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"Memorias de lo verde"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Marine Alexandra 'Baby' Fitgerald (PNJ, Delfar)


De camino a la pirámide Madeleine le entregó a Paul su guerrera.

- Paul... gracias por dejármela. Has sido muy amable. Espero que no hayas pasado mucho frío.

Madeleine se la alargó a Paul, y al dársela le acarició con un dedo la mano sonriéndole, lejos de las miradas indiscretas de la marine Fitgerald, dándole a entender que estaba muy agradecida, no solo por la prenda, sino por la conversación nocturna.

- No, en absoluto. - fanfarroneó Paul - Y no te preocupes, cuando necesites abrigo, ya sabes dónde está el guardarropía - le dijo sonriendo abiertamente.

El ascenso fue más rápido de lo acostumbrado debido a la situación y la entrada en la pirámide fue rauda sin demasiadas contemplaciones. Había que ir a "tiro fijo" y no perder un sólo segundo en los desplazamientos, Catherine y Holmes seguían perdidos y aunque a Paul le pareciera que no debían ser valorados por el mismo rasero, para bien o para mal, los deberían hacer volver.

Ya estaban inmersos en la oscuridad de la sala de castigo tan solo rota por las luces de las linternas. Habían llegado y todo estaba en silencio. Dentro de la pirámide Paul había descendido en primer lugar pues conocía mejor ese terreno.

La marine que les acompañaba, Fitgerald, les había rogado que no se separasen una vez dentro del complejo y que permaneciesen siempre a la vista para evitar aumentar el mal que se cernía sobre la expedición. La joven se mostraba bastante seca y marcial, sin duda porque la situación lo requería. La desaparición de dos científicos recaería sin duda sobre sus guardias.

Paul respetó al cien por cien la solicitud de la marine, la cosa no era para menos. Con DeLorence allí parecía muy próxima la idea de un pelotón de fusilamiento allí en medio del desierto por tirar el papel de un chicle al suelo.

El chorro de luz se orientó al fondo de la sala con la imagen del demonio imperante. Seguía imponiéndole respeto, como la primera vez que la vio el día anterior. Paul se situó junto a Madeleine que apuntaba con su linterna en la misma dirección de él. - ¿Qué opinas?. Fascinante, ¿verdad?. Este es nuestro amigo "J.R.", el malo de la serie. -

Madeleine lo contempló realmente extasiada. No era lo mismo ver fotos de supuestos Goa'ulds en relieve que verlo al natural. "J.R." como Paul le llamaba presentaba un aspecto bastante fiero.

Madeleine comentó: - Dios mío Paul, ¿crees que todavía existirá ese ser?. Con la longevidad que dan esos parásitos me aterra pensar que Catherine y Holmes se hayan encontrado con él.- Madeleine parecía bastante preocupada por ello.

- No lo sé. Pero te aseguro que las escenas que vas a ver aquí representan un pasado real y que estoy convencido de que fue él quien terminó con los habitantes de este planeta. -

Paul movió rodeando a Madeleine por su espalda y poniendo una mano sobre su hombro, cuyo tacto le pareció muy suave, para levemente orientarla hacia la izquierda. De nuevo el foco de luz de la linterna apuntaba una de las escenas.

- Mira - comenzó Paul - Sé que no tenemos mucho tiempo así que iré al grano. - Su mano seguía sobre el hombro de Madeleine y con ella la invitó a acercarse a la escena de la pared siempre apuntando con la linterna. - Lo que necesito que veas es esto... Aparentemente este podría ser un detalle sin importancia, pero da la casualidad de que estando en medio de un desierto, parece fuera de lugar y además explica que estos eventos fueron reales y ocurrieron. Necesito que me digas, si es posible, qué clase de flora te parece ésta. Si pudieses darme una orientación geográfica. No sé, a qué tipo de clima crees tú que puede corresponderse este tipo de vegetación si es que puedes asociarlo de algún modo. -

Paul la miró por un momento y sonrió pícaramente. - Ahora mismo estoy en tus manos -

Madeleine se puso seria y observó con detenimiento. - Parece... ¡No! Estoy segura... es una selva tropical... esto de aquí parece... ¡Dios mío! Son árboles selváticos... y esto de aquí parece una Palma... Sí, son palmas gigantes, suelen tener una de hasta 88 pies de diámetro y el tronco hasta de unos 40 pies de alto, se podrían construir casas sobre ellas, de hecho en algunos lugares de la selva amazónica se utilizan para construir sobre ella chozas. Esos malditos Goa'ulds han asolado el planeta entero. Aquí había una flora increíble y... sólo queda polvo... -

Paul estaba asombrado. La miraba intrigado al ver como sus ojos parecían penetrar la piedra en busca de una respuesta. Le tenía subyugado la capacidad y el desparpajo con los que aquella personita se enfrentaba al reto que suponía desentrañar los misterios de las paredes.

