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"El abrigo de la noche"
Madeleine Monteloup Paul Mallory
Dra. Madeleine Monteloup Parker, bióloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, profesor de Historia (Pablo)


Paul se quedó pensativo por un instante. No estaba muy seguro de lo que iba a decir. No quería entrometerse pero sabía que Madeleine no lo había pasado bien. Habría pagado por encontrársela con un poco de calma mediante para poder saber de primera mano como se encontraba y ahora la tenía delante. A pesar de todo no quería desaprovechar la oportunidad. Continuó.

- Madeleine....yo....espero que no pienses que soy un entrometido...pero hoy no te he visto nada bien...y francamente tenía ganas de verte para saber como estabas. Por tu actitud hoy en la comida, casi he llegado a pensar que no deberías haber venido. Y presiento con mucho temor en mi corazón que tiene que ver con el cardenal de tu cara. Siempre llego el último a todos los lugares...- sonrió - pero a lo mejor quieres contarme algo...aunque sólo sea por conversar de algo que no sea la pirámide...por hoy ya he tenido bastante. -

Respiró profundamente. Apartó su brazo de los hombros de Paul y los metió bajo la guerrera. Y comenzó una vez más su relato de lo acontecido días antes. Retuvo todo lo más que pudo las lágrimas. Y casi lo consigue, pero al final una vez más dejó que se deslizaran silenciosas por sus mejillas.

Paul asistió al relato de Madeleine con una mezcla de sensaciones a caballo entre el desagrado y la pena. Sentía una profunda tristeza al oír aquellas palabras en boca de ella. Con razón la había visto tan mal a lo largo de todo el día. Realmente no sabía qué hacer ni decir. Pero no quiso intervenir. Sencillamente se había interesado por ella, así que no quiso interrumpirla.

Contempló como Madeleine acababa entre llantos la dramática historia de los sucesos acaecidos en los días precedentes. En ese momento se vio impelido interiormente a tomar cartas en el asunto. Detestaba ver llorar a una mujer. El había cometido el error de provocar el llanto en una años atrás y aquella sensación le angustiaba.

Aún estando sentado a su lado la abrazó y le susurró al oído - Oye peque...- aquella persona bajita envuelta en su guerrera le provocó una repentina ternura. - ...en dos días ya me has llorado dos veces. Y no es que me importe... el verte cada día. Pero lo que no estoy dispuesto a admitir es que siempre que hablemos terminemos así. Si aquel día no te hubieras lanzado al agua... ahora mismo no podría estar aquí abrazándote para que sepas que no estás sola sea cual sea tu situación... -

Paul permaneció abrazando a Madeleine, aunque en esos momentos no estaba seguro de quién de los dos necesitaba más el abrazo. Sí ella por su situación o él por estar vivo gracias a ella. - aunque nos conozcamos sólo de tres días y un chapuzón... me tienes a tu lado.- susurró mirando al cielo estrellado y limpio.

Madeleine permitió que Paul la abrazara hasta que cesaron las lágrimas. Al contrario de lo que ella había pensado en un primer momento, que todo lo olvidaría rápido, se había dado cuenta de que no era así. Cada vez que narraba su espantoso relato comenzaba a recordar más escenas de aquella tormentosa noche haciéndose más doloroso. Sin embargo si conseguía quitarse un gran peso de encima.

A medida que las lágrimas cesaron lentamente se separó de Paul. Con las manos apoyadas contra su pecho y la cabeza apoyada en su hombro respondió a las palabras de Paul.

- Paul... gracias por ser tan comprensivo y por brindarme tu apoyo. Siento que me veas en estas condiciones, pero el día como ya te dije ha sido muy duro y muy largo. Después de descansar esta noche seguramente mañana me encontraré mejor. Los médicos me dijeron que tardaría un tiempo en desaparecer todos los hematomas, pero que afortunadamente había tenido suerte, supe defenderme bastante bien teniendo en cuenta quien era mi contrincante. Pero me siento como una tonta, no debería dejar las puertas y ventanas de casa tan abiertas a la ligera. Pero como todo me pareció tan tranquilo... vivo bastante apartada del pueblo, junto a la playa. Debí de comprarme una casa algo más cerca de una zona poblada.-

Madeleine suspiró debía de presentar un aspecto bastante lamentable. Afortunadamente había sido con Paul con quien había tropezado. Si hubiera sido Holmes, seguramente en esos momentos no se encontraría abrazada a él, sino atacada de los nervios. Sólo el pensarlo le ponía nerviosa. Holmes le había dado como plazo hasta al día siguiente para regresar a la base por cuenta propia, había sido bastante claro. Le importaba más su trabajo. Pero confiaba en la palabra de Catherine, y eso era suficiente.

