"Calma y tormenta"

Dr. Jonathan 'Furia' Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
-Estamos perdiendo el tiempo.- Catherine sopló de pura frustración mientras se ponía de pie. Si bien la iluminación había mejorado durante la hora y cuarto que habían pasado revisando el recinto, cada vez se convencía más que no encontrarían ningún panel oculto que pusiera aquellos anillos en funcionamiento. Antes de darse por vencida había llegado a pensar que, de haber un panel de control, podría encontrarse en las paredes que la sala compartía con la sala mayor del templo, donde se encontraban en ese momento.
¿Por qué no tenían un cristal? No, claro, lo más útil se quedaba en el Comando de Cheyenne, indudablemente. Apoyó una mano sobre la pared de piedra, acostumbrada ya a su frialdad, y dejó descansar el peso de su cuerpo sobre ella mientras se ponía en puntas de pie, sintiendo cómo las botas luchaban contra ella para realizar esa pequeña acción. Finalmente, volvió a su posición original y giró a mirar a Jonathan.
-¿Ningún comentario original para mi deleite, Doctor Holmes?- lo tanteó con el poco buen humor que le quedaba.
- No sólo estaba mirándote, pero como creo que no saldremos hasta dentro de un buen rato, aprovecharé para también para disfrutar de las vistas- Salió de la habitación y sintió el calor de la mañana - Si no fuera por la situación,...este sitio sería precioso. Y deberías de despreocuparte por un rato, ya sabrán que hemos desaparecido, así que enseguida darán con nosotros. ¿Me acompañas? -
La Capitán abrió la boca para recitar la retahíla de motivos por los cuales tomar un descanso para "disfrutar de las vistas" era un acto de absoluta irresponsabilidad, pero se detuvo a tiempo. Miró las paredes una vez más, como si necesitara recordarse que difícilmente encontraría nada, y mucho menos en el estado de frustración en el que se encontraba. Se frotó los ojos con las manos, con un suspiro, antes de capitular. Su orgullo debería sufrir la ignominia de un "rescate". -Supongo que podemos confiar en que nos saquen de aquí... y si no, sobreviviremos. Sólo tengo que tentarte a comer la fruta prohibida del jardín del Edén- agregó con un dejo de ironía.
Caminó hacia Jonathan y se paró a su lado. Sintió el brazo que se colocaba naturalmente alrededor de su cintura, antes de acercarla a él. Catherine retribuyó el gesto y apoyó la cabeza contra su hombro, dejando que su mirada vagara por el poblado que se extendía frente a ellos, enmarcado por la vegetación y las imponentes montañas que se erguían en la distancia. ¿Cómo habría sido el fin de aquella cultura? ¿Tendrían la oportunidad de prepararse para el final, o los había tomado desprevenidos? ¿Habrían encontrado la forma de huír, o aquellos malditos anillos se habían negado a llevarlos hasta el Stargate, así como les sucedía ahora a ellos?
Si todo salía bien... Si todo salía bien, enfatizó mentalmente la condicionalidad, deberían organizarse para investigar aquel pueblo. Posiblemente, podrían pasar semanas allí. En su caso, simplemente entrando en cada casa, estudiando su arquitectura y tecnología de construcción, el amoblamiento y los cacharros que habían sobrevivido... inclusive su disposición en el conjunto, intentando encontrar pistas que la llevaran a imaginarse aquel lugar cuando había personas que vivían allí, llevando alegremente el peso de sus obligaciones y quehaceres mientras formaban familias, celebraban sus fiestas, enterraban (o lo que fuere) a sus difuntos...
¿Y si su diosa los había dejado morir allí? La falta de un panel de control significaba que sólo sus Jaffá tendrían los cristales necesarios para su funcionamiento y eran, por ende, los poseedores de la decisión (y la posibilidad) de escapar a través del Stargate. Quizá habían escapado. Pero no podía descartar la otra posibilidad: si quienquiera que fuese consideraba que sus "protegidos" no valían la pena, los habría abandonado a su suerte. Para bien o para mal. Seguramente para mal.
