"Cadena de mando"

Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)
Al oír las voces en el exterior Ana abrió los ojos y se incorporó, miró alrededor pensando qué podía ocurrir. Se levantó apresurada y asomó la cabeza, un marine que había fuera la informó que debía acudir de inmediato a la tienda-comedor, se giró y vio que Dara y Madeleine la miraban. - Venga chicas- les dijo- Algo pasa ahí fuera, habrá que enterarse.
Madeleine dejó que se vistieran lo más rápido posible para poder quedarse a solas en la tienda y vestirse sin que hubiera testigos de sus hematomas. Una vez que salieron de la tienda, se vistió rápidamente poniéndose alrededor del cuello su pañuelo de lino. Esta vez dejó su cabeza al descubierto sin su chambergo, confiaba en que no se notara mucho lo de la mandíbula, por si acaso se dio rápidamente un poco de maquillaje para taparlo. Debían estar reunidos todos incluida Catherine en la tienda, ella les comentaría que pasaba. ¿Habría algún nuevo e interesante descubrimiento?
Ana y Dara se vistieron lo más rápidamente que pudieron y en pocos minutos entraban en la gran tienda, a su alrededor el personal parecía estar intranquilo.
- Esto tiene mala pinta - le susurró Ana a Dara.
- Esto lo que parece es un golpe de estado... por el amor de Dios... ¿qué habrá pasado? ¿Y dónde está Catherine?
Ana miró con atención a toda la sala, la capitán no estaba en ningún sitio. - Ahora vendrá a informarnos, supongo. - Se quedaron quietas en un rincón esperando el desarrollo de los acontecimientos.
La voz del marine resonó en el interior de su tienda como un estruendoso trueno que desata una tormenta. - Ya va, ya va... - protestó Paul maldiciendo la actitud de aquellos militares autoritarios y bocazas. "Ya ni en un planeta alienígena lo dejan dormir a uno en paz" pensó. Se levantó y se vistió apresuradamente pero con el gesto contraído por el sueño. No le gustaba despertar de golpe y mucho menos a gritos. Pero lo cierto es que le llamó la atención la actividad que parecía provenir del exterior. No era normal a efectos de decibelios. "¿Qué estará pasando?". Se asomó tras la lona de la tienda y vio a todo el mundo, incluidas Dara y Ana, acudiendo a la tienda principal del campamento.
Apretó el paso y entró poco después de éstas últimas tratando de pasar lo más desapercibido posible. Aquello no olía bien. No veía a Catherine por ningún lado. Se inquietó. No sabía muy bien que estaba pasando así que Paul decidió quedarse verlas venir. Dio unos pasos a su derecha tras entrar y se quedó con la espalda escasos centímetros de la lona.
Madeleine entró la última en la tienda y se situó junto a Paul. Observó que el ambiente era bastante tenso y que no había llegado todavía Catherine y Holmes.
Ya había llegado todo el mundo y todos los marines que no estaban en sus puestos o descansando al salir de su guardia flanqueaban la gran tienda que hacía las veces de comedor, la mayoría dentro, unos pocos fuera. El Cabo Goitiers entró apresurado, hizo una seña con la cabeza al marine Daniels y se frenó en seco. Casi al unísono ambos marines gritaron a la vez.
- ¡Atención! - Debido a la escasa acústica del recinto parecía que se les saldrían los pulmones por la boca, mientras todos los militares golpeaban sus tacones entre sí a la vez que se ponían firmes como estatuas con la habilidad y diligencia que dan años de experiencia y práctica.
No llegaron a pasar unos minutos cuando el sargento entró por la "puerta" de la tienda más cercana a lo que había llamado "Centro de Mando". Su cara era de "menos amigos" que de costumbre, cualquier bulldog rabioso tendría mejor aspecto que él y seguro que sería menos peligroso. Algunos jirones de su escaso pelo se rebelaban intentando escapar, sin duda esta mañana no había tenido mucho tiempo para asearse. Lo mejor era hacer como los demás y ahogar sus bostezos en café. Acababa de volver de hacer un rápido vistazo/investigación previa y aún seguía rumiando su mala suerte. Estaba claro con quién lo iba a pagar...
- Descansen. - Con un movimiento de su mano hacía el cabo dirigió su primer ladrido a los marines. Echó un vistazo a su alrededor como haciendo un censo de todos los habitantes que aún quedaban en el campamento.
