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"La llegada"
James Lebau Catherine Ford
Doctor James Lebau, Diplómatico, Hugo
Capitán Catherine Ford, Antropóloga, Blanca


¿El General? De reunión con otros Generales, junto con nada más y nada menos que el Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico. ¿La Coronel? Por todo lo que sabía, estaba con el General. Catherine no podía dejar de pensar que lo habían hecho a propósito, aunque la lógica dictaminara que los tiempos de ningún Comandante en Jefe eran dictados por...

Todo podía, seguramente, reducirse a la suerte (toda ella, buena y mala) que la perseguía desde hacía pocas horas. No podía sino esperar a dejar de tenerla. Al sonido de activación del Stargate se le sumó otro, más fuerte, de las sirenas que anunciaban una llamada entrante. Corrió fuera de su oficina, maldiciendo por lo bajo al haberse demorado sin un motivo justificado, como no fuera presenciar un argumento entre lógica e intuición dentro de su propia cabeza. Tomó la curva del pasillo a la carrera, pasó la entrada principal de la Sala de Control y se deslizó los últimos dos metros, para frenar frente a la puerta de la Sala del Stargate y tras el último marine que corría a tomar su lugar.

Con los segundos contados, acomodó un mechón de su cabello, estiró la camisa del uniforme (que tampoco podía haberse arrugado mucho en la hora y media que la llevaba puesta), y entró en la Sala con el paso más digno que pudo falsificar, justo en el instante en el que se iluminaba gracias a la activación exitosa del Stargate. Observó el cierre del iris, mientras los protocolos habituales tomaban efecto.

Como si su aliento no estuviera apenas acelerado, Ford miró al Sargento Ritter, atento a su ordenador y protegido tras el grueso cristal. Si bien no articuló palabra, su lenguaje corporal era más que obvio; estaba esperando la confirmación del origen de la visita. Se imaginaba que la Mayor Harlan debía sentirse más o menos así cada vez que se activaba el Stargate en la Unidad de Instrucción. Aunque sabía quién llamaba, nunca existía la total seguridad...

Finalmente, el ordenador de Ritter confirmó la señal de radio proveniente del otro lado, y lo anunció por el altavoz. Catherine autorizó la apertura del iris, preguntándose qué pasaría si no hubiera nadie que los autorizara. ¿Se atreverían a abrirlo solos? ¿O esperarían a escuchar el ruido de golpe que, según sabía, era todo lo que quedaba de quien cruzara con el iris cerrado, antes de reaccionar? Se sonrió de lado, mientras avanzaba hacia la base de la rampa para recibir al invitado.

Tras cruzar el iris James se notó totalmente desorientado, el hecho de pensar que su cuerpo hubiera sido descompuesto en millones de partículas para recomponerse a millones de quilómetros no ayudaba en absoluto. A pesar de ello mantuvo el temple y como si no hubiera ocurrido nada continuó con la misma velocidad y seguridad con la que había cruzado el stargate.

Con miradas rápidas analizó el lugar, excepto por el hecho de que las caras de los allí presentes erán distintas de los que les había despedido, casi podría haber jurado que se encontraba de nuevo en la misma base. El principal hecho que le negaba esta sugerencia era el encontrar en frente suyo a una mujer militar, capitán por lo que pudo ver en las insignias de su hombro, lo que más le llamo de ella, como probablemente le pasaba a todos las personas con las que se topara eran sus ojos, definitivamente aquella mujer no se parecía en nada al General Hammond.

James se dirigió hacia la mujer que allí le esperaba mientras observaba como los soldados le seguían con las miras de las armas, como si un sólo hombre pudiera conquistar toda la base el sólo... por lo menos un solo hombre humano.

Catherine extendió su mano derecha para estrechar la del recién llegado cuando se acercó lo suficiente como para tomarla. El corazón se le había estrechado un poquito mientras el hombre bajaba por la rampa, mientras se preguntaba por enésima vez, qué hacía allí ella, y no cualquier otro. Ni sus gestos ni su voz, en cambio, reflejaron el conflicto interno que tenía todo que ver con ese hombre y, al mismo tiempo, absolutamente nada.

"Doctor Lebau, bienvenido a Guam, soy la Capitán Ford," le sonrió formalmente mientras el Stargate se desactivaba y los marines bajaban las armas. Declinó hacer algún comentario sobre su primer viaje por el extraordinario instrumento alienígena, aunque cualquiera que no abriera la boca y babeara en esa circunstancia había, según ella, aprobado el examen. Aparentar que no había pasado nada, una muy buena nota.

"Encantado Capitán." Fue la escueta respuesta de James esperando ver cómo transcurría la situación y actuar según las circunstancias.

"Entiendo que el General estará de regreso en una hora, mientras tanto se me encomendó recibirlo..." Comenzó a caminar, junto a él, hacia la salida. El hombre pareció leer claramente su intención antes de dar el primer paso, ya que comenzó a caminar en el mismo instante que ella. Un buen lector del lenguaje corporal, notó Catherine, pero claro, no era de extrañarse dados sus antecedentes. "No porque no haya nadie de más rango que pueda hacerlo," ¡mentirosa!, se regañó, mientras ampliaba su sonrisa, "sino porque tendrá oportunidad de realizar otro viaje mañana por la mañana, y estoy a cargo de esa pequeña expedición. Resulta de lo más oportuno que podamos presentarnos desde su llegada, ¿verdad?" Se detuvo apenas llegados al corredor, pero no le dio oportunidad de responder. "¿Qué prefiere hacer primero?" continuó, en tono perfectamente casual. "¿Desempacar, realizar la visita guiada de rigor, o...?" Dejó el final abierto, esperando que el (ahora podía notar que nada, nada mal) diplomático tomara su decisión.