Sintió un escalofrío recorriendo su columna, y la respuesta de Jonathan, que había girado su cabeza hacia ella. Apenas movió la suya, para mirarlo. -Estaba pensando en ellos,- un gesto de su mano abarcó el paisaje, -y cómo... por qué dejaron este lugar.-
- Conociendo los métodos de sus * caseros *, no creo que los habitantes lo abandonaran por motivos propios, tendríamos que realizar una investigación más detallada, pero no parece que quedara nadie, ...puede que su * dios * entrara en combate con otro * Señor del Sistema *, y antes que dejar que sus servidores cambiaran de religión, se los llevó, o que la amiga Britney acabara con todos por que ese día se levantó con resaca, o no le gustaba el color de sus uñas. Por lo que sabemos de ellos pueden ser sicópatas, así que no es de extrañar cualquier motivo estúpido.-
Empezó a sonreír, - Pero sabes que ese no es nuestro cometido, ya es función de nuestros amados científicos, nosotros estamos aquí para arreglar los problemas con * soluciones simples *. ¿Sabes? Estás para una foto del tipo * alístate, conocerás mundos *. Por lo que conozco de ti, toda tu vida has esto preparándote para esto,...hasta tu cuento favorito es Jack y las habichuelas mágicas, y no me digas que no ves la comparación entre esto y viajar a otro mundo colgado de una rama -
Su sonrisa había ido creciendo mientras hablaba, y Catherine se encontró respondiéndole con el mismo gesto, aún sin levantar la cabeza de su hombro. -Nunca se me ocurrió que lo ibas a recordar,- le dijo en voz baja. -Quizá tengas razón, pero nunca supe que esto sería posible. No por cientos, miles de años. Sin embargo...- apartó los ojos de Jonathan para mirar la ciudad, nuevamente. -Me pregunto si llegaremos a ver el final feliz.-
Holmes empezó a reirse, - Eso depende del día que tengan los escritores de cuentos, pero...- Giró su gorra, levantó su cabeza y poniendo ese cerrado acento escocés exclamó - Pase lo que pase, hermosa dama, bellos cantares de gesta se escribirán con nuestros nombres, las mujeres derramarán sus lagrimas y los hombres levantarán sus jarras por nosotros...- y tocándose la barbilla y recuperando su voz continuó - O era al revés, los hombres lloraban y las mujeres bebían, es que el cuento me lo han cambiado un poco últimamente ...-. Se giró hacia ella todavía con la sonrisa -¿ Un último intento por encontrar el camino de baldosas amarillas, antes de fundar nuestra propia civilización? -
Catherine dio la vuelta para volver a entrar, antes de girar como para verlo de lado. -¿Estás sugiriendo que trabajemos? En lugar de...- se rió, con ganas, mientras meneaba la cabeza, incrédula, y continuar caminando hacia la sala de los anillos. En el peor de los casos, al menos estarían allí cuando los encontraran. Esperaba que no hubieran huído, creyendo que había una nave en órbita. Esperaba que no se hubiera enterado aún la Coronel Riker, aunque según su reloj hacía rato que debía estar al tanto de las novedades. "No va a volver a dejarme jugar con el Stargate," pensó con un mohín mientras se detenía bajo el dintel de madera que separaba las dos salas del templo.
- Bueno, no quiero que digan que he roto nada más...- En ese momento se quedó parado, presintiendo algo.
-Espero que no tengamos que pasar la noche... se me ocurre que debe hacer casi tanto frío como en el...- la palabra "desierto" no logró salir de los labios de la Capitán. Alzó el fusil, apuntando hacia la entrada del templo, pero insegura. -Parece...- se interrumpió.
Lo notó en su nuca antes de que su cerebro lo procesara, ese sentimiento de * algo va a pasar *; una sensación que se demostró cierta al empezar a temblar el suelo. Su primera reacción fue mirar hacia el dintel de la puerta bajo el que se encontraba Catherine, los años habían desgastado una piedra y el pequeño sismo estaba terminando el trabajo. Se lanzó hacia ella.
Ella no se había dado cuenta de qué se trataba hasta que el suelo comenzó a moverse bajo sus pies. Lo primero que sintió fue mareo, mientras bajaba el fusil. No vio a Jonathan acercarse pero sintió el fuerte empujón que le diera con su cuerpo, así como también el sonido que quedaría grabado a fuego en su memoria, mientras un apoyo del dintel cedía, la madera seca se quebraba por el peso que soportaba, ahora desbalanceado, y caía.
No se dio cuenta que tiró de Jonathan, acercándolo hacia sí, pero tras el estrépito provocado por las piedras que rápidamente sellaron su única salida al exterior, se encontró en el piso, dolorida, a oscuras, tosiendo a causa del polvo en suspensión y bajo el peso de un hombre que no se movía. Que estaba manchando su ropa de sangre, aunque tan sólo podía sentir la humedad, no encontrar la fuente.
-¿Jon?- lo llamó, alarmada, mientras intentaba zafarse, sosteniéndole la cabeza con extremo cuidado. Apenas si podía darse cuenta que la tierra estaba nuevamente en reposo. -¡¿Jonathan?!- Buscó el pulso de la base de su garganta con cuidado, pero le costó encontrar la más leve respuesta. Podría haber encendido la linterna que aún estaba adosada al fusil, pero no quería moverlo más de lo que ya había hecho.
Además, de poco le serviría la luz con los ojos llenos de lágrimas.
(If I was half-alive, and you were dead...)