"Logística de opinión"
Sargento Marine Raymond DeLorence (PNJ-David M.)
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
La Capitán Ford había salido del ascensor para tomar el camino más largo; por detrás del muro ciego tras el que se hallaba el Stargate, cruzando por el medio de la enfermería, el pasillo secundario de ingreso a la Sala del Stargate hasta el fondo, donde se hallaba en ese momento. En el otro extremo, cerrada, podía vislumbrar la puerta del despacho de la Coronel Riker. Tomó aire, y caminó casualmente hacia su oficina, donde cerró la puerta tras de sí apenas entrar.
Dirigió una mirada rápida al reloj, verificando que había llegado con apenas segundos de diferencia con el visitante que esperaba; el único hombre del Comando que, de no conocerlo, la haría cambiarse de vereda con urgencia si lo viera caminando por la calle. Apenas si alcanzó a llegar a su escritorio cuando dos contundentes golpes de nudillos, que más parecían destinados a derribar la puerta que a anunciar una inminente llegada, la interrumpieron. Catherine se sentó mientras contestaba con un simple "Adelante, Sargento".
La puerta se abrió ligera y suavemente unos escasos centímetros, como si cediera al ataque por sorpresa. Un potente chorro de voz la atravesó como un asesino que se infiltra sutil y sigilo para asestar una certera y mortal puñalada: "Con el permiso de usted, Capitán Ford" Era una voz grave, ronca y algo rasposa con un divertido acento que arrastraba las erres y jugueteaba con las ese convirtiéndolas casi en un silbido.
Con un empellón la puerta fue abierta, aunque una firme mano de aparente sólida y rugosa madera color nogal la detenía en un ágil movimiento antes de golpear la pared. Con un paso marcial, sincronizado con el movimiento de su brazo izquierdo, el sargento de los marines se introdujo en la habitación. Con el siguiente paso la puerta encajó en el dintel, de una forma rápida y sorprendentemente silenciosa. Parecía una entrada largo tiempo ensayada, lo seguro es que no era la primera vez. Las distancias estaban tan exactamente medidas que la puerta no había pasado a más de un par de escasos centímetros de su espalda.
"Me han informado que habia solicitado usted de mi presencia. A sus órdenes siempre, Capitán" Concluyó firme, con aire serio pero con una sonrisa socarrona. La expresión de la cara del sargento se borró de una forma tan repentina como su entrada. Una estatua inmutable sustituyó su lugar dentro del pulcro uniforme de camuflaje selvático a la espera de las palabras de la oficial.
"Le han informado bien, DeLorence," le respondió ella, deteniéndose a examinar por un instante aquellas facciones que parecían talladas en nefrita. Finalmente, se inclinó apenas hacia adelante con un seguro ademán. "Por favor, tome asiento." Dadas las circunstancias, prefería tenerlo a su altura y en una posición más relajada, especialmente dadas las novedades que tendría que compartir con él.
Raymond se sentó. Mientras, pensaba que ya era bastante malo recibir órdenes de los "mosquitos" de la USAF, como para que encima la mitad del elenco femenino de la oficialidad fueran féminas. Menos mal que el retiro estaba cerca y era el mejor destino que había tenido en años. Seguramente no era peor que estar casado y les sentaba mucho mejor el uniforme (y no digamos los trajes civiles en los permisos) que los otros cientos de chiquillos con aires de grandeza que había tenido que aguantar en su vida en El Cuerpo. Además habían demostrado que las hembras eran más eficientes y daba más importancia a cuestiones como la habitabilidad o el estado de ánimo de la tropa, que con los achaques de los años habían cobrado gran importancia para él.
"Ya debe saber que el Comando vuelve a la actividad en dos días," comenzó la Capitán, apoyando los codos sobre el escritorio y entrelazando los dedos de sus manos elegantemente. El sargento hizo un leve gesto de asentimiento aunque en realidad no estaba muy al día con las misiones extrabase. "Puede consultar mayores detalles más tarde, pero espero poder compartir la información más relevante en este momento." Incapaz de permanecer sentada tanto tiempo, Catherine se puso de pie y se dirigió al botellón de agua. "¿Puedo ofrecerle algo para tomar? Aunque no tengo más que agua," sonrió de lado mientras llenaba su vaso.
"No, gracias Capitán. Lo siento, pero acabo de tomar un leve refrigerio aprovechando un descanso." Respondió lo más cortesmente que le permitían sus rudos ademanes militares y adelantando levemente una mano con la palma extendida en señal de parada.
Ford asintió, y vació su vaso de tres tragos antes de continuar; el café que había tomado antes le había dado sed. "El destino es un planeta bastante poco interesante, perfecto para un paseo inofensivo que mantenga entretenida a la mayor cantidad de personas posible durante un par de días. La mayoría del personal serán civiles, incluyendo alguna visita de fuera del Comando, y que estaremos -me incluyo- extasiados de felicidad al cavar pocitos, tomar muestras, desacomodar las piedras y sacar fotos. Lo que significa que necesitamos quien esté a cargo de seguridad y logística... y ahí entran usted y sus chicos, aunque imagino que hace rato se dio cuenta."
"Disculpe Capitán mi atrevimiento, ¿puede dirigirme a usted con total franqueza?" Cualquier que escuchara estas palabras, esperaría justo después de la confirmación una terrible retahila de insultos de esas que le caracterízaban con sus subordinados.
Los ojos de Catherine se cerraron por un instante, al escuchar aquellas palabras. Las esperaba; el problema era que no sabía exactamente lo que vendría después. Sabía que en algún momento llegaría cierto comentario, tan sólo no cuándo. Al menos se había preparado mentalmente para él, por lo que asintió mientras respondía con un "Por supuesto, Sargento" que seguramente no sonaba del todo convencido.