Madeleine se separó un poco de Paul, de manera que su rostro casi se encontraba a la altura del suyo y continuó hablando: - Paul, no sé si mañana podré seguir aquí, quizás regrese a la base... ese maldito Holmes me ha dado un ultimátum. Pero no quiero regresar, sólo cuando lo hagamos todos. El trabajo me esta ayudando mucho, está tarde apenas sentí molestias, bueno... ayudaron los calmantes pero... la verdad es que tengo miedo de regresar a mi casa. Estoy tan desesperada...-

Madeleine agachó la cabeza manteniendo sus manos apoyadas en el pecho de Paul y dejó escapar una leve risa y continuó con su disertación. - ... que hasta le pedí al soldado que me asignó Catherine para que me ayudara que se fuera a vivir conmigo en régimen de alquiler, y el pobre chico pensó que me estaba insinuando... Dios mío esto te parecerá una tontería, pero me aterra regresar. Philipe me aseguró que todo está bajo control, pero realmente aún no sé como lo ha solucionado... si Will... mi hermano se enterara se volvería loco.

- Paul..¿qué puedo hacer sino? Estar encerrada en la base todo el día no es solución. Ni tampoco el tener escolta todo el día.-

Paul la miró fijamente y vaciló un segundo antes de responder. - Personalmente ninguna de las dos opciones es lo mejor, pero creo que es preferible la escolta a la soledad. Si te atacó de esa manera estando sola... Entiendo tu temor. Lo mejor sería desde luego que regresaras a la base... aunque si no quieres, nadie va a obligarte - sonrió - Eso de buscar compañía para tu casa... es buena idea a medias... si ese tipo es tan peligroso quizás no sea suficiente. En cualquier caso, yo estoy a tu disposición para ayudarte. ¿Alguien más de la base o del equipo viven fuera de la base?. Quizás fuera buena idea trasladarte a casa de alguien conocido donde estar segura mientras se aclara todo este asunto- Sus ojos parecían querer dar una solución que terminara con todo aquel problema de antemano pero siempre le pasaba igual. Lo suyo no era resolver de un plumazo las cosas... todo tenía un camino lento y angosto para él.

- Creo que voy a poner un anuncio y a ver quien se presenta de la base, si es que seguimos en ella cuando acabe esta maldita auditoría. - Paul, muchas gracias por interesarte por mi, después del día que llevas de tanto trabajo, espero no haberte importunado con mis cosas. Ahora estoy mucho más aliviada. Es como ir a la consulta del psicólogo, a base de repetir las cosas y enfrentarlas se supera todo.-dijo con tristeza. Madeleine recordaba los meses siguientes a su divorcio, fueron terribles para ella, pero al menos ya los tenía superados.

En la cabeza de Paul resonaron las palabras de Maddie acerca de poner un anuncio para alquilar una habitación de la casa. "Tal vez no fuera mala idea" pensó "No tengo nada en contra de la base, pero..." - Claro que no me importunas. Sólo desearía que todo pudiera arreglarse para ti cuanto antes... -

- Creo que ya es hora de retirarnos a descansar. Ya es bastante tarde, a estas horas todo el mundo estará en su catre, espero al menos no encontrar a "el que no debe ser nombrado...". Mañana tienes que terminarme de contar que nuevos descubrimientos has realizado.

Paul se incorporó y le tendió la mano a Madeleine para que no tuviera excesivos problemas a la hora de continuar el descenso. - Tienes razón, mañana será un día complicado. Algo así como el de hoy pero mejor, seguro. No te preocupes mañana te contaré con detalle lo que aparezca. Por cierto... - Paul había estado rumiando la idea durante ese breve instante. No era habitual en él tomar ese tipo de decisiones *precipitadas* pero le pareció que la situación lo requería y francamente, a Madeleine le debía todo. - ... Ehm... - le costaba decidirse por completo, aunque al final lo hizo -... quizás no es necesario que pongas ese anuncio... si no tienes inconveniente estaría encantado de ser tu huésped -. "Ahora es mi responsabilidad ayudarte" terminó la frase mentalmente.

Madeleine estaba encantada ante la propuesta de Paul totalmente inesperada, se quedó durante unos segundos mirando hacia donde estaba él, suavemente le apretó la mano, esperaba con ese gesto dar a entender que se lo agradecía, se había quedado sin palabras.

Casi de inmediato encendió su linterna y comenzó a descender de la pirámide de la mano de Paul. Hasta que se acercaron al campamento, momento en el cual la soltó. Se volvió hacia él, y a la tenue luz del campamento vió su cara. Realmente parecía fatigado también había sido un mal día para él. Le dio las gracias por todo y se despidió de él en la puerta de su tienda con una sonrisa. Madeleine dudó un instante miró a su alrededor y se lanzó a darle un rápido beso en la mejilla. Susurrándole: - Que descanses Paul... -, para acto seguido desaparecer por la puerta de la tienda.

Aquel beso le había pillado completamente desprevenido. - Que... que descanses - le respondió con la voz entrecortada viéndola entrar en la tienda. Después sonrió muy levemente. Desde el primer momento se lo había parecido pero ahora estaba seguro. Maddie era alguien especial en todos los sentidos. Se dio media vuelta y notó que el frío le estaba helando los brazos. "Oh... se ha quedado con mí guerrera" pensó cerrando los ojos con gesto divertido justo antes de apretar él paso para llegar a su tienda y poder repasar las traducciones antes de dormirse.


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