"Moviendo el esqueleto"

Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
La tierra temblaba. Era una sensación extraña. Y horrible. Dara sentía un pavor racional y perfectamente explicable a los temblores de tierra. El suelo firme bajo sus pies era algo en lo que confiaba ciegamente, que dejara de serlo la intranquilizaba hasta límites que no quería comprobar. A duras penas consiguió asirse a lo único firme que tenía a mano. el hombro de Madeleine, quien en el preciso instante de recibir el impacto de su compañera cavilaba sobre lo que Paul y Catherine habían dicho y su significado: que no regresarían a la pirámide.
El movimiento del suelo cogió a Ana desprevenida, perdió el equilibrio y notó cómo su cuerpo caía, poniendo los brazos por delante, en un intento de amortiguar la caída, con una sensación angustiosa. Ana oyó un quejido y vio a Dara caer encima de Madeleine.
Dara había perdido el equilibrio, dejando caer todo su peso sobre el hombro de Madeleine. Las dos doctoras rodaron al suelo en un amasijo de brazos y piernas. Fueron sólo unos segundos, no más de cinco o seis; un abrir y cerrar de ojos en el que todo parecía suceder a cámara lenta. Dara se incorporó intentando ayudar a Madeleine. Debía estar realmente lastimada por lo que reflejaba su rostro.
- ¡Oh, Dios mío, Madeleine! ¿Estás bien?
Madeleine, aguantado el dolor, contestó a Dara.- No te preocupes, estoy bien- Respiró profundamente conteniendo un gemido.
Dara asió por los hombros a su compañera, casi tanto para mostrarle su apoyo como para reconfortarse a sí misma. - ¿Segura?- insistió. Había algo en Madeleine que la preocupaba. Desde el principio de la misión, Dara sólo la había visto siendo "ella" a ráfagas. Hizo un esfuerzo para esbozar una ligera sonrisa. -Apuesto a que estás agradecida de que haya dejado los dulces, ¿verdad?- No era nada ingenioso, pero quería romper la tensión.
Madeleine asintió con la cabeza, aunque sin evitar poder remediar el gesto de dolor, para que Dara comprendiera que no había problema alguno, y aguantándolo firmemente le contestó: - Estoy tremendamente agradecida por ello.- Y con su mano dio una palmadita a la mano de Dara para que comprendiera que estaría bien. Madeleine miró a su alrededor, esperaba que no se hubiera notado mucho que había empalidecido a causa del dolor. Justamente Dara se había apoyado en una de las partes más doloridas y en donde se encontraban algunos moratones próximos al cuello. Confiaba en que Dara no los hubiera visto.
Por su parte, Catherine escuchó aquella breve conversación a medias mientras se dedicaba a escupir toda la arena que había logrado meterse en su boca. Incluso intentó quitársela de la lengua con las manos, una pésima idea considerando que no estaban precisamente mucho más limpias. Una sensación de morder minúsculos pedazos de mica y piedra era espantosa, pero llegado ese punto decidió sentarse de la manera más digna posible, tragar lo que no quería salir, y accionar el radio.
- Aquí Ford. - Soltó el botón que activaba la comunicación mientras intentaba escupir algo que tenía en la punta de la lengua, frunciendo el ceño y advirtiendo con poca atención que se habían soltado varios vientos de la tienda. El resto, de seguro, estarían flojos. - Santer, Reyes y Monteloup están conmigo. - Hizo otra pequeñísima pausa, notando la forma en la que el rostro de Madeleine había perdido su color natural. Sin embargo, continuó en lugar de empeorar la situación insistiendo sobre el estado de la bióloga. - Quiero la situación de todo el mundo. - Volvió a soltar el aparato, frotó las manos contra el pantalón y decidió mantenerlas lejos de la boca mientras esperaba que comenzaran a llegar las respuestas. Se puso de pie.
