderme bastante bien teniendo en cuenta quien era mi contrincante. Pero me siento como una tonta, no debería dejar las puertas y ventanas de casa tan abiertas a la ligera. Pero como todo me pareció tan tranquilo... vivo bastante apartada del pueblo, junto a la playa. Debí de comprarme una casa algo más cerca de una zona poblada.-

Madeleine suspiró debía de presentar un aspecto bastante lamentable. Afortunadamente había sido con Paul con quien había tropezado. Si hubiera sido Holmes, seguramente en esos momentos no se encontraría abrazada a él, sino atacada de los nervios. Sólo el pensarlo le ponía nerviosa. Holmes le había dado como plazo hasta al día siguiente para regresar a la base por cuenta propia, había sido bastante claro. Le importaba más su trabajo. Pero confiaba en la palabra de Catherine, y eso era suficiente.

Madeleine se separó un poco de Paul, de manera que su rostro casi se encontraba a la altura del suyo y continuó hablando: - Paul, no sé si mañana podré seguir aquí, quizás regrese a la base... ese maldito Holmes me ha dado un ultimátum. Pero no quiero regresar, sólo cuando lo hagamos todos. El trabajo me esta ayudando mucho, está tarde apenas sentí molestias, bueno... ayudaron los calmantes pero... la verdad es que tengo miedo de regresar a mi casa. Estoy tan desesperada...-

Madeleine agachó la cabeza manteniendo sus manos apoyadas en el pecho de Paul y dejó escapar una leve risa y continuó con su disertación. - ... que hasta le pedí al soldado que me asignó Catherine para que me ayudara que se fuera a vivir conmigo en régimen de alquiler, y el pobre chico pensó que me estaba insinuando... Dios mío esto te parecerá una tontería, pero me aterra regresar. Philipe me aseguró que todo está bajo control, pero realmente aún no sé como lo ha solucionado... si Will... mi hermano se enterara se volvería loco.

- Paul..¿qué puedo hacer sino? Estar encerrada en la base todo el día no es solución. Ni tampoco el tener escolta todo el día.-

Paul la miró fijamente y vaciló un segundo antes de responder. - Personalmente ninguna de las dos opciones es lo mejor, pero creo que es preferible la escolta a la soledad. Si te atacó de esa manera estando sola... Entiendo tu temor. Lo mejor sería desde luego que regresaras a la base... aunque si no quieres, nadie va a obligarte - sonrió - Eso de buscar compañía para tu casa... es buena idea a medias... si ese tipo es tan peligroso quizás no sea suficiente. En cualquier caso, yo estoy a tu disposición para ayudarte. ¿Alguien más de la base o del equipo viven fuera de la base?. Quizás fuera buena idea trasladarte a casa de alguien conocido donde estar segura mientras se aclara todo este asunto- Sus ojos parecían querer dar una solución que terminara con todo aquel problema de antemano pero siempre le pasaba igual. Lo suyo no era resolver de un plumazo las cosas... todo tenía un camino lento y angosto para él.

- Creo que voy a poner un anuncio y a ver quien se presenta de la base, si es que seguimos en ella cuando acabe esta maldita auditoría. - Paul, muchas gracias por interesarte por mi, después del día que llevas de tanto trabajo, espero no haberte importunado con mis cosas. Ahora estoy mucho más aliviada. Es como ir a la consulta del psicólogo, a base de repetir las cosas y enfrentarlas se supera todo.-dijo con tristeza. Madeleine recordaba los meses siguientes a su divorcio, fueron terribles para ella, pero al menos ya los tenía superados.

En la cabeza de Paul resonaron las palabras de Maddie acerca de poner un anuncio para alquilar una habitación de la casa. "Tal vez no fuera mala idea" pensó "No tengo nada en contra de la base, pero..." - Claro que no me importunas. Sólo desearía que todo pudiera arreglarse para ti cuanto antes... -

- Creo que ya es hora de retirarnos a descansar. Ya es bastante tarde, a estas horas todo el mundo estará en su catre, espero al menos no encontrar a "el que no debe ser nombrado...". Mañana tienes que terminarme de contar que nuevos descubrimientos has realizado.

Paul se incorporó y le tendió la mano a Madeleine para que no tuviera excesivos problemas a la hora de continuar el descenso. - Tienes razón, mañana será un día complicado. Algo así como el de hoy pero mejor, seguro. No te preocupes mañana te contaré con detalle lo que aparezca. Por cierto... - Paul había estado rumiando la idea durante ese breve instante. No era habitual en él tomar ese tipo de decisiones *precipitadas* pero le pareció que la situación lo requería y francamente, a Madeleine le debía todo. - ... Ehm... - le costaba decidirse por completo, aunque al final lo hizo -... quizás no es necesario que pongas ese anuncio... si no tienes inconveniente estaría encantado de ser tu huésped -. "Ahora es mi responsabilidad ayudarte" terminó la frase mentalmente.

Madeleine estaba encantada ante la propuesta de Paul totalmente inesperada, se quedó durante unos segundos mirando hacia donde estaba él, suavemente le apretó la mano, esperaba con ese gesto dar a entender que se lo agradecía, se había quedado sin palabras.

Casi de inmediato encendió su linterna y comenzó a descender de la pirámide de la mano de Paul. Hasta que se acercaron al campamento, momento en el cual la soltó. Se volvió hacia él, y a la tenue luz del campamento vió su cara. Realmente parecía fatigado también había sido un mal día para él. Le dio las gracias por todo y se despidió de él en la puerta de su tienda con una sonrisa. Madeleine dudó un instante miró a su alrededor y se lanzó a darle un rápido beso en la mejilla. Susurrándole: - Que descanses Paul... -, para acto seguido desaparecer por la puerta de la tienda.

Aquel beso le había pillado completamente desprevenido. - Que... que descanses - le respondió con la voz entrecortada viéndola entrar en la tienda. Después sonrió muy levemente. Desde el primer momento se lo había parecido pero ahora estaba seguro. Maddie era alguien especial en todos los sentidos. Se dio media vuelta y notó que el frío le estaba helando los brazos. "Oh... se ha quedado con mí guerrera" pensó cerrando los ojos con gesto divertido justo antes de apretar él paso para llegar a su tienda y poder repasar las traducciones antes de dormirse.


 
"Reflexiones"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


Aquella era una noche bastante oscura pero era fresca y eso animaba a un pequeño paseo, después de un duro y caluroso día era una buena opción por lo que Madeleine decidió darse un paseo hacia la pirámide, bajo la atenta mirada de los marines de guardia entre los que no pudo ver a Jonás por lo que decidió ignorarlos.

Subió con una linterna un trecho, para finalmente darse la vuelta, apagar su fuente de iluminación y sentarse en aquellas escaleras. Desde allí se veía el campamento. Algunos de sus compañeros pululaban por él. Elevó la vista al cielo respirando profunda y lentamente, aspirando cada aroma para que se quedara impreso en su mente. Nunca olvidaría ese maravillosos y extraño cielo.

Rodeó con sus brazos las rodillas con cuidado. A pesar del frescor de la noche había decidido no llevarse nada para abrigarse, tan solo el uniforme reglamentario. Necesitaba ese frío que junto con los calmantes amortiguaba el ardor de los cardenales. Lo único que faltaba para completar su relax era dejarse llevar por las olas de mar. Pero en aquél desierto era poco menos que imposible, sólo con su imaginación podría conseguir algo.

El día había sido largo, lleno de tensiones y emociones. Reflexionó sobre todo lo acontecido a lo largo del día. Su confesión a Catherine había sido el alivio que tanto necesitaba. Debía de haberle contado lo ocurrido antes de la partida.

Que tonta había sido al pensar que Catherine no lo comprendería. Tendría que haberla avisado cuando despertó en el hospital. Phillipe había arreglado todo para que no se supiera que había pasado por él, le aseguró que nadie sabría nunca nada ni su familia sino lo decía, y claro está no lo podía decir, si su hermano lo supiera las cosas se podrían complicar. ¿Y Andrew?, habría querido poder hablar con él antes de partir, pero no había sido posible. Debía desechar de su cabecita su amor por él. Era un imposible. Un sueño que jamás se haría realidad.

Sólo Chip casi lo amortigua, pero al final se marchó y llegó de nuevo la soledad. En el fondo, quizás era lo mejor, era como una señal del cielo que le decía: "Aún no Maddie, aún no estas preparada, aún no es tu tiempo". ¿Y cuál era su tiempo?.

Se había quitado un gran peso de encima y eso la daba el respiro que tanto necesitaba, al menos con ella ya no tenía que fingir. Catherine al igual que Dara y Ana habían pasado no sólo a ser compañeras, sino también buenas amigas y debían de saber lo que había ocurrido. También tenía que pensar en alquilar alguna de las habitaciones, no solo porque su situación económica no era como la de antes, había dado todo su dinero a Paul para que salvara a su hija. Llevaba meses de dura lucha pero lo iba a conseguir. Pero además, necesitaba sentirse acompañada, no quería estar sola en esa inmensa casa. Era necesaria la compañía. Pondría un anuncio en la base, por lo menos que trabajaran en el mismo sitio para ir a trabajar juntos y no estar sola ni un segundo, si es que seguía trabajando en el proyecto.

Lo que más la inquietaba era como refrendaría Catherine a Holmes. Había quedado claro que entre Catherine y Holmes había algo, por lo menos se conocían bastante bien, eso intuía. También intuía que había algo más, pero se negaba a pensar en ello. El hecho de que se conocieran de antemano por una parte la tranquilizaba, pero también quedaba claro que Holmes preocupaba y mucho a Catherine, y sino Holmes el trabajo que estaba realizando.

