"Lucha en el barro"

Dra. Jean Deveraux, Bióloga (Carlos)
Dra. Madeleine Monteloup, Bióloga (Yolanda)
NRPG: Posteo situado en la UIC, antes del cambio de destino de Madeleine y el resto.
Jean estaba en la cafetería de la UIC; había cogido una infusión hace ya algunos minutos, pero ni la había probado. Desde que se había sentado en la mesa no había cambiado su postura: los codos separados apoyados sobre la mesa, las manos extendidas sobre la cara sujetándole la cabeza y la mirada perdida en el techo.
Se sentía como hacía tiempo que no le ocurría; tanto tiempo que ni siquiera podía recordarlo. Era como volver a la adolescencia. Y todo esto por unas pocas frases y gestos de un chico más bien normalito.
~ Pero muy especial ~, pensaba Jean en justo momento en que Madeleine la distrajo de sus pensamientos.
Madeleine se encontraba sentada en una de las mesas cuando se fijó en Jean y se acercó a ella. "Hola Jean, veo que has regresado de la misión, ¿te importa que me siente un momentito contigo?"
"Ah, hola Madeleine; no, no me importa, siéntate, por favor", respondió Jean.
"Te noto algo triste, ¿has tenido problemas en la misión?, porque si te cuento lo mío alucinarías"
"No, que va, todo ha ido bastante bien. Y no estoy triste, tan solo un poco pensativa"
"¿Pensativa?, y si no es indiscreción, ¿en qué piensas?", dijo Madeleine.
"Si te cuento una cosa, ¿me darás tu opinión como mujer y amiga?"
"Claro que sí Jean, por supuesto, suelta lo que tengas en esa cabeza".
"Pero te lo cuento en confianza, y que no salga de aquí, ¿de acuerdo?"
"Seré una tumba". Madeleine hizo como si se cerrara la boca con una cremallera.
Jean le relató a Madeleine lo que había ocurrido durante la misión con Chip, incluyendo sus propios sentimientos. Madeleine escuchó atentamente, sin interrumpir, hasta que acabó de contarlo todo.
A Madeleine la historia le inspiraba ternura, pero al mismo tiempo le hacía gracia, le recordaba sus tiempos en el instituto, por lo que, intentando quitarle importancia comentó: "Bueno chica, será que tu culito le inspiró confianza, lo moverías con gracia y salero", comentó sonriendo levemente.
" Muy graciosa la niña", dijo Jean con un tono de evidente enfado.
"Jean, por dios, era una broma para que no te sintieras tan triste, no te lo tomes a mal"
"¿Cómo que no me lo tome a mal?, te cuento algo íntimo y vas y te ríes de mí a la cara. Pero ¿quién te crees para burlarte de un sentimiento como el que tengo?".
"Tampoco es para tanto Jean, no tenemos quince años... Ohhh, espera, espera un momento... ¿te has enamorado de Chip?. Siiii, te has enamorado, pero chica sólo tiene un polvo y nada más."
"Mira, Madeleine, te aprecio mucho, pero hay cosas que no te pienso consentir", dijo Jean con un tono de evidente enfado. "Te reto a una pelea fuera de la base, en media hora", Jean se puso de pie y, acercando su cara a la de Madeleine, dijo: "Arreglaremos esto como sólo las mujeres sabemos".
"Jean estás loca, pero por supuesto que pienso acudir, esto no va a quedar así. No te consiento este comportamiento hacia a mí, yo sólo pretendía quitarle importancia al asunto; si tanto te gusta date un revolcón con él chica, ¿a mí qué me cuentas?."
Ambas doctoras se miraron fijamente. Madeleine se levantó, y después de que Jean saliera de la cafetería se encaminó, sin decir nada más, hacia su habitación.
Jean salió de la base al exterior; allí caía una lluvia fina y persistente, pero no era eso lo que más le llamaba la atención. Al parecer la noticia había corrido entre el resto de compañeros de la UIC, y allí estaban todos esperando el combate; incluso algunos de los chicos habían limpiado una pequeña zona cuadrangular y la habían acotado con unas varas de madera en las esquinas y unas cintas militares de plástico uniéndolas.
Se escucharon vítores cuando Jean apareció por las puertas del edificio de la UIC. Incluso la doctora creyó intuir algún flash de cámara fotográfica.
Se acercó despacio hacia la zona de combate, mientras los gritos de entusiasmo iban en aumento. Jean, fríamente, como si nada de todo eso fuese con ella, pasó bajo las cintas de uno de los laterales, se dirigió a una de las esquinas y se quedó allí, parada, esperando a su rival.
Jean Deveraux iba calzada con las botas militares reglamentarias; vestía unos pantalones cortos apretados color crema, que normalmente utilizaba para sus salidas a la naturaleza y, en la parte superior, un top blanco muy ajustado, especial para hacer deporte, que comenzaba a calarse con la insistente lluvia. El pelo lo llevaba recogido en una cola de caballo bien firme.
