"La segunda impresión es la que cuenta"
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Ana Reyes, estudiante (Ana)
(Universidad de Sorbona, París, Francia, 1996)
Dara apartó la vista del ordenador para volverse hacia Luc con una mirada que indicaba claramente su enfado. La semana anterior su colega no había podido impartir parte de un seminario sobre Egiptología y le había pedido que acudiera ella a dar las clases. Pese a que no era su especialidad, Dara había accedido a ayudarlo.
- Si crees que voy a acceder a esa tutoría, es que eres tonto o sordo. ¿No escuchaste lo que te dije el jueves? Esa chica me volvió loca.- Por no decir que le había reventado la clase. Era una alumna de segundo curso, que creía saber más que el mismísimo Howard Cartes y Lord Carnavon juntos y había querido demostrarlo con toda clase de detalladas preguntas.
- ¿No crees que estás exagerando? Los americanos a veces, sois muy poco tolerantes.- dijo Luc, con ese tono cálido que lo caracterizaba pero que en ese momento, sacó de quicio a Dara.
- ¿Poco tolerantes? No pensabais eso cuando os rescatamos de los malditos nazis.- farfulló Dara, herida más por el tono condescendiente de las palabras de su compañero que por el ataque a su americanismo.
Luc se acercó con su mejor sonrisa, sabiendo que eso molestaría más a Dara e, inclinándose sobre ella, le dio unos golpecitos con el índice en la nariz. - Quizás algún día os arrepintáis de habernos salvado... mientras tanto, recuerda que tienes tutoría dentro de cinco minutos.
Dara resopló sabiendo que no había nada que pudiera hacer, vio como Luc tomaba su maleta y salía raudo del despacho.
-¡¡Cobarde!!- gritó consciente de que no conseguiría que volviera.
A los cinco minutos exactos llamaron a la puerta.
-Entre- dijo, arrepintiéndose antes de haber pronunciado la segunda sílaba.
Ana al escuchar una voz de mujer se sorprendió, entró en el despacho sin hacer apenas ruido y se puso de frente a su interlocutora, la conocía, había estado dándoles clase de egiptología, una gran clase, pensó Ana, habían conseguido sacar mucho *jugo* con los argumentos expuestos.
-Disculpe, tengo tutoría ahora....
- ¿Sí?- preguntó Dara, no sin cierto cinismo. No sabía con quién estaba más enfadada, con Luc por haberla dejado sola, con esa chica, por haber venido a incordiarle o con ella misma, por sentirse tan insegura. - No creo recordar que tuviera ninguna... -Se arrepintió en el mismo momento de haber sido tan dura, especialmente sabiendo que Luc, ese canalla, le había pedido que la atendiera, pero se mantuvo en sus trece.
Ana se puso tensa, la situación la incomodaba - Me dijeron que me presentase aquí, si no esta informada mejor lo dejamos para otro momento - le dijo, optando por dirigirse a la puerta, pensando en volver a administración y pedir otra cita.
Dara vio la reacción de la chica, y en cierta forma le agradó lo orgulloso de la misma. Dejó su malhumor a un lado y rebajando el tono se dirigió a ella. - No creo que sea necesario, una vez que has llegado hasta aquí... ¿Ana, verdad? Estuviste en el seminario de la semana pasada, si no recuerdo mal...
- Si...- contestó Ana, más tranquila con la actitud que había tomado la doctora. Tomó asiento frente a ella. - Me gustó su parte del seminario. - sus palabras demostraban sinceridad.
Dara relajó algo más el su actitud. Así que le había gustado el seminario. Era mejor actriz de lo que había supuesto, si no había captado que durante toda su batería de preguntas había estado a punto de acabar con su paciencia.
- Muchas gracias. Es siempre agradable que a uno se lo digan.- sonrió por primera vez.- Lo cierto es que fue un tanto precipitado. Se suponía que esa parte iba a ser impartido por el Dr. Luc Resnais... pero.... contratiempos...- e hizo un gesto con las manos.- en este mundo también hay que saber un poco de todo...
Ana asintió, le había gustado la clase por las respuestas que había dado la Dra. Santer a sus preguntas, relacionando la egiptología tambien con otras culturas, y en parte eso era lo que le había llevado a solicitar esa tutoria, pretendía cambiar el estudio que estaba realizando.
- He estado pensando en cambiar mi estudio - dijo sin más preámbulos - quisiera hacer un estudio sobre la religión egipcia, analizando su relación con las otras culturas del medio oriente, el cómo dentro de un mismo periodo socio-cultural los diferentes dioses se interelacionaban entre sí.
Dara sonrió ahora ampliamente. Esa chica incordiante había empezado a tocar su fibra sensible. Quizás se había equivocado al juzgarla tan precipitadamente, y en cualquier caso, demostraba que había escuchado mucho más que otros sus explicaciones en el seminario.
-Imagino que hablas del trabajo que ha solicitado el Dr. Resnais.- sin esperar la respuesta de su interlocutora prosiguió.- Al final va a ser una suerte que él no se encuentre aquí y estés hablando conmigo. Creo que puedo ayudarte, y si me permites ver lo que tienes hasta ahora podría orientarte mejor.
Ana puso la carpeta encima de la mesa, sus ojos brillaban mientras mostraba a la Doctora los datos preliminares de lo que se prometía iba a ser un trabajo tremendamente intesante, al que se entregaría totalmente.
Dara echó un rápido vistazo a lo que le mostraba Ana. Las notas, las fuentes, los epígrafes que quería tratar. El planteamiento era digno de un alumno de último año. Miró a la joven, olvidando por completo todo lo que había pensado de ella con anterioridad. Empezaba a vislumbrar ahora lo que podría llegar a ser.
-Esto es muy interesante, ¿sabes? Me encantará ayudarte en lo que pueda.
Ana se quedó mirando a la doctora extrañada pero contenta, que la doctora le ofreciera su ayuda era lo último que hubiera esperado.- Gracias, Doctora. - Y a costa de quedar como una sabionda, ya que no debería haber comenzado sin tener la aceptación de su estudio, añadió - He comenzado la investigación relacionandola con la cultura mesopotámica, he encontrado datos muy interesantes... ¿quiere verlos?
Dara fijó su mirada en la de la joven. No se había equivocado en su análisis anterior.
-Caramba. Si en todo eres así, acabarás la tesis antes de empezar tu último año.- lo dijo sin malicia, tal y como lo sentía.- Me encantará ver esos datos... y por cierto, no me llames Doctora.... demasiado formal. Mi nombre es Dara.
-Bien....Doc...Dara- Ana se relajó y ronrió a la doctora - ¿le traigo los datos? - Mientras lo decía se dirigía hacia la puerta, entonces se le ocurrió y se giró - ¿y café?
- ¡Americano!
Ana asintió antes de salir alegremente del despacho.