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"Viento en contra"
Dara Santer Ana Reyes Paul Mallory Madeleine Monteloup
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dr. Paul Mallory, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)


Dara siguió con mirada inexpresiva a Lebau que, como un perrito faldero, seguía a Ford para intentar hacerle cambiar de opinión. "Menudo gasto de energía". Bajó los ojos hasta la mochila que había arrastrado fuera, presa de un ataque de pánico contenido. Estaba asiendo con tal fuerza una de las tiras que los nudillos de su mano derecha habían perdido todo rastro de color. Le invadió una terrible sensación de impotencia. Comenzaba a estar harta de todo: el calor, la arena, los terremotos, la pirámide y del mismísimo stargate.

- En mala hora.- fue un susurro entre dientes, tan bajo, que ni siquiera supo si alguien lo había escuchado.

Ana alzó la vista, había escuchado el susurro perfectamente, porque había seguido los pasos de Dara. No hizo ningún comentario. Su cara reflejaba desesperanza, y mientras que hasta el momento del terremoto su intención había sido intentar quedarse y continuar la investigación como fuera posible, tras lo sucedido estaba claro, al menos para ella, que debían partir de inmediato.

Madeleine había escuchado también lo que Dara había dicho y miró de reojo Dara con cara de enfado, desde donde estaba no podían ver su cara. Entendía que les diera rabia marcharse sin indagar un poco más acerca de lo que habían descubierto y tener que regresar para tener que abandonar el proyecto Stargate. Pero también comprendía a Catherine. Comprendía lo que sentía y la situación en que se encontraba demasiado bien. Lo mejor sería regresar, estaba convencida de que al final con las muestras que habían encontrado quizás encontraran algo que sirviera al proyecto y así evitarían su cierre.

Paul se había puesto en marcha ya hacia su tienda unos pasos por delante de las doctoras con las gafas de sol puestas y sin querer saber demasiado de la situación. "Vaya pérdida de tiempo" pensaba mientras no podía evitar sentir la desazón por ver que sus argumentos no habían servido de nada. De buena gana hubiera arrojado la mochila duna abajo.

Dara alzó nuevamente la vista. La capitana había dicho que empaquetaran. Pues empaquetarían. Vive dios que lo haría. Por última vez. No más planetas, no más gusanos inmundos, ni más tonterías. Que se fueran todos al infierno. Ella se marchaba por el mismo lugar por el que había venido. Y si la querían en Columbia de nuevo, estupendo, y si no, pues ya se buscaría la vida. Lejos de tanto estúpido militar, en algún lugar donde lo más peligroso que se le pudiera acercar fuera un catarro.

Sintió el escozor en sus ojos antes de notar las primeras lágrimas de rabia. - Será mejor que empecemos a recoger, ¿no? No parece que tengamos mucho más que hacer aquí.

- Sí, vamos. - Ana cogió a Dara por el brazo, intentando insuflarle un poco de entereza. Aunque no se encontraba nada animada tampoco.

Al llegar vieron que su tienda estaba un poco ladeada hacia la izquierda, las varas que la sujetaban habían cedido.

Paul, detenido ante la entrada de su tienda comprobó que el terremoto no la había maltratado en exceso comparándola con el resto. Se volvió para observar a las doctoras. - ¿Necesitáis ayuda? - les preguntó elevando lo justo el tono de voz.

El gesto que Ana le hizo con la mano le dio a entender que no era necesaria su participación. Lo que le llevó a asentir con la cabeza y desaparecer rápidamente tras la lona de la tienda y mirar el interior donde los estragos si parecían mayores de lo que por fuera se percibía. Papeles y más papeles, libros y elementos de todo tipo desparramados por el suelo. "Menuda mierda" pensó.

Madeleine vió a Paul desaparecer por la entrada de su tienda y suspirando regresó su mirada a su tienda, la cual realmente parecía que se iba a caer en cualquier momento. El único comentario que hizo en voz alta fue: - ¿Sujetamos la tienda primero?. No me gustaría que se nos viniera encima, ya hemos tenido bastante movimiento hasta el momento-. En el tono de su voz había bastante ironía y enojo.

El simple gesto de Ana de tomarla por el brazo había tranquilizado en parte a Dara. Apretó el brazo de Ana con un gesto que esperó que entendiera. El apoyo de sus compañeros era todo lo que tenía en ese momento.

- En lo que a mí respecta, no pienso tocar ni una sola piqueta. Quince marines son suficientes marines para desmontar todo este tinglado. Además, sinceramente, creo que sólo molestaríamos. - dejó que el sarcasmo fluyera con este último comentario.- Creo que debemos empaquetar nuestras cosas y esperar tranquilamente en la parada a que llegue nuestro bus.

Y dicho esto, se dirigió al que durante dos noches había sido su cama para recoger los escasos objetos personales que todavía no había guardado en la mochila que todavía llevaba consigo.

Madeleine imitó a sus compañeras y recogió algunas cosas. Salió rápidamente de la tienda y observó el movimiento rápido con el que los soldados comenzaban a desmontar el campamento. Vió a Jonás como se afanaba en su trabajo y sonrió mientras pensaba que después de todo algo bueno había salido de todo aquel desastre.

Estaba terminando de meter sus libros en uno de los pequeños maletines que habían traído consigo cuando percibió de reojo que dos marines entraban en la tienda. Paul no dijo nada, ni siquiera les prestó atención. Se dedicó a ajustar los correajes de la mochila e incorporándose volvió a ponerse las gafas de sol, cargó sus bártulos al hombro y se dirigió en silencio hacia la puerta.

Madeleine desarticuló la sonrisa de su cara al desviar su mirada de la persona de Jonás a la pirámide. Y algo cabizbaja se dirigió hacia el Stargate. Sin querer tropezó en su camino con Paul, el cual en esos momentos salía de su tienda.

- Paul... lo siento, estaba distraída. ¿Vienes hacia el Stargate? -

Abrió los ojos al toparse de bruces con Madeleine justo cuando volvía a recibir la luz del sol directamente. - Claro. No creo que queden muchos lugares a los que ir por aquí. - En ese momento Ana asomó la cabeza entre las lonas de la tienda. - ¡Eh, vosotros!. ¿No pensaréis iros sin nosotras verdad?.- Paul alzó la mano a oir la voz de la doctora. - Tranquila, aquí os esperamos. - Y acto seguido volvió a mirar a Madeleine con cara de circunstancias al comprobar que todo aquello estaba terminando de la manera más triste posible, como un enfermo que agoniza sin posibilidad de recuperar su vida.


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Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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