"Un viaje a las leyendas", Parte II

Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
-Pero donde...y cuando estamos-...Después de volver a guardar la pistola Holmes se volvió hacia Catherine -¿Estás Bien?, ...voy a llamar por radio para ver si nos reciben- Y recordando donde estaban, añadió, -Y salgamos de este circulo, no quiero ir a otro lugar sin saber antes a donde me lleva-
-Posiblemente de regreso, pero intenta no estrellarme contra algo otra vez,- lo reprendió Catherine, aún aturdida pero no tanto como para dejar de asegurarse que no se acercara a ella a una velocidad similar a la de hacía pocos momentos. -Detrás mío, saca tu Glok... aquí sí podría haber gente.- Caminó hacia el vano por donde provenía la luz, antes de girarse hacia él, decidiendo que estaba positivamente enfadada.
-¿Cómo se te pudo ocurrir hacer algo así? ¡¿Estás loco?!-
Holmes giró la visera de su gorra, cruzó los brazos sobre su cuerpo y le respondió - Si * Doña Perfecta *, supiera donde pone sus bonitos pies, no estaríamos aquí,..¿se supone que tu eres la persona con más experiencia de este equipo y no miras por donde vas?. La próxima vez dejaré que te manden a otro lado,...pero claro entonces me gritarás por no sacarte del lío, tendría que saber que no aceptas que haga las cosas a mi manera-
-Por supuesto, *señor*, que si hubieras hecho tus deberes sabrías que los anillos no se activan porque se les ocurre. Y no habiendo nadie aquí, creo que hubo una única forma en la que podrían haberlo hecho. Y no fue porque yo estuviera parada allí, sino porque...- El tono de su voz se había elevado lo suficiente, y Catherine se interrumpió. Cerró los ojos, tomó aire, contó hasta diez, y volvió a mirarlo. Debía priorizar, y podían seguir discutiendo después.
-Mejor contemos municiones y agua, salimos a ver quién vive... o buscamos la forma de activar los anillos otra vez.-
-No. Mis *deberes* me piden que llame por radio, y no intentes variar esto a tu gusto como siempre...como la última noche en la capital,...la señorita sabía el camino y por eso llegamos 15 minutos tarde,...eres única para pintar las cosas de tu color...así que vigila mientras intento que nos localicen-...Y después de calmarse un poco continuó, -Claro está si puedes hacerlo mientras me chillas-
Los ojos de Catherine refulgieron de ira. -No tengo la bola de cristal, como el *caballero* que sabía que Canal Road estaba bloqueada y no me lo dijo. Pero haga lo suyo, *General*, no permita que lo interrumpa,- le respondió antes de ofrecerle su espalda y asomarse, con cuidado, al vano. Él tenía razón, establecer una comunicación con los demás era lo primero, pero la había sacado de quicio. O quizá ella lo había hecho sin ayuda. De todos modos, necesitaba enfriar su ánimo para poder pensar.
Si bien el sitio donde se encontraban era muy similar al que había resultado el origen de su viaje, la sala contigua, que se hallaba vacía, era mucho mayor. Las pinturas que adornaban los muros eran tan coloridas como las del palacio en la pirámide, aunque estaban mucho mejor iluminadas. El vano siguiente, amplio, abría indudablemente al exterior.
La Capitán eligió su camino con cuidado, pegando su espalda a los muros hasta llegar a la fuente de iluminación. Se detuvo antes de mirar hacia fuera, necesitaba acostumbrar sus ojos a la luz del día que, en aquel lugar, ya había comenzado. Lo que significaba que estaban, mínimo, a medio huso horario de distancia.
Nada, sólo estática, lo había intuido, pero quería hacer algo para tranquilizarse un poco, sabía que no era un buen momento para Catherine, pero no podía evitar una pelea,...y en cierto modo no la podía evitar con ella.