"¿Cómo de poco peligroso es el planeta?" El sargento DeLorence esperó un momento como si consultara su archivo mental, uno que Catherine aprendía a temer a medida que más contacto tenía con él. "Antes de ir a ningún lado me gustaría saber que datos se tienen y como se han obtenido. Si mal no recuerdo existen informes de planetas aparentemente pacíficos que no han revelado su peligrosidad hasta, incluso, varios meses después. Y habiendo sido analizados a fondo por los mejores expertos disponibles." Raymond hizo un patente esfuerzo en no parecer impertinente aunque si se evaluaba su tono reprobatorio parecía que no había tenido mucho éxito.
"Sargento, cualquiera diría que tiene serias discrepancias con la forma de llevar adelante este Proyecto," comentó la Capitan, sin evitar que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba, en un gesto que demostraba que no se trataba de una reprimenda.
"Usted sabe que sí." Dijo él, casi en un susurro bromista intentando no interrumpir a la oficial. De todos era sabido las incoherentes ideas de Raymond de invadir mundos usando la puerta como plataforma. Las típicas ocurrencias estúpidas que podrían llegar a ser realidad de dejar a los marines el control del comando.
Ella volvió a su asiento, para encontrarse con la mirada del hombre a la misma altura. "Poco peligroso en cuanto a que ni MALP ni UAV han detectado ningún signo de ocupación," apoyó las palmas de sus manos sobre el escritorio, "no existen peligros climáticos ni geográficos aparentes, y los sensores no detectaron ninguna amenaza conocida contra nuestra salud. Así de poco peligroso es... o mucho."
Catherine despegó las palmas, apenas lo suficiente para tamborilear suavemente con los dedos sobre la pulcra superficie antes de inclinarse hacia atrás y apoyar su espalda contra el respaldo de su silla. "Lo usual, Sargento," finalizó, observándolo unos instantes, considerando cuán ofensivo sería preguntarle si deseaba recomendar a uno de sus pares para tomar su lugar.
El sargento sonrió mostrando unos fuertes dientes aparentemente labrados sobre marfil que destacaban sobre su oscuro rostro. "Si es lo usual me deja usted mucho más tranquilo." Una pequeña risilla socarrona escapó del fondo de su garganta. "¿Se tratará de una mera misión de cuidar niños o hay que dar buena impresión ante algún político o alto mandatario?" Al considerar que se estaba tomando muchas confianzas decidió suavizarlo con unas buenas y verídicas excusas "Es que los ánimos de la tropa están por los suelos después de los sucesos de los últimos días. Será difícil evitar problemas con toda esta tensión, sobretodo si se sienten observados."
La cara de circunstancias de Catherine debió actualizar al sargento antes que sus palabras. Ése era el tema que había estado temiendo, sin embargo, ya frente a él, le resultaba mucho más fácil tratarlo. "Fundamentalmente, cuidar niños. Pero como pronto la noticia va a correr por la base, no tengo problemas en informarle oficialmente que el Segundo Comando está siendo evaluado con el" omitió 'supuesto' "objetivo de mejorar su desenvolvimiento. Aún no media resolución de nuestros superiores en contra, así que en lo que a nosotros respecta, será como si no estuvieran allí." Odiaba la posición en la que se encontraba, pero hasta no mediar un plan de acción concreto, no tenía más remedio. "Nosotros hacemos nuestro trabajo, ellos el suyo."
DeLorence sopesó los comentarios de su oficial. No pudo evitar recordar el desafortunado incidente con Reynolds. Sacudió la cabeza para intentar expulsarlas, pero no fue capaz, durante un rato evitó mirar a Ford. "Tal vez podríamos seleccionar a un grupo de los más capaces, además me consta que hay varios de los más veteranos que agradecen la oportunidad de las salidas al campo. Estar esperando a que algo salga de la puerta en cada activación puede llegar a ser verdaderamente frustrante." Raymond reunió el valor para mirar a los ojos casi negros de la hermosa mujer de York. "Usted dígame cuantos necesita y en menos de una hora los tendrán en formación frente a la puerta si es necesario." Imprimió a sus palabras la suficiente convicción como para hacer creíble que podría reunir un gran ejército invencible en unos minutos.
Ford le sonrió. Para tener una cara que daba miedo, una actitud y un lenguaje que había tenido ocasión de 'disfrutar' durante algún entrenamiento, DeLorence tenía un corazón de oro. "Eso puede esperar hasta pasado mañana, a las ocho. Creo que con..." realizó un cálculo rápido, considerando la cantidad de civiles que participarían de la excursión más algún otro 'colado' que seguramente sería añadido a último minuto, antes de decidir un número. "Quince serán suficientes. Sin embargo, si desea llevar a alguien más, lo dejo a su criterio. Toda la información del planeta está disponible para que los ponga al tanto. ¿De acuerdo?"
"Completamente, mi Capitán. Si no ordena nada más." Raymond hizo el ademán de levantarse mientras esperaba la orden de retirarse, algo en la mirada de la oficial le hacia sentirse incómodo. Tal vez no fuera su mirada, si no la posibilidad que que pudiera leer sus actuales pensamientos.
Las cejas de Catherine se contrajeron ligeramente, como si la suma de los distintos aspectos del lenguaje corporal del Sargento no terminara de dar el número correcto. Sin embargo, el gesto fue pasajero, mientras asentía con la cabeza y lo invitaba hacia la puerta con un gracioso ademán. "Gracias por todo, DeLorence. Puede retirarse."