En el fondo sabía que intentaba ayudar, pero su método la molestaba profundamente. La verdad es que siempre estaba bastante arisca y siempre tenía algo que reprocharle, pero era inevitable la sacaba de sus casillas. Con Lebau, la cosa era diferente, era más agradable y más asequible a cualquiera. Era una persona bastante más legal que Holmes. Hacía su trabajo pero sin prepotencia alguna. La verdad es que si lo único que pretendían era ayudar, aún no veía como lo harían ambos.

Lo mejor del día fue sin duda la compañía de Paul, al cual ya lograba llamarle por su nombre sin tartamudear. Y las animadas charlas con los demás compañeros, hablando de lo que se había descubierto.

A lo largo de la tarde se había dedicado a recoger muestras que serían analizadas más tarde en la base. Algunas serían enviadas a la Tierra para contrastar más tarde los resultados. Esperaba hallar algo que sirviera de ayuda al proyecto. La compañía del soldado Russell había sido bastante interesante. Sí alguna vez necesitaba un polvo desesperadamente, sabría a que puerta llamar. No debía pensar en esas cosas, pero por si acaso nunca se sabe, no se olvidaría de su nombre. Era una lástima que el día en aquél planeta fuera tan corto, en poco tiempo habían tenido que recoger la mayor cantidad de muestras posibles antes de que se ocultara el sol. Otro resultado positivo de aquella tarde de duro trabajo había sido conocer al soldado Russell, el cual a su regreso iba a resultar ser una divertida compañía después de todo.

Giró la cabeza y la dejó de lado apoyada sobre sus rodillas, cerró los ojos y dejó que el aire le acariciara en la cara, con sus manos invisibles, suaves y frías al tacto mientras sus pensamientos evocaban recuerdos de voluptuosidades sobre la arena de la playa. Se sobresaltó ante tales recuerdos de manera que se sonrojó, afortunadamente todo estaba a oscuras, nadie podía verle la cara. Madeleine sonrió ante ese asomo de vergüenza que para nada quedaba reflejada en sus pensamientos.

A medida que transcurría la noche se iba haciendo más fría. En un par de horas la temperatura descendería aún más. Aprovecharía lo máximo que pudiera para refrescarse antes de regresar a su tienda a dormir. Así pasaría una buena noche. Las caricias del aire eran deliciosas. Gozando del viento estaba cuando una voz sonó cerca de ella.

- Hola Madeleine - saludó sonriendo Paul - ¿Cómo estás?.-

- Paul... que sorpresa. ¿Qué haces todavía por aquí? ¿No deberías estar durmiendo?, es bastante tarde. Y responderé a tu pregunta... si apagas la linterna esa.

- Oh, perdona... - reaccionó Paul bajando la linterna para posarla en el escalón y orientarla en otra dirección.

- Me encuentro bastante bien.- Madeleine se frotó los brazos un poco, la noche comenzaba a ser más fría. - Sólo algo cansada, el día ha sido demasiado largo. Siéntate aquí a mi lado. Me estaba relajando un poco. ¿Te has fijado que cielo tan hermoso? Comentó a Paul.

Madeleine miró al cielo, suponía que Paul estaba haciendo lo mismo.

- Esos anillos encontrados... ¿Crees que han sido utilizados recientemente, o llevan tiempo sin funcionar? Preguntó ella.

- A decir verdad.... no tengo ni idea de si esos anillos funcionarían. He estado toda la tarde con otra cosa. Los anillos quedaron en manos de Dara y Ana. - dijo mirando al cielo. En verdad aquella enorme congregación de estrellas le recordaba las noches de verano en Florida. - De todos modos por lo que pude ver estando allí... llevaban tiempo sin ser activados. -

Paul notó que Madeleine empezaba a tener frío y no era para menos. Así que se quitó la guerrera y se la puso sobre los hombros para evitar que la doctora se enfriase. - Si vas a estar aquí mucho rato la necesitarás... - guardó un segundo de pausa- ¿La arena te ha ofrecido algo interesante? - le preguntó Paul sonriendo.

Madeleine agradeció la guerrera de Paul, aún más cuando conservaba la calidez de su cuerpo. Cerró sus ojos y el aroma que desprendía impregnó su nariz. Desde luego no era para nada el olor de su Paul. - No, sólo tomé muestras con mi carabina, el soldado Russell. Hasta que no las analicemos a fondo en la base, no tendremos nada. - dijo casi suspirando. - Ha sido una tarde muy pesada, pero... he podido con ella. Y tú ¿en qué has estado ocupado?, ¿un nuevo descubrimiento? -

- Bueno he encontrado cosas bastante interesantes. Hemos descubierto a *Britney*, a su malvado enemigo, un demonio esclavizador y destructor de pueblos. Y jeroglíficos. Bueno y luego los anillos. He estado con los jeroglíficos y ese ser demoníaco. Están relacionados. Pero aún es pronto para sacar conclusiones. Lo que si te puedo decir es que la sala en la que estaba pintado ese tipo era una especie de sala de castigo. Aunque no sé, Madeleine... ...para mi todos estos descubrimientos tienen un valor incalculable y sin embargo; después de haber estado con Holmes detrás de mi toda la mañana, tengo la desasosegante sensación de que no sirve de nada... - sus ojos se clavaron en el suelo.

- Ese maldito Holmes, es imposible con él. Seguro que te ha vuelto loco. No tienes que sentirte culpable por ello. El tiene ese don de sacar lo pero de cada uno. No te dejes influir. No merece la pena yo me di cuenta hoy.... hasta hace unos días pensaba que en el fondo valía la pena. A pesar de lo irascible que me pone... me cuidó bien durante la primera misión, se portó como un caballero y yo como una niña malcriada. No sé... pero cuando estoy con él, me siento como si estuviera ante mi padre, y empiezo a reprocharle cosas sin pararme a pensar en más. Pero ahora sé que no es así. Así que olvídate de sus tonterías.

Madeleine le pasó la mano por los hombros a Paul para animarle. Y cambiando de tema le preguntó:

- Ese destructor de pueblos, ¿es ese ser con cabeza de cóndor que comentaste durante la comida? ¿ese goa´uld?. Y si es una sala de castigo, ¿en qué consistiría ese castigo?

Notar la mano de Madeleine en su cuello le hizo sentir un ligero sobresalto. No esperaba ese movimiento. Pero en el fondo lo agradecía. Hacía bastante tiempo que no notaba el contacto humano de esa forma cercana. Reaccionó mirando a Madeleine y dedicándole una gran sonrisa. A decir verdad Holmes no le caía exactamente mal, quizás le irritaba, pero lo que más le preocupaba era que parecía no sentir interés alguno por todo aquello, aumentando aún más la sensación en Paul de que la cosa no iba a acabar bien. Sin dejar de sonreír le respondió.

- En realidad son dos personas diferentes... yo diría que ambos eran goa'ulds... dos señores del sistema enemigos. La mujer con cabeza de cóndor parece la chica buena de la película y ese otro ser... su antagonista. Por lo que sé... esa sala donde reside ese demonio enemigo de la diosa estaría creada con la intención de "castigar" a los habitantes del planeta que se portasen mal y no siguiesen los dictados de la diosa. Una forma de aleccionar a un pueblo y demostrarle donde reside el verdadero poder y la condición divina de aquellos que rigen sus vidas. He encontrado dos glifos sobre el dintel de la puerta de entrada que aún tengo que traducir pero presumo que podrían revelarnos el nombre del misterioso *demonio*. Mañana podré saber más con seguridad-


 
"Bajo la luz de las estrellas"
Dara Santer Ana Reyes
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)


El día había sido largo y lleno de descubrimientos. Dara se alegraba de que, por primera vez en una misión "oficial" las hostilidades no hubieran estallado a las primeras de cambio. Sentada en la arena, frente a la imponente pirámide que había sido su campo de trabajo durante todo el día. Se encontraba algo alejada del campamento, pero lo suficientemente cerca para que sus "niñeras" no tuvieran que preocuparse de ella.

Se recostó sobre los codos recreándose, por primera vez desde que llegara en la belleza que desprendía aquella pirámide. "Lo que a la vista place". Era una de las muchas definiciones que del arte le habían dado y la que más le convencía. Sentía dentro la excitación propia del comienzo de una excavación. Comenzaba el camino para "saber" más. Sonrió feliz. Para ella, no había droga más fuerte que el conocimiento.

Echó la cabeza hacia atrás, sin poder borrar la sonrisa de sus labios, y fue entonces cuando vio a una figura acercarse. Se incorporó y se giró para ver mejor de quién se trataba. La luz de su linterna no iluminaba lo suficiente como para poder distinguir de quién se trataba en distancia. Unos pasos más y pudo distinguir que se trataba de la Dra. Reyes.

Dara alzó su brazo derecho a modo de saludo. - Hola... ven y acompañame y rato. Nos sentaremos en el porche y charlaremos de los viejos tiempos- dijo al tener a su compañera más cerca, mientras daba unos golpecitos con la palma de la mano en la arena a su lado, a modo de invitación. - Hay sitio para las dos... esto es más amplio de lo que crees.

- Hola - Saludó Ana sentándose.

- Menudo día, ¿verdad?- Dara sonrió a su amiga - Es un cambio tanta tranquilidad... aunque... bueno... tranquilidad... esos dos "observadores" son de lo más inquietante, ¿no crees?

- Sí - admitió Ana dirigiendo un breve vistazo a los marines que hacian guardia - Es necesario, no olvides que tenemos un "ascensor" goa'uld aquí al lado. - Ana sonrió a Dara mientras sacaba del bolsillo una chocolatina.- ¿quieres?

