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"Paseando a Miss Mounteloup"
Madeleine Monteloup
Doctora Madeleine Monteloup Parker - Bióloga (Yolanda)
Marine Jonás 'Calabazas' Russell (PNJ, David M.)


Cuando llegó Madeleine al campamento, lo primero que hizo, fue tomarse uno de los calmantes que Catherine le había dado. A continuación se fue a la tienda que le correspondía y aprovechando que no había nadie, se cambió y se puso algo más ligero que había traído en su mochila, una casaca corta de lino, color caqui de cuello mao. No quedaba muy bien con el pantalón militar, pero era mucho más fresco que la camisa militar. Con un pañuelo de lino alrededor del cuello, la melena y un poco de maquillaje apenas se notaba nada, y estaba realmente a gusto. Dudaba entre ponerse un chambergo o no, pero no era de buena educación comer con sombrero en la mesa, por lo que decidió dejarse el pelo suelto. Además la mesa estaría a la sombra de eso estaba segura. Ya más animada se unió al resto del grupo para comer. Estaba bastante sonriente y se sentó a comer al lado de Paul evitando en lo posible dirigirse a Holmes, aunque de vez en cuando le lanzaba alguna mirada de reojo que era captada por Holmes a lo que ella respondía desafiante.

La conversación a lo largo de la comida giró claramente entorno a los pequeños descubrimientos hechos durante la mañana.

Una vez terminó cada uno reanudó sus quehaceres. Madeleine fue a buscar el equipo necesario para tomar las muestras. Cuando se preguntaba como iba a hacer para llevar todo se presentó ante ella un marine.

- La Doctora Moteleoups, supongo. - Dijo el marine de poco más de metro ochenta con una leve sonrisa torcida y aire cómico. Su sonrisa hacía juego con una nariz rota y una leve cicatriz en la mejilla derecha, sus ojos azules inquietos le daba un aspecto de nervioso diablillo. - La Capitana Ford me mandó que viniera a acompañarla a su "excursión".- Hizo especial hincapié en el género de su oficial y no pudo reprimir una mirada de arriba a abajo a la civil con cierto aire de lascivia. Se puso firme a la espera de más órdenes, como intentando disimular su desliz.

Madeleine miró al que iba ser su acompañante durante la tarde, y enarcó un poco la ceja ante la mirada de este la cual no le gustó mucho.

- Muy bien marine, la "excursión" como la ha llamado va a dar comienzo... ahora mismo. Coja esa mochila y ese maletín - dijo señalando a los objetos ya preparados al lado de la puerta. - Y sígame. Ya empezaba a salir por la puerta cuando se volvió de improviso y le dijo: - ¿Cómo se llama marine?

- Russell, Jonás. Señorita - Dijo no sin cierto tono picarón.

- Para usted doctora Monteloup, marine Russell... y espero que cambie ese tonito conmigo, no quisiera dar parte a su superior la Capitán Ford. Durante las próximas horas voy a ser su superior y espero que acate ese rango. ¡Ah!, y no se olvide de la pala a lo mejor la voy a necesitar, y sino puede con todo hágamelo saber. A lo mejor necesita la ayuda de mami para ello.

Madeleine se dio la vuelta y salió sonriendo alegremente por la puerta. Por fin iba a encontrar alguien con quien descargar la ira que llevaba dentro. Y un buen mulo de carga a costa del ejército le iba aliviar esa carga. Prometía ser una "excursión" bastante entretenida.

- Creo que está usted equivocada, "doctora". - Dijo el marine con un tono tan helado que podría congelar las venas del más pintado. - Puede que tenga que ser su asistente, su niñera e incluso su burro de carga. Pero nunca jamás en su corta vida, se atreva a insinuar que se ha ganado de alguna manera el privilegio del mando. Y Dios quiera que nunca necesite de mi ayuda en batalla, que entonces sabrá lo es recibir órdenes. - Su cara era una rígida máscara como la de cualquier suboficial instructor de los que salen en las películas. - Ahora si es tan amable indíqueme hasta donde debo transportar estos bultos. Y le recomiendo que coja algo por poco pesado que sea, sobre todo si es frágil, porque necesito una mano libre para usar mi arma y no dudaré en desprenderme de lo que sea para conseguirla. Se me ha encomendado ayudarla con el equipo pesado y servirle de protección, no ser su "negro particular". Por si no lo sabe los "soldados" ganaron hace muchos años una guerra para abolir la esclavitud. Si quiere dar parte de mí, siéntase completamente libre de hacerlo, pero no espere hacer amigos con ello...

