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"Ascensión a la esperanza"
Catherine Ford Paul Mallory Ana Reyes Dara Santer Jonathan Holmes
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
5 marines (PNJs, David M.)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)


El grupo de civiles iba en el medio flaqueado por los militares. Mientras la capitán iba a la cabeza, dos parejas de marines cubrían los lados mientras que el Cabo Goitiers estaba en la retaguardia. Todo parecía tranquilo y desértico, pero nunca se sabía.

Si desde lejos la pirámide parecía grande, a sus pies lo era mucho más, aún. Catherine observó que no había calculado erróneamente la proporción de los escalones. Las huellas eran algo más anchas que las de, digamos, la famosa pirámide de Chichén, no sólo entraba un pie completo sino que las contrahuellas estaban bastante mejor proporcionadas para un ser humano normal que no adoraba serpientes emplumadas, si bien no pasarían ninguna inspección municipal.

La Capitán hizo el ademán de acomodar la mochila, preparándose más mental que físicamente para la escalada, antes de levantar la pierna derecha y apoyar su pie, apenas inclinado, sobre el primer escalón. Ya no había vuelta atrás: con un marine al lado, no sólo que no podría darse el lujo de pararse a respirar, sino que ni siquiera podría mostrarse agitada. A menos que alguno de ellos lo hiciera antes, claro. Aunque podría poner la excusa de mirar hacia atrás y ver qué tal la llevaban los civiles... 'No seas floja,' se reprochó mentalmente.

"Increíble" se dijo Paul a si mismo al contemplar las dimensiones de aquella estructura. Desde que vio las fotos las ideas y las interrogantes de habían agolpado en su cabeza sin orden alguno pero estar allí delante era completamente diferente. Sus ojos habían permanecido atentos desde el primer momento en que aquella pirámide apareció a la vista. Había pasado las últimas horas tratando de asociar ideas respecto al origen de la construcción y otras similares que había estudiado, aunque en la distancia, tiempo atrás.

Sus ojos fueron descendiendo progresivamente desde la cúspide hasta la base en la que por delante todo parecía listo para emprender la marcha. En ese instante, Paul buscó en el bolso superior derecho del chaleco y encontró algo que había conseguido poner a buen recaudo de los enrevesados cierres de la mochila. Un pequeño bloc de notas y un bolígrafo e hizo unas breves anotaciones. No podía acceder a la cámara de video, habría sido demasiado aparatoso en ese momento pero si podía registrar sus impresiones en papel justo un pequeño instante antes de comenzar aquel ascenso.

Ana mantenía la vista fija hacia arriba, el edificio era imponente, observó los detalles que había apreciado de lejos y en las fotografías, miró hacia lo alto, estaba deseando llegar allí arriba. Emprendieron la marcha. Ana caminaba mirando hacia arriba, con cuidado de no tropezar y mantener el ritmo. La mochila le pesaba un poco pero ya estaba acostumbrada. Se felicitó a sí misma por los entrentamientos de los últimos meses.

Así que era allí arriba donde iban a subir. 'Y con este sol de justicia'. Dara contempló la imponente pirámide escalonada mientras se ajustaba la visera. Sacó las gafas de sol de uno de los bolsillos de su chaleco. Más que la luz del sol, lo que le molestaba era su reflejo en el mar de dunas que rodeaba la pirámide. No iban a conseguir el éxito sin esfuerzo, desde luego. Seguro que cuando llegara a lo alto de la pirámide se arrepentiría de haber subido. Sonrió pensando que al próximo que la llamara ratón de biblioteca lo traería de misión por las orejas. En cualquier caso, y con todas las quejas que se callaría y las que no, lo que era seguro es que no cambiaría el cansancio que estaba a punto de sentir por nada del mundo.

Se puso las gafas y sólo entonces recogió nuevamente la mochila que había dejado momentáneamente en el suelo, para llevarla a su espalda, ajustándose las cintas. -Pan comido.- murmuró para darse ánimos.