El seísmo le había sorprendido a escasos metros de la tienda que acababa de abandonar y la fuerza y virulencia del mismo le hicieron llevar la rodilla derecha a tierra después de tener la desagradable sensación de ver como su cuerpo parecía moverse sin control. Durante aquellos segundos Paul se vio obligado a apoyar la palma de una de sus manos a la arena con el objeto de no dar con su cuerpo completamente en ella. Alzó la vista hacia las tiendas aledañas durante el largo instante en que la tierra tembló para acto seguido volverse hacia la tienda donde hacía dejado a la capitán con las doctoras.
Aún junto al marcador del Stargate James pudo por fin incorporarse. Por su mente sólo pasaban dos pensamientos, que Holmes y los demás soldados hubieran llegado bien y que Riker hubiera recibido su mensaje, el hecho de que el Stargate se hubiera apagado cuando empezará el terremoto le daba muy mala espina, aunque quizá sólo fuera un fallo técnico o un sistema de seguridad. James lo pensó bien y rezó por que fuera un sistema de seguridad y no que se hubiera estropeado, dudaba mucho que hubiera alguien por las cercanías que supiera arreglarlo.
Dara miró hacia la entrada de la tienda, todavía sacudiéndose la arena de la ropa, del pelo, de todo el cuerpo. Supo que era Mallory por su voz, no porque reconociera la silueta que, a contraluz, se dibujaba en lo que podría decirse como entrada. - Eso parece. dos piernas, dos brazos, dos manos, una cabeza - murmuró esto último mientras se palpaba el cuerpo con las manos. Alzó nuevamente la voz para anunciar que se encontraba bien.
Se acercó hacia Paul, en parte para preocuparse por él y en parte porque empezaba a sentir la imperiosa necesidad de salir de la tienda. Intentando controlar sus miedos, se dirigió a Mallory, de quien ya distinguía sus hermosos ojos verdes.- ¿Tú estás bien?
- Si. Tan sólo un *baile* no deseado ahí fuera - respondió Paul minimizando los efectos de la sacudida sobre su persona mientras observaba el rostro de Dara que de repente se tornó en lejanamente familiar. Tenía la sensación de haberla visto antes pero no sabía dónde. Tras un breve segundo pudo notar también el gesto especialmente dolorido de Madeleine en quien se fijó con atención. Ana por su parte parecía encontrarse bien. Sus ojos terminaron en el rostro de Ford, sosteniendo la radio en su mano y con aparente gesto de calma.
Madeleine ya de pie miró a su alrededor recorriendo con la mirada al resto del grupo hasta que su mirada se cruzó con la del doctor Mallory.
Después del susto inicial James corrió para reunirse con la capitán Ford, era imperante saber si Holmes y los demás habían llegado bien, además de saber que el resto de gente no había sufrido daños. Sólo faltaría que además de Holmes hubiera otros heridos. Eso definitivamente acabaría casi por completo con las esperanzas de salvar el proyecto.
James pudo ver en una de las tiendas una figura, pudo deducir que se trataba del doctor del grupo por su silueta.
Lebau entró en la semisuelta tienda corriendo de manera que estuvo apunto de chocar con la espalda del doctor Mallory. - ¿Se encuentran todos ien? -James se dio cuenta que en realidad no había hablado prácticamente con ninguno de los doctores, aún así espero respuesta.
Al oír la voz surgida justo detrás de su espalda, Paul se volvió repentinamente. Aquel hombre con el que no había cruzado palabra alguna desde que se vieran por primera vez frente al Stargate de Guam había aparecido de improviso como surgido de la nada. Sus canas refrendaban la veteranía de su rostro. Con voz seria le miró y le respondió asintiendo levemente con la cabeza. - Parece que si. Todo ha quedado en un susto.-
James miró al doctor Mallory y le semi sonrió recuperando el aliento -Me alegro doctor -con la mirada buscó a la capitán para poder hablar con ella.
Madeleine respondió al doctor Lebau algo aturdida: - Doctora Monteloup operativa-.
Catherine se acercó a él. Con las entradas la estructura de la tienda se balanceaba en forma precaria y no la hacía muy feliz la idea de permanecer adentro. Prefería el sol. También quería ver qué sucedía fuera con los demás; la falta de respuesta de los marines (a excepción de Kelvin, que había acompañado discretísimamente a Lebau, y se encontraba a un decente número de pasos), contrastada con la aparente eficiencia de los civiles que no habían estado en su ángulo de visión la preocupaba. - James, ¿me permite su radio?