"Genial...esta chica es genial" pensaba Paul mordiéndose el labio inferior y escuchando con atención sus indicaciones. Le estaban revelando datos que él creía importantes y lo que es mejor le ponían tras la pista de algo que rondaba en su cabeza.

Madeleine se puso realmente seria. Bajo la mano que había elevado para señalar la flora y comentó casi para sí misma: - Si hicieron esto con el planeta... las personas que habitaron aquí... ¿qué habrá sido de ella? - Maddie miró a Paul: - ¿Crees qué les dio tiempo a huir por el Stargate?

Paul miraba a los ojos de Madeleine aún recreándose por la profesionalidad de la pequeña Bióloga. - En realidad todavía no lo sé, pero me atrevería a decirte que no debió haber supervivientes. No te puedo decir mucho al respecto, aún estoy trabajando con diferentes hipótesis, aunque la mejor colocada en este momento es la de la destrucción o total o traslado forzoso para ser esclavizados. -

Madeleine se mordió el labio bastante preocupada.

Paul se quedó en silencio por un momento, y luego, tras la breve pausa, prosiguió. - Entonces. ¿Estás segura de que puede tratarse de algún tipo de flora amazónica?. -

- Completamente segura Paul, algunas especies se ven bastante borrosas, pero claramente esto de aquí es la Palma que te acabo de describir, es la Foliis pinnatis o Cocos butyracea, lo sé por esos racimos de ahí que son sus frutos. Se da en muchas selvas, como ya te he comentado, de la Amazonia.

Quizás no sea exacta, éstas de aquí parecen aún mayores que las de la Tierra, pero al igual que la hoja de la coca hay pequeñas modificaciones que serán debidas a la climatología. Además... se ve algo confuso lo que parecen ser plantas trepadoras... y esto podría ser alguna especie de liana... -

Maddie se quedó mirando casi aleladamente, sin apenas darse cuenta de la presencia de Paul. Estaba totalmente absorta en lo que veía. Y mientras a la luz de la linterna realizaba un dibujo rápido de lo que estaba viendo.

Paul se acarició ligeramente la frente. Aquello parecía tener alguna manera de encajar en toda la historia pero lo cierto es que aún quedaban muchos cabos los cabos sueltos aunque algunos de ellos comenzaban a estar sujetos, pero aún eran los menos. Echó un último vistazo. Si era posible tendría que regresar, aunque en la situación en la que se encontraban, la cosa se presentaba demasiado complicada. Su linterna iluminó de nuevo la pared del fondo.

Paul casi la había tomado cariño a aquella figura. Y algo en su interior le decía que no tendría tiempo para volver a verlo. Los acontecimientos estaban tomando un camino feo de verdad. - Bien Madeleine creo que podemos irnos. Te agradezco sinceramente tu ayuda. Jamás pensé que llegaría a depender tanto de una bióloga... empiezas a asustarme. - le reprochó de manera juguetona mientras le invitaba a comenzar de nuevo el ascenso por las escaleras.

Madeleine dejó de fijarse en la pintura para centrase en el comentario de Paul. Cerró su bloc de dibujo. Y sonriendo comenzó a ascender por las escaleras. Mientras iba subiendo por ellas no pudo por menos contestar al comentario: - ¿Realmente te asusta... - Madeleine se dió la vuelta al terminar la pregunta para continuar la frase. - ... depender de alguna manera de mi, Paul?. Madeleine lo dijo en el mismo tono burlón que Paul. Al darse la vuelta tan de repente la cabeza de Paul quedó casi a la altura de la de ella. - ¿ O simplemente... te asustaste por esto? -, y acto seguido le propinó un beso en la mejilla.

