"Ucronía"
Paul Mallory Rush, jugador nº 6 del ránking ATP (Pablo)
(cuatro de septiembre de 1998, Complejo tenístico de Flushing Meadows, Nueva York. Semifinal del US Open.)
- nada treinta, Agassi. Silencio por favor -
La voz del juez de silla retumbaba en los oidos de Paul en medio de un mar de palmas que animaban, a pesar del aviso, a ambos jugadores listos para seguir dando golpes de raqueta hasta un final que se antojaba ya próximo. Llevaba una tarde penosa, pero a pesar de tener el servicio en el limbo y cuatro dobles faltas, Paul había aguantado hasta el quinto y definitivo set de aquel partido.
Si conseguía la victoria y el pase a la final en la que ya esperaba un sorprendente australiano llamado Patrick Rafter estaría al borde de conseguir ser el número uno del ránking mundial. Los anteriores tres grand slams se le habían resistido aquel año pero no dejaría pasar el que se disputaba en su país y menos sabiendo que aquello le abriría definitivamente las puertas del masters a final de año.
Atrás habían quedado el Open de Australia en el que Moyá le había doblegado pese a ser superior a cualquier español en pista rápida. Decepcionante. Roland Garros, la tierra batida y otra vez un español, Félix Mantilla y su terquedad le habían enviado a casa antes de tiempo y Wimbledon y los cañonazos del local Rusedski. La suerte tenía que cambiar.
Agassi era un buen amigo, si, antiguo compañero de la academia de Bolletieri allá por el 83 cuando ambos, aún juniors, rivalizaban por alcanzar pronto la gloria de los profesionales pero como rival dentro de la pista era de aquellos que uno no deseaba encontrarse ni en pintura.
Y estaba claro que su fama le precedía y Paul le conocía bien. Pero en el quinto set con 4-2 a su favor y estar a punto de ceder su saque no eran para nada buenas noticias. Tenía el partido en su mano y lo estaba dejando escapar.
Paul botó la pelota con la raqueta. Una gota de sudor, la enésima, resbalaba por su mejilla mientras echaba un vistazo indefinido a su rival que permanecía pertechado en el fondo de la pista con las rodillas ligeramente flexionadas esperando para responder el saque. Los primeros saques no eran la especialidad de Paul pero sabía que si conseguía hacer uno bueno podría recuperarle el terreno perdido.
Se dio ánimos mentalmente. "Vamos Paul... ...por una vez, uno bueno a la línea". Tenía la pelota en una mano y la raqueta en la otra. Se posicionó de lado justo tras la línea. La votó un par de veces y la alzó en el aire observándola en su ascenso con los ojos abiertos de par en par. El tiempo se detuvo por un instante con la pelota en lo alto. Inició el descenso que fue respondido por Paul con un movimiento acelerado.
El golpe proyectó la pelota más allá de la red. "¡Bien!". La pelota se había ajustado a la línea interior del cuadro en un saque centrado que le pareció rapidísimo. Todo estaba en silencio, rapidamente dio dos pasos hacia delante y observó concentrándose al máximo el movimiento de André en busca de aquel misil. Un último paso largo le permitió al tejano alcanzar el servicio pero forzando mucho su situación.
La respuesta logró superar la red pero Agassi estaba ahora en posición delicada y Paul tenía tiempo suficiente para ver llegar la pelota, moverse y reaccionar. El resto se había quedado corto, Paul dio otros dos pasos hacia delante iniciando, con su brazo derecho empuñando la raqueta, un movimiento con el que buscaba imaginariamente embolsar la pelota.
Miró al fondo de la pista. "Esta te la comes, canijo" pensó. Dibujado el golpeo en su cabeza, inició el trazado del movimiento imprimiendo una enorme fuerza a la pelota buscando el angulo derecho del lado de Agassi. La pelota salió disparada y votó dentro. Agassi había quedado vendido por el contrapie creado en el saque. A la esquina.
