"Necesidades del servicio"
Teniente Brittany Williams, sanitaria (PNJ, Blanca)
Subteniente Andrew McBride-Smith, Inteligencia Militar y Comunicaciones (David M.)
(Pasada la medianoche del 12 de Septiembre de 2001)
Mientras la hermosa arena giraba y la mar amenazaba con abordar a la pareja que permanecía abrazada cada vez más a su alcance un repelente sonido rompió la quietud. La luna pareció eclipsarse por una nube de mal augurio. Lo peor fue cuando al molesto pitido se unió otro...
Andrew salió a la superficie de los ojos de Brittany en los que estaba sumergido. Su respiración era entrecortada y forzada y su cuerpo ardía con la pasión del momento. El ruido que salía de algún punto cerca de su cintura era como un jarro de agua helada.
- Creo que es tu teléfono. - Dijo intentando tirar balones fuera. De los dos sonidos uno le era molestamente familiar, pero estaba decidido a no soltar a su presa.
Ella deseaba gritar de frustración. -No puede ser...- Al principio, no le había parecido que lo fuera, sin embargo la segunda vez estuvo segura. Se apartó pocos centímetros de Andrew, bajo protesta, y abrió el aparato para comprobar que su pantalla brillaba, y que el origen de la llamada la hacía una que no podía ignorar. Eso explicaba por qué reconocía el sonido, una vez sí, la otra no.
-Es el tuyo también,- lo miró con tristeza mientras apretaba un botón y se llevaba el aparato al oído, sintiendo un poco de frío, esta vez en serio, al perder el cálido contacto con Andrew. -Williams.
Se dejó arrastrar por la obviedad, una vez perdido el contacto ya era un mal menor el responder a la llamada del deber. Se apartó a regañadientes un par de pasos para poder hablar sin molestar y sacó su "querido zapatófono". No necesito mirar el nombre de "BASE" que amenazaba con saltar de la pantalla monocromática, sabía que si los llamaban a los dos solo podía ser para fastidiar. Estaba harto de ese tipo de llamadas, eran las que hacían zarpar los barcos antes de puerto y las que significaban la posibilidad de haber perdido a un compañero (o un permiso). Con desgana paso a responder, probablemente el pringado encargado de llamarle no estaba tampoco de buen humor:
- Subteniente McBride-Smith al aparato. - Espero a los saludos de cortesía obligados y a las presentaciones innecesarias pero también obligadas. Lo que vino después fue un mazazo, el fin del mundo. Sin duda no era lo que esperaba ni de lejos. - ¿Puede decirme algo más Teniente? Entiendo... Estaremos... digo estaré ahí en unos cuarenta minutos. - Andrew esperó a que Brittany acabara su llamada, sabía que ninguno de los dos podía aportar mucha información al otro. Y él solo quería volver a abrazarla.
-Estoy en camino,- Brittany finalizó su conversación y cerró el "aparato del demonio" con un golpe seco. Estaban bajo ataque... de quién, dónde, cómo, eran detalles que no le habían dado. Giró para mirar al Subteniente, mientras ambos terminaban de digerir que su noche estaba arruinada y su potencial, perdido. Se acercó a él, súbitamente insegura. -Tenemos que irnos,- dijo, innecesariamente, extendiendo su mano hacia Andrew. Necesitaba de, al menos, ese mínimo contacto.
Andrew aprovechó el gesto para agarrarle la mano y tirar de ella y la estrechó con un cariñoso abrazo, intentando no excederse con la fuerza. Dejó reposar su cabeza sobre el hombro de ella y suspiró. El mundo real se había vuelto contra ellos, les había recordado que eran militares y tenían unos deberes, y de la peor manera posible. No sabía exactamente que había pasado pero no podía ser nada bueno. Con el escaso margen de tiempo que tenían para volver a la base, disfrutaron un breve minuto del contacto y luego se separaron.
- ¿Compartimos un taxi hasta la base? - Obviamente Andrew había olvidado todo a su alrededor, incluso que Brittany había alquilado un SUV cuando salieron de la base para que pudieran desplazarse con más comodidad y rapidez.
Brittany rió ante el lapsus, mientras volvía a tomarlo de la mano, ya sin vacilaciones, para volver sobre sus pasos hacia el área donde habían estacionado. - ¿Un taxi? - siguió riendo, a pesar de que, seguramente, la situación no daba para ello. Podía esperar a terminar de amargarse una vez llegados a la base. Especialmente, si se trataba de un simulacro. - ¡¿Un taxi?!
Se las ingenió para obligarlo a tomar sus zapatos, y así poder buscar las llaves en la pequeña cartera que colgaba de su hombro. Al encontrarlas, las hizo tintinear alegremente en el aire. - ¿Teniendo esto? Se nota que te gusta ser peatón,- lo empujó suave y alegremente a un lado. A pesar de que la noche no iba a terminar como esperaba antes de ser tan bruscamente interrumpidos, no podía sentir que nada estuviera precisamente mal porque, simplemente, Andrew estaba allí con ella. Le ofreció las llaves, esperando sonar tentadora. - ¿Nos arriesgamos a que nos detenga la policía...?
- Total. No sé que más da un carnet que otro, es que os gusta gastar el dinero a lo tonto. - Dijo mientras se acercaba a coger las llaves con un gesto de naturalidad. - El carnet militar es mucho más útil y nos lo dan gratis, yo nunca he tenido ningún problema... Y en autobús menos. - Dijo con una sonrisa, debía ser un bicho raro, pero sus principales vehículos eran un tractor y luego un barco y los guardias no tienen tendencia a pararlos en sus respectivos elementos.
Ella meneó la cabeza, realmente el chico no tenía remedio. Sin embargo, lo dejó tomar las llaves mientras llegaban de regreso a "tierra firme" y se detenía para ponerse las sandalias mientras él abría la puerta y la sostenía para ella. Se acercó a Andrew y rozó sus labios con los suyos mientras le quitaba las llaves con una sonrisa.
- Gracias,- le dijo, mientras entraba y se acomodaba en el asiento del conductor, especificando con sus acciones que no pensaba correrse al lado del acompañante. -Pero no estoy *tan* loca.
Andrew dio la vuelta por delante del coche al tener el paso obstaculizado y se sentó en el asiento del copiloto. - Yo sí, ... por tí. - Y la besó dulcemente en la mejilla.
Brittany sonrió, mientras lo miraba de lado, sintiendo complicidad y, por qué no, algo de frustración. Esa noche había sido el "por fin", y podría haberlo sido más aún, de no ser por la triste realidad. -Ojalá esto sea un simulacro,- expresó su deseo en voz alta mientras accionaba el encendido y ponía reversa.
- Ojalá se hubieran olvidado de nosotros. - Mirando a su acompañante pensó más allá y buscando un poco de complicidad rectificó con una sonrisa pícara: - Ojalá que acabe pronto.