"Al pie de la rampa"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Dra. Dara Santer, Asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptóloga (Ana)
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Dr. James Lebau, Diplomático economista (Hugo)
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (PNJ- Marta)
Las frías puertas de metal se deslizaron frente a ella, dándole paso hacia una igualmente fría y gris sala de doble altura, semivacía si no fuera por la presencia del imponente anillo... y más de una docena de marines. "Buen día, Sargentos," Catherine saludó a Ritter y DeLorence luego de cinco pasos que, le parecía, había escuchado diez o doce veces en el suave eco de la habitación, casi siguiendo el ritmo del coro de la canción que se repetía en su cabeza.
-Buen día, Capitán,- contestó Ritter desde su 'pecera' cristal blindado. Sin sonrisas, pero con amabilidad. El tipo le caía bien, lo suficiente como para que a Catherine no le molestara la falta de líneas de expresión en su rostro. Sin embargo, dichas esas palabras y sin motivo para cruzar más, tenían poco de que hablar. Tampoco le molestaba, y le ofreció su espalda para saludar a los marines de DeLorence y así 'liberarlos' de las obligaciones protocolarias para, finalmente, quedar de frente al Stargate.
Su presencia la había intimidado en su primer encuentro. Podía recordar, también, el temor que le había provocado la mera idea de utilizar tal medio de transporte y, también, la admiración hacia quienes habían diseñado semejante maravilla. Al verlo en funcionamiento, en cada oportunidad, esperaba que el 'agua' se derramara a sus pies.
En poco tiempo se cumpliría un año de aquella experiencia y allí estaba, tan admirada como la primera oportunidad. Inmóvil, frente a él, disfrutando de esos minutos de calma, sin preocuparse por quien la observara. Con los brazos alrededor de un rifle, esperando la hora de atravesar media galaxia, y apenas un poco más de sabiduría: sabía, ahora, que sus problemas viajarían con ella.
A su alrededor se congregaban los marines a su mando, dirigidos por el Sargento DeLorence, que les pegó un buen grito de atención en cuanto ella entro en la sala. Ellos demostrando su entrenamiento y su obediencia dejaron lo que estaban haciendo y se pusieron en posición de firmes mostrando sus rifles de asalto frente a ellos a la superior.
Estaban con los últimos preparativos, que no eran pocos. El FRED estaba a rebosar, según Ray cargado de "dodoties" para los niños. Como iban a pasar un número de días indeterminado en el exterior necesitaban todo tipo de material, en especial las aparatosas (pero luego cómodas) tiendas de campaña. El sargento aprovechó para ir mirando frente a frente a la cara a cada uno de los hombres a su cargo, quince de los mejores, sabía sin duda que responderían perfectamente a sus expectativas...
Holmes volvió a comprobar el seguro de las pistolas, se había acostumbrado desde...parecía que desde hace una eternidad, o toda la vida, a llevar dos, sabía que eso molestaba a más de una persona, pero como siempre le gustaba demasiado marcar diferencias, y llevar a la gente enfadarse con él, "Si Cristina todavía me hablara comentaría que es una manera de autocastigarme,...pero yo creo que es por que me han * dibujado así *".
Miró a los integrantes del equipo, sabía que no era su compañero favorito,... pero en el fondo le encantaba esta situación. También achacaba su mal talante a la conversación de la noche pasada. Había acompañado a Catherine a la base, en un silencio...cortante, y después no se había quedado. Encontró un bar menos recomendable que el que visito antes - supongo que en mis genes está en buscar esos sitios - y cuando ya amanecía, regresó como pudo. Utilizó el viejo truco que le enseñaron los pilotos, respirar oxigeno puro para quemar el alcohol, después un litro de café,... "Y que narices hago aquí...idiota no te engañes sabes que haces aquí." Palpó el bolsillo de su chaqueta, los puros seguían allí, una vieja costumbre que también molestaba. "Por lo menos no llevo todo mi equipo", pensaba mientras una sonrisa llegaba a su cara cuando recordaba a aquel sargento preguntándole por que cargaba con * ese pincho * a su espalda.
Miró hacia la Capitán Ford, y por una vez deseó no haber hablado,...pero ese deseo sólo lo acompañó un instante. Hasta que vio sus ojos. "Apártate de ella, lo que no puede ser no puede ser"
Después de un agradable desayuno con Ana y Dara, Madeleine recogió su equipo y se presentó en la sala del Stargate, allí estaban casi todos. Saludo a los allí presentes con un simple -buenos días-, no tenía cuerpo para nada más. Había intentado descansar toda la noche, pero estaba muy inquieta y con alguna que otra molestia y sólo logró dormir a ratos. Miró con evidente cara de enfado a Holmes y hubiera deseado sacarle la lengua como si fuera una colegiala incapaz de hacer algo bien, pero no quiso darle el gusto de que se mofara de ella. Centró su mirada en el Stargate y se mordió el labio ahora estaba allí expectante y nerviosa ante el nuevo viaje.