De nuevo una nube de aplausos y flashes provenientes de las gradas envolvieron el aviso del juez de silla.
- quince, treinta, Agassi - Una pequeña pausa para que el público se desahogara. No en vano el partido se estaba prolongando ya más de la cuenta. Tres horas y cuarenta y cinco minutos que comenzaban a ser ya excesivos para las piernas y el calor que apretaba a pesar de que la tarde estaba enfilando su recta final. Paul esperaba no tener que llegar a la suspensión del partido pero con Agassi de por medio eso no importaba. - Silencio, por favor. Muchas gracias. -
Paul se pasó la muñeca por la frente. El sudor se le agolpaba. Le hizo un gesto al recogepelotas que solícito lanzó una nueva bola. "Bien, hay que mantener esto, si consigue llevarme al fondo de la pista voy a sufrir."
Había retrocedido hasta estar nuevamente en la línea de fondo dispuesto a repetir saque. Los aplausos y los gritos de ánimo se iban disipando poco a poco en la pista nº 2. Las banderas ondeaban en lo alto. Al fin una pequeña ráfaga de viento, otra cosa bien distinta era que llegase hasta abajo del todo. No tendría esa suerte.
Repitió la maniobra y sacó con todas sus fuerzas, las que le quedaban. La pelota se estampó en la red. "Mierda" pensó acompañando el gesto con un movimiento brusco de la cabeza hacia delante. "Ya volvemos a las andadas."
Con su mano movió el hombro de la camiseta blanca. Pero no se sentía demasiado cómodo. Votó de nuevo la pelota y respiró hondo. Segundo saque. Trató de asegurarlo lo más que pudo pero reguló mal la velocidad. Demasiado lento, lentísimo para la clase de rival que tenía enfrente. Agassi recibió el saque como si de una oportunidad de oro se tratase y se abalanzó sobre la pelota golpeandola con rabia hacia el lado de Paul.
Aquel golpe le obligó a reaccionar como pudo moviendo rápidamente su brazo para tratar de hacer lo único que podía hacer con tan escaso margen de movimiento, un globo. Afortunadamente le imprimió la altura necesaria para hacer que Agassi tuviera que retroceder varios pasos hasta casi la línea de fondo observando la bola en su caída. Aquello le dio tiempo suficiente a Paul para recuperar la posición centrada. Abrió los ojos de par en par tratando de adivinar lo que haría su rival. Pero estaba demasiado claro, aun desde el fondo iba a golpear la pelota con un smash. Mala señal.
El golpe fue salvaje. Angulado, a la esquina. Increíble. Paul inició la carrera a toda velocidad. Le daba tiempo a llegar. La distancia desde la que se produjo el golpeo se lo permitía. Alcanzó el punto de encuentro y devolvió un golpe paralelo al pasillo con el que esperaba forzar aún más la situación de su contrincante. El golpe fue acompañado de un grito a medio camino entre la rabia y el cansancio.
El golpeo de la bola fue muy duro y ajustado a la línea. A Agassi le comenzaban a pesar las piernas y se notó.
- Treinta iguales -
Otra vez los aplausos y los gritos. Ya llovía menos, el 5-2 estaba más cerca y la moral lo sabía. Paul se giró regresando de nuevo al punto de saque cerrando los ojos y sonriendo de manera casi imperceptible. "Ya he sido bastante cándido por hoy. Vamos terminando." pensó mientras recibía una nueva pelota y comenzaba a repetir los movimientos anteriores de manera casi mecánica.