Comprobó su munición, y la siguió, al llegar a su lado intentó que su tono fuera menos *enfadado* -¿Algo nuevo?, creo que sería mejor que yo fuera delante y tu me cubrieras, sirvo mejor en...las distancias cortas-
Catherine negó con la cabeza. -No funcionó la radio,- estableció. -Por qué no me extraña,- se encogió de hombros. Tenía sed. Su cantimplora, afortunadamente, estaba en el chaleco, y estaba casi llena. Pero esperaría, porque sabía que apenas se distrajera con ello, Jonathan saldría del templo (si es lo que era) sin esperarla.
-Yo voy delante, vos me cubrís a mí, y... dejame ver, primero.- Con la espalda apoyada sobre el muro, se deslizó hacia abajo. Se colocó la gorra con la visera para atrás, y asomó su cabeza lo suficiente como para tener una visión de lo que les esperaba afuera. En el mismo acto reflejo volvió a ocultarla, para asomarse un poco más obviamente esta vez, aunque también por pocos segundos.
A raíz de lo observado, decidió que podía darle el gusto, por una vez. Giró a mirarlo, y se colocó la gorra correctamente. -Si te vas a poner insoportable, supongo que puedo cubrirte... por esta vez.-
Holmes empezó a sonreír, le guiñó un ojo -Gracias Capitana- . Sacó las dos Gloks y después de una breve mirada salió fuera, poniéndose en cuclillas y manteniéndose en todo momento pegado a la pared "Otra vez en un sitio donde no me han invitado,...las malas costumbres no se pierden". Levantó un brazo y le señaló a Catherine que lo siguiera.
Ella verificó que la situación era tal cual la había visto. Ese lugar, al igual que la pirámide, estaba abandonado. Señaló silenciosamente hacia su izquierda y luego a sí misma, para luego hacerlo hacia la derecha y a él. Jonathan asintió y se dirigió a ese lado de la estructura, mientras ella hacía lo propio para el otro lado, tan rápida y silenciosamente como pudo. Se detuvo al llegar a la esquina para ver si la situación cambiaba hacia atrás. Pero no era así. Regresó con él.
No encontraban nada por el momento, lo primero que le extrañó fue la vegetación, algunos árboles, que el poco viento movía muy levemente sus ramas. "Desde aquí se impone la sutileza." Guardó una de las pistolas y esperó a que Catherine llegara a su lado. Frente a ellos se extendía una pequeña plaza, se señaló y marcó el otro lado, no creía que hubiera nadie en el lugar,...pero no quería correr riesgos y más con ella. Un poco agachado se lanzó a la carrera, rodando casi al llegar hasta la pared, desde ese punto pudo ver la parte alta del edificio, que le recordó extrañamente a las fotografías de las mastabas de Egipto. "Vaya, un enigma más para nuestro querido profesor". Llegó hasta el borde de la pared y miró tras la esquina, una calle se extendía ante él. Retrocedió y avisó a su compañera.
Ella asintió, y bajó corriendo, aprovechando el impulso del descenso para llegar hasta Jonathan. -A que no hay nadie,- susurró antes de volver a tomar aire. No se molestó en verificar la respuesta. -¿Te parece una recorrida rápida por estos edificios... o casas... o...?- se encogió de hombros, antes de lamentarse. -La cámara de fotos quedó en la mochila...- Se contuvo de agregar un sarcástico "y ya sabemos dónde quedó la mochila." Allí, también, habían quedado cuatro litros de agua, su ración del día y algo más. -Me gustaría quitar eso del medio... y encontrar una fuente de agua antes de volver a la sala de los anillos.-
Holmes, asintió -Quien sabe, puede que el restaurante de moda en este planeta esté a la vuelta de la esquina, así podré invitarte a algo más que barritas energéticas- Guardó su otra pistola -Ahora necesito velocidad y equilibrio, más que potencia de fuego,...además confío en que me cubras las espaldas,...por mucho que te enfades conmigo.-
Y sin esperar una respuesta, y con una sonrisa en la cara, volvió a correr, esta vez hacia las casas justo al fondo de la calle, pero esta vez no se apretó contra la pared. Un leve rumor le llamó la atención, sonaba dentro de una de las casas grandes. Traspasó la puerta y a un lado del jardín, de una pequeña fuente, brotaba un constante hilo de agua. Pese a no estar cuidado desde hacía tiempo, todo el lugar seguía siendo hermoso, con árboles que le recordaban a los manzanos, del que pendían frutas - si es que son frutas, digamos que no las comería pero... - No había terminado su frase y ya estaba alargando su mano, para coger una de ellas.
