"El talismán"
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Bióloga-Botánica-Zoóloga (Yolanda)
Dr. Paul Mallory Rush, Profesor de Historia (Pablo)
Cuando estuvo convaleciente durante su accidente de caza, su hermano estuvo con ella día y noche. Madeleine recordaba como entrelazaba sus manos con las suyas, y lo cálidas que eran, cuanta preocupación en un niño que sin querer había cometido un error, y cuanta devoción y dedicación.
Les costó mucho trabajo separarlo de su hermana cuando fue ingresada. Madeleine cerraba muchas veces los ojos y sólo podía recordar el apretón de manos de su hermano y su voz angustiada pidiendo que por favor no se muriera. Años después tiene un encuentro con un hombre cuyas manos son como las de su hermano, tan parecidas. En ese momento se enamoró como una tonta, podría ser a ojos ajenos una niñería, pero estaba segura que tendría un gran corazón y una gran bondad como su hermano. Así fue, pero su amor no fue correspondido, pues estaba enamorado de otra mujer. Fue un duro golpe para ella, pero llegó Chip y creyó superarlo, hasta que Chip se marchó.
Hubiera deseado irse con él, estar con él, pero no era muy buena idea mezclar el agua con el aceite. Chip, era un espíritu libre, como lo era el doctor Holmes. Y ella todo lo contrario.
Madeleine había pasado muchos días investigando sobre la vida y el pasado de Holmes. Y lo que había encontrado ciertamente la dejó preocupada, pero hizo que se mantuviera cautelosa frente a los sentimientos que asomaban cuando se encontraba con él. Aún no tenía claro si le odiaba o todo lo contrario. Como había supuesto, Holmes escondía mucho mas de lo que parecía. ¿Un asesor de su talla, en el proyecto Stargate? Algo se estaba cociendo.
Sin embargo pese a tener la capacidad de desarmarla y conseguir sacar lo peor de ella, también había conseguido algo durante la misión que compartieron. Había descubierto sus errores y a lo largo de las misiones subsiguientes podría subsanarlos, en el futuro no se derrumbaría tan fácilmente, y mucho menos dejaría que nadie lo viera, incluido Holmes.
Después de la conversación con Holmes, Madeleine necesitaba desahogar la ira o lo que fuera que llevara dentro y decidió irse al laboratorio y pasar la tarde en él, el trabajo la relajaría como había ocurrido siempre. En ese momento necesitaba abstraerse y con ello lo conseguiría.
Madeleine se encontraba haciendo unas anotaciones de unas muestras que habían examinado por la mañana cuando sin querer uno de los investigadores empujó una probeta, la cual se estrelló contra el suelo haciéndose mil añicos. Madeleine dio un respingo. Levantó la cabeza del microscopio y miró a los cristales del suelo. El hecho de ver los cristales rotos en el suelo la hizo recordar la cristalera de su casa, y fue entonces durante unos segundos y como un flash en que recordó plenamente lo ocurrido la noche anterior. Se quedó lívida de espanto.
El ayudante de Madeleine, Tommy un joven investigador bastante prometedor, al ver la cara angustiada de la doctora rápidamente recogió las muestras mientras aseveraba que no eran peligrosas, tan solo una probeta vacía que se le había escapado de las manos.
Madeleine apenas contestó simplemente se dirigió fuera del laboratorio. Necesitaba respirar aire. Estaba muy nerviosa, el descubrimiento de lo que había ocurrido la noche anterior la asustaba. Sin percatarse apenas de ello había caminado dando vueltas por la base hasta pararse en la puerta de las duchas. A esa hora nunca iba nadie por allí, por lo que sin pensárselo dos veces entró. Al principio comenzó a desabrocharse lentamente el uniforme para acabar casi por arrancárselo, estaba acongojada y apunto de llorar por la ira que llevaba dentro, y acabó por arrojarlo con contra la pared. Abrió el grifo de la ducha y dejó que el agua fría resbalara por su piel. Estaba muy fría, pero no le importaba, quería insensibilizarse todo lo que pudiera. Hasta que de repente estalló en un llanto descontrolado. Haber descubierto quien era su agresor la afectaba muchísimo, puesto que no era la primera vez que era agredida. En la primera ocasión la libró un transeúnte y a consecuencia de ello aprendió Karate. Esta vez su rescator había sido otro, y ni siquiera el Karate le sirvió, puesto que su agresor ya era experto en este tipo de artes marciales desde que era niño.