La original intención de contar los escalones se vio malograda por su pésima capacidad de distraerse con el tema de su elección cuando más lo necesitaba. Catherine se acomodó la gorra, aprovechando para secar el sudor de su frente, mientras perdía la cuenta por cuarta vez, y recién estaban llegando a la mitad de la escalera. Se aseguró que la sombra de la visera diera sobre los lentes, aunque no estuviera perfectamente derecha "a lo marine". Más arriba podría enderezarla. Escalón tras otro desaparecían bajo sus pies, mientras el metal del fusil seguía ganando calor del sol y sus propias manos, y comenzaba a darse cuenta que quitarse la camisa, aunque tuviera la remera negra reglamentaria debajo, no sería una opción. Al menos, no hasta que tuviera oportunidad de conversar con uno de los asesores del gobierno que los habían acompañado... Giró la cabeza hacia él, que había decidido no acompañarlos, pero mantuvo la frialdad como para hacer de su gesto una mirada abarcativa, que comprendiera a todos los miembros del equipo, antes de volver a mirar al frente. "Un millón trescientos mil uno..."

Holmes recibió la mirada de la capitana, sabía que llegaría el momento en que tendrían que conversar, era necesario ya que por desgracia ella estaba al mando del equipo y él era el evaluador. Por un instante se dirigió hacia la piramide, luego empezó a centrase en lo que debía de hacer. - Todo a su tiempo, lo primero ahora es ...ser profesional-. Y se giró dirigiendose hacia la zona donde se instalaban las tiendas, el tremendo calor hacía difícil estar bajo el sol y quería tener la cabeza fría para continuar con su cometido.

** Å **


"Ana, Dara, Paul, esperen aquí un minuto." Ford se quitó la mochila, que dejó sobre la superficie de piedra, y preparó su rifle. La linterna estaba lista para ser encendida. "Goitiers," comenzó con el cabo y terminó de nombrar al resto de los marines, "vamos." Los seis bajaron juntos hacia el patio del palacio, y les dio algunas instrucciones, para finalizar señalando el extremo opuesto de la pirámide. "Anderson y Spader, conmigo. Los demás con Goitiers. Nos encontramos allí..." Entró al pasillo y giró a la derecha, seguida de los dos marines, mientras Russell, Shanks y Goitiers lo hicieron en la dirección contraria para comenzaron a revisar, la sucesión de habitaciones que se abrían al corredor.

Iban con rapidez; lo más importante era asegurarse que no hubiera nada obviamente extraño o peligroso para que luego los civiles hicieran su trabajo. La diferencia entre la luz exterior, la media luz del pasillo y relativa oscuridad de las habitaciones ciegas que abrían a él, le daban una impresión entre familiar, y extraña. Notó los colores que se develaban bajo la luz de la linterna que llevaba adosada al rifle, pero no quería ni podía demorarse a revisar las habitaciones... eso debería esperar.

Paul permaneció atento a los movimientos de los marines hasta que desaparecieron dentro de la construcción. Después se dio la vuelta para contemplar por un momento el paisaje. "Seguro que media Florida se trasladaría aquí a disfrutar de su jubilación" pensó observando el inmenso mar de dunas que se extendía hasta el horizonte. Tras el breve paréntesis contemplativo Paul sintió intriga por saber quien era la otra mujer que les acompañaba. Ya conocía a Ana del día anterior pero salvo el nombre, que acababa de oir en boca de Ford, no sabía nada acerca de aquella persona de rasgos delicados y mirada un tanto enigmática que completaba el trío.

- Perdone...¿Dara? - le dijo sonriendo y tendiéndole la mano - Yo soy Paul Mallory. Encantado de conocerla. Con Ana...- sus ojos se desplazaron por un momento buscando los de la doctora Reyes - ...tuve el gusto de hablar ayer brevemente pero no sabía nada de usted. -

Dara estrechó la mano que le tendía su compañero -Encantada... Paul... Apuesto a que podrá explicarnos muchas cosas acerca de nuestra "amiga".- dijo señalando el interior de la pirámide.- Ana me explicó que lo suyo son las culturas precolombinas...- añadió a modo de justificación.-Lo mío siempre han sido los desiertos...- El sonido del radio la interrumpió.

Catherine dejó la relativa oscuridad del interior y pestañeó un par de veces antes de poder distinguir claramente las figuras de sus compañeros, que había dejado en el lado opuesto al que se encontraban ahora. El encuentro con el grupo de Goitiers no había tendio mayor novedad. Accionó el radio.

-Chicos, el Hyatt abre sus puertas, sean bienvenidos.-


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