- Jamás te diría que no. Es de mala educación.- contestó poniendo cara de pilla.- Seguro que los dioses a los que honra nuestra amiga - continuó, señalando con un gesto de la cabeza la pirámide - estarán encantados de que nos demos un homenaje a su salud.

- Hay mucho trabajo de investigación aquí, nos va a llevar tiempo. - Ana le entregó una chocolatina a Dara.

- Tienes razón, pero es muy interesante, todo lo que nos estuvo contando Paul... Sólo espero que "esta vez" tengamos tiempo para poder analizarlo todo, o al menos... ¡algo!

- Tengo una sensación extraña, Dara, a lo mejor es por el doctor Lebau y el doctor Holmes, todavía no tengo muy claro que "pintan" aquí, no sé si me entiendes.

- Sí, a mí me pasa lo mismo... unos tipos peculiares, esos dos... bonitos ojos, es todo lo que me atrevo a decir... aunque tengo la sensación... no sé... como si entre ellos....

Se miraron a los ojos, se conocían lo suficiente como para saber lo que venía a continuacion.

-... ¡no se tragan!- dijeron al unísono.

- Verás - dijo Dara - sé que no hemos estado mucho con los dos, pero tengo la sensación de que Lebau quiere hacerse amiguito de todo el mundo con sus sonrisas, su interés... y Holmes... bueno, en realidad creo que Holmes disfruta siendo desagradable... ¡Por favor! A qué venía ese numerito en plan Rambo al rescate cuando les dijimos a él y a Paul que tuvieran cuidado...

- Es verdad, han venido aquí en calidad de observadores o algo así, ¿no? - Ana miró a Dara fijamente- Nosotros estudiamos la piramide, y ellos nos estudian a nosotros.....

- Pues se van a aburrir un rato largo. Aquí además de esa pirámide sólo hay arena- Dara cogió un puñado con su mano izquierda y fue soltando su contenido poco a poco- La verdad es que deben tener unas vidas muy poco interesantes para dedicarse a esto... ya sabes... no como las nuestras....

Se miraron nuevamente a los ojos y esta vez estallaron en carcajadas.

- ¿Recuerdas lo que dijo Madeleine en el desayuno? ¿lo de que Holmes era más bien arrogante y se metía en problemas? Por el momento al menos se está portando bien.... Ford no le consentiría otra cosa. - Ana hizo un gesto de negación con la cabeza al hablar.

- Tienes razón, no lo haría, aunque... imaginaciones mías o está algo intranquila... digo, más de lo que debería ¿no? Debe ser la evaluación... los exámenes siempre nos ponen nerviosos... - Dara hizo una pequeña pausa para rebuscar entre los bolsillos de su chaleco: la chocolatina le había dado hambre.- ...por cierto... ¿cacahuetes?

Ana aceptó los cacahuetes y se metió uno en la boca antes de hablar. - A mí los examenes siempre me han parecido excitantes, cuando he estado preparada para hacerlos, esto es un éxamen que no depende de nadie. Creo que el resultado no dependerá de que lo hagamos mejor o peor que otra veces....

- Completamente de acuerdo. En realidad parece que la decisión esté tomada... esos dos tipos se comportan con una seguridad, casi diría prepotencia... tengo la sensación de que pretenden hacernos creer que hay alguna esperanza cuando en realidad no la hay.- La expresión del rostro de Dara se hizo momentáneamente más seria. - Lo que más me sorprende es que el General no haga nada... bueno, o la Coronel... ¿la viste cuando salimos? Estaba tan campante, la tía...

- ¿De verdad crees que la decisión esta tomada....y es mala? Yo prefiero no pensar en ello. De alguna manera se tiene que solucionar, no creo que el general sea de los que no hace nada, y la coronel..... siempre guarda las distancias.

- Pues no lo sé... pero es que ese Holmes, entre su sonrisita, y lo que nos contó Madeleine... sólo espero que si hacen "algo" a nosotros nos dejen seguir con nuestra vida... ¿no? Aunque ¿tú crees que podrías volver a la Universidad después de todo lo que has visto y no poder contarlo?.

Ana observó a Dara, bajó la cabeza un momento, luego miró hacia lo alto de la piramide mientras hablaba. - Creo que despues lo que he visto un aula me parece el último sitio en el que quiero estar.

Dara sonrió a su amiga. La entendía perfectamente. - Bien, pues entonces ya somos dos... así que si cierran el chiringuito creo que tendremos que pedirle a "quien sea" que nos deje seguir explorando esos universos lejanos.

Las dos se quedaron en silencio contemplando el cielo. Ya sólo se oía el ruido de los envoltorios de cacahuetes y chocolatinas.


 
"Avanza el tiempo, no el informe"
James Lebau
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)


James no había dormido bien, el calor, la arena, todos los aspectos posibles se habían aliado para hacer a James la noche insufrible.

Todo el día siguiente se lo paso de nuevo en el campamento, charlo con varios soldados de la base, de como habían llegado hasta el puesto, de sus tareas, primero las preguntas rutinarias, en las que todos los soldados respondían serios y marcialmente, luego, James pasaba a las preguntas *de relax*. Cómo estaba la familia, preguntaba por las aficiones y demás, cosa que hacía que los soldados destensaran los músculos y sonrieran al hablar de sus hijos o de su equipo favorito de la NBA. De esta manera y uno a uno pudo llegar a hablar con prácticamente la mitad de la base.

Al único que no vio durante todo el día fue a Gary, debía, suponía James, encontrarse en la pirámide con el resto del equipo. Al igual que Holmes. Durante la cena del día anterior había estado conversando con Holmes, la cosa no avanzaba demasiado, parecía que habían encontrado un par de hallazgos que podrían ser productivos pero todavía no era suficiente.

James rezaba por encontrar el preciado líquido que tanto gustaba a los goa'ulds y que los científicos terrestres andaban como locos por unas muestras y poder hallar propiedades beneficiosas. Si por ejemplo lo encontrarán en el planeta sería la excusa perfecta para mantener la base estable y un buen apoyo para mantener el proyecto abierto. Mejor esa opción que la de encontrar el arma de destrucción definitiva como deseaba Holmes. Es cierto que eso era un *si* seguro a mantener la base abierta, pero no era muy del agrado de James.

El día había transcurrido rápido y la noche ahora adornaba el cielo, había infinidad de estrellas, de las cuales lo más probable es que no conociera ni una, o quien sabe si una de esos pequeños puntos blancos era el Sol. James cerró los ojos y se tumbó, estaba sobre una de las dunas cercana al campamento, se había fugado para relajarse y centrar sus ideas, pensar en algo nuevo. Tumbado en la arena contemplo las estrellas.

-Si aquí hay una puerta estelar es por que en este planeta y una civilización humana había algo lo suficientemente interesante para los goa'ulds y lo que fuera interesante para ellos, lo podía ser para nosotros.

El principal problema de esa teoría es que, fuera lo que fuera tan interesante, quizá, o ya no estaba o se había acabado. Los resultados de las investigaciones geológicas, meteorológicas y demás no daban muy buenas esperanzas, todo dependía de lo que encontraran o dejaran de encontrar en la pirámide.


 
"Paz interminable"
Jonathan 'Furia' Holmes Catherine Ford
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)


Ya hacía frío. Saliendo de su tienda, Catherine se permitió temblar mientras subía el cierre de la parka, aunque pasó de colocarse la capucha. Tampoco hacía tanto frío, pero podía apreciar cuánto había bajado la temperatura desde la puesta del sol. Caminó algunos pasos, aún indecisa sobre qué hacer. Estaba cansada, aunque no podía decidirse por dormir. Continuó, sin prisas, entre las otras tiendas, hasta dejarlas atrás.

El cielo límpido de P5S-365 se extendía, más oscuro que cualquier otro que hubiera visto. El de la Unidad de Instrucción contaba con dos lunas, lo que no permitía que se apreciaran las constelaciones como en éste. Aunque, claro, no podía reconocer ninguna. Pero podía inventar. El jinete sin cabeza... la cabeza del jinete... la osa con los ositos. Se sonrió. Si les daba nombres, ¿podría registrarlos?

Un suave brillo en la distancia borró la sonrisa de sus labios. No estaba en el cielo, sino a mitad de camino, en una esquina de la pirámide. Miró hacia atrás, para darse cuenta que sí, tanto era lo que se había alejado del campamento. Volvió su mirada hacia la brasa que ardía, rojiza... y se decidió a hacer lo que debía. Aprovechó la distancia para cuestionar su acción una y mil veces. ¿Debía hacerlo, en verdad? ¿No podía buscar otro momento, otro lugar...?

Sin embargo, ninguna de esas preguntas la desvió de su ruta. Llegada al pie de la pirámide, llegó hasta la escalera central de esa cara para emprender la escalada con tranquilidad. No contó el tiempo, pero finalmente la dejó para caminar, con cuidado, por el tablero horizontal que separaba talud y talud, un nivel más bajo que el de su objetivo. Mantuvo sus ojos en él a cada paso, hasta que el suave sonido de sus botas sobre la arena suelta captó su atención, y se encontró mirándolo a los ojos.

Holmes, sabía que este momento tenía que llegar, quería evitarlo, pero también sabía que necesitaba que sucediera, se enfrentaba al motivo por el que descargaba su mal humor y su ironía con todos, por no poder enfadarse más por lo mostrase a otra persona, por no saber controlar la situación.

Pero se sentía molesto, y para su desgracia , sabía lo irritable que podría llegar a ser, no quería que ella pasase por esto, pero su orgullo tiraba de su lengua, por mucho que le gustase aquella mirada.