Lo doloroso no era que el agresor fuera las dos veces el mismo, sino que era alguien conocido y cercano. ¿Cómo decírselo a su hermano sin que sufriera?, él, que estaba tan unido a esa persona. Su mejor amigo, Arthur.
Siempre había sabido, casi intuido, que Arthur sentía por ella un amor realmente obsesivo, aunque la agresión a Mimí la puso en alerta y le dejó cuando estaba casi apunto de intimar con él. Y justo después fue agredida. Sí, ahora todas las piezas encajaban. Sólo él era capaz de llegar a una violación. Lo estúpida que había sido por no haberse dado cuenta antes. La primera vez que fue agredida, fue el primero en aparecer por el hospital. Siempre había agradecido que estuviera en esos momentos con ella, ¿cómo se había enterado el primero?. Ahora años después se desvelaba la verdad dura y cruel sin máscara alguna.
Madeleine salió de la ducha, se secó y se vistió. Fue a su habitación y terminó de secarse la cabeza. Después decidió ir al laboratorio. Necesitaba trabajar un poco para poder olvidarse de lo ocurrido. Pero antes solicitó una llamada al exterior. Quería hablar con su rescator, si él no se hubiera olvidado a propósito el mechero, nunca habría regresado y ahora Madeleine quizás no estaría en la base preparada para una misión. Intentó comunicarse con él, pero cogía el teléfono, seguramente estaría arreglando las cosas, sin que la familia ni nadie se enterara para evitar escándalos. Al menos eso creía recordar que la había dicho: "oh, mi pequeña, yo lo solucionaré".
La ducha le había sentado bien. Su aspecto externo se había recompuesto aunque por dentro seguía sintiéndose machacado. Salió al pasillo siendo consciente de que ya ni las camas le respetaban. Saludó de nuevo al marine hasta el que Ana le había conducido un rato antes levantando la mano y optó por caminar un poco antes de regresar de nuevo al despacho con el objeto de seguir revisando el informe, una vez más, y volver a repasar la parte más *académica* de su conversación con Ford.
Con las manos en los bolsillos y paso lento iba mirando los aburridos pasillos. No pudo evitar ante aquella visión pensar en lo que Ford le había dicho acerca de Holmes y Lebau. "¿Por qué tengo la sensación de haber sido contratado por una empresa en quiebra?" pensó recordando con una cierta pena la cara con la que Catherine le había hecho conocedor de la trama tejida sobre aquella base.
Al doblar una esquina se quedó parado. Una figura le hizo frenar en seco su deambular. "¿Será posible?" se preguntó para sus adentros. Ya era consciente de que Madeleine estaba en la base... pero volver a verla era muy distinto. Sonrió, desde la esquina en la que se encontraba, viendo a aquella mujer avanzar por el pasillo de espaldas a él y ajena a su presencia. Paul casi se recreó por un momento en su forma de caminar. No pudo evitarlo. Era ella, estaba seguro.
En silencio y justo antes de que despareciera tras otra de las esquinas que limitaba el tramo de pasillo comenzó a caminar tras ella manteniendo la distancia y sin poder borrar la sonrisa de su cara. Tras unos instantes se decidió a terminar con aquella singular *persecución* y saludarla por fin. Pero en ese preciso momento vio como desaparecía tras una puerta de las muchas que poblaban aquel pasillo.
Paul alcanzó entonces la puerta, cerrada, y se quedó pensativo un momento recordando el motivo por el que había seguido a aquella figura hasta allí...al instante levantó su mano derecha y la cerró para llamar. Un par de leves toques bastarían pensó.
Madeleine se encontraba ya en el laboratorio en su rinconcito particular repasando una vez más toda la información disponible sobre el planeta. Cuando alguien llamó a la puerta. Madeleine gritó: "Adelante", estaba expectante por saber quien podría ser y un tanto a la defensiva. Como al parecer no la habían oído, se levantó a abrir la puerta del laboratorio, ¿quién podría llamar a una puerta de laboratorio?, desde luego no debía ser nadie de la base, todos sabían ya donde se encontraba y no necesitaban permiso para entrar.
Abrió la puerta de golpe y se encontró cara a cara con el Doctor Paul Mallory. Su sorpresa fue total, desde luego no pensaba que fuera Mallory, no había vuelto a hablar con él desde el incidente en la UIC.
