"En la boca del lobo"
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dr. Jonathan Holmes, Asesor gubernamental (Jonathan)
Cualquier día normal, pasadas las 16:00 estaría camino a cambiarse para ir a su casa. Pasadas las 16:45, en la playa. Pero, claro, no era un día normal. Catherine observó el cielorraso del ascensor, que parpadeaba semi-intermitentemente debido a la horrorosa iluminación. ¿Por qué, siempre, eran tubos fluorescentes? Podía explicarse la falta de espejos, pero no eso. Volvió la vista al frente apenas se abrieron las puertas en el nivel 5, y abordó el corredor con poca energía. Realmente, no tenía ganas de hacer lo que estaba haciendo, pero por algún motivo no podía decir que no a Martha.
Si bien no podía asegurar que eran las mejores amigas, la rubia miembro del equipo de trabajo de Holmes le caía bien. Seguramente todo habría comenzado con la sonrisa brillante con la que se lo había "cedido" hacía meses, la noche de la inauguración presidencial, durante la fiesta del Departamento de Defensa. Pero también, sin dudas, si no fuera por ese acto de obvio desinterés, ella ahora no tendría tantas ganas de salir corriendo en la dirección contraria, en lugar de acercarse a esa oficina en particular.
Una vez frente a la puerta, tomó aire. Seguramente le haría falta. Podía escuchar la voz de Jon, dentro, seguramente ocupado al teléfono. ¿Qué hora sería en el continente? Nunca lograba hacer la cuenta. Pero no debía ser un horario agradable para nadie. Mientras golpeaba la puerta rogó a los cielos que, del otro lado de la línea, ya estuviera Martha. Y que ambos tuvieran para largo.
Holmes se encontraba bastante enfadado, y su contertulio al otro lado de la línea también, tenía que descargar su enfado y por eso había llamado al número particular del senador Sebastián.
Sabía que era el mayor problema del senador, ...y para seguir siéndolo le encantaba despertarlo, y que supiese que por mucho que variara su teléfono privado siempre llamaba al correcto, ...de madrugada. Pero ya los descalificativos estaban siendo personales (suponía que por la falta de descanso de los dos), así que se sintió aliviado por el aviso de la puerta. Colgó casi sin despedirse y, todavía con la adrenalína a pleno funcionamiento, abrió. Cuando vio a Catherine, su cara cambió, y hasta él se dió cuenta -Tengo que estar más atento, parezco un estudiante de bachillerato-, así que recomponiéndose tras su máscara lanzó una de sus frases.
"Vaya, una agradable sorpresa, ¿a que debo este honor? "
Hubiera sido bueno poder retroceder el tiempo para decidir escribir el mensaje y pasarlo por debajo de la puerta, pero ya era tarde. Lo que fuera que estaba pasando, estaba mal, muy mal. Catherine se descubrió mordiéndose el labio inferior antes de responder.
"La Doctora Oesterheld ha estado tratando de encontrarte... tu extensión estaba ocupada," se sintió a punto de tartamudear, pero continuó de todas formas. "Así que me llamó a mí, y me pidió que te avise que necesita comunicarse con vos." Parpadeó. "Nada más."
Holmes la miró a los ojos " Ya...debía de imaginar que que la Capitana no quisiera hablar de nada más que no fuera trabajo. Gracias por el mensaje, ...y deberías de llamarla Martha, ya sabes que siempre que habla contigo te obliga a llamarla por su nombre de pila, ...no sé por que extraña razón le caes tan bien, puede que fuera por esos días en las que las dos quemaron la capital."
El suspiro de Catherine tenía más de frustración que de otra cosa. Afortunadamente, aún se encontraba en la relativa seguridad del corredor, lo cual le ofrecía una relativa confianza. "Jon, realmente no quiero," pronunció las últimas palabras con cuidado, "tener problemas. Más problemas," se corrigió en voz baja. "Estoy haciendo lo mejor que puedo. ¿Qué esperabas?"
"No lo sé... también las cosas se están poniendo calientes a este lado de la mesa Cat, y mi especialidad es arriesgarme, esperaba... nada déjalo, ni es el momento indicado, y creo que no soy la persona indicada, conoces demasiado poco de mi, y de mi pasado, ...ya perdí a alguien que no podía soportarlo, y me molestaría que..." Holmes dejó la frase en el aire, pero la terminó en su mente - Me odiaras, te alejaras de mí, que me consideraras un monstruo, ...y todo lo que puedas imaginar -
A esas alturas, la Capitán dio un paso hacia atrás, para observar mejor hacia uno y otro lado del pasillo. Reconfortada que no habían llamado la atención de nadie, apoyó sus manos sobre el pecho de Holmes y lo empujó hacia el interior de su oficina, mientras con un pie cerraba la puerta, tratando que no se golpeara contra el marco.
Había pasado lo que no podía calificar de forma diferente a un día de mierda, y ahora el señor se daba el lujo de esconder la mano con la que había arrojado la piedra. Él había tomado el paso que había desequilibrado su orden interno, el que tantos años le había tomado construir y en medio del que se había sentido protegida, y ahora simplemente podía darse el lujo de poner todo de cabeza, otra vez. Dos en un día. Era demasiado.