" Buenas noches Capitana, ¿haciendo la ronda para ver si todos los niños están en la cama? "

Catherine acusó recibo del trato formal con una mueca, que esperaba pasara desapercibida por la diferencia de altura y la falta de luz. "Supongo que podemos decir que algo por el estilo," dijo, sin detenerse, mientras alcanzaba su posición y caminaba justo bajo sus pies. Se detuvo al llegar a la esquina, para negociar el giro de noventa grados con cuidado. "Te agradecería si contaras hasta cien y me alcanzaras en aquella escalinata... aquí estamos a la vista. Y, por favor, no dejes tiradas las colillas."

La vió alejarse, y pese a que todo le decía, que la dejara, que saliera en otra dirección, que no le dirigiera la palabra,...contó - Pero sólo hasta 75, ya está bién de seguir la estela marcada -, dejó caer su puro al suelo, lo apagó con su bota y llegó hasta su lado, metió sus manos en los bolsillos, no sabía si para no cruzarse de brazos delante de ella, o para evitar abrazarla.

"Y bien,...qué he roto esta vez, o quizás también quieres borrar nuestros encuentros en la capital". No podía evitarlo, las palabras le salían cada vez con más cinismo, estaba en piloto automático y eso por lo menos le protegía.

La Capitán suspiró audiblemente, antes de sentarse en uno de los angostos escalones. Quería decir algunas cosas, pero ninguna de ellas salió de su boca. Miraba, a propósito, al horizonte que no alcanzaba a divisar en la oscuridad de la noche. "¿Así van a ser las cosas, de ahora en más?"

Holmes se sentó a su lado, se apretó con fuerza el puente de la naríz, la cabeza le martilleaba quejándose por la falta de sueño. " Este distanciamiento no lo he creado yo, tu has puesto las cosas bien claras, y como todo lo respeto,...eso no tiene que gustarme ". Ladeó la sonrisa y la miró " Te entiendo, yo no se si no hubiera salido corriendo...claro que con esta rodilla mejor ir caminando. Pero dime, ¿que querias?"

Ella se mantuvo firme en su postura de no mirarlo. Quería tiempo, quería...

Pero todo ello parecía incluso perder la urgencia de la necesidad que había sentido en aquel momento, tan lejano: a millones de estrellas de distancia. "Obviamente, no esta... paz armada. Pero puedo respetarla, también." Volvía a sentir el nudo, cerrándose sobre su garganta, a tal punto que las palabras no le provocaban sino dolor. Su propio cuerpo se rebelaba contra ella: ése era un buen momento para ponerse de pie y descender, pero sus piernas se mantenían fijas en su lugar. En cambio, se arremangó con alguna dificultad la manga izquierda del abrigo, para desabrochar el botón de la camisa de su uniforme.

Notó su gesto, y antes de descubrir su manga, sabía lo que le mostraría. No sabía que brillaba más, si su piel, o el brazalete que le había regalado. Cambió su tono de voz, un poco más bajo "Te queda mejor de lo que imaginaba, parecía que se inspiraron en ti para crearlo."

Maldito fuera. El nudo en la garganta de Catherine se tensó aún más al oír esas palabras. Quería llorar, pero sus ojos estaban secos... sólo que no tan secos. Se forzó a no parpadear. "Siempre estuvo en tu familia," comenzó, apenas girando la muñeca para comenzar a pelearse con el seguro. "Y con las cosas como están entre nosotros..." no podía terminar, y el brazalete no quería cooperar con ella para permitir que el gesto acarreara la fuerza que ella no sentía.

Lo miró, para bajar la vista inmediatamente e intentar de nuevo, no podía sentirse de esa forma, y sin embargo tampoco quería pedirle ayuda para abrirlo. Temía su contacto, y también que supiera que no se atrevía a retirar lo dicho. Aún no. Quizá nunca. El seguro, finalmente, cedió a su constante presión, quizá habiendo jugado trucos con ella y su visión disminuída... no sólo por la oscuridad. Se volvió hacia él. "Creo que sería mejor que lo conservaras. Por que yo," un dejo de osadía tomó el control, con una sola palabra, "todavía..." para abandonarla después.

"Si lo que intentas es devolverlo, creo que no puedes, el remitente no lo aceptará". - Un poco de ironía para romper el momento de tensión,...pero que diablos, ya que está todo estropeado,...- " No, es tuyo, me enseñaron que los regalos se entregan sintiendo, y que luego no se recuperan. No estoy así por tu actitud Cat, sino por el no poder controlar la situación, por mostrar todo lo que soy y no quedarme con una carta en la manga. No quería que siguieramos sin que me conocieras, y así son las cosas. Soy como soy y no creo que pueda cambiar, ya sabes un buen niño por un mal camino. Sólo quería que lo supieras."

Dejó que su sonrisa creciera un poco, la miró a los ojos y continuó " Sigo sintiendo lo mismo que cuando te lo entregué, y eso no va a cambiar por que quieras salir corriendo. Espero que pueda hacer más por ti, de lo que tu me dejas que yo haga. Así que si era eso lo que querías decirme ya tienes tu respuesta, a todo, si no hay nada más volveré a dar una vuelta, para estirarme un poco más"

"¿No puedo detenerte un minuto más?" Catherine sostuvo el brazalete contra su muñeca, ofreciéndosela para que lo ajustara. Había resultado más fácil ponérselo que quitarlo, pero ya no confiaba en su coordinación para dejarlo como estaba.

Holmes cerró el brazalete denuevo, demorandose bastante tiempo para asegurar el cierre, lo suficiente para apretar con fuerza su muñeca.

Ella aprovechó el momento para poder hablar. Era extraño, pero ya no le costaba. Ni siquiera recordaba por qué tenía tanto temor a volver a encontrarse con él. ¿No sabía ya, todo esto? "No creas que no te admiro por contarme, estoy segura que no te fue fácil. Y sí..." suspiró. "Me asusté. Pero no sé si fue por eso, o por todo lo que está pasando, o por la suma." Buscó sus ojos, para continuar la confesión. "No sé por qué te dije eso ayer, pero ni quiero, ni voy a olvidarme de nada. Sí estoy convencida que..." bajó la vista, "nos vamos a meter en problemas. ¿Sos consciente que, antes que todo esto termine, vamos a pelearnos varias veces más?"

" ¿Y tu eres consciente de que nos seguiremos peleando siempre? ". La abrazó lateralmente, y colocó la cabeza de Catherine sobre su hombro "¿de lo inaguantable que puedo ser?". "Pero recuerda que resolver los problemas es nuestra profesión, y que además no encontraría nada más agradable, que enfadarme contigo...Bueno aunque si me pongo a pensar, se me ocurren cosas más agradables"

Ella sonrió, acomodándose para poder mirarlo mientras él la abrazaba con más fuerza, encontrando sus ojos, antes de cerrar los suyos y disfrutar de ese instante.


 
"Cuando las paredes hablan (y II)"
Paul Mallory
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


La comida al lado de Madeleine le había dado nuevos bríos. Por fin había podido comer algo y recuperar fuerzas, así como renovar su interés. Trataba de dejar atrás cualquier atisbo de duda para centrarse por completo en los jeroglíficos. Aún así el rostro de Maddie se dejaba notar en sus pensamientos. Era palpable que no se encontraba bien. "Con suerte más tarde podré verla y charlar un poco con ella, espero" pensaba.

Había ido al campamento para traerse un par de libros que había solicitado formasen parte de toda la impedimenta a desplegar para aquel cometido. Ambos eran un par de ediciones basadas en los caracteres originales del Chilam Balam, el libro maya de las profecías, traducido y comentado. Como punto de inicio parecía interesante. Jamás se ceñía a una sola fuente, dos como mínimo y si la mesa está llena de opiniones mejor. En este caso había pensado que dos puntos de vista lo más opuestos posibles serían suficientes. Lo que ya no podía saber con seguridad era que terminarían siendo de ayuda.

El calor apretaba de lo lindo. No era para menos. Con razón aquello era un enorme desierto. Entró de nuevo en el palacio convencido de que la sala de la diosa y los anillos estaban en buenas manos con Dara y Ana. Aquellas escrituras le llamaban más la atención sobre todo constituyendo antesala de aquel siniestro lugar en el que reinaba el misterioso ser que por la mañana le había servido de materia.

Mientras se dirigía a la sala en cuestión intentaba pensar en el posible nombre de aquella figura. Eran tantos los dioses que parecía una tarea complicada saber de cuál se trataba. "Quizás el dios Q, dios de la muerte, preside los sacrificios, podría ser... pero no sé... ...incluso a él se le veneraba. Tenía un ejército de sacerdotes a su entera disposición. A este en cambio, parece que se le repudia por completo y se le confina a una miserable sala en el fondo más recóndito de un palacio." Divagaba en su discurrir por el largo pasillo interior del palacio ajeno a cualquier tipo de actividad o sonido.

Por fin llegó a la sala y depositó todo lo que portaba menos la linterna en el suelo, en el centro mismo de la habitación. Echó un nuevo vistazo alrededor. Como si intentara asegurarse de que todo seguía en orden. Se agachó por un momento para sacar de la mochila un par de cuadernos y algunos bolígrafos y lapiceros. La falta de luz no iba a poner las cosas fáciles.

Lo dejó todo en el suelo. Pensó que lo más oportuno sería escudriñar primero todo el texto en busca de constantes, patrones que le proporcionaran un punto de inicio. Signos idénticos en posiciones parecidas a modo de referencias. Algo parecido a lo que había intentado hacer con Holmes antes de descubrir la portezuela secreta hacia la habitación del nivel inferior.

