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"Revelaciones"
Catherine Ford Madeleine Monteloup
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)


La escena le llamaba la atención. Una mujer, con lo que seguramente se podría considerar las vestimentas típicas, se encontraba en una posición extraña... seguramente bailando. El estrecho tablero horizontal de una de las caras de la pirámide, donde se encontraba, y la altura del grabado en la piedra no le habían permitido apreciarlo en el comienzo, pero estaba rodeada de otras personas, seguramente danzantes también, aunque ella era el centro de la atención. Parecía llevar un tocado de hojas y flores, que podrían ser tanto naturales como de otro material; la piedra no la ayudaba a discernir.

Catherine acarició la figura con la mano, con cuidado, luego de sacar la última fotografía. A sus pies se encontraba la hoja de papiro que más temprano había apoyado sobre la figura, para luego grabar la imagen con grafito sobre ella. Si bien el papiro no era un material exactamente convencional para llevar de expedición, ella siempre se las ingeniaba para hacer caber en su mochila un tubo de cartón con varias hojas. Así había conseguido el regalo de cumpleaños de Ana, el anj y el ojo de Horus, que había grabado en las ruinas de un planeta cuya designación se le escapaba. En aquella ocasión su colega, la Capitán Marks, había hecho reproducir los mismos símbolos sobre piedra por un artista local de Agana.

La figura de la danzante le encantaba, a pesar de la obvia desproporción, podía imaginar la clase de noche donde una comunidad se había reunido a festejar...

Un sonido le llamó la atención. Alguien estaba caminando en la otra cara de la pirámide. Catherine guardó la cámara y el papiro dentro de su mochila, de la que aún no se había desprendido, pero no se la puso sobre los hombros, sino que cargó su rifle y semi arrastró la carga hacia la esquina, para ver de quién se trataba.

Madeleine estaba bastante congestionada, a pesar de la escasa sombra que producía ese lado de la pirámide el calor era demasiado, y ella estaba bastante cansada, no había podido tomar sus calmantes porque se los había olvidado en la base, y llevaba todo el día aguantando. Tan sólo unas cuantas aspirinas habían aliviado muy poco el dolor muscular, pero el clavo de la cabeza aún no se había ido. No solo había sacado fotografías de los relieves sino que además se molestaba en dibujarlos en un cuaderno de dibujo. Aprovechando que lo soldados se encontraban a bastante distancia Madeleine se había desabrochado la camisa, dejándose ver debajo una camiseta blanca de tirantes algo ceñida y bastante escotada.

El calor era insoportable, miró de reojo, y observó que los soldados estaban distraídos hablando, con lo que cogió la cantimplora y se la echó por la nuca y el cuello, el frescor era mucho mejor que un calmante. Se quitó el chambergo y se puso una cola de caballo. No se atrevió a quitarse la camisa por si acaso los soldados se acercaban, pero si se animó a sacarla por fuera del pantalón y a desabrochársela entera. También se dobló las mangas bastante para poder estar mas cómoda. Mucho más repuesta siguió dibujando en su cuaderno. Estaba sumergida en un grabado de una escena que representaba a una serpiente cuando de repente una voz conocida la sobresaltó.

-Hola Maddie,- saludó la Capitán. Miró hacia arriba, luego hacia abajo, y comprobó que estaban... lo más solas que podrían estar, con cantidades de grabados sobre plantas y flores... y quizá algún que otro animal de apariencia extraña. Dejó la mochila sobre la piedra, para sentarse en el tablero, lo más cerca del borde posible, para que sus piernas se balancearan, sus pies libres y lejos de la superficie horizontal más próxima. Dejó de mirar la punta de sus botas para observar a Madeleine. -¿Cómo estás?-

"¿Maddie?, desde cuando Catherine me llama Maddie, aquí pasa algo raro. ¿Con quién habrá estado hablando?", pensó Maddie, la cual estaba lívida por el sobresalto. Miró a Catherine y la sonrió tímidamente. - Hacía tiempo que nadie me llamaba así, me ha sorprendido Catherine. Estaba dibujando algunos grabados a lápiz, suelo hacer fotos, pero al dibujarlos se me quedan grabados más fácilmente en la memoria, y trabajo mejor con ellos luego. ¿Quieres ver alguno de los que hice? He descubierto escenas increíbles. Aquí hay material para mucho tiempo. Reflejan un alto conocimiento tecnológico casi equiparable al nuestro, al menos en la época en la que se hicieron estos grabados - . Madeleine le acercó el cuaderno, esperaba que al distraerse con su cuaderno Catherine no se fijara mucho en ella y pudiera taparse un poco.

