"Lazos de unión"
Dr. Paul Mallory Rush. Profesor de Historia (Pablo)
Después de aquel día tan extraño y lleno de movimiento había conseguido encontrar un momento para aislarse de la *nueva* realidad que le tocaba vivir y el solitario exterior de la base en medio de una noche estrellada se presentaba como el mejor escenario para llamar a casa justo antes de regresar a su habitación a intentar conciliar el sueño. A fin de cuentas, pensó, a estas hora en Florida ya estará asomando el sol y papá y mamá andarán ya casi a punto de desayunar.
Paul conectó su teléfono móvil carente de vida durante todo aquel día al objeto no terminar medio trastornado entre los que le habían llamado y quienes seguramente se estarían preguntando dónde andaba metido. El sonido de bienvenida del pequeño aparato le indicó que todo estaba listo para llamar a casa.
Tras marcar el número y esperar unos cuantos tonos una voz muy familiar respondió al otro lado del aparato. Paul se sintió feliz de poder hablar con alguien verdaderamente cercano.
- Papá, soy Paul. ¿Cómo estáis? -
La voz al otro lado del aparato pareció sobresaltarse al escuchar aquellas palabras.
"Paul, hijo....¿dónde estás?. Llevamos llamándote al móvil y a tu casa de Houston desde ayer pero nada. ¿Se puede saber dónde diablos te has metido?"
Paul sonrió. Se sentía muy contento por escuchar la gruñona voz de su padre. Esperaba algo así desde el mismo momento en que se encontró a solas con su teléfono y aquello, después del duro primer día en la base, parecía casi un premio para él.
- Tengo una buena noticia para ti, papá. No estoy en Houston. Estoy otra vez en Guam, con tu gente. Me han vuelto a llamar.-
La voz de su padre se tornó entonces más conciliadora y casí risueña.
"¿En serio?. Bueno. Al menos ellos te podrán meter en cintura. Aunque creo que tu madre no recibirá las noticias con el mismo agrado hijo mio"
Paul se rió abiertamente y sin ningún pudor. Sentía muy cercana la voz de su padre a pesar de estar separados por todo un océano. Pero para él era como encontrarse a la puerta de casa con las maletas como si regresara de un largo viaje.
- ¿Qué tal están las cosas por allá?. ¿Y Amanda y William? -
"Todo sigue muy bien. Aquí todos estamos estupendamente hijo aunque inquietos porque no sabíamos nada de ti. Creo que Amanda tiene muchas ganas de hablar contigo aunque me parece que no con mucho cariño de por medio...Sé que hablaste con ella cuando estabas en Tokyo por lo de las torres..."
¿Es que no va a perdonarme nunca?. Pensó Paul mientras su sonrisa se agriaba ligeramente.
"...Y William sigue con Joan como siempre y esa preciosa nietecita mía que cada día que pasa está más grande y preciosa. A ver cuando sigues su ejemplo..."
Paul volvió entonces a reir con gesto entre divertido y resignado. Su padre estaba siempre que podía con la misma cantinela de los hijos y la familia perfecta y siempre había considerado que Paul era la oveja negra de la familia por no ser capaz de alcanzar ese nivel que él consideraba el ideal para sus hijos.
- Papá...ya estás con lo mismo...deja que William se encargue de eso. ¿Quieres?....parece que se le da muy bien. -
La voz del padre de Paul interrumpió con precipitación las excusas de éste.
"Paul, hijo, tengo a tu madre aquí rondándome y deseándo hablar contigo"
- Pasámela - La sonrisa de Paul se extendió hasta dejar bien visibles su dientes y cerrados sus ojos.
" Paul...hijo...¿Cómo estás?. Me tenías muy preocupada. ¿Dónde estás y qué es eso que no me voy a tomar tan bien como tu padre?"
Paul no podía dejar de sonreir.
- Mamá, estoy bien. Me encuentro de nuevo en Guam, he venido...-
Pero no pudo continuar. la voz de su madre parecía entonces pasar de la duda a la indignación aunque contenida.
"¿Cómo que en Guam?. ¿Otra vez?. ¿No deberías estar en Houston?. No veas las horas que nos has hecho pasar. Aquí tu padre ya empezaba a soltar pestes porque no dabas señales de vida y a mi ya me conoces....¿pero se puede saber qué pasa contigo?"
Paul trató de tranquilizar a su madre como pudo. Era consciente de que no se había tomado muy bien el inesperado giro en su ruta pero sabía que su reacción era más producto de la incertidumbre de aquellas horas de ausencia que otra cosa.
- Mamáaa... escúchame. Tan sólo he estado unas horas desaparecido. Tranquilízate. Los militares volvieron a llamarme cuando estaba en Los Ángeles de camino a casa y tuve que salir pitando para aquí y con lo puesto...pero no te preocupes parece que ellos se encargaron de resolver mi situación en Houston. Tranquila. ¿Vale?. Y dile a papá que no gruña tanto o su úlcera se resentirá.-
"Hijo mío. Cuidate mucho por favor y llámanos de vez en cuando. ¿Quieres?. Por cierto. Sé que Amanda te contó lo que pasó con Sarah en NY...."
- Ya mamá....- Paul se puso serio de golpe al volver a oir una vez más un nombre que al parecer todo el mundo se empeñaba en mantener vivo en su memoria. Intentando recomponer el tono afable prosiguió - ...Todo está en orden. Afortunadamente para ella todo quedó en un susto. Y no te preocupes, os llamaré siempre que me sea posible. Dile a Amanda que la llamaré pronto y a William....bueno a William dale un abrazo fuerte y dile que tengo muchas ganas de verle. Manda otro abrazo para Joan y Amber. Mamá, ahora debo irme. Cuidaos mucho los dos. Os quiero. -
Paul se quedó pensativo y nostálgico mientras su madre le volvía a recordar la consigna de cuidarse mucho y le mandaba un último abrazo de su parte y otro de la de su padre antes de que la señal se cortara y los deshumanizados tonos de la línea telefónica le devolvieran al pequeño pedazo de tierra rodeado por una inmensidad de agua que le separaba de los suyos. Momento era ya de buscar un poco de descanso.