"Buscando un botón"

Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Marine Albert 'AlArm' Fonseca (PNJ, David M.)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
La ascensión a la pirámide fue en esta ocasión más rápida que el día anterior. O eso al menos le pareció a Dara. Seguía la estela de un enorme marine de pelo castaño oscuro que la precedía y no podía dejar de pensar en la desaparición de Catherine y Holmes. ¿Podrían haber sido los anillos? Había leído sobre ellos, había visto alguna grabación, pero no los había visto en funcionamiento nunca. Sentía un nudo en el estómago, mezcla de excitación y miedo.
Aunque iba muy concentrado en el camino y los alrededores, Albert de vez en cuando se acordaba que no iba solo y frenaba para ver como iba el resto del grupo. El seco ambiente desértico era su preferido de todos en los que había trabajado, y su morena y curtida piel agradecía el salir del presidio que representaba la base. Apartó un poco el ligeramente largo flequillo que con el calor caía sobre su frente.
Dara se paró un instante, para tomar aire y calcular cuánto faltaba para llegar a la cumbre. Echó un vistazo a todos sus compañeros. Ninguno había abierto la boca durante el tramo que habían subido. No podría decir si por no perder el aliento o porque nadie sabría muy bien qué decir. Colocándose bien la visera, llenó de aire sus pulmones para continuar con la ascensión.
Cuando llegaron a la sala, Dara sintió una cierta decepción. Salvo una mochila tirada junto a una de las paredes, nada había cambiado desde el día anterior. No sabía lo que esperaba, muestras de violencia, restos de algún extraño olor a quemado, marcas en el suelo... algo...lo que fuera. Pero todo estaba exactamente igual.
- Vamos - dijo Ana señalando hacia la pared donde se encontraba la mochila.
Dara asintió, sin dejar de mirar a su alrededor como esperando que algo extraordinario sucediera. En cualquier caso aquél era un punto tan bueno como cualquier otro para empezar. Fonseca entró en la sala echó un vistazo en busca de cualquier posible amenaza y se apartó al lado de la puerta, echando de vez en cuando un vistazo al exterior donde uno de sus compañeros montaba guardia; no quería molestar y su trabajo era simplemente estar en guardia. Ana y Dara se dirigieron hacia la pared teniendo mucho cuidado de no pisar los anillos, observaron la gran imagen de la pared. Una hermosa imagen de la mujer con cabeza de condor, ataviada con una túnica decorada con muchos motivos. Alrededor de su retrato la pared se completaba con un paisaje, algunos arboles, una hermosa plaza, una especie de poblado. Al fondo, conmpletando el paisaje, una cadena montañosa. Ana miró a la mochila.
- ¿Deberíamos mover la mochila? - a Ana le parecía lo más obvio, para mirar que había debajo.
- No sé si es una buena idea, pero... en esta vida hay que asumir riesgos... ¿no? - Dara mantenía el ceño fruncido.- Pero que no se diga que una mochila puede con nosotras...
Ana y Dara, bajo la atenta mirada de Albert, la movieron con sumo cuidado. Debajo no parecía haber nada de interes, el suelo de de debajo era exactamente igual al del resto de la estancia. Tambien habían dejado al descubierto un trozo de zocalo de la pared, que adornaba toda la base de la imagen, desde una lado a otro de la pared el zocalo iba cambiando de color, el autor había usado varios colores para su decoración, la imagen quedaba encima de este.
- Aclaremos la situación - comentó Ana - supongamos que dejaron aquí esta mochila, y se pusieron a estudiar la estancia. ¿despues salieron y se dejaron la mochila? Entonces hubieran avisado por radio...¿Pudieron activarse los anillos de alguna forma y ser trasportados? - Ana dudaba de que Ford o Holmes hubieran cometido la imprudencia de colocarse dentro del circulo.
- ¿Realmente crees que se hubieran metido en el círculo? Me parece extraño, aunque conociendo a ese Holmes, quién sabe...- Dara se levantó para, dejando la pared a su espalda, abarcar toda la sala con la vista.- Los anillos están lejos. Si han sido los anillos los que los han sacado de aquí, entonces los activaron desde dentro... Será mejor, por si acaso, mantenernos alejados de los anillos.
- Lo mejor será de todas formas empezar por esta pared. - dijo Ana señalando la pared donde se encontraba la mochila.
Cada una empezó por un lado, moviendose desde donde se encontraba la mochila hacia arriba. Observaban despacio y muy atentas cualquier indicio que pudiese mostrar la pared.
Dara examinaba con detalle la pintura de llamativos colores. La parte del fresco que le tocaba a ella mostraba a la diosa-cóndor (Brittney, la había llamado Paul) ligeramente inclinada hacia delante mientras en sus manos sostenía un cuenco. Su vestido estaba profusamente decorado con dibujos de formas geométricas, entrelazadas entre sí. El paisaje del fondo, algo por encima de su cabeza, mostraba un paisaje montañoso.
El examen visual no mostraba nada extraordinario. Dara se acercó dos pasos al mural. La mayoría de las veces, estar demasiado cerca de la obra hacía que se perdiera la perspectiva, pero quizás era eso precisamente lo que necestitaban... perder la perspectiva. Con cierta reverencia, alzó la mano hasta tocar la pared y seguir con sus dedos el intrincado dibujo de la falda de la diosa; era simétrico, confluyendo los dos extremos de la cenefa en un punto común, un círculo. Dara comenzó a pensar que quizás la simetría podría tener algún significado especial, mientras sus dedos continuaban rozando la cenefa. Y entonces lo notó.
- ¡Ana! Creo que he encontrado algo... fíjate aquí. En el dibujo del vestido... este círculo... no es... igual que el resto. El tacto es distintio, no es la misma roca... es como...¿un botón?
Ana miró el sitio donde señalaba Dara, a primera vista parecía formar parte del resto de la imagen, no destacaba más que el resto.... salvo que Dara había dado en el blanco, este circulo no estaba dibujado, estaba de alguna forma incrustado a la pared.
- ¿Será el "botón" de activación de los anillos? - Ana creía que era muy probable. - Lo mejor será avisar al sargento.
- De acuerdo. - Fonseca pulsó su comunicador. - Sargento aquí Fonseca, hemos encontrado algo que podría ser el disparador de los anillos. Quedamos a la espera de instrucciones. Cambio.
El sargento aceleró aún más el paso y entre resoplidos contestó:
- Aquí DeLorence,... - tuvo que parar para respirar mientras corría a tal velocidad que Daniels apenas podía mantener el ritmo. - Vamos de camino, esperen por nosotros.