- No sé si todos ustedes lo saben, pero les he hecho despertar y traer aquí a todos porque tenemos un BUEN problema. - Hizo una ligera parada, que parecía crear una pausa semidramática que parecía incentivar la bondad del problema que había resaltado su entonación. Tal vez buscaba la forma más suave de decirlo o la forma de no insultar a nadie por haberle metido en ese lío. - La Capitán Catherine Ford y el asesor Jonathan Holmes han desaparecido. - Las palabras parecían salir por sus anchos labios como quién huye de una prisión tras largo tiempo de encierro. De repente se lanzó a escupir su frustración, primero parecían excusas luego parecían bombas:
- Se levantaron temprano esta mañana y fueron a la pirámide, el marine de guardia oyó un ruido y luego solo encontró la mochila de la oficial. No somos policías ni estamos preparados para esto, he echado un vistazo pero lo único que puedo concluir es que en la pirámide (al menos en la parte que conocemos) no están. Por eso espero que ustedes, expertos en otros campos científicos y con mejores capacidades de investigación puedan ayudarnos. Pero antes de eso creo que se imponen unos cuantos cambios.
Siento decir que esta jodida desaparición no viene más que a reforzar mi opinión de que esto no puede ser así. En este campamento no hay disciplina ni se siguen las normas básicas de desenvolvimiento en entorno hostil, los putos bichos que estén ahí fuera... - Acompañó su subida de tono con un brazo señalando hacía la tienda, más o menos por donde debía estar la pirámide. Mientras su mirada intentaba atravesar a todos los civiles que aún quedaban a su cargo. - ... se deben estar partiendo su escamoso culo con nosotros. Ya está bien. Como mando actual de la misión y dados los últimos acontecimientos estoy autorizado a establecer una serie de normas mucho más rígidas y estrictas y a tomar medidas extremas contra los infractores. No pienso perder a nadie más. Desde ya estamos en alerta máxima.
Ahora les voy a imponer una serie de normas. No son negociables y han de ser cumplidas al pie de la letra. Tienen la posibilidad de no estar de acuerdo, pese a estar bajo un régimen militar son civiles, el que quiera podrá irse a casa inmediatamente con su mamá. En unas horas tengo que establecer conexión con la tierra y explicar nuestra situación actual, así que no supone ningún problema devolver a quién no soporte la presión. Se acabaron las niñerías.
Quiero que me escuchen atentamente, porque esto será como los mandamientos para ustedes. Se supone que han recibido un entrenamiento especial, así que no los considero totalmente una causa perdida. Solo tienen que recordarlo y mejorarlo.
Existen tres zonas de seguridad donde hay guardia permanente. Estas son: el Stargate, el campamento y la parte superior de la pirámide. Mientras permanezcan en una de esas zonas y a la vista de la guardia de turno, no tiene porqué haber problemas. Cualquier desplazamiento debe ser notificado y aprobado por el centro de mando, no es una broma, nadie se moverá sin autorización expresa. Ya esta bien de paseítos románticos nocturnos y de desaparecer en las entrañas de la pirámide sin avisar a nadie, es vergonzoso que se dediquen a esquivar a los guardias y no les informen de sus movimientos, estamos aquí para su seguridad, no por gusto. Además nadie irá solo y si van a moverse de una zona de seguridad a otra o fuera de ellas deberán requerir que un marine les acompañe, no sabemos que demonios puede haber ahí fuera.
En la medida de lo posible intenten estar en los grupos más grandes posibles. Creo que la mayoría de nuestra misión está cumplida así que no creo que suponga un problema que frene mucho sus avances. Quiero informes de situación cada hora. Cada grupo deberá informar de sus miembros y de cualquier posible novedad que nos afecte a todos.
Se acabaron las mariconadas. No somos las chachas ni las señoras de la limpieza, no sé si en los castillos en los que acostumbran a vivir siempre tienen el servicio pendiente de ustedes, pero desde que se embarcaron en este comando ustedes son unos marines más, o incluso menos. Se acabó el andar arrojando basura y colillas por el suelo. Para el que no lo sepa no es solo una grave falta de respeto, si no que puede ser causa de un consejo de guerra. Una de nuestras prioridades es que cuando abandonemos este planeta no quede ni rastro de nuestra presencia, y quiero constatar que no están ayudando mucho. Me voy a poner más jodidamente borde que la puñetera Reina de Inglaterra con los papelitos en el centro de Londres.