La respiración comenzaba a ser demsiado agitada. Los cuartos de final habían sido complicados y no había tenido más que día y medio para la recuperación pero ahora todo parecía una cuestión de ánimo. De nuevo alzó la pelota en el aire y la golpeó en el descenso con violencia. Otro buen saque, ajustado, pero esta vez al ángulo exterior del cuadro. El tejano respondió restando el saque como pudo pero de nuevo se le había quedado corto. Paul dio tres pasos largos en busca de la bola, de nuevo no iba a dar opción alguna y dio un segundo golpe a la esquina contraria a la del saque. Sin opciones para Agassi. Paul apretó los dientes y soltó un grito de rabia justo en el momento en que los gritos y los aplausos brotaban nuevamente desde los graderíos.
- Cuarenta, treinta. Mallory -
......
- Pelota de partido, Mallory. Treinta, cuarenta. Silencio, por favor. Muchas gracias. -
Paul respiró hondo mirando fijamente a su oponente. Aquel tenía que ser el último saque, si o si. Los servicios de Agassi eran temerarios pero no era el primero que rompía aquella tarde y si uno más le servía para ganar el partido definitivamente, entonces no tenía ninguna importancia. "Vamos canijo, déjame darte el pasaporte." pensó parpadeando sin dejar de mirarlo. Paul flexionó las piernas, respiró hondo una vez más y comenzó a hacer girar la raqueta con ambas manos mientras no quitaba ojo de lo que Agassi hacía. El saque fue demoledor. Paul tuvo que dar un paso y responder en el mismo movimiento. La velocidad era endiablada pero logró restarlo de manera aceptable y sobre todo profunda.
Agassi recorrió los cuatro pasos que le separaban del lugar donde la pelota había ido a botar y apuró su revés al máximo para enviar una bola cruzada que obligó a Paul a iniciar la carrera con la lengua fuera para llegar al extremo opuesto de la pista a tiempo. Estaba claro que la victoria iba a ser cara. El último paso lo dio casi perdiendo el equilibrio pero sacándose un golpe paralelo del que cuando menos obtener tiempo para recuperarse. Agassi regresó sobre sus pasos aceleradamente y respondió cruzando la bola al lado opuesto pero con mayor velocidad.
Paul había logrado centrarse ligeramente pero estaba algo lejos corrió cuanto pudo y consiguió alcanzar la pelota cuando ya casi estaba a punto de dar el segundo y mortal bote. Con la inercia del movimiento y golpeando con su mano buena, sacó un drive cruzado que pilló a Agassi completamente a contrapie. A pesar de que trató de reaccionar, no fue suficiente y la bola consiguió dar un segundo bote antes de que la raqueta de el de Tejas la alcanzara.
El griterío fue entonces atronador. Paul abrió los ojos y la boca al mismo tiempo y gritó dejándose caer al suelo de rodillas soltando a la par su raqueta. Por fin después de cuatro horas y cuarto de partido.
- ¡Juego, set y partido. Mallory! 7-6, 4-6, 6-7, 7-6 y 6-2 -
Estaba arrodillado con los puños en su frente, los ojos cerrados y los dientes apretados. Aquella victoria suponía muchísimo para su carrera y sus aspiraciones al número uno. De pronto sintió una mano sobre su hombro y giró la cabeza saliendo de su euforia. Era André que había saltado la red para felicitarle en un acto poco usual, aunque eran amigos. No en vano habían sido compañeros de fatigas siendo jóvenes. En medio de la histeria del gentío, Paul oyó perfectamente la voz de André.
- Bravo, Beach boy. Ha sido un partido genial. Pero la próxima vez no escaparás vivo. -
Paul se levantó y abrazó a su rival.
- Canijo, lo siento pero el US Open de este año es mío. Ahora le voy a pintar la cara a Rafter. -
- Así lo espero - dijo André riendo. - Lástima de aquel pinchazo en la muñeca que sufriste en aquellas semis del Lipton junior que nos enfrentó por primera vez. No sé donde estarías ahora si hubiera sido grave. -
Paul sonrió. - Siempre que te gano me dices lo mismo y siempre te respondo igual. No lo sé, pero si sé que en ese caso no habría nadie capaz de enseñarte lo que es morder el polvo -