Madeleine se puso seria. - Muy bien, de acuerdo, soldado Russell, es cierto que no tengo porque darle órdenes, y es cierto, que quizás me he pasado... de la raya. Pero si puedo dar parte por emplear un tono como el que usted ha utilizado hace un momento. Usted se encargará de ayudarme y de protegerme en caso necesario, pero creo que no le han dado ninguna orden de emplear un tono como el que ha usado conmigo, va en contra de las normas entre el personal de la base militar, y aunque yo no soy militar mientras esté trabajando para el ejército y mal que me pese, formo parte del mismo, por lo tanto para usted seré doctora Monteloup, no "señorita" ni nada por el estilo. Comprendido.

Madeleine le quitó de sus manos el bolso contenedor de muestras y dejó al soldado Russell la mano libre que tanto necesitaba para defenderse en un planeta que sólo era desierto. ¿A quién iban a encontrar en semejante lugar?

- Al menos donde yo estudiaba "Señorita" era un trato respetuoso. Porque Doctora, no tengo porqué saberme su vida y milagros... - Seguía rezongando el marine mientras acababa de cargar bultos. - ¿A quién pretende curar con estos trastos, doctora? - Concluyó todo serio mientras dejaba de observar extrañado todo lo que cargaba y admiraba "el paisaje" que se le planteaba delante mientras la civil camina por delante de él dándole lo mejor de su espalda.

"¿Curar con estos trastos? Encima de salido es medio lelo" pensaba Madeleine mientras salía del recinto sin responder a la pregunta del soldado.

El material no era muy pesado pero era ligeramente aparatoso de transportar, Russell se preguntaba como se habría planteado una mujer tan pequeñita el llevar todo aquello sin ayuda, Tampoco le extrañaba mucho, era por todo el mundo bien sabido que las mujeres estaban todas locas y que no se atenían a la lógica normal. No había más que ver el "chollito" que le había encomendado la "cachonda" de la Capitana.

Madeleine imaginaba el rastro de babas que dejaba Russell. Si ya tenía bastante con lo suyo además tenía que cargar con un salido mental. En su cabecita ya estaba maquinando como tocarle las narices al soldadito salido que le había tocado en suerte. Desde luego iba a sudar la gota gorda bajo un sol de justicia, así estaría ocupado en algo mejor que en calenturientos pensamientos.

Finalmente, la pequeña comitiva formada por ambos partió del campamento y comenzaron a alejarse de la pirámide para adentrarse algo en el desierto. Había decidido tomar muestras en varios lugares. Ella se dedicaba a montar el equipo para la extracción de muestras mientras le indicaba al soldado Russell donde cavar con la excusa de que era necesario para tomar muestras. Y ella cada vez que socavaba la superficie tomaba muestras de ese lugar las ponía en los contenedores y los sellaba. Pero mientras él excavaba en lugares en los que ella solo tomaba muestras de los montones de tierra formados al cavar. Ella extraía por otro lado muestras a mayor profundidad, no era mucha pero si la suficiente para obtener algo interesante. El equipo no era de los más grandes y pesados sino fácil de manejar, pero era una auténtica lata montarlo y desmontarlo. Al menos mientras Russell cavaba ella pensaba que su cabeza calenturienta estaría ocupada. Sin embargo, de vez en cuando miraba de reojo al soldado Russell al cual le pillaba tanto miradas de lascivia, como miradas a su alrededor en busca de un imaginario peligro.