James miró su mochila y el pequeño maletín que llevaba. "Me bastará con una taquilla donde dejar la mochila, el maletín viene a ser como un apéndice más de mi cuerpo. Y si no le importa, si que me gustaría esa pequeña excursión después de dejar la bolsa, aunque si prefiere dejar algún sargento a cargo de esto, no pasaría nada, comprendo que deba estar muy ocupada preparándo la salida." su mirada recorrió a la capitana, para ser militar, se le notaba la experiencia recibiendo personal, además de un trato protocolaría muy adecuado, era extraño sólo un rango de capitán actuaba como si de mayor rango se tratara.

"De lo que sí me gustaría que me hablara mientras me acompaña hasta la taquilla o el lugar donde dejar la bolsa, es de la excursión, en que consistirá. Tengo ganas de ver a sus hombres en funcionamiento, había oído hablar de ellos hace varios años pero nunca habia tenido la oportunidad de verlo por mis propios ojos."

James se rascó la barbilla distraidamente. "Oh, y que no se me olvide, tras el recorrido turístico, me harían un favor si me pudieran indicar donde encontrar al doctor Holmes. Tenemos muchas cosas de las que hablar."

La actuación perfecta llegó a su fin, notó Catherine mientras sentía que la que calificaba como su absolutamente maravillosa sonrisa sufría algunos cambios, como algún pequeño tirón en las comisuras de los labios. Decidió, también, no intentar ni ocultarlo ni explicarlo: conociendo las nociones básicas que la mayoría de la gente tenía del asesor, tenía amplias posibilidades que aquél gesto involuntario se confundiera con lo mismo que para el común de los mortales.

James pudo fijarse en el gesto, años de jugar a poker y tratar con diplomáticos había hecho que se fijará en los más pequeños gestos que podían a llegar a delatar estrategias enteras. Creyó conveniente no hacer ningún comentario, y guardar como una nota mental el hecho por si más adelante le fuera necesario utilizarlo.

"Los detalles gruesos de la salida ya están listos, Doctor," dijo Catherine, mientras lo conducía hacia el ascensor más cercano. "Para los finos, tengo el resto del día. Vamos a comenzar por su habitación; queda en el piso de arriba, puede dejar lo que desee allí y luego continuamos." Llegados al ascensor, pulsó el llamador y se giró hacia él mientras esperaban que se abrieran las puertas. "¿Le dieron el curso de armas en el SGC?"

"Me temo que no Capitán, mi estancia en el SGC fue más bien breve y nunca hubo la necesidad de ello." respondió simplemente James.

"Muy comprensible," concedió ella. "Al terminar la visita y entregarle el equipo que va a necesitar lo pondré en contacto con el Teniente Robertson, no tomará más de una hora y prefiero que todos los que cruzan la puerta conmigo sean capaces, mínimamente, de manejar un arma." Las puertas del ascensor se deslizaron silenciosamente a los lados, y ambos entraron. La Capitán pulsó el botón que los llevaría al nivel 18 superior. "Luego de eso, le entregarán la Beretta. Puede mantenerla en la taquilla que está en su habitación, como verá, no vamos armados por los pasillos." Se encogió apenas de hombros mientras el ascensor comenzaba a moverse. "Bueno, no nosotros," se explicó, refiriéndose claramente a los marines que montaban guardia en los extremos de cada pasillo.

James la miró de soslayo y con un leve suspiro claramente fingido respondió. "Si no hay más remedio. Nunca he sido amante de las armas, más bien todo lo contrario, comprendo que puedan ser necesarias en casos extremos, pero sencillamente, prefiero que sean los que saben usarlas quien lo haga. Pero si es extrictamente necesario, así lo haré."

"No es obligatorio, pero... nunca sabemos qué nos espera allá afuera. Le agradezco que no se niegue a ello." Catherine había entrado en régimen de nuevo, así que abordó la última parte de lo que consideraba no podía dejar de mencionar en ese momento sin que fuera muy evidente la omisión. "En cuanto al Doctor Holmes, podemos buscarlo. Aunque si no tiene apuro, seguramente lo encontrará al mediodía en el comedor, está en este mismo nivel," explicó casualmente mientras terminaban el corto viaje y abandonaban el ascensor. "Por aquí, por favor," dio ese tema por finalizado. "Creo que no me olvidé de nada... excepto del lugar a donde vamos, ¿verdad?"

James sonrió a Catherine complicemente. "Así es capitán... es lo único que falta por contarme."

"El planeta donde iremos es..." Catherine le lanzó una mirada de soslayo, casi riendo. "Interesante, o aburridísimo. Espero que después comparta sus conclusiones conmigo, Doctor."

"Mmm, eso es todo lo qué puede decirme. Esta bien, me gustan las sorpresas, nunca he salido del planeta, seguro que será interesante por muy aburrido que sea el paisaje." James volvió a mirar a la capitán y le sonrió ampliamente. "Y no se preocupe por mis conclusiones, no son justamente estas las que debería temer."

No, claro que no, coincidió la Capitán para sus adentros. Se demoró algo más de diez pasos en encontrar los ojos negros de Lebau, con cara de circunstancias. "En realidad, el paisaje es..." tomó un instante para encontrar la palabra adecuada, "arrobador." Se detuvo, y señaló la puerta que tenía a su izquierda. "Llegamos, Doctor. Lo espero aquí, y luego le mostraré más del planeta que visitaremos en la Sala de Conferencias. Será nuestra segunda parada."


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Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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