Las palabras se atoraban en su garganta, una tras otra, esperando para estacarlo en cuanto pudiera deshacerse del nudo que no les permitía salir. Sus ojos brillaban, oscuros bajo la luz artificial, clavados en los de él. Sin embargo, a diez centímetros de acorralarlo contra su escritorio, se detuvo. Catherine tragó saliva con dificultad, y desvió su vista hacia la lámpara del escritorio.
Se volvió hacia la puerta. ¿Qué sentido tenía nada, después de escuchar palabras como aquéllas? "No te olvides de llamar a Martha," dijo, mientras giraba el picaporte. Esperaba que Jonathan la hubiera oído, porque ni ella estaba segura de haber más que susurrado.
Holmes apoyó la mano contra la puerta. "Bien juguemos hasta el final, no se lo que pasará apartir de ahora, pero no voy a pararlo ", apoyó las manos sobre sus hombros y se hacercó a ella, quizás con demasiado peligro. "Pero antes de seguir, quiero contarte un par de cosas que llevan atrapadas mucho tiempo,...y como no se como será nuestra relación después de esto..." y volvió a besarla, esta vez de una manera lenta, pero no menos apasionada. "Busca un lugar para charlar un buen rato"
"¿Qué soy? ¿Tu secretaria?" alcanzó a balbucear Catherine, tratando de recuperar el aliento. Tres veces en el mismo día, era lo único que podía pensar. No entendía más nada. Y pensar en salir... cuando todos sus planes se reducían a una cena tranquila en el comedor, y una noche de insomnio en el pequeño pero sorprendentemente cómodo catre de su habitación de la base. Pero, si iban a hablar, lo mejor sería estar lejos de aquel complejo subterráneo, donde tanto escaseaba la privacidad.
Se encontró perdida en el verde de sus ojos, trazando con el índice el contorno de su mandíbula. Había deseado hacerlo durante todo el día. "Tiene que ser cerca, no quiero volver después de las siete," concedió, casi sin darse cuenta. "¿O mañana...?" Súbitamente, la idea de salir de la base la asustaba. No por él, sino por lo que significaba salir, con él. O separados, pero que los vieran juntos en algún lugar. Estaban hasta el cuello, pero al menos los dos lo sabían.
"Creo que hoy... apago el ordenador y dime donde te espero... y no te preocupes, te traeré devuelta antes de que la carroza se transforme en calabaza ...vaya vuelvo a poner la frase irónica en todas la conversaciones, tengo que dejar de hablar como si estuviera en una película... pero bueno, la vida ya es demasiado complicada". Y empezando a sonreir añadió "Espero que los demás chicos de la escuela no nos vean, claro que siempre podrás decir que me encontraste y me estabas peleando por lo malvado que soy"
Ella devolvió la sonrisa y bajó los ojos durante un momento. Fingir casualidades no los ayudaría mucho, de eso estaba segura. Si iban a ocultar algo, lo mejor sería hacerlo 'a plena luz del día'. "Mejor decimos que me invitaste un café. Yo me cambio y nos encontramos en la entrada, conozco un lugar tranquilo en Pago Bay... a unos veinte minutos de distancia. Debiera darnos suficiente tiempo."
Seguía abrazado a ella, su mente no paraba de generar hipótesis y ecuaciones, en todas el resultado no cuadraba con lo que a el siempre le gustaba, tener todo controlado. El introducir la variable de las emociones, era bastante ilógico... pero mágicamente encantador - Lo dicho parezco un chico de instituto, y lo que más me molesta es que se que no es el momento, que sé que ...que lo único que sé es que ahora no me importa -
"No sabes cuanto me gusta escuchar mi voz." Bromeo Holmes. "Y espero que sirvan algo más fuerte en ese sitio, la cafeína ya surte efecto una vez traspasado el límite de saturación ...pase lo que pase, espero que no odies este momento."
"Existe algo llamado café irlandés..." respondió ella antes de besar su sonrisa con suavidad, demorándose en el gesto varios segundos más que lo estrictamente necesario, esperando que entendiera el mensaje: se sentía lejos, muy lejos del arrepentimiento. Le costó separarse de él, pero los segundos seguían contando y ya había estado en su oficina más tiempo del suficiente para dejar un mensaje, el motivo oficial de su visita. "¿Te parece en diez minutos?"
Le devolvió la sonrisa "Demasiado tiempo... pero creo que podré dejarte sola un instante mientras hablo con Martha, le daré saludos tuyos". Vió como salia, y tardó en concentrase, mientras marcaba el número que la pondría en contacto con su compañera, sólo podía pensar en que estaba sintiendo lo mismo que cuando se movía tras líneas enemigas, y se arriesgaba a entrar en la boca del lobo. Al otro lado oyó una voz familiar.
"Hola Martha, comentame qué se ha roto esta vez."