Aunque ella le ignoraba por lo menos una cosa demostraba el soldado Russell, estaba absolutamente entregado a su protección y colaboraba con ella, al principio sólo cavando, pero poco a poco comenzó a ayudarla a montar el equipo. No era tan mal tipo después de todo. Estaba sudando como un cerdo, pero para nada se quejaba de su trabajo, simplemente la ayudaba en todo lo que le pedía. Después de ir de aquí para allá tomando muestras dobles, sellando y etiquetando un montón de contenedores Madeleine decidió que debían tomarse un respiro. Le indicó que se acercara y se sentara con ella a tomarse un tentempié. Se acercó al soldado Russell y le acercó la cantimplora y unas chocolatinas de las que ella solía llevar en su mochila.

- Tome, no es bourbon pero le saciara la sed.- Y le dio a continuación las chocolatinas. - Son de chocolate noir, espero que le gusten, me las traen expresamente de Europa.

Madeleine se sentó a su lado y le preguntó:
- ¿Lleva mucho en el ejército?

Jonás se relajó un instante, aceptó el regalo de la doctora y se apoyó en una piedra cercana. No abandonó del todo su posición de vigía alerta pero se tomó un pequeño respiro.

- No mucho. Hace poco que firme mi tercera renovación... - Continuó, más haciendo cálculos mentales para sí mismo que hablando con la doctora. - ... Con lo que eso indica que dentro de poco cumpliré los cinco años de servicio.

Madeleine le sonrió y le dijo.
- Será mejor que deje la pala a un lado, ya no será necesaria, le voy a enseñar a montar mi pequeño equipo. No sirve para "curar", pero hace cosas interesantes como extraer muestras en apenas un metro de profundidad. Sólo en los extractos térreos más recientes.

Madeleine consideraba que el esfuerzo por ayudarla del soldado había merecido que dejara de tocarle las narices haciéndole cavar inútilmente. Y además, pensaba que un cuerpazo como el del soldado Russell no podía estropearse más con el sol. Aunque el tono de su piel tostada era muy atrayente.

Mientras le explicaba como montar el equipo le preguntó: - ¿Y qué piensa hacer cuando acabe su servicio a la patria?

Jonás sonrió mostrando su blanca dentadura de la que se sentía muy orgulloso, era como si le preguntara por el fin del mundo - Jubilarme, claro. ¿Hay algo mejor que hacer tras una vida de servicio a tu país? - Tomó una pausa para pensar realmente en su futuro y luego desdeñó las nubes que se formaron en su cabeza. - ¡Bah! Prefiero vivir el presente que plantearme quimeras, todavía soy muy joven para eso...

Madeleine le miró de reojo pensando que era un poco asno. Pero parecía buena gente. De repente se le ocurrió una pequeña idea, un cuerpazo como ese sería el guardaespaldas perfecto para ella.

- Oye Jonas, ¿puedo llamarte Jonas? ¿Tienes alojamiento en la base?, quiero decir... er... ¿vives en la base o fuera de ella? Lo digo, porque alquilo una habitación en mi casa muy barata... y quizás te gustaría irte a vivir allí. Un soldadote como tu dispondría de buenas vistas, y una habitación para ti solito.

- Me llamo Jonás, creo que es nombre bíblico. Y sólo te permitiré que lo uses si me dejas llamarte "señorita" - El joven sonrió deslumbrando con el reflejo del potente astro rey. - Pues realmente me acabo de venir a Guam y no estaba muy seguro de si instalarme en la base o buscar un piso compartido. Lo de vivir con una señora mayor no me lo había planteado, ¿qué sería, algo así como tu "manceno"?

Madeleine dejó lo que tenía entre las manos, miró al soldado Russell. Se preguntaba si es que el chico era así de nacimiento o el ejército le habría vuelto así. - Oye... Jonás... por quién coño me has tomado. "Una señora mayor", habló el espabilado, si tan mayor soy deberías dejar de babear por mi trasero, "una señora mayor" debería de darte repelus. Acaso tengo aspecto de ancianita devora hombres y asalta cunas.- gritó al final Madeleine la cual se puso las manos en la cintura bajó la cabeza y empezó a moverla negativamente. Esta situación que la hacía salirse de sus casillas y gritar casi histéricamente le recordaba enormemente a otra situación sostenida con Holmes en la UIC. Finalmente respiró hondo y profundo. Y pausadamente siguió: - Vamos a ver Jonás no quiero que te acuestes conmigo, sólo quiero alquilarte una habitación, nada más, por hacerte un favor. ¿Entiendes?