Comenzó por la pared ubicada a la izquierda de la puerta de acceso, tal y como había determinado por la mañana. Allí estaba el punto de arranque. Se detuvo en aquella especie de línea de salida. Meneó la cabeza intentando relajar los músculos del cuello. Las traducciones nunca habían sido santo de su devoción. Se había esforzado mucho por enfrentarse a cuantas le habían salido al paso a lo largo de su carrera pero no terminaba de acostumbrarse. No obstante no se dejaba llevar por el desánimo. Hasta la fecha se contaban con los dedos de una mano aquellas que habían conseguido salir indemnes de su asedio. Se sintió preparado y comenzó.

Fijó la linterna en la primera línea de jeroglíficos. La superior. Se concentró en los tres primeros. Le sonaban. Comenzó a caminar siguiendo la línea despacio, viendo pasar uno tras otro los símbolos. Al cabo de unos pasos, ya casi en la esquina de la habitación se detuvo. Un símbolo basado en puntos y líneas le indicaba que hasta allí llegaba la primera frase. "Bien" pensó. "Veamos el inicio de la siguiente". Fijó el foco de luz sobre los siguientes símbolos. Curiosamente eran iguales a los tres primeros. - Bueno, gracias al escriba por la deferencia - susurró. Continuó hasta la siguiente frase y así sucesivamente. Recorrío varias veces la sala yendo de un lado para otro en busca de finales e inicios de frase. Los comienzos eran asombrosamente iguales.

"Vale... por lo menos tenemos por dónde empezar." Regresó al centro de la sala donde estaban los libros, cuadernos y bolígrafos. Posó la linterna un momento, tomó los libros, un cuaderno y dos bolígrafos y volviendo a coger la linterna tuvo que hacer malabarismos para evitar que algún objeto terminara en el suelo. - Menudas condiciones laborales... - protestó sonriendo.

Se arrodilló en el suelo dejando los objetos allí. Se sentó en el suelo y abrió los libros. Alumbró los primeros jeroglíficos y con un cuaderno apoyado en el regazo hizo un breve esbozo del primero de ellos. Después se concentró en el dibujo y se acercó los libros para comenzar a pasar páginas. "Parecen glifos identificativos de una autoridad religiosa" pensó. "Veamos..." pasaba páginas sin descanso "...no, no, no....¡alto!... a ver... las formas parecen coincidentes. Un rostro masculino, un sol y unas flores." - Claro...el Ah chilam...el adivino. ¿Profecías?. - De nuevo tomó la linterna y apuntó hacia los primeros jeroglíficos. - Si, eso parece. Bien, veamos el siguiente, debería ser su nombre. Ese me sonaba. El mismo rostro, una nube y un pájaro... - Paul sonrió mirando de nuevo el símbolo - ¡Encantado Nube-Pájaro!...yo soy Paul Mallory. ¿Qué te cuentas? - Se sentía feliz. Había comenzado con buen pie.

Pero aquello no había hecho más que comenzar, desde el suelo comenzó a llenar los cuadernos de garabatos, esbozos de símbolos, tachones y traducciones. Aquellas que creía tener aseguradas eran rescatadas a otro cuaderno con el objeto de clarificar las ideas. Apenas si se daba cuenta de que el tiempo estaba pasando. Había conseguido concentrarse como nunca. Incluso se diría que en medio de aquella oscuridad estaba a gusto. Observaba símbolos, los reproducía, buscaba en los libros y volvía a mirar los originales para asegurarse, la marcha parecía firme, pero no siempre tan llana. Había escollos en el camino. Algunos símbolos fuera de contexto parecían resistirse a su ejercicio.

"Esto no parece que debiera ir aquí". Volvía a comenzar la línea y otra vez regresaba al mismo callejón sin salida. La frase parecía tener sentido pero allí aparecían de nuevo los aquellos elementos extraños. Decidió tratar de dibujarlos con el máximo detalle, incluso obteniendo tomas con su videocámara ayudado por la luz de la linterna. "Sigamos. Esta pared parece inacabable." Resopló.

Se frotó los ojos. Miró el reloj. "Caramba...seguro que ya han cerrado el complejo y yo aquí" pensó. - Bueno, veamos lo que tenemos hasta la fecha. -. Paul buscó el cuaderno donde tenía las frases que había conseguido traducir completamente. Sin darse cuenta había llenado los alrededores de su improvisado centro de traducción en un reguero de papeles llenos de anotaciones, cuadernos y bolígrafos desparramados. Logró encontrar por fin el cuaderno que buscaba.

Lo iluminó con la linterna. Tuvo que entornar un poco la vista. La falta de luz le había obligado a hacer tal esfuerzo que al relajarse para observar con detenimiento aquellas anotaciones notaba que los ojos le estaban pasando factura. - Espero que las Fuerzas Aéreas me paguen la cirugía láser cuando salga de aquí - dijo en voz alta.

Abrió el cuaderno y comenzó a leer los resultados:

"Ah Chilam Nube Pájaro dice: Una nube negra, proclama el poder de la diosa, condena a los impuros al dolor de la destrucción.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: El demonio oculto en la oscuridad hará sangrar las estrellas en el fin de los días y, en la muerte, los cuerpos sufrirán la ira del destructor.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Nadie sobrevivirá a la gran furia del malvado señor de la noche que anhela los dominios de la diosa.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: La diosa Pájaro del Sur lo manda. Maldice al enemigo o el enemigo caerá sobre ti arañando tus entrañas.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Sólo los impuros que se alejan de la diosa conocen el verdadero nombre del demonio y sufren bajo su maldad.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Ni el padre sol ni la madre luna darán su cobijo a los renegados y malditos.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: La luz de las siete luces abrirá el camino de la salvación.

Ah Chilam Nube Pájaro dice: Seguid el camino de la diosa y encontraréis la liberación. "

Al terminar la lectura muchas ideas se le venían a la cabeza y quiso aprovechar el momento para que no se escapase ninguna. Encendió la grabadora de voz y comenzó a hablar:

- Vale. La mayoría de los jeroglíficos traducidos hasta el momento representan a las claras advertencias de tipo profético. Seguramente al objeto de inculcar temor en las gentes de este lugar y mantener así a la parroquia unida. Llama la atención el uso de palabras muy expresivas referidas al poder de destrucción del enemigo de la *diosa*. Un demonio oscuro que hace sangrar estrellas y descarga toda su furia contra los fieles a *Britney*. El fin de los días. Muy típica alusión de carácter apocalíptico. Pero mucho más explícita que sus homólogos terrestres. Se habla específicamente de *final de los días*, del apocalipsis. Los mayas entendían ese aspecto más como el final de un mundo, pero en un sentido cíclico. *Arañar las entrañas*...pueden ser todos ellos términos empleados con carácter enfático. Seguramente buscando causar un profundo temor. Pero podría ser a la vista de la sala del nivel inferior que tuvieran poso de realidad. Hasta es posible que quizás el destino de estas gentes fuera inconscientemente cifrado en estas paredes. En cualquier caso parece claro el carácter maligno del individuo. Existe una especie de paralelismo interesante entre el deseo de mantener a la ciudadanía dentro del redil y la necesidad de resaltar la maldad de este enemigo. Quizás se pretendiera matar dos pájaros de un tiro. Obtener lealtad y advertir de un peligro latente a la vez. -

Paul continuó su disertación ante la grabadora. - Hay algunas cosas de lo más curiosas en la traducción. Por un lado esa referencia a la diosa como *la diosa pájaro del sur*. Sorprendente. Parece que la diosa tenía cabeza de cóndor. Es llamativa la referencia. ¿Conocimientos geográficos importados de la Tierra?. Un cóndor andino. Esto hay que tratarlo con detenimiento. Podría ser relevante. La diosa pájaro del sur.... Nota: avisar a Catherine de esto. - Paul se quedó pensativo por un momento antes de continuar.

- Si. Yo creo que este dislate *geográfico-galáctico* o lo que sea tiene relevancia. Ahora mi favorita, Sólo los malutos conocen el verdadero nombre del demonio y sufren bajo su maldad. Apuesto el sueldo a que esto tiene que ver con el tipo de abajo y los dos relieves que hay sobre el dintel de la puerta. Mañana esto es prioritario. -

- Otra frase que llama la atención y sorprende es la de la luz de las siete luces... ...el stargate supongo... como el camino de la salvación. ¿Un medio de huída?. Supongo que si el demonio es tan malo como lo pintan, cualquier forma de largarse de aquí habría sido una salvación, pero es posible que esto escondiera algo más. Otro punto a considerar con calma. Nota: avisar a Catherine de esto. Y la última de las frases traducidas, que casualmente es la última del conjunto textual. Seguid el camino de la diosa y encontraréis la liberación. Parece pura doctrina. Es la frase final. Una especie de despedida-resumen de las enseñanzas que aquí se encuentran. Mañana volveremos sobre estas inscripciones para terminar la traducción de las mismas -

Paul apretó el botón para poner fin a sus anotaciones verbales. Consideró que había empleado bien la tarde. Había conseguido, con excepciones, desentrañar parte de aquellas inscripciones. Además el tiempo se le había pasado volando. Hora era ya de poner punto y final a aquel canal de información. Recogió todo y echando un último vistazo volvió a salir de la sala pensando, como en él era habitual, en los resultados obtenidos.


 
"Cuando las paredes hablan (I)"
Paul Mallory
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


"No sea necio Mallory, vaya más allá, no se limite a describir...¡reconstruya!". Ese fue el primer pensamiento que asomó a la mente de Paul, una vez en soledad despojado de la presencia de Holmes. La frase apareció bien clara en su memoria. No en vano el profesor Meyer se la había repetido hasta la saciedad durante el primer curso en la Universidad.