Alto conocimiento tecnológico... Ford pestañeó, resistiéndose de caer por aquella tangente. -Me gustaría ver tus dibujos, sí,- contestó mientras estiraba su mano para tomar el cuaderno que hojeó apenas, antes de volverse hacia la doctora. No estaba en su naturaleza dar muchas vueltas, y tampoco era capaz de diseñar entramadas estrategias de conversación para sacar información en un juego de "mentira-verdad." -Tomé una decisión esta mañana, y quería conversar sobre ella. ¿Te sentarías conmigo?

Madeleine miró a Catherine la cual estaba bastante seria, su pequeña estrategia parecía no haber dado resultado por lo que asintió con la cabeza y se sentó a su lado. Ya intuyendo cual sería la respuesta preguntó mirando hacia el horizonte: - ¿Qué quieres saber exactamente Catherine? -. El examen iba a ser bastante duro, pero mejor ella que no otro.

Podía, en esa situación, elegir entre varios caminos, fundamentalmente dos. El largo, o el corto. La Capitán se decidió por este último. -Ayer visitaste la enfermería, ¿verdad?- Era más afirmación que pregunta, pero la observó asentir. -¿Para qué son los calmantes?

- Los calmantes son para...-, Madeleine que apenas se había abrochado un par de botones de la camisa, se los desabrochó y se quitó al camisa. Debajo de la camisa, llevaba una camiseta blanca de tirantes. Y debajo de esta se podían apreciar bastantes moratones que recorrían parte de su cuerpo desde el cuello hasta los brazos, al final de los cuales se podían ver las muñequeras que llevaba, y debajo de estas las vendas. Sin duda alguna se apreciaba que podía haber más pero la ropa tapaba el resto - ... son para esto-.

Catherine contuvo la respiración. De todo lo que esperaba, y luego de la conversación con McBride-Smith había, incluso, considerado la opción de que fueran para un tercero, esto no entraba exactamente dentro de las posibilidades que habían pasado por su cabeza en el corto tiempo que había pasado desde que el Subteniente golpeara la puerta en su oficina y ese momento. Quería hacer preguntas, pero Madeleine continuó hablando, así que decidió no interrumpir.

- Fue hace dos noches. La tarde que me diste libre para poder atender la mudanza de mi casa fue bastante agitada. Casi hasta la noche no terminé de colocar cosas. Después cené un sándwich frío y me bañé en el mar cómo hago todos los días, el agua me encanta. Cuando entré en la casa tenía un invitado inesperado... Pero no, no fue él... Le eché de mi casa, es un viejo conocido. Al que no soporto, aunque mi padre desde que me divorcié se empeña en atarme... Phillipe Lagrange -.

- Estaba nerviosa por la discusión y decidí subir a mi habitación a echarme un rato y a escuchar a Corelli....., me relaja mucho este tipo de música..... Cuando entré en la habitación me di cuenta de que algo no estaba bien. Sobre la cama había un vestido que hacía años no usaba. En concreto desde la noche de un baile de instituto. Pensé que había sido Phillipe, pero no, algo no encajaba- .

- Me acerqué despacio hacia el vestido, y antes de llegar a la cama alguien me cogió por detrás y me puso una navaja en el cuello. Su fragancia, la empuñadura de la navaja hicieron que me diera cuenta de quien era. Pensé que era alguna broma e intente separarme haciéndome la enfada... Pero me retorció el brazo y me empujó contra la cama. Arrojó a un lado la navaja y sacó una pistola. Quería que me desnudara y me pusiera el vestido. Decidí seguir con el juego, parecía que estaba borracho... Me puse el vestido para él. Y el encendió la música... la que bailamos en el instituto el día que rompimos porque intento agredir sexualmente a mi mejor amiga de entonces-.

Madeleine miró a Catherine, - Sí le conocía, se llama Arthur, es el mejor amigo de mi hermano y nuestras familias se conocen de siempre-. Madeleine tomó aliento mientras ya un río de lágrimas asomaba a sus ojos.

- Se acercó a mi, me dijo que estaba preciosa y que esa noche iba a ser suya, qué después iríamos a casa de nuestros padres y les daríamos las buenas nuevas de que nos amábamos y nos íbamos a casar que cuando cumpliéramos 18 años iríamos juntos a la universidad... No estaba bien, estaba bastante mal... Estaba no sé como decirlo... Fuera de si. Intenté hacer que se moviera de la puerta para poder escapar, pero se dio cuenta y se arrojó sobre mi besándome a la fuerza. Me sujetó las piernas, iba a... Dios mío... pero con una llave de Karate me libré de él y me puse en posición para luchar con él. Creí que podía, pero.... el lleva desde que era niño practicando artes marciales, es muy bueno y yo no llevo tanto. No le dedico tanto tiempo, prefiero la natación, aunque a partir de ahora me entrenaré más-.

