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"El visitante"
Madeleine Monteloup
Dra. Madeleine Monteloup Parker - Bióloga - Botánica - Zoóloga (Yolanda)


(17:00)

Eran las 5 de la tarde y llegaba casi por los pelos a su casa. Allí se encontraba ya el camión de la mudanza, debía de haber llegado hacía un buen rato, pues los transportistas se encontraban apoyados en la vaya de la entrada de la casa claramente cansados de esperar. Había salido de la base casi a hurtadillas para evitar encontrarse con Holmes, y lo había conseguido. Cuanto más retardara el encuentro mejor para ella.

Catherine le había concedido la tarde libre para poder instalar el mobiliario. Pero tendría que terminar de preparar todo para la salida al día siguiente. Pero no le importaba, pues estaba acostumbrada a trabajar duramente y a contrarreloj. Últimamente y desde que Chip se marchó se dedicaba casi exclusivamente al trabajo, empezaba a convertirse de nuevo en una obsesión.

Se disculpó ante los transportistas por la tardanza, y durante las dos horas siguientes se dedicó a marear a estos hasta que consiguió que le colocaran los muebles donde quería. Finalmente descargaron el resto de las cajas y después de una buena propina les despidió. Decidió abrir las cajas de los libros y dejar el resto para cuando regresara de la misión. La primera caja que abrió le recordó mucho a Paul, pues aún tenían impregnados los libros el olor a su antigua casa. Los fue colocando en las estanterías clasificándolos mientras. Cuando hubo acabado con ellos, decidió que ya era muy tarde. Se preparó un sándwich de pollo rápido y se sentó en las escaleras del porche de su casa con la cabeza apoyada en una de las columnas de madera. Mientras contemplaba el cielo no dejaba de pensar en lo cerca que se encontraba de él.

Contemplando tan hermoso cielo, llamó como hacía siempre a su hermano para anunciarle que se marchaba de viaje como casi siempre en su secreto trabajo, y que tardaría en comunicarse con él. Y como siempre el tan comprensivo nunca la preguntaba por el mismo. Después llamó a Chip con el cual si podía hacer referencias a la misión sin nombrarla pues ambos sabían de que iba el asunto. Aún se encontraba en Nueva York, para él era una nueva a ventura. Pensaba llamar también a Andrew, pero no estaba segura en donde podría encontrarle.

Finalmente dejó el plato sobre las escaleras y el móvil, y se fue acercando a la playa atravesando el jardín que separa la casa de la playa. Siguió acercándose por el camino de piedra que le seguía hasta que este terminó y sintió la arena bajo sus pies. Se quitó la ropa y se sumergió en el mar. Durante unos segundos permaneció con la cabeza bajo el agua. Ese silencio la encantaba. Terminó por sacar la cabeza fuera del agua y se dejó flotar sobre las tranquilas aguas mientras contemplaba el hermosos cielo estrellado el cual cada día le era más cercano.

Después de un rato salió del agua. Recogió su ropa por el camino y entró en la casa. Se disponía a subir por las escaleras, cuando un olor a tabaco penetro por su respingona nariz, miró hacia ambos lados y descubrió que olor provenía del humo que sobresalía de uno de los sofás. Apretó la ropa con una mano contra su cuerpo mojado intentando taparse lo mejor posible y con la otra disimuladamente cogió el abrecartas que había junto al teléfono, y se acercó sigilosamente hacia el individuo preparada para cualquier ataque. En ese momento la persona que se encontraba allí se levantó del sillón y se situó frente de ella.

- Tienes una bonita casa, Maddie. Comentó él mientras se acercaba a ella y le quitaba el abrecartas de la mano.

- Esto no lo vas a necesitar, dijo enseñándole el abrecartas.

Madeleine, tan solo le respondió:

- Tendré que cambiar la cerradura. Se dio la vuelta y subió a su cuarto, se puso un albornoz y bajó descalza las escaleras de nuevo hasta el salón.

- ¿Y qué mórbidas y oscuras intenciones te han traído por Guam?.

El visitante se acercó hacia ella sonriendo.

- Tú me has traido.

Se miraron a los ojos, los de él eran fríos y burlones y los de ella chispeaban de ira.


(9:00 de la mañana del día siguiente)

Llevaba ya desde las 7 de la mañana en la base preparándolo todo para la salida al día siguiente. El trabajo era lo único que en esos momentos la confortaba. La visita la noche anterior no había sido nada agradable y le había dejado mal sabor de boca. Tan solo le faltaba encontrarse con Holmes para completar el feo cuadro.

Se levantó de su silla y fue a servirse una taza de chocolate caliente. Cómo hacía Harry Potter después de encontrarse con un dementor, siempre se tomaba chocolate para reconfortar no solo el cuerpo sino el alma. Casi no podía coger la jarra de chocolate, aún le dolían los brazos, y tenía unos cuantos moratones que tardarían un tiempo en desaparecer. El dolor de cabeza y de su cuerpo le indicaban que el efecto de los calmantes estaba pasando. Pero el tiempo como siempre curaría las heridas. Su mecanismo de defensa había reaccionado bastante bien olvidando temporalmente lo acontecido horas antes. Pero ahora con el dolor empezaba a recordar vagamente algo. Al menos con el maquillaje no se notaban los moratones del cuello y la mandíbula. Tendría que pasar por la enfermería para que la dieran otros calmantes.

- Madeleine, llamó uno de los doctores que trabajaban con ella. ¿Puede decirme si este es el cultivo adecuado a la preparación que nos recomendó?

Madeleine se sobresaltó ante la pregunta y la sacó de su ensimismamiento, pero reaccionó rápidamente con una sonrisa mientras contestaba al doctor. Con el trabajo evitaría recordar otras cosas.

- Por supuesto, aunque seguramente sea el adecuado. Me fío de usted. El último cultivo que preparó para la última misión fue todo un éxito.

- Me va a sonrojar doctora, sonrió tímidamente el joven doctor.

Por lo menos nadie parecía haberse dado cuenta de los moratones que tenía y no tendría que responder a preguntas inoportunas.


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