Madeleine dudaba que esa cabezota suya comprendiera exactamente que lo que le pedía no era ni más ni menos que la acompañara, pero nada más.

- Pues es una pena, me gustaba más la primera opción. - El marine sonrió con aire inocente como si fuera una broma sana que no podía hacer mal a nadie, en su cabeza (al menos) así era. - No te quería llamar "vieja", lo siento, no quería ofenderte. Estás realmente muy buena y te conservas muy bien, sea cual sea tu edad. Pero si alguien me insiste tanto en su título de doctorado comprenderás que sumando dos y dos no puedo echarle menos de treinta años, y eso siendo uno de los típicos "cerebrines" que suelen rondar por esta base. - El chico al ver el brillo en los ojos de Madeleine tuvo la sensación de que no se había explicado bien. - No te quería llamar golfa ni nada así, es que normalmente la gente que conozco de un día no tiende a ofrecerme su casa sin más. Y menos una hembra con ese cuerpazo. - Tras oír las palabras que salían por su boca no pudo más que taparla con su mano izquierda y quedarse callado, ya que veía difícil arreglarlo sin liarlo más. Haciendo acopio de todo su entrenamiento se dispuso a aguantar el chaparrón que esperaba que le viniera encima.

Madeleine le miró con la boca abierta, pretendía hacerse la ofendida, pero desde luego no era así como se sentía. No le quedó otra opción que sonreír. Acababa de darse cuenta de que no era más que un chiquillo. Se puso algo seria y le dijo: - Veras Jonás... seré sincera, han intentado robar en mi casa y me da miedo estar sola. Es muy grande y tiene un frigorífico enorme que puedes llenar si quieres de cervezas, y puedes invitar a tus novias a la casa cuando quieras., Y no necesitas liarte con una vieja por muy buen cuerpazo que tenga. ¿Qué te parece la propuesta? Si te sientes incómodo con ella, pues no pasa nada, quedaremos igualmente como amigos y si alguna vez necesitas un lugar donde ir con tu chica serás bienvenido.

- Jo lo siento. No quería insultarte ni nada por el estilo. Me encantaría tener una novia como tú, como ves no soy muy hábil con las mujeres... - Al final el chico cambio su faz de pesadumbre y como intentando olvidar lo anterior continuó: - Si salimos de ésta me sentiré muy honrada de compartir techo contigo y ser tu guardián en el tiempo libre que me deje mi trabajo. Te presentaré a mis amigos, seguro que te caen bien. Te ayudaremos a arreglar lo que te hayan roto y haremos una fiesta. Y ya negociaremos el alquiler, que este curro tiene sus pegas, pero pagan muy bien. Debe ser por eso de que es secreto y demás. Tú lo sabías, ¿verdad?

Madeleine no pudo por más sonreírle al soldado Jonás, le había caído bastante bien.
- Muchas gracias Jonás, los desperfectos ya estarán arreglados cuando regresemos. Pero podríais, tus amigos y tú, ayudarme a terminar de pintar la casa. Y respecto a la fiesta... será un placer invitaros a su inauguración. Aunque van a ir unos cuantos "carcas" también. - Ante este último comentario le guiñó un ojo.

Y siguieron a lo largo del resto de la tarde con la recogida de muestras, sólo que a partir de ese momento todo fue mejor entre ambos. Desde luego había sido un acierto, debería de agradecerle a Catherine su carabina. Después de todo la tarde había sido provechosa. Al menos no sentiría miedo teniendo próximo a ella un cuerpazo como aquel que sin duda alguna sabría defenderla si volvía a ocurrir algo grave.

(Y comieron lombrices...)


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