- Luchamos un rato, seguramente él tendrá tantos moratones como yo. Pero estaba casi sin fuerzas. El resistió mucho más. Consiguió vencerme empujándome hacia la terraza, menos mal que tenía las puertas de cristal corridas, siempre duermo con la ventana abierta, ... quizás ahora ya nunca vuelva a hacerlo. Caí de espaldas, intenté levantarme y él me dio un puñetazo en la mandíbula, no quería... ¿cómo dijo?.... estropear mi cara bonita. Estaba medio consciente ya no sabía muy bien que estaba pasando, lo único que sentía era su brusco tacto recorriendo mis piernas... -. Madeleine pasó las manos alrededor de sus rodillas y se agarró con fuerza a ellas estremeciéndose, estaba nerviosa y medio gimoteando, pero tomó un poco más de aire y continuó con su relato. -.... Cogió un cuchillo y me rasgó el vestido. Hice un último esfuerzo e intenté darle una patada, pero me pilló la pierna y me inmovilizó. Creí que ocurriría lo peor, pero cuando ya había perdido toda esperanza y cedía a lo que él quería, me desmayé-.

- Lo siguiente que recuerdo es que estaba en una cama de hospital. Y Phillipe junto a la cama, con un semblante bastante preocupado. Si supieras como es él, entenderías que nunca ha dejado que su rostro reflejara sentimiento alguno, pero allí denotaba mucha preocupación. Pensé que había ocurrido lo peor. Pero me tranquilizó y dijo que olvidara todo, que no me había pasado nada. Y que se encargaría de solucionar todo, y así lo ha hecho. La verdad es que no recuerdo más allá del puñetazo fueron muchos golpes, lo único que no presenta hematomas es la cara, el resto del cuerpo es puro cardenal. No tengo nada roto afortunadamente me defendí bastante bien, algunas torceduras en las muñecas pero con las muñequeras que llevo bajo la camisa apenas se nota. Apenas un poco hinchadas las manos. Me cuesta coger peso y me molestan un poco, pero con los calmantes apenas se nota. Pero me dejé los calmantes en mi cuarto, con la salida se me olvidaron por completo, de ahí que necesite unos cuantos, el dolor va siendo bastante fuerte y después de montar el campamento y todo los necesito, podría aguantar hasta la noche, tengo que tomarlos durantes unos días nada más hasta que remita el dolor-.

- Sé que debería haberlo dicho antes, pero con la misión, estaba emocionada. Los datos eran tan interesantes que no podía faltar a ella. Y decidí no decir nada. Hice mal lo sé. Pero esta tarde la dedicaré a investigar y a estudiar lo que vayamos encontrando. Prometo irme a descansar pronto, pero por favor Catherine...- Madeleine la miró con los ojos inyectados en lágrimas y le suplicó: - ... no me hagas regresar, en estos momentos me derrumbaría si volviera, el trabajo me ayuda mucho, y además tenemos esa maldita auditoría, quiero ayudar y con mi trabajo lo puedo hacer... descansaré cuando me digas, seguiré a pie juntillas los descansos marcados, pero no me hagas regresar no lo soportaría... estaré más segura aquí que allí-. Madeleine se agarró a Catherine suplicándola, se abrazó a ella y terminó por desahogarse llorando desconsoladamente. Era lo que necesitaba desde hacía muchas horas. Un hombro sobre el que llorar y sacar todo el dolor que llevaba dentro. Era mejor terapia que la de un psiquiatra. Al menos ahora ya no tendría que soportar el gran peso que había llevado los últimos días, y tendría alguien con quien hablar de ello.

Fue fácil para Catherine responder a la acción de Madeleine. La dejó llorar, palmeando suavemente su espalda como si hiciera falta para demostrarle que seguía allí, que no se había perdido en el relato, y que le quedaba una mano libre mientras enjugaba sus propias lágrimas. Se despreocupó del protocolo, las reglas de confraternización y la mar en coche, mientras sentía cómo los sollozos de la doctora bajaban lentamente de intensidad y volumen hasta que, finalmente, cesaron.