Casi en ese momento, sin hacer esperar más que unos segundos a Jean, apareció Madeleine por las puertas de la base militar. Esto hizo que la agitación del público aumentara considerablemente y los vítores eran, ahora ya, insistentes. A Jean incluso le pareció escuchar a alguno de los chicos: "Venga, ¡apostemos!"
Madeleine se sorprendió bastante de que hubiera tanta gente dispuesta a ver como se peleaban, la verdad, pensaba hablar de nuevo con Jean y olvidarse del tema, pero cuando la enfocó en uno de los ángulos de aquél improvisado cuadrilátero y vió su cara encolerizada, frunció el ceño. ~ De acuerdo, si esto es lo que quieres lo tendrás ~. Madeleine llevaba un peto corto de malla negro ceñido, y un chubasquero encima pues estaba lloviznando copiosamente. Y unos playeros último modelo. Se quitó el chubasquero y se puso en el ángulo opuesto al de Jean.
Dejó durante unos instantes que la lluvia se deslizara por su cara; aún le escocia la herida que se hizo durante la misión, pero en esos momentos le daba igual. Le partiría la cara a esa endemoniada y celosa diablesa. ¿Quién se creía ella para portarse así?, si tenia un problema sexual que lo resolviera de otra forma; desde luego estaba bastante desquiciada, debía gustarle bastante Chip como para dejarse pegar por él. Y pensar que a ella no le iba para nada Chip. Parecía un niño grande, y ella buscaba un hombre no un niño, quizás tuviera un buen polvo, eso había que reconocerlo, no estaba del todo mal. Pero no pasaba de eso, estaba totalmente segura.
Madeleine la miró y gritando para que todo el mundo se enterada declaró: "Chip, no es más que adolescente en cuerpo de hombre; a lo mejor me lo tiro antes que tu, eso te jodería ¿no?". Si Madeleine quería enrabietarla más, seguramente haciendo que todo el mundo se enterada de por qué luchaban, incluido el propio Chip, la haría enfurecer hasta límites extremos.
Jean recibió la frase como el primer golpe del combate y, seguramente, le hizo más daño que si se lo hubiesen dado con los puños. Se agachó rápidamente, cogió un puñado de barro y se lanzó, corriendo rápidamente, hacia Madeleine, a la vez que gritaba: "¡¡¡Eres una guarra!!!"
Un par de metros antes de llegar al contacto, Jean lanzó con rabia el contenido de su mano hacia Madeleine, con tanta suerte que la mayor parte del barro acabó impactando sobre la cara y el cuello de la doctora, dejando su bonito rostro con bastante mal aspecto.
Ninguna de las dos estaba acostumbrada a ese tipo de peleas callejeras. Habían decidido que las técnicas de karate no se podían usar, tenía que ser un combate distinto. El choque fue inevitable; Jean cayó sobre Madeleine y le hizo perder el equilibrio, lo que provocó que ambas cayeran al suelo enlodado del cuadrilátero. Comenzaron a rodar una sobre otra, embadurnando sus femeninos cuerpos de barro, lo que hizo que el volumen de los gritos de los espectadores aumentase de forma más que evidente.
Madeleine consiguió zafarse de ella durante un instante, metiendo la rodilla entre su cuerpo y el de Jean de manera que al estirar la pierna logró apartarla y empujarla y arrojarla contra el barro cayendo esta de culo sobre él. Los gritos del público expectante iban en continuo aumento.
Jean se puso de pie y se lanzó con los puños cerrados contra Madeleine, Maddie esquivó un puño, pero no vió el otro que se le venía en cima. El puñetazo fue directo hacia su ojo izquierdo. Madeleine comenzó a gritar de dolor. Si quería jugar sucio, habría juego sucio. Madeleine se acercó a Jean la cual intentó darle otro puñetazo, momento que aprovechó Madeleine para sujetarla por el brazo y lanzarla una vuelta de Karate que hizo que aterrizara de espaldas en el suelo. Se arrojó encima de ella y empezó a darle de puñetazos en la cara.
Jean gritaba: "Basta por favor Madeleine, basta". Pero Madeleine seguía sacudiéndola una y otra vez.
De repente Jean escuchó una voz que parecía de ultratumba: "Jean, Jean, despierta, te has quedado dormida en la cafetería. Deberías ir a la cama". Era sin duda alguna la voz de Madeleine. Jean abrió los ojos sobresaltada y se encontró en la cafetería, con la taza de su infusión y su contenido esparcido sobre la mesa. Sólo pudo decir: "¿Madeleine?".
Madeleine la miró un tanto divertida: "¿Te encuentras bien?, toda la cafetería se te ha quedado mirando; parecía que te peleabas con alguien y de vez en cuando mencionabas a Chip."
Jean, avergonzada, se levantó y sin dirigirle ni una palabra a Madeleine, salió del comedor y se fue directa a su habitación.