James cogió su radio y la extendió para que la capitán se hiciera cargo de ella -Faltaría más.
- Gracias. - Con ella, Catherine salió de la tienda, reelaboró la situación anterior y la orden. Podía ver a varios de los marines, incluyendo a su Sargento estrella, acercándose. - Aquí Ford. Todos los civiles están conmigo. Quiero la situación de todo el mundo, - elevó apenas la voz, siquiera para dar énfasis a sus palabras, fuera por frustración o porque no entendía qué sucedía. Se giró a mirar a los demás. - No escucho el eco... ¿me escucharon por sus radios la primera vez?
James había ido detrás de Ford, no le hacía mucha gracia estar bajo una estructura que se balanceaba de una manera que parecía indicar que si te quedabas debajo se te tiraría encima encantada. Al oír la pregunta respondió sinceramente -La verdad es que no le he prestado absoluta atención a la radio, me encontraba comunicándome con la base y después del incidente he venido corriendo sin prestar atención -James alargo el brazo y se meció el pelo por la parte de la nuca, se daba cuenta que se había dejado dominar un poco por la impresión inicial, pero a lo hecho pecho, se giro para escuchar las respuesta del resto de doctores.
Ana estaba de pie, observando con mirada insegura. Miró a Dara.
- Vamos fuera. ¿Ya?
Dara miró a sus compañeros y por primera se percató de que estaba *dentro* de la tienda.
- Creo que sería buena idea salir, por si... se... repitiera... que no se va a repetir, pero... - Se dirigió al camastro donde había dejado su mochila para recogerla. - Fuera estaremos mejor.- dijo haciendo extensiva su mirada a los otros tres ocupantes de la tienda.
Ana asintió, se sentía confusa, muy confusa, nunca se había encontrado en una situación semejante, afortunadamente no había habido heridos, o eso parecía. Al salir de la tienda miró a su alrededor. Entonces vio que Ford las miraba y sus últimas palabras volvieron a su mente "¿me escucharon por sus radios la primera vez?". Ana cogió la radio, y la miró un momento, antes de contestar.
- Yo no he oído nada, capitán. - Ana observaba la radio con gesto de duda, realmente no había prestado mucha atención....
Dara escuchó la respuesta de Ana y trató de recordar. - La verdad es que no podría decir que la oí antes...
Siguiendo el paso marcado por sus colegas al salir de la tienda, Paul fue el último en abandonarla. Se puso las gafas de sol y trató de hacer memoria al escuchar la pregunta de Catherine. No era capaz de recordar con exactitud. Tras la respuesta de Dara y Ana miró a la capitán y se encogió de hombros mientras alzaba las cejas en señal de negativa.
Madeleine respondió con la cabeza a la pregunta de la capitana. A pesar de lo acontecido estaba segura de no haber escuchado la radio. Y expresándose en voz alta, más para ella que para el resto del grupo añadió mientras recogía sus cosas: - Quizás... a causa del terremoto las comunicaciones se vieron alteradas, o simplemente estábamos tan compungidos por lo de Holmes que no le prestamos la debida atención, pero mi radio no la escuché -.
La Capitán agradeció a su estrella no haber estado hablando en ese momento, porque acababa de atragantarse. Miró a propósito hasta otro lugar, hasta que se aseguró que no tenía nada en la garganta bloqueando el paso del aire ni de nada más, y ni siquiera podía culpar al sismo del que aún llevaba las marcas de tierra en el rostro y el resto de su cuerpo, o al segundo que le había hecho tragar cuánta arena, ni a los radios que no aparentaban funcionar... Tan sólo tomaba el nombre de quien no quería ni debía pensar en esos momentos.
- Señores - elevó la voz, - esto ha sido todo. Kelvin, avise a los demás: nos vamos. - Sabía que ya DeLorence estaba lo suficientemente cerca como para escucharla, pero comenzó a caminar hacia el Sargento con decisión, sin la más mínima intención de recolectar la reacción de la población civil a sus palabras.