No podía creer cómo se había permitido pasar de la dicha a la duda y, casi, la desesperación tantas veces en un sólo día, cuando eventos como aquél habían pasado frente a su nariz, prácticamente, y se había permitido no notar un miserable detalle. Con movimientos cuidados, Catherine buscó un pañuelo en su bolsillo y se lo ofreció. Debía haberla dejado en la Tierra, sin embargo... ¿Quién era ella para decidir dónde debía estar una persona luego de sufrir tal experiencia? ¿Quién, para decidir castigarla aún más? Y si debía ser brutalmente objetiva, Madeleine estaba cumpliendo con su trabajo tan bien como cualquier día "normal". Continuando en esa tónica... si el salvador de Madeleine hubiera cercenado la cabeza del agresor, ¿lo condenaría? De haber estado allí, ¿hasta qué punto podía asegurar que era capaz de mantenerse en control? Si estaba fríamente furiosa en ese momento... ¿que podría haber pasado, "en caliente"?

-No voy a mandarte de vuelta.- Defendería su decisión si llegaba a ello, pero esperaba que Jon y Lebau... miró alrededor, y asintió: no estaban dentro de su campo visual. Se volvió hacia ella y la miró a los ojos. -De regreso, veremos qué se hace. Pero ahora no te preocupes por eso, Maddie.-

- Catherine muchas gracias por escucharme, que esto no salga de nosotras, el trabajo me sentará bien y me ayudará mucho. -Y poniéndose la mano en el corazón y haciendo el gesto de los jóvenes Scouts añadió .- Prometo seguir los descansos al pie de la letra. De verdad que el médico dijo que no tenía nada roto, los moratones son más escandalosos de lo que parecen, peleé duro-.

Ford puso cara de circunstancias. Que saliera o no de ellas no dependía de mantener cerrada su boca, sino de que los archivos del hospital no llegaran a manos de la base del Proyecto, que los archivos de la enfermería de la base no llegaran a manos de alguien que hiciera más preguntas que McBride-Smith... y fundamentalmente, que ambos archivos no se reunieran en las mismas manos.

-Sabés que contás con mi apoyo. Y voy a ver qué calmantes tenemos... no podemos sacar los más fuertes, pero si hay ibupofreno podremos retirar suficiente entre las dos sin necesidad de justificarlo al regreso.- Volvió a apretar, suavemente, el hombro de Madeleine con su mano. -Las mujeres tenemos esa ventaja, nadie hace muchas preguntas,- sonrió, esperaba que de forma reconfortante.

Madeleine devolvió la sonrisa a Catherine. Al menos podía contar con alguien como ella. Ahora esperaba que el doctor Holmes se olvidara de ella y la dejara tranquila con su dolor. ¿cómo lo conseguiría? Esperaba que las explicaciones dadas a Holmes fueran suficientes y él las creyera. Sin embargo debía decírselo también a Catherine para que estuviera al tanto. - Catherine una cosa más... Jonathan sospechaba que no me encontraba bien, Habló conmigo esta mañana en el campamento, le tuve que enseñar algunos moratones. Le dije que había estado practicando Karate, y que con lo terca que soy me empeñé en luchas fuerte. No sé si lo creerá pero de momento no ha dicho nada. Quería que lo supieras.-

Jonathan otra vez... Catherine se olvidó de respirar un instante, agradecida a todos los cielos que él no estuviera más envuelto que eso en la situación. Sabía que podía ser metido, y a pesar de que no se llevaran de maravilla, él y Madeleine habían sido compañeros en la Unidad de Instrucción. -Si hay más preguntas, de Jon...- se corrigió rápidamente -cualquiera de los asesores- miró alrededor otra vez, reprochándose mentalmente el lapsus -que imagino que no han visto nada, no des explicaciones. Son asuntos tuyos. Si te molestan, los mandas a la mierda. O conmigo,- sonrió -que será más o menos lo mismo.

Dio vuelta la página del bloc de dibujo de Madeleine, recordando vagamente los retratos que les había hecho Williams en la Unidad de Instrucción. No todo el mundo tenía ciertos dones... ella, de seguro, no podía dibujar una línea recta sin "ortopedia".

-Ahora sí... me gustaría saber sobre el "alto conocimiento tecnológico" de la gente que construyó esto...

Madeleine se quedó unos segundos algo atónita pensando en las palabras de Catherine, "¿Jon?, ¿le ha llamado Jon? No me imaginaba a Catherine con Jonathan.."., pensaba Maddie mientras le devolvía una sonrisa. - Directamente les mandaré a ti si se pasan Capitán. - Esto último lo dijo Madeleine saludando al estilo militar de forma un tanto divertida. Todas las tensiones acumuladas se habían evaporado hasta parecía sentir menos dolor.


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