Se les supone un entrenamiento para actuar y defenderse como militares, pero pese a toda su experiencia, no lo son. Me da igual que lo hayan sido en cualquier momento de sus cortas vidas. Se acabó el ir haciendo de rambos por ahí. He sido notificado de que se ha visto en un par de situaciones a uno de los civiles esgrimiendo su arma y actuando en plan de escolta, eso se acabo. Desde ya los marines tienen órdenes estrictas de abatir a cualquier civil con un arma en la mano si no es requisito imprescindible de la situación o no ha sido autorizado. Nos enfrentamos a enemigos que se pueden meter dentro de cualquiera y no pienso arriesgar a todo el grupo por un estúpido "cowboy".
Espero haber dejado claros todos los puntos. Ahora tienen la oportunidad de preguntar cualquier cosa que no les haya quedado clara, pero les repito que no es negociable. En este momento no me importa quién hizo qué, simplemente no quiero que se repita. Y quiero que cada uno de ustedes me confirme que lo ha entendido.- El sargento finalizo su monólogo pasando su mirada sobre todos los civiles como esperando su reacción.
Tras estas palabras el silencio embarazoso se hizo notar. Ana se sintió como si estuviera aceptando una regañina injusta de un profesor, de todos los marines que había conocido este sargento le resultaba especialmente poco agradable, y el "sermón" que acababa de oír le hacía pensar que su primera impresión era la correcta, el sargento estaba dictando las normas y ordenando. Si lo que quería el sargento era caer mal y ejercer presión sobre el personal, lo estaba consiguiendo.
Ana levantó la voz, modulándola sin querer con la misma fuerza y entonación del sargento, como decía su madre, allá donde fueres...haz lo que vieres. - Disculpe, sargento, ¿dónde han desaparecido?, ¿dónde se ha encontrado la mochila?
- Eso lo trataremos en un momento, Doctora. En este momento lo prioritario es saber si les han quedado las normas o requieren alguna. Actuación. - El tono del sargento era serio pero no tan alto, ni ofensivo. No pareció darle importancia al extraño tono de Ana, pero se notó que la llamaba doctora al no ser capaz de recordar su nombre o apellido.
Dara estaba bastante indignada con el tono empleado por el Sargento, que más bien parecía salido de una película de serie B donde los marines convierten en hombre a un jovencito granjero de Arkansas. Aguantó sus ganas de replicarle sabedora de que sería como enfrentarse a una pared. Aquel hombre podría salvarle la vida, estaba más que segura, pero jamás "escucharía". Ponía la mano en el fuego.
Al igual que Dara y Ana, a Madeleine le desagradó mucho el tono empleado, y les lanzó a ambas una mirada y un gesto de daba a entender que estaba con ellas. Era un desagradable.
- Habrá que subir a la pirámide entonces, si es que queremos averiguar cómo han desaparecido.- dijo Dara omitiendo deliberadamente cualquier alusión a su comprensión de las normas.- Quizás allí seamos de alguna utilidad.- añadió con ironía.
- Estoy de acuerdo, pero volvamos al tema que estamos tratando. ¿Han entendido las normas? - El sargento parecía un tanto impaciente, no entendía como un grupo de "genios" no fueran capaces de entender unas instrucciones tan simples, si fueran un grupo de marines estaba seguro que ya hubiera recibido un "Sí, señor" gratificante.
Madeleine se dedicó a escuchar atentamente las palabras del sargento, al cual había visto a penas un par de veces pulular por el campamento. Escuchándole le recordó al sargento Tom Highway. Lo cual no le hizo bastante gracia. Sumado al hecho de que Catherine había desaparecido se sentía bastante mal. Pero pensando en Holmes, no pudo por menos que decir irónicamente a Paul: - Si están en una guarida de lobos, Jonathan será el mejor de su especie. - Y sin embargo, a medida que hablaba, sus pensamientos se llenaban de angustia y preocupación no solo por Catherine sino también por Jonathan, y eso la irritaba bastante. Se cruzó de brazos y frunció el ceño.
Paul bostezaba aburrido por la arenga de aquel tirano crecido por el repentino vacío de poder y el sueño que aún le controlaba. Aquel sargento era igual que una patada en los dientes, pero aún era muy temprano para indignarse. "Maldito Murphy y sus leyes. Catherine, vaya faena nos has hecho, nos has dejado en manos de Hitler" pensó. Cuando oyó las palabras de Madeleine a la que había visto entrar y situarse a su lado no pudo reprimir una sonrisa sorprendida y una mirada cómplice a su compañera. Compartía su opinión aunque por lo acontecido en esos momentos no estaba el horno para bollos.
