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Subteniente Andrew McBride-Smith, Oficial de Inteligencia y Comunicaciones (David M.)
Mayor Leonard Valiant, Oficial en Jefe de Int+Com (PNJ - David M.)
El simpático trotecillo que le caracterizaba fue detenido en seco cuando el Subteniente McBride-Smith se encontró de frente con su inmediato superior el Mayor Valiant. Andrew más por costumbre que por creerlo necesario se cuadró y se dispuso a levantar su brazo derecho para saludar, el movimiento de la mano de su superior le anunció que evitara ese engorroso tratamiento. Valiant era uno de los oficiales más tímidos y sencillos de la USAF y probablemente el que más de la base. La cara del mayor era una mezcla de sorpresa y disgusto, parecía estar dándole vueltas a algo en su cabeza y por fin lo convirtió en ondas sonoras:
"Subteniente, ¿se puede saber por qué corre por la base?" El Mayor no hacía mucho que conocía al oficial de la Navy, y aunque sus referencias eran impecables tenía algunos problemillas con él por su adicción al trabajo y su hiperactividad. Actualmente pese a ser el que llevaba menos tiempo destinado era el oficial que tenía más proyectos a su cargo, un total de seis, y de lo más variados. Valiant no se lo hubiera permitido a nadie con anterioridad, tenía un límite máximo de 3 o 4, pero el joven había demostrado sus capacidades con los ocho anteriores que había finalizado en tiempo récord con una eficiencia loable. Además parecía que le era más fácil trabajar si tenía diferentes tareas en las que repartir su tiempo. Era sociable y caía bastante bien a sus compañeros que difícilmente seguían su ritmo, aunque había demostrado que podría trabajar en equipo mientras tuviera una carga de trabajo suficiente para dar ventaja al resto de sus colaboradores. Increíblemente le encantaba el papeleo y solía ser la alegría de las oficinas y talleres siempre de un lado para otro bromeando y animado. Leonard lo miró fijamente y no pudo evitar compartir la tenue sonrisa que se entreveía en sus finos labios.
Andrew respondió rápidamente, no era la primera vez que le hacía esa misma pregunta y siempre era capaz de encontrar una nueva y ocurrente respuesta. Conocía de sobra al Mayor, más por referencias que por trato, como para saber que era un hombre serio pero con un excelente humor. Sabía que apreciaría una bromilla siempre que no fuera ninguna falta de respeto y que era alguien con cuyo apoyo contaba, al que además apreciaba y respetaba profundamente como superior. "Buenos días, Mayor Valiant. En realidad..." Empezó a bajar ligeramente el tono de voz simulando que susurraba. "...lo hago para intentar sorprender a cualquier reetou o goa'uld invisible que se cuele en la sala de datos." Por su tono parecía que acaba de compartir un importante secreto con su superior.
El mayor no pudo evitar aumentar su sonrisa, sobretodo al notar la mirada suspicaz de uno de los marines que guardaban la puerta de la sala de datos al verlos cuchichear sin saber de que iba el tema. El mayor decidió seguirle el juego al oficial mientras lo acompañaba, frenando de este modo el paso del subteniente, en dirección a la puerta de uno de sus habituales lugares de trabajo. "¿En serio?" Intentó que su tono sonara más sorprendido que divertido, aunque con poco éxito.
Andrew no pudo evitar encogerse de hombros mientras alzaba las manos casi en gesto de rendición mientras declaraba sinceramente: "No, pero mierdo menos tiempo en los trayectos. Así aprovecho más el tiempo y hago algo de ejercicio." Acabó su confesión su ya disminuida panza, como si fuera un fiel reflejo de los beneficios que predicaba. Si el mayor lo hubiera conocido antes de entrar en la UIC hubiera comprendido mejor el gesto y sopesado toda la gracia de esa afirmación.
Cuando el subteniente fue a buscar su tarjeta de identificación el mayor se le adelantó y paso la suya, mientras intentaba convencer a los marines de que no era necesario su marcial saludo. Sabía que era una causa perdida, pero su humildad no le podía dejar de perseguirla día tras día. Sabía por algunos amigos que tenía en el Estado Mayor que los militares de la Navy eran menos dados a todas esas costumbres que tanto le disgustaban, pero era imposible quitar esa rigidez de los duros y estoicos marines.
Con un gesto de su superior Andrew fue invitado a entrar y mientras atravesaba el umbral comenzó a pensar que información debería sopesar hoy y que proyecto era el que requería con más urgencia su peregrina atención. Desde detrás Leonard le observaba a sabiendas que era testigo del arranque de su tarea, como quién está presenciando el principio de una carrera con impaciencia y cierta emoción latente.