- Está bien - musitó entre dientes. Dio unos pasos hacia atrás hasta estar casi bajo el dintel de la puerta, observó detenidamente las pinturas en las paredes reteniendo en su memoria todos los detalles, hasta el más mínimo de ellos. Obtuvo un contexto combinando lo que su retina captaba y la estructura de la sala con sus pequeñas aberturas en la pared, tomó aire por un momento y cerró los ojos.

"Demonio, oscuridad, miedo, penumbra, muerte..." poco a poco fue repitiendo las palabras en su mente. Las primeras sensaciones que le transmitía todo aquel conjunto artístico. Fue dejando a un lado cualquier otra cosa que no fueran aquellas palabras. Pronto, aplicando sus conocimientos, imágenes fueron apareciendo a modo de flashes.

- ¡No, por favor, soy leal, no! - La voz fue asociada a un asustado aldeano que la mente de Paul dibujó con gesto aterrorizado y cuerpo contraído por el pánico. Podía ver la sala casi a oscuras. Sólo iluminada por dos antorchas junto a la entrada.

- ¡Ahora aprenderás lo que le pasa a los infieles. Él acabará con todos vosotros por vuestra insolencia! -. Gritó otra voz. Ésta, Paul no la pudo identificar en su cabeza. Pero se hacía una idea en su mente de que pudiera tratarse de un jaffa de la diosa que Dara y Ana habían encontrado.

Con los ojos cerrados visionaba la escena tratando de obtener un sentido acorde al lugar. Su mente parecía dibujar las imágenes con soltura. Un ciudadano, probablemente joven, acusado de practicar algún tipo de herejía. Condenado al encierro en aquella oscura sala. A solas con el demonio que devoraría su alma por su pecado.

El joven es dejado solo en la sala y encerrado...Su rostro sigue reflejando miedo, pavor. Las imágenes de las paredes ayudadas por el crepitar y el danzar del fuego parecen querer abalanzarse sobre el pobre desgraciado que llora y grita agazapado contra una esquina de la sala.

Paul trataba de imaginar sus gritos y súplicas desatendidas por haber cometido a saber qué tipo de sacrilegio. Se lo imaginó aterrorizado entreabriendo los ojos justo en el momento en el que las llamardas de las antorchas y un hilo de luz que entra desde el exterior resaltan el dibujo de la demoníaca figura pintada en el fondo de la sala. Con sus fauces llenas de dientes afilados a punto de desgarrarle el corazón.

Las escenas le muestran al pobre joven cuál será su destino y el de toda su gente si osan desafíar el poder de la diosa.

Paul abrió los ojos de repente observando la sala. "Una sala de castigo" pensó. Parecía claro. La oscuridad, la agresividad y crudeza de las imágenes lo reflejaban. El deseo de medrar por la vía del miedo. Sin duda alguna, Paul estaba seguro de haber desentrañado la función de aquella sala. Había tratado de seguir la consigna del profesor Meyer y la experiencia parecía haberle dado la razón al viejo profesor. Paul sonrió. "Bien..." pensó "...ya hemos reconstruido el contexto profesor. Ahora pasemos a las escenas."

Estuvo varios minutos recorriendo las imágenes. Parecía no quedar lugar a dudas de la existencia real de aquel personaje. En las pinturas aparecían reflejados objetos voladores que parecían *escoltar* a aquella figura en sus macabras maniobras de destrucción. "Un demonio destructor" sentenció en su cabeza "un goa'uld enemigo de la diosa". En otras escenas aquel sujeto infernal aparecía rodeado de otros *monstruos* de menor tamaño, que Paul asoció con jaffas asesinando o encadenando a inocentes aldeanos.

Muerte o esclavitud. Parecían las dos opciones preferidas de aquel falso dios. Pero hubo un dato que le llamó la atención. En casi todas las pinturas aparecían arboledas densas a ambos lados como acotando cada escena. Paul retuvo este dato en su mente. "Árboles pintados en un planeta desértico...podrían ser reminiscencias del pasado o bien un acontecimiento real...es posible que la gente de este planeta formase parte de una *segunda oportunidad*.". No le quedó claro, pero decidió darle relevancia al hecho. Tal vez estas enseñanzas fueran algo más que eso. También podrían ser una historia dentro de la historia misma.

No pudo evitar pensar que tal vez sin quererlo hubiera descubierto el destino de aquel pueblo que siglos atrás habitó en aquel planeta arenoso. "Podría ser, no es descartable".

Sacó una pequeña grabadora de voz que llevaba consigo y grabó todo lo observado, vivido y sentido en aquella sala justo después de hacer una descripción detallada de la misma y sus pinturas. Luego ayudado por la luz de la linterna y como pudo pese a la escasez de luz grabó con su videocámara toda la estancia intentando dar buena cuenta de la lúgubre decoración.

Una vez completado el registro de los datos terminó acercándose hasta la imagen que presidía la estancia. Aquel demonio perverso y cruel cuya cabeza parecía la de algún fantástico animal con boca de gran felino y ojos rasgados. - Fuiste tú quien acabó con esta gente. ¿verdad? - dijo en voz baja mirando fijamente a los ojos de la figura que parecían cobrar vida por momentos.

Permaneció un instante quieto como si deseara por un momento que aquella figura le respondiera. Al cabo de esos segundos Paul reaccionó alumbrando el reloj de su muñeca. No estaba seguro de cuanto tiempo le había tomado la observación. Pero si estaba convencido de que volvería a visitar a aquel siniestro personaje. - Volveremos a vernos muchacho, pero será después de que coma algo... ...francamente no sé tú, pero yo si no desayuno primero, luego me cuesta un horror entenderos. - dijo sonriendo.

Se separó un par de pasos sin perder de vista la pared del fondo de la sala justo antes de dar media vuelta para dirigirse a las escaleras que le llevaran al nivel superior. En ese momento se detuvo. - Vaya...daría algo por tener ojos en la nuca -. Desde que entró allí no se había apercibido de ello pero más valía tarde que nunca. Sobre el dintel de la puerta había esculpidos dos grandes glifos. Paul los tenía *capturados* en el cerco luminoso de la linterna.

Volvió a posar su mochila y sacó de nuevo la pequeña grabadora . - Nota final, sobre el dintel de la puerta hay dos petroglifos tallados en la piedra original. No me son familiares, pero procedo a grabarlos para su posterior traducción. No estoy muy seguro pero es posible que tengan relación con el nombre del protagonista de la sala. Parece que una de las aberturas en la pared está expresamente orientada hacia la inscripción. Quizás algún tipo de *mensaje subliminal* o el deseo de que quien fuese traído aquí saliera con el nombre del malvado personaje bien grabado en la mente. Es una buena teoría pero no descartemos que los de Taco Bell anduvieran ya por la zona sembrando esto de publicidad. - A Paul le gustaba darle un tono cómico, o al menos así se lo parecía, a sus investigaciones y estudios. Sentía que era la mejor forma de disfrutar aún más de su trabajo. Amén de ser un apasionado de las reglas mnemotécnicas por absurdas que pudieran parecer.

Volvió a guardar el equipo y comenzó a subir las escaleras pensando que la pausa para comer estaba bien ganada y que por la tarde se dedicaría a los jeroglíficos del nivel superior. A medida que ascendía, cada escalón parecía acercale aún más a la realidad. Holmes y su *irreverente* marcaje, Catherine y el deseo de salvar su sueño, Madeleine dando claras muestras de no encontrarse bien. Y el resto del equipo, todos a la caza de una puerta hacia al futuro.

No podía evitar pensar en las constantes consignas de Holmes sobre lo prioritario en aquella búsqueda. En su mente llegaba incluso a formularse la pregunta de qué estaba haciendo él en realidad allí si lo que verdaderamente importaba eran armas o tecnología alienígena o a saber qué clase de elementos. Pensó nuevamente en los jeroglíficos mientras subía los últimos peldaños. Quiso sentirse reconfortado a pesar de la situación. En su interior comenzó a flotar un esfuerzo más de optimismo. "Menos mal que las paredes de este palacio no han dicho aún su última palabra".


 
"Cartas marcadas"
Brittany Williams Andrew McBride-Smith
Teniente Brittany Williams, sanitaria (PNJ, Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)


De: bwilliams @ uic.mil
Fecha: 15 de Septiembre, 2001
Para: amcbridesmith @ sgc2.mil
Asunto: Informe de situación

Estimado Subteniente,

Me gustaría poder decir "Vini, vidi, vici", pero la verdad es que no hay mucho que hacer excepto llegar. Nada que ver, nada que conquistar, excepto los ánimos que se pueden ver rodando en el piso. Nunca me di cuenta de cuán dependientes nos hemos hecho del acceso directo a la información hasta que vine aquí, y ahora más que nunca. Te imagino sentado frente a un ordenador, capaz de hacer todo lo que aquí no... y en esos momentos no te quiero tanto.

Sin embargo, tenés una cualidad que te redime. Los mensajes que cruzaron conmigo alegraron este día... casi no puedo esperar los que llegarán mañana.

Unas horas más aquí y espero haber superado la tristeza de la despedida. Sobre todo, porque son unas cuantas horas menos hasta que volvamos a vernos. Seguramente esperas que te diga que la idea me llena de espiritual dicha y gozo, pero en realidad estoy pensando en algo más mundano... así que preparate para un serio juego de poker entre los dos.

Apuesta mínima: una prenda de vestir.