Cuando estaba a escasos metros de la entrada, Paul fue ralentizando la marcha para intentar no dar la sensación de prisa a los que ya pudieran estar allí. No estaba seguro de si era un deseo de llegar a tiempo o de no poder esperar a cruzar la puerta. Volver a hacerlo le causaba una profunda turbación. Justo antes de alcanzar el portón de acceso, se detuvo por un breve instante, volvió a tomar conciencia por un segundo de cuantas sensaciones e intenciones iban a conformar el equipaje en aquella travesía. La falta de sueño había sido recuperada aprovechando hasta el último segundo en la cama por lo que su estómago estaba vacío y el desayuno se transformó en una utopía. Comprobó por última vez que no se había dejado ningún elemento del equipo necesario. Tomó aire y reinició la marcha.
Al entrar en la sala Paul vio que ya había gente allí. Catherine, Madeleine y Holmes. "Bueno, al menos no he llegado el último" pensó al comprobar que Ana aún no había llegado. Se acercó a los presentes y saludó de una manera un tanto fría. Ver aquellos tres rostros juntos no le transmitía excesivas buenas vibraciones y el silencio que parecía reinar le mostraba la presencia de una tensión labrada desde el día anterior. Sin mirar a nadie en concreto lanzó un - Buenos días - que buscaba descaradamente pasar lo más desapercibido posible. Se quedó mirando por un momento el Stargate. Acto seguido resopló fugazmente como si estuviera en el club de tenis de Key Biscaine intentando buscar fuerzas para afrontar un tercer set. Definitivamente estaba tenso.
Dara entró en la sala del Stargate y de un solo vistazo pudo sentir la tensión que se palpaba en el ambiente, no sólo por la inmediatez de la partida (motivo más que suficiente) sino por eso 'otro' que llevaba flotando en la base durante las últimas horas. Dio un suspiro y se limitó a lanzar un buenos días general a todo el grupo, recorriendo con su mirada a todos sus componentes, y especialmente a los compañeros a los que no conocía. Había aprendido a no fiarse de las primeras impresiones, pero algo le decía que esta vez, no iban a cambiar.
Ana entró detrás de Dara, saludó con una sonrisa a los demás, y se soltó la mochila mientras palpaba que todos los cierres estuvieran correctos, aprovechando el tiempo mientras llegaban los que faltaban. Miró de reojo a los que estaban en la sala.
James llegó a la sala, había corrido por los pasillos, hacía años que no llegaba tarde a ningún sitio, pero claro, no estaba en un lugar cualquiera, la noche anterior se la había pasado leyendo los informes de los componentes del equipo que saldría de *paseo* desde el soldado raso hasta la capitana Ford, luego el error fue comenzar a leer su libro hasta acabarselo. El sueño le había vencido. Miró su reloj y entró en la sala, justo a tiempo por escasos segundos. -Buenos días a todos.-
James miró a cada uno de ellos, una vez encontrada la cara de Holmes se situó a su lado. Quizá lo que más le doliera de este viaje era saber que de todos los que hoy saldrían muchos no volverían a trabajar para el proyecto y que él era una de las personas que tenía que tomar esa decisión.
Para tranquilizarse James comenzó a jugar con la baraja de cartas que llevaba en el bolsillo, sin mirarla sabía que tenía en lo alto de la baraja el as de corazones, un viejo truco que le enseñó su padre, miró el circulo de metal, sería su segundo viaje, con la diferencia que ahora viajaría a otro planeta, quien se lo hubiera dicho.
En el interior de la sala de control, Riker contemplaba al grupo sin ser vista. Todos estaban demasiado pendientes de parecer indiferentes como para alzar la vista hacia su posición. Pasó una rápida mirada sobre los paneles de control. El tiempo pasado en el Comando la había familiarizado con cada pantalla, cada pitido y cada luz. Sabía que todo estaba listo.
Catherine apenas cruzó una mirada con ella, presintiendo su presencia, y se dirigió a DeLorence que, con una simple inclinación de cabeza, le confirmó que todo estaba listo. Subió unos pasos sobre la rampa, para dirigirse al equipo. *Su* equipo.
-Nuevamente, buen día a todos. Creo que ya todos nos conocemos, pero para hacerlo oficial, nos acompañarán los Doctores Lebau y Holmes-, les dedicó una leve inclinación de cabeza a cada uno, aunque evitó los ojos de Jonathan -como observadores. Vamos a cruzar en parejas: Sargento DeLorence, conmigo, llevaremos el FRED. Marines Daniels, Reynolds...- enumeró a los demás, -nos siguen. Doctores, ustedes continuarán en parejas, a su gusto. Cabo Goitiers y Marine Fitgerald, ustedes cierran. ¿Comprendido?-
Tras escuchar los determinados -Sí, señora- de los marines, y dar una mirada al reloj, Catherine bajó la rampa, hacia la Sala de Control. -Estamos listos, señora,- dirigiéndose claramente a la Coronel. Ella simplemente dio una instrucción a Ritter, que comenzó el conteo de chevrones como si se tratara de un despegue de la NASA, y finalmente anunció la conexión como si de un triunfo se tratara. Seguidamente, revisó la información de la MALP y confirmó que todo se encontraba en orden. Catherine se sonrió. Ocho en punto.
- Buen viaje, señores. - fue el escueto y breve mensaje de Riker antes de que uno a uno comenzaran a subir la rampa que les llevaría a cruzar la puerta.