Madeleine afirmó en tono irónico. - Sí, sargento. ¡Qué bien!, ahora que papá está en casa se acabaron las travesuras, niños.-
Paul miró de nuevo a Madeleine pero esta vez con un gesto de entre la sorpresa y el horror. La agarró por el brazo con cuidado y cuando ésta se volvió bruscamente y con gesto airado, Paul meneó la cabeza en señal de reprobación. - Maddie, no creo que este sea el momento - le susurró. Pero ya era tarde, el sargento había podido oír perfectamente el comentario de la doctora.
El sargento sonrío, ese era el tipo de lenguaje que él entendía, si no viniera de una jovencita de poco más de medio metro hubiera supuesto un desafío. Se puso repentinamente serio y dijo:
- Vaya, parece que tenemos una voluntaria para volver a casa... - Casi no dio tiempo a nada porque cuando empezó a reírse casi todo el mundo se dio cuenta que no era en serio, pero mereció la pena por ver la expresión en la cara de la hermosa jovencita.
Madeleine se quedó mirando con cara de mala leche al sargento. "Lo que faltaba además se cree gracioso", pensaba.
- Como ya lo hemos aclarado todo ahora les voy a explicar el plan de acción. Nuestra prioridad es encontrar a los desaparecidos, así que nos dividiremos para aprovechar las cualidades de cada uno y para cubrir más terreno. Es necesario un grupo de investigación en el lugar donde fueron vistos por última vez, para intentar esclarecer que ha pasado. Mientras tanto una patrulla de cinco marines bajo el mando del Cabo Goitiers peinaran la zona en espiral partiendo de la pirámide a ver encontramos cualquier rastro que pueda ayudarnos. A mí me toca la "agradable" tarea de informar a la base. - Su rostro se torció en un extraño mohín que reforzaba su ironía.- Solo preciso saber si lo han entendido y que se empiecen a mover, ¡ya!
Sobre los grupos, son ustedes libres de subir a la pirámide o quedarse aquí. Aunque agradecería cualquier ayuda que pudieran aportar a la investigación. Sobre la pregunta de la doctora el soldado Fonseca les acompañará hasta la sala donde se les vio por última vez, creo que la conocen, se encuentra en la cúspide de la pirámide. Allí está también la mochila, no he querido tocarla para evitar perder cualquier posible pista. - El sargento no se molestó en dejar claro que sabía apartarse cuando molestaba.
- Sargento, en esa sala hemos estado trabajando la Dra. Reyes y yo... quizás sería una buena idea que volviéramos.- utilizó su tono más conciliador. No habló de anillos, ni de nada más... sería como echar margaritas a los cerdos.
Una leve sonrisa atravesó el rostro de ébano del marine: - Sí, Doctora, eso tenía entendido. Por eso preferiría que se encargaran ustedes dos de la investigación, ayudadas por el personal que consideren necesario.
- Perdone sargento - interrumpió Paul pareciendo recuperar la plena consciencia tras el paréntesis de somnolencia. - Si la doctora Reyes y la doctora Santer se encargan de la *investigación* podríamos la doctora Monteloup y yo revisar otra de las estancias. Verá, aún no he concluido el trabajo y necesito la ayuda de Ma... de la doctora. - Paul pensaba que su solicitud, dadas las circunstancias podía estar fuera de lugar pero consideraba por otra parte que la situación no debía frenar, al menos no completamente, el ritmo de los trabajos iniciados el día anterior. A él aún le quedaban algunas cosas pendientes. - No nos llevará demasiado. En cuanto concluyamos nos pondremos al servicio de Da... de las doctoras Santer y Reyes para lo que necesiten. - El sueño todavía le impedía alcanzar el nivel de solemnidad impuesta por el sargento.
- Está bien. - Dijo finalmente el sargento. - Necesitarán entonces otro marine para que les acompañe. Fitgerald, Fonseca, acompañen a los doctores a la pirámide. - La pareja de marines se adelanto y se unió a los civiles que empezaban a prepararse.
Madeleine respiró aliviada y se unió al grupo situándose junto a Paul. Ana tomó la cabeza y echó a andar con el resto del grupo hacia la subida de la pirámide. Junto a ella iba muy seria Fitgerald manteniendo el paso, detrás cerraba el grupo Albert todavía un poco dormido. Mientras salían DeLorence daba las últimas indicaciones al Cabo Goitiers antes de separse, el cabo se encargaría de la búsqueda mientras el sargento tenía que ir a informar a la base.