Atentamente,

Teniente Williams

***
De: amcbridesmith @ sgc2.mil
Fecha de creación: 15 de Septiembre, 2001
Fecha de recepción: 16 de Septiembre, 2001
Para: bwilliams @ uic.mil
Asunto: Re: Informe de situación

Mi querida rompecorazones (iba a poner matasanos para designar tu profesión, pero me parecía poco original),

Te puedes imaginar el desolador panorama que dejas aquí. Lo peor es que no solo yo estoy triste y hundido, si no que todo a mí alrededor es depresión y desánimo. La base parece el escenario de una mala película de zombis, todo el mundo caminando con desgana y con unas terribles ojeras. El estado de alerta no hace más que crispar los nervios a todos, en los últimos dos días ya he presenciado más discusiones fuera de tono y peleas que en todo el tiempo que llevaba aquí.

El fin de semana se presenta terrible en todas las cadenas no dejan de repetir las imágenes del atentado, centrándose en detalles de gente cayendo por las ventanas y cosas peores. Es mi idea del infierno, que pase algo malo y te hagan revivirlo todos los días hora tras hora. Me alegro que estés aislada de todo esto y que os enteréis tan solo por las gotas de información que os dejamos llegar.

Se han descubierto muchas cosas, la mayoría hacen que no nos sintamos muy orgullosos de nuestro empleo, sobretodo del mío. Según parece derribaron otro avión de pasajeros que iba directo a la Casa Blanca y el que chocó contra el Pentágono debía ir tocado, por eso fueron tan mínimos los daños. En mi entorno empieza a haber rumores de que la CIA ya tenía información al respecto, aunque con nuestro pasado común con Bin Laden es difícil olvidar que la CIA lo convirtió en lo que es.

Aquí en la base todo es tabú, yo creo que hasta para hablar del menú de cafetería hay que pedir permiso. Me gustaría poder volver a la UIC, más por la compañía que por el trabajo, te sabes hacer echar de menos. No me importa que siguiera lloviendo a mares, daría lo que fuera por volver a pasear contigo, espero que alguien acepte mi oferta por, por ejemplo, un brazo.

La verdad aunque mi trabajo de esa ración de poder que tu comentas, en estos días es todo un suplicio. El mar de información es terrible y casi todo es supersecreto, nos miran con lupa y encontrar un momento de desahogo para escribirte es costoso ya que trabajamos a doble turno. Pero nada impedirá que intente llegar a ti, ni el fin del mundo. En cuanto abran de nuevo "la puerta" intentaré conseguir un permiso para ir a buscar cualquier excusa a la UIC.

Siento mucho la limitación de comunicación que tenemos, la verdad es que en estos malos momentos se hace aún más patente. La normalidad de poder acabar el trabajo e ir a tomar un café con aquella que más quieres en el mundo es un lujo que no podemos más que soñar. Por muy gratificante que sea este trabajo las contrapartidas son terribles, creo que todos las sabíamos cuando nos enrolamos, pero eso no las hace más llevaderas.

No sé si aceptar tu reto de una partida de póquer, deberías saber que humildemente llevas las de perder. Estoy pensando en darte una ventaja de dos a una y que cada una de tus prendas valga doble, aunque será un placer "desplumarte" en el sentido más literal. No puedo dejar de soñar con ese momento, sobretodo en las frías noches que se acercan. Bueno, al menos sabes que tienes un tiempo para aprender. Pregunta a los cabos Foster y Sanders (sobretodo a este último) que te den consejos, que nuestras timbas hemos tenido.

Añoro verte y detectarte por otras formas de percepción que no son la vista también. Espero que esto se arregle pronto y la separación solamente nos ayude a apreciar los momentos compartidos. Yo estoy alquilando una noche de por lo menos 40 horas para poder pasarla contigo, pero si te parece poco amplio el plazo ;)

Todo totalmente tuyo (sí, también de cintura para arriba; la parte que no sirve para nada ;)


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"Paseando a Miss Mounteloup"
Madeleine Monteloup
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Marine Jonás 'Calabazas' Russell (PNJ, David M.)


Cuando llegó Madeleine al campamento, lo primero que hizo, fue tomarse uno de los calmantes que Catherine le había dado. A continuación se fue a la tienda que le correspondía y aprovechando que no había nadie, se cambió y se puso algo más ligero que había traído en su mochila, una casaca corta de lino, color caqui de cuello mao. No quedaba muy bien con el pantalón militar, pero era mucho más fresco que la camisa militar. Con un pañuelo de lino alrededor del cuello, la melena y un poco de maquillaje apenas se notaba nada, y estaba realmente a gusto. Dudaba entre ponerse un chambergo o no, pero no era de buena educación comer con sombrero en la mesa, por lo que decidió dejarse el pelo suelto. Además la mesa estaría a la sombra de eso estaba segura. Ya más animada se unió al resto del grupo para comer. Estaba bastante sonriente y se sentó a comer al lado de Paul evitando en lo posible dirigirse a Holmes, aunque de vez en cuando le lanzaba alguna mirada de reojo que era captada por Holmes a lo que ella respondía desafiante.

La conversación a lo largo de la comida giró claramente entorno a los pequeños descubrimientos hechos durante la mañana.

Una vez terminó cada uno reanudó sus quehaceres. Madeleine fue a buscar el equipo necesario para tomar las muestras. Cuando se preguntaba como iba a hacer para llevar todo se presentó ante ella un marine.

- La Doctora Moteleoups, supongo. - Dijo el marine de poco más de metro ochenta con una leve sonrisa torcida y aire cómico. Su sonrisa hacía juego con una nariz rota y una leve cicatriz en la mejilla derecha, sus ojos azules inquietos le daba un aspecto de nervioso diablillo. - La Capitana Ford me mandó que viniera a acompañarla a su "excursión".- Hizo especial hincapié en el género de su oficial y no pudo reprimir una mirada de arriba a abajo a la civil con cierto aire de lascivia. Se puso firme a la espera de más órdenes, como intentando disimular su desliz.

Madeleine miró al que iba ser su acompañante durante la tarde, y enarcó un poco la ceja ante la mirada de este la cual no le gustó mucho.

- Muy bien marine, la "excursión" como la ha llamado va a dar comienzo... ahora mismo. Coja esa mochila y ese maletín - dijo señalando a los objetos ya preparados al lado de la puerta. - Y sígame. Ya empezaba a salir por la puerta cuando se volvió de improviso y le dijo: - ¿Cómo se llama marine?

- Russell, Jonás. Señorita - Dijo no sin cierto tono picarón.

- Para usted doctora Monteloup, marine Russell... y espero que cambie ese tonito conmigo, no quisiera dar parte a su superior la Capitán Ford. Durante las próximas horas voy a ser su superior y espero que acate ese rango. ¡Ah!, y no se olvide de la pala a lo mejor la voy a necesitar, y sino puede con todo hágamelo saber. A lo mejor necesita la ayuda de mami para ello.

Madeleine se dio la vuelta y salió sonriendo alegremente por la puerta. Por fin iba a encontrar alguien con quien descargar la ira que llevaba dentro. Y un buen mulo de carga a costa del ejército le iba aliviar esa carga. Prometía ser una "excursión" bastante entretenida.

- Creo que está usted equivocada, "doctora". - Dijo el marine con un tono tan helado que podría congelar las venas del más pintado. - Puede que tenga que ser su asistente, su niñera e incluso su burro de carga. Pero nunca jamás en su corta vida, se atreva a insinuar que se ha ganado de alguna manera el privilegio del mando. Y Dios quiera que nunca necesite de mi ayuda en batalla, que entonces sabrá lo es recibir órdenes. - Su cara era una rígida máscara como la de cualquier suboficial instructor de los que salen en las películas. - Ahora si es tan amable indíqueme hasta donde debo transportar estos bultos. Y le recomiendo que coja algo por poco pesado que sea, sobre todo si es frágil, porque necesito una mano libre para usar mi arma y no dudaré en desprenderme de lo que sea para conseguirla. Se me ha encomendado ayudarla con el equipo pesado y servirle de protección, no ser su "negro particular". Por si no lo sabe los "soldados" ganaron hace muchos años una guerra para abolir la esclavitud. Si quiere dar parte de mí, siéntase completamente libre de hacerlo, pero no espere hacer amigos con ello...

Madeleine se puso seria. - Muy bien, de acuerdo, soldado Russell, es cierto que no tengo porque darle órdenes, y es cierto, que quizás me he pasado... de la raya. Pero si puedo dar parte por emplear un tono como el que usted ha utilizado hace un momento. Usted se encargará de ayudarme y de protegerme en caso necesario, pero creo que no le han dado ninguna orden de emplear un tono como el que ha usado conmigo, va en contra de las normas entre el personal de la base militar, y aunque yo no soy militar mientras esté trabajando para el ejército y mal que me pese, formo parte del mismo, por lo tanto para usted seré doctora Monteloup, no "señorita" ni nada por el estilo. Comprendido.

Madeleine le quitó de sus manos el bolso contenedor de muestras y dejó al soldado Russell la mano libre que tanto necesitaba para defenderse en un planeta que sólo era desierto. ¿A quién iban a encontrar en semejante lugar?

- Al menos donde yo estudiaba "Señorita" era un trato respetuoso. Porque Doctora, no tengo porqué saberme su vida y milagros... - Seguía rezongando el marine mientras acababa de cargar bultos. - ¿A quién pretende curar con estos trastos, doctora? - Concluyó todo serio mientras dejaba de observar extrañado todo lo que cargaba y admiraba "el paisaje" que se le planteaba delante mientras la civil camina por delante de él dándole lo mejor de su espalda.

"¿Curar con estos trastos? Encima de salido es medio lelo" pensaba Madeleine mientras salía del recinto sin responder a la pregunta del soldado.

El material no era muy pesado pero era ligeramente aparatoso de transportar, Russell se preguntaba como se habría planteado una mujer tan pequeñita el llevar todo aquello sin ayuda, Tampoco le extrañaba mucho, era por todo el mundo bien sabido que las mujeres estaban todas locas y que no se atenían a la lógica normal. No había más que ver el "chollito" que le había encomendado la "cachonda" de la Capitana.