Paul abrió los ojos sorprendido ante el beso de Madeleine. Se fijó un instante en que la marine Fitgerald iba ahora en cabeza y parecía estar de espaldas y no haber visto nada. - Realmente no me preocupa lo más mínimo depender de ti... - le dijo en voz baja acercando poco a poco la boca a su oído mientras llegaba a su altura en la escalera y su mano se acoplaba de manera amistosa a su cintura. - Lo que de verdad me preocupa... es que lleguen a gustarme demasiado esos besos en la mejilla. - Terminó de responder mirándola con el gesto sonriente y cómplice. - Pero antes de eso... centrémonos en encontrar a Catherine y Holmes.-

En ese momento Madeleine al sentir el contacto de la mano de Paul en su cintura, se deshizo rápidamente de ella bastante angustiada. Miró fijamente a Paul, pero Madeleine le miraba con auténtico pánico. Ese momento de contacto había sido demasiado para Madeleine, sintió angustia, casi verdadero pavor ante esa situación. Estar en la escalera con escasa luz, la hizo recordar algo que pretendía olvidar. Creía que podía seguir con su forma de ser, pero algo le decía que tardaría en reponerse de lo que le había ocurrido. Subió un par de escalones pero lo hizo tan bruscamente que resbaló y quedó sentada sobre ellos. Paul intentó sujetarla para que no acabara de hacerse daño, pero ese gesto sólo sirvió para que Madeleine casi ahogara un grito de espanto en su garganta.

Miró hacia Paul y un sudor frío comenzó a recorrerle la piel. Mirándole con cara de espanto comenzó a ponerse de pie, sin dejarse ayudar por este.

Se dio la vuelta y subió corriendo lo que quedaba de escalera, hasta situarse al lado de la marine. Respiró hondo y entrecortadamente. Miró a la marine y dijo disimuladamente: - Es bas...tante claus...tro...fóbi...co este lugar... -.

Y volvió la cabeza para ver a Paul. Avergonzada, bajó la mirada al suelo. No se atrevía a decir nada a Paul, al menos delante de aquella marine.

Paul se quedó completamente estupefacto por la reacción de Madeleine. No sabía que hacer. Ella parecía querer rechazar todo tipo de ayuda y la culpa parecía suya. Se sintió mal. Se volvió a acercar a ella una vez más pero esta vez manteniendo las distancias. Sabía que ella había reaccionado mal ante su contacto inmediatamente anterior. Sabía que esto estaba relacionado con el relato de la noche precedente a los pies de la pirámide. - Lo lamento Madeleine. ¿Estás bien? -

Madeleine miró a Paul con tristeza, y respondió en el mismo tono triste: - Si Paul, ya...ya estoy mejor, de verdad... gracias por preocuparte. Y ahora, ¿qué hacemos? -.

Paul se dio cuenta de que determinadas familiaridades podrían herir la sensibilidad de Madeleine por lo vivido y se sintió mal por la falta de tacto. La miró con un mensaje evidente en los ojos de "lo siento"; pero no estaba seguro de si ella lo habría captado. Ya estaban en lo alto de la escalera. Fitgerald ya les observaba atentamente esperando proseguir el camino. Paul respondió con tono serio y casi próximo al arrepentimiento. - Vayamos a la sala de la diosa. Dara y Ana deben estar ahí. -.

Paul dejó que Fitgerald encabezara la marcha y se colocó detrás de la marine y Madeleine, a unos pocos pasos de distancia. "Más cuidado Paul..."; se dijo a sí mismo.

Madeleine volvió la cabeza hacia Paul y le dedicó una tímida sonrisa esperando que se diera cuenta de que no había sido culpa suya, sino de ella.

Paul sintió alivio al percibir aquella sonrisa. Madeleine estaba bien. Pero debía ser más cuidadoso con ella, en ese momento y por lo que ambos habían hablado la noche anterior, estaba claro que debía guardar un cuidado especial con ella. Le devolvió la sonrisa con otra muy leve en señal de respuesta pero decidió permanecer por detrás de sus acompañantes. Así era mejor pensó.

Un mensaje de radio fue el punto y final a aquella escena. Una voz con un ligero acento hispano resonó desde el pequeño altavoz: -Sargento. Aquí Fonseca. Hemos encontrado algo que podría ser el disparador de los anillos-.

Paul y Madeleine se miraron por un momento justo antes de apretar el paso tras la marine Fitzgerald en busca de la sala de los anillos. Parecía que afortundamente todo se resolvería sin excesivas consecuencias. Paul sintió un tremendo alivio. Al cabo de unos instantes otra voz ronca y bastante desagradable que pertenecía al sargento Delorence sonó en respuesta: - Aquí DeLorence... - Una mínima pausa permitió que se oyera un fuerte resopplido a través del altavoz para acto seguido volver a escuchar al malencarado sargento - Vamos de camino, esperen por nosotros -.


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