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"En los suburbios"
Brenda Sue Henderson (PNJ, Blanca)


Nada como ser joven, bonita, y tener las piernas más fabulosas de toda Agana. De todo Guam. Posiblemente de todas las Marianas, también. Por eso le gustaba mostrarlas, emergiendo de los shorts que su madre odiaba y su padre le había prohibido usar.

Bren sopló como sólo ella sabía hacerlo, observando el globo de color rosado emerger de su boca. Giró despreocupada, deslizándose sobre los patines mientras el chicle explotaba con su sonido característico, y agitó la mano, saludando a la señora Freeman, que estaba descargando aproximadamente un millón de bolsas de su coche.

Finalizó el giro de 360 grados y siguió adelante hasta la siguiente bajada, tomando velocidad para terminar sobre el pavimento con suficiente envión como para poder dar tres giros imprecisos aunque llenos de gracia, y seguir adelante hacia la esquina con Wysteria Lane. Allí se puso los lentes de sol: Wysteria tenía los árboles retirados de la calle, y aunque el sol estaba alto, el brillo la molestaba. Además, se había pintado los labios con el "Rojo pasión" de su madre y se veía mucho más interesante con los lentes.

Cruzó en diagonal, para recibir un par de bocinazos de un vehículo negro con vidrios polarizados que acababa de doblar, tras ella. Brenda les ofreció su dedo mayor mientras inflaba otro globo de goma de mascar color ciruela. El bocinazo que escuchó mientras el maniático giraba a la derecha en la Placita del Pasillo la hizo sonreír con superioridad: la había visto.

Negoció la subida con algo de esfuerzo, notando cómo su piel brillaba bajo la luz del sol. Tomó a la derecha hacia la Placita, igual que el coche negro, la sonrisa ahora permanente en su rostro. El plan estaba resultando perfecto; a esa hora Thomas y compañía estaban jugando al básquet en el cul-de-sac al final de la calle. Los saludaría, como todas las tardes, daría un par de vueltas a la placita para saludarlos de nuevo y volver por donde había venido. Con suerte, Thomas le cortaría el paso para invitarla a alguna fiesta el fin de semana, y ella podría contestarle "si me llamas esta noche, te confirmo," antes de dar una vuelta completa a su alrededor como despedida.

La calle se mantenía a nivel, por lo que podía continuar sin casi esfuerzo hacia el final de la calle, donde los chicos de último año del secundario estaban jugando. También podía ver el coche negro, estacionándose frente a una de las casas ubicadas alrededor del cul-de-sac, detrás de dos patrullas de policía. Continuó a su ritmo, cubriendo metro tras metro de pavimento, observando. Thomas llevaba una remera blanca, y había dejado de jugar, la pelota bajo su brazo. Eric Taylor estaba a su lado, gesticulando con fuerza, conversando con un oficial de azul. Todos estaban observando el coche negro, del que se bajaron cuatro hombres de traje.

Con el calor que hacía, llevaban traje.

Los planes de Brenda cambiaron inmediatamente. Se detuvo a un costado de la calle, fuera de la vista de Thomas y donde no llamaba la atención de nadie más. Uno de los hombres se acercó a ellos, y Eric gesticuló como nunca. Sacó su teléfono celular para hacer la mímica: él había llamado por teléfono y, si los tres fuertes golpes que diera con su índice al aparato servían para algo, se trataba del 911.

Dejó de mirarlos para prestar atención a la casa. Todos sabían quién vivía allí. Lo habían visto ir y venir, fuera en su camioneta o en el sedán azul de su esposa; una dulzura de mujer según Bren, que siempre tenía algo para convidar a la multitud de adolescentes que se reunían todos los días frente a su casa. Tres de los hombres de traje estaban parados bajo la galería de la entrada, mientras los policías entraban y salían, tomando apuntes en sus pequeñas libretas o se comunicaban por radio a la central.

Fue cuando tanto el oficial como el hombre de traje se alejaron de los chicos que Bren escupió el chicle, se arregló el cabello, y se deslizó sobre sus ruedas hasta la placita. Apenas si demostró algún cambio al modificarse su superficie de apoyo, y frenó con gracia (aunque sin estilo) al lado de su objetivo. Ignoró a Eric, que estaba preparado para contarle todo, y se quitó los lentes.

"Hola, Tom, ¿qué pasó?" le preguntó con su mejor sonrisa.


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Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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