Madeleine imaginaba el rastro de babas que dejaba Russell. Si ya tenía bastante con lo suyo además tenía que cargar con un salido mental. En su cabecita ya estaba maquinando como tocarle las narices al soldadito salido que le había tocado en suerte. Desde luego iba a sudar la gota gorda bajo un sol de justicia, así estaría ocupado en algo mejor que en calenturientos pensamientos.

Finalmente, la pequeña comitiva formada por ambos partió del campamento y comenzaron a alejarse de la pirámide para adentrarse algo en el desierto. Había decidido tomar muestras en varios lugares. Ella se dedicaba a montar el equipo para la extracción de muestras mientras le indicaba al soldado Russell donde cavar con la excusa de que era necesario para tomar muestras. Y ella cada vez que socavaba la superficie tomaba muestras de ese lugar las ponía en los contenedores y los sellaba. Pero mientras él excavaba en lugares en los que ella solo tomaba muestras de los montones de tierra formados al cavar. Ella extraía por otro lado muestras a mayor profundidad, no era mucha pero si la suficiente para obtener algo interesante. El equipo no era de los más grandes y pesados sino fácil de manejar, pero era una auténtica lata montarlo y desmontarlo. Al menos mientras Russell cavaba ella pensaba que su cabeza calenturienta estaría ocupada. Sin embargo, de vez en cuando miraba de reojo al soldado Russell al cual le pillaba tanto miradas de lascivia, como miradas a su alrededor en busca de un imaginario peligro.

Aunque ella le ignoraba por lo menos una cosa demostraba el soldado Russell, estaba absolutamente entregado a su protección y colaboraba con ella, al principio sólo cavando, pero poco a poco comenzó a ayudarla a montar el equipo. No era tan mal tipo después de todo. Estaba sudando como un cerdo, pero para nada se quejaba de su trabajo, simplemente la ayudaba en todo lo que le pedía. Después de ir de aquí para allá tomando muestras dobles, sellando y etiquetando un montón de contenedores Madeleine decidió que debían tomarse un respiro. Le indicó que se acercara y se sentara con ella a tomarse un tentempié. Se acercó al soldado Russell y le acercó la cantimplora y unas chocolatinas de las que ella solía llevar en su mochila.

- Tome, no es bourbon pero le saciara la sed.- Y le dio a continuación las chocolatinas. - Son de chocolate noir, espero que le gusten, me las traen expresamente de Europa.

Madeleine se sentó a su lado y le preguntó:
- ¿Lleva mucho en el ejército?

Jonás se relajó un instante, aceptó el regalo de la doctora y se apoyó en una piedra cercana. No abandonó del todo su posición de vigía alerta pero se tomó un pequeño respiro.

- No mucho. Hace poco que firme mi tercera renovación... - Continuó, más haciendo cálculos mentales para sí mismo que hablando con la doctora. - ... Con lo que eso indica que dentro de poco cumpliré los cinco años de servicio.

Madeleine le sonrió y le dijo.
- Será mejor que deje la pala a un lado, ya no será necesaria, le voy a enseñar a montar mi pequeño equipo. No sirve para "curar", pero hace cosas interesantes como extraer muestras en apenas un metro de profundidad. Sólo en los extractos térreos más recientes.

Madeleine consideraba que el esfuerzo por ayudarla del soldado había merecido que dejara de tocarle las narices haciéndole cavar inútilmente. Y además, pensaba que un cuerpazo como el del soldado Russell no podía estropearse más con el sol. Aunque el tono de su piel tostada era muy atrayente.

Mientras le explicaba como montar el equipo le preguntó: - ¿Y qué piensa hacer cuando acabe su servicio a la patria?

Jonás sonrió mostrando su blanca dentadura de la que se sentía muy orgulloso, era como si le preguntara por el fin del mundo - Jubilarme, claro. ¿Hay algo mejor que hacer tras una vida de servicio a tu país? - Tomó una pausa para pensar realmente en su futuro y luego desdeñó las nubes que se formaron en su cabeza. - ¡Bah! Prefiero vivir el presente que plantearme quimeras, todavía soy muy joven para eso...

Madeleine le miró de reojo pensando que era un poco asno. Pero parecía buena gente. De repente se le ocurrió una pequeña idea, un cuerpazo como ese sería el guardaespaldas perfecto para ella.

- Oye Jonas, ¿puedo llamarte Jonas? ¿Tienes alojamiento en la base?, quiero decir... er... ¿vives en la base o fuera de ella? Lo digo, porque alquilo una habitación en mi casa muy barata... y quizás te gustaría irte a vivir allí. Un soldadote como tu dispondría de buenas vistas, y una habitación para ti solito.

- Me llamo Jonás, creo que es nombre bíblico. Y sólo te permitiré que lo uses si me dejas llamarte "señorita" - El joven sonrió deslumbrando con el reflejo del potente astro rey. - Pues realmente me acabo de venir a Guam y no estaba muy seguro de si instalarme en la base o buscar un piso compartido. Lo de vivir con una señora mayor no me lo había planteado, ¿qué sería, algo así como tu "manceno"?

Madeleine dejó lo que tenía entre las manos, miró al soldado Russell. Se preguntaba si es que el chico era así de nacimiento o el ejército le habría vuelto así. - Oye... Jonás... por quién coño me has tomado. "Una señora mayor", habló el espabilado, si tan mayor soy deberías dejar de babear por mi trasero, "una señora mayor" debería de darte repelus. Acaso tengo aspecto de ancianita devora hombres y asalta cunas.- gritó al final Madeleine la cual se puso las manos en la cintura bajó la cabeza y empezó a moverla negativamente. Esta situación que la hacía salirse de sus casillas y gritar casi histéricamente le recordaba enormemente a otra situación sostenida con Holmes en la UIC. Finalmente respiró hondo y profundo. Y pausadamente siguió: - Vamos a ver Jonás no quiero que te acuestes conmigo, sólo quiero alquilarte una habitación, nada más, por hacerte un favor. ¿Entiendes?

Madeleine dudaba que esa cabezota suya comprendiera exactamente que lo que le pedía no era ni más ni menos que la acompañara, pero nada más.

- Pues es una pena, me gustaba más la primera opción. - El marine sonrió con aire inocente como si fuera una broma sana que no podía hacer mal a nadie, en su cabeza (al menos) así era. - No te quería llamar "vieja", lo siento, no quería ofenderte. Estás realmente muy buena y te conservas muy bien, sea cual sea tu edad. Pero si alguien me insiste tanto en su título de doctorado comprenderás que sumando dos y dos no puedo echarle menos de treinta años, y eso siendo uno de los típicos "cerebrines" que suelen rondar por esta base. - El chico al ver el brillo en los ojos de Madeleine tuvo la sensación de que no se había explicado bien. - No te quería llamar golfa ni nada así, es que normalmente la gente que conozco de un día no tiende a ofrecerme su casa sin más. Y menos una hembra con ese cuerpazo. - Tras oír las palabras que salían por su boca no pudo más que taparla con su mano izquierda y quedarse callado, ya que veía difícil arreglarlo sin liarlo más. Haciendo acopio de todo su entrenamiento se dispuso a aguantar el chaparrón que esperaba que le viniera encima.

Madeleine le miró con la boca abierta, pretendía hacerse la ofendida, pero desde luego no era así como se sentía. No le quedó otra opción que sonreír. Acababa de darse cuenta de que no era más que un chiquillo. Se puso algo seria y le dijo: - Veras Jonás... seré sincera, han intentado robar en mi casa y me da miedo estar sola. Es muy grande y tiene un frigorífico enorme que puedes llenar si quieres de cervezas, y puedes invitar a tus novias a la casa cuando quieras., Y no necesitas liarte con una vieja por muy buen cuerpazo que tenga. ¿Qué te parece la propuesta? Si te sientes incómodo con ella, pues no pasa nada, quedaremos igualmente como amigos y si alguna vez necesitas un lugar donde ir con tu chica serás bienvenido.

- Jo lo siento. No quería insultarte ni nada por el estilo. Me encantaría tener una novia como tú, como ves no soy muy hábil con las mujeres... - Al final el chico cambio su faz de pesadumbre y como intentando olvidar lo anterior continuó: - Si salimos de ésta me sentiré muy honrada de compartir techo contigo y ser tu guardián en el tiempo libre que me deje mi trabajo. Te presentaré a mis amigos, seguro que te caen bien. Te ayudaremos a arreglar lo que te hayan roto y haremos una fiesta. Y ya negociaremos el alquiler, que este curro tiene sus pegas, pero pagan muy bien. Debe ser por eso de que es secreto y demás. Tú lo sabías, ¿verdad?

Madeleine no pudo por más sonreírle al soldado Jonás, le había caído bastante bien.
- Muchas gracias Jonás, los desperfectos ya estarán arreglados cuando regresemos. Pero podríais, tus amigos y tú, ayudarme a terminar de pintar la casa. Y respecto a la fiesta... será un placer invitaros a su inauguración. Aunque van a ir unos cuantos "carcas" también. - Ante este último comentario le guiñó un ojo.

Y siguieron a lo largo del resto de la tarde con la recogida de muestras, sólo que a partir de ese momento todo fue mejor entre ambos. Desde luego había sido un acierto, debería de agradecerle a Catherine su carabina. Después de todo la tarde había sido provechosa. Al menos no sentiría miedo teniendo próximo a ella un cuerpazo como aquel que sin duda alguna sabría defenderla si volvía a ocurrir algo grave.

(Y comieron lombrices...)


 

Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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