"Puntos de ceguera"

Doctor James Lebau, Diplómatico, Hugo
Capitán Catherine Ford, Antropóloga, Blanca
James salió tras la capitán de la Sala de Control del Stargate. Le había presentado a parte del personal con los cuales había intercambiado algunas palabras. James sabía, lo notaba y lo veía por el rabillo del ojo, que cuando se giraba lo miraban, algunos debían saber el motivo por que estaba allí o por lo menos intuirlo. No debía ser muy normal que a un recien llegado desde Cheyenne le estuviera haciendo un recorrido turístico un capitán.
Mientras se dirigían a recoger el material que llevaría James, este se giró a Ford.
"Las instalaciones son increibles. Todo un espectáculo y nada que envidiar a las del primer comando."
Catherine asintió. "El Segundo Comando no fue creado para ser 'segundo', Doctor, sino para ser una base de operaciones tan sólida y eficiente como la primera. Del mismo modo que el sitio Alfa y la Unidad de Instrucción, aunque los últimos estén aún en construcción." Dudó un instante sobre si agregar algo más, pero le pareció suficiente respuesta al comentario. El hombre, hasta el momento, le había resultado agradable. Su conversación era tan exigente como interesante y amena, como para que olvidara mirar el reloj cada pocos minutos contando el tiempo que restaba para finalizar su labor, como había temido al recibir sus instrucciones. Sin embargo, sabía que su respuesta, aunque concisa, podía ser interpretada de, al menos, una forma más. Las siguientes palabras de Lebau confirmaron su sospecha.
"Capitán. ¿Cuantos saben el motivo de que el doctor Holmes y yo estemos aquí?" preguntó James.
Ford se volvió a mirarlo antes de responder. "Ayer se emitió un memorando oficial, Doctor. Sabemos que se encuentran aquí para evaluar el funcionamiento del Proyecto Stargate con el fin de colaborar para su mejor desenvolvimiento," recitó como si fuera de memoria. Aprovechó que se encontraban a mitad del corredor y aún les quedaba girar a la derecha para llegar a los almacenes para agregar unas palabras más. "Oficialmente, eso es todo lo que sabemos."
"Ajá." Fue la breve respuesta de James. Durante unos segundos permaneció en silencio, un silencio que se hizo denso, es lo que deseaba. Había tratado con militares en muchas otras ocasiones. Al contrario de la creencia generalizada, no eran robotitos programados, eran humanos, como todos y se movían como estos por sentimientos. La capitán era agradable, buenas maneras y buen trato. Pero demasiado mecanizado todo, forzado. La respuesta que le había dado lo confirmaba. James intentó jugar un poco.
"Ya me lo imaginaba por la manera de mirar que tenían algunos de los soldados. Es normal que la gente se sienta presionada. Pero deben de entender que no estoy aquí para cerrar la base. Por desgracia eso no está en mis manos." De nuevo unos segundos de espera. "Ha hablado de la información *oficial* ¿Y cual es la extraoficial? Seguro que se comentan cosas por los pasillos, entre compañeros. Siempre ocurre. Me gustaría saber los rumores, lo que se dice. Y ya de paso, sino le importa, su opinión personal."
Por desgracia eso no está en mis manos.
Esas palabras se repetían en la cabeza de Catherine. Se detuvo, aún a varios metros del cruce de corredores. Podía guardarse su versión extraoficial, pero tampoco tenía, exactamente, que hacerlo. Se le había pedido su colaboración para con los asesores, así que ¿por qué no dársela? Todo lo que tenía que hacer era obviar lo que no quería revelar, pero podía decirle el resto.
"Con la salida de mañana, he tenido bastante poco tiempo para hablar con nadie... como no sea oficialmente." Se encogió de hombros. "Pero no necesito hablar con nadie para decirle lo que todos ya sabemos: el Doctor Holmes es sinónimo de problemas," suspiró. "Muchos problemas."
Especialmente para mí, pensó mientras se cruzaba de brazos como si sintiera algo de frío que, quizás, realmente sentía en su interior. "Elaborando supuestos, tampoco obviaría el antecedente que presentan todas las evaluaciones realizadas al Proyecto, y la amenaza que han significado para él en cada oportunidad." Sus ojos grises se encontraron con los negros del diplomático. "Con todo respeto," frase inequívoca, si las había, para anunciar que lo que se dijera a continuación difícilmente incluiría ese elemento: el respeto, "no encontrará mucha gente por aquí que se chupe el dedo, Doctor."
James sonrió ampliamente, muy ampliamente. "No sabe lo que me gusta oir eso capitán. Es justo lo que espero encontrar gente que este más que cualificada." se giró a Catherine con una cálida mirada "No soy el demonio capitán, eso es cosa de otros. Y lo que deseo es hallar una buena excusa para que esto siga adelante, quizá con cambios, pero los mínimos y necesarios. No considero que sea necesario cerrar la base. Sólo le pido que me demuestre que no estoy equivocado."
Así que ésa era su forma de 'ayudar'. Como si el peso del mundo cayera sobre sus espaldas, Catherine mantuvo sus hombros erguidos mientras llegaban al cruce y tomaban hacia la izquierda. "Haremos lo que siempre hacemos, Doctor..." sus conclusiones no están en nuestras manos, agregó para sus adentros.
Al fin llegaron hasta el almacen, allí James recogería sus cosas y se dirigiría a realizar el pequeño curso de armas.
"Creo que esta es mi parada. Catherine" prefirió tutearla para dar la sensación de hablar entre amigos, de confianza. "nos podemos ayudar mutuamente. Ahora me imagino que tendrá que preparar la excursión y no quiero hacerle perder más el tiempo."
La Capitán asintió con la cabeza, sin que se le escapara el cambio de trato. No le molestaba el uso de su nombre de pila, sin embargo aún se sentía lejos de llamarlo 'Jim'. "Si me necesita, mi oficina es la número tres. Justo al lado del ingreso secundario a la Sala de Control, en este nivel."
Casi en el momento en que se estaban girando para tomar cada uno su camino, James dejó escapar un pensamiento en voz alta, sabiendo claramente que la capitán lo escucharía.
"Y aún he de hablar con el demonio."
Catherine se detuvo sobre sus pasos al escucharlo, y se volvió hacia él, apenas. No podía sino sentir simpatía hacia ese comentario, y le sonrió su deseo de buena suerte antes de retomar su camino. El demonio... ojalá fuera tan sencillo. Lebau, un hombre de mundo, aún podía sufrir de inocencia. Quizá aceptaría su tácita invitación para llamarlo James cuando volvieran a encontrarse. Y si se daba la oportunidad en el futuro, podrían discutir cuántas clases le faltaban al Dr. Holmes para merecer tal título.