-Jonathan, no estamos tan desesperados.- Catherine estaba a punto de perder la paciencia con su compañero, si no lo había hecho hacía rato ya, fuera porque realmente le molestaba todo lo que estaba haciendo, o porque no tenía cerca a DeLorence o cualquier otro marine para que hiciera uso de la fuerza física, la única forma que creía posible de mantenerlo bajo control. Aquella pequeña fuente de agua, sin embargo, estaba haciendo maravillas para tranquilizarla. Se acercó a ella y dejó que sus dedos jugaran con el precioso líquido. Era perfectamente cristalino, y estaba frío. Muy frío. Retiró su mano y miró a Jonathan. -Esperame un minuto, y trata de no comer todo lo que encuentres sin pedir permiso a los dueños.-
Era su turno de no esperar respuesta antes de salir nuevamente a la calle y dejar de mirar su alrededor inmediato para concentrarse en lo que podía ver a la distancia. Las había visto antes, pero recién ahora les prestaba atención: la cadena montañosa que, sólo con mucha suerte, era la misma que habían visto a lo lejos desde la pirámide, tenía aquí una diferencia: los picos estaban nevados. Eso no le aseguraba exactamente nada, tampoco, y en verdad esperaba regresar a la *civilización* antes de tener que tomar agua de allí. Bebió de su cantimplora, sintiendo bastante poca culpa, antes de regresar al jardín.
Holmes estaba sentado junto a la fuente, tenía una de las frutas en la mano y la miraba con una sonrisa, - ¿Sabes Cat?, parece una manzana, huele como una manzana,...y me gustaría saber si su sabor es el de una manzana, pero creo que mi límite de locuras está cubierto por hoy- Dejó la fruta a su lado, - No hay nadie, pero es un sitio estupendo para que nuestro amante de las pirámides se emocione, supongo que tendremos que volver enseguida,...si no alguno de tus marines puede pensar que te he raptado y no doy una moneda por mi cabeza...¿tendremos que usar otra vez el * transporte * o podremos regresar andando? -
Catherine se sentó a su lado. -Ni siquiera sabría hacia dónde ir,- confesó. -Sé que es para allá- señaló hacia el templo donde habían aparecido, donde se ubicaba claramente el oeste -pero muy en líneas generales. Podríamos tener que desviarnos hacia el norte o el sur... y no encontrarlos jamás.- Inclinó la cabeza para mirarlo. -Por no mencionar que aquí ya había salido el sol cuando en la pirámide apenas si estaba amaneciendo, así que la distancia no puede ser menor a 500 kilómetros, quizá más, no soy muy buena para estas cosas... Considerando el desierto y demás, es preferible usar los anillos, o quedarnos aquí hasta que nos encuentren de alguna otra manera.-
- Bueno, tu eres la * Jefa * - Volvió a sonreirle -¿Podemos gastar un par de minutos estando a solas, o ya quieres volver?-
Era imposible dejar pasar el trasfondo de aquel ofrecimiento, pero la Capitán no podía dejar de ser quien era. En ese momento, y aunque solos, tenía un equipo del que encargarse, dondequiera que estuvieran. - Ahora soy la jefa...- respondió a su sonrisa con una propia. -Es bueno saberlo, estaba por iniciarte un sumario por insubordinación- rió. -Creo que vamos a estar solos por un rato. Podrías contarme esa historia que me debes de regreso en el templo, mientras busco cómo hacer funcionar los anilos.- Se puso de pie y le tendió la mano. -Quizá peque de orgullosa, pero me gustaría que volviéramos por nuestra cuenta. ¿Vamos?-