Paul se quedó mirando fijamente a Madeleine. - Vaya, vaya...doctora Monteloup... parece que hubieras visto un fantasma cuando si mal no recuerdo fuiste justamente tú la que evitaste que me convirtiera en uno -le dijo.
Madeleine le contestó poniéndose un poco tensa, precisamente no era una de las salidas por el Stargate que le gustaba recordar. - Lo hubiera hecho por cualquier compañero Mallory, pero no había ninguno tan patoso como usted - , Madeleine dijo las últimas palabras en un tono un tanto irónico y amargo. - Bueno no me haga mucho caso esa primera misión no fue precisamente lo que yo esperaba. -
Madeleine se apartó a un lado para dejar pasar a Mallory. Una vez entró este dentro le preguntó.
- ¿Qué haces aquí en Guam?, quiero decir..., no sabía que te hubieran llamado, pensé que seguirías en la UIC, o que habrías abandonado el proyecto Stargate.
"Sigue estando espléndida" pensó al ver su sonrisa. Espléndida cien por cien si no fuera por aquel cardenal que asomaba por debajo de su mandíbula y en el que Paul no pudo evitar fijarse desde el primer momento en que ella alzó el rostro para mirarle. Trató de no mostrar el más mínimo atisbo de inquietud en su expresión al ver aquella *marca* y se centró en disfrutar aquel reencuentro con alguien tan especial para él como había pasado a ser Madeleine.
Paul se la quedó mirando y reaccionó con cierta sorpresa. Parecía algo tensa. - Bueno, me marché de la UIC... pero por lo visto no pueden vivir sin mi, así que aquí estoy. -
La fragancia que provenía del interior de la estancia transformó el rostro de Paul como si estuviera teniendo una visión divina. - ¿Eso que huelo es chocolate?. Sé que me faltan el loro sobre el hombro y la pata de palo pero. ¿Puedo saquear tu suministro de *materia prima*? -.
Madeleine se relajó ante el comentario de Mallory y sonriendo le respondió. - Mi "suministro" como lo has llamado puede ser saqueado por todos aquellos amantes del chocolate. Pero ya sabe que los corsarios tiene que pagar patente de corso- . Madeleine se dio la vuelta y añadió: - ¿Con qué piensa pagarme Mallory?
- Bueno... - la sonrisa de Paul apuntaba a las baldosas del suelo. - No sé qué clase de tarifa exigen este puerto pero estoy seguro de que será un placer pagarla... -
Siguiendo los pasos de su anfitriona Paul pudo contemplar que nada en ella había cambiado. Su rostro seguía poseyendo un fuerte encanto...igual a como la recordaba de la UIC...de la que se marchó sin haberle podido agradecer debidamente lo que había hecho por él. Sentía una repentina alegría interior por aquella especie de segunda oportunidad que el destino le brindaba para tal cometido.
Madeleine preparó una buena taza de chocolate y se la ofreció a Mallory. Esperó paciente a que la probara. La cara de agrado del doctor le sirvió de sobra para saber que le había encantado.
Madeleine cogió la silla de uno de sus compañeros e hizo que Mallory la siguiera hasta su rinconcito. Puso la silla junto a la suya y le pidió que le sentara. - Bueno, ahora si me puede decir cómo has llegado hasta aquí.-
Paul se sentó taza en mano y echó un vistazo a su alrededor. Después inició su respuesta centrándose primero en los ojos de ella. Se quedó pensativo un momento y después le dijo serio como si acabaran de sacarle una muela. -....Estaba yo de vuelta de Tokio cuando dos tipejos de las fuerzas aéreas me dijeron que andabas por aquí.....y con lo que te hecho de menos me dije...nada, me meto en el primer avión que encuentre y voy a hacerle una visita...luego han empezado a decirme cosas acerca de una pirámide y he decidido aprovechar para quedarme unos días a ver si echo una mano...pero conste que mi prioridad era venir a verte. Su boca había ido extendiéndose progresivamente hasta formar una sonrisa. - Por lo que veo...tú pareces muy integrada aquí... -
Madeleine respondió con una gran sonrisa al comentario de Mallory, por unos instantes se relajó para responder, - ¿por mi?, ¿me echas de menos Mallory? Y no será que quieres un guardaespaldas gratis- argumentó guiñándole un ojo. Aquí estoy bien, pero porque no vivo aquí, tengo una casa junto a la playa. Tendrás que venir a la inauguración. Aún la tengo a medio reformar.-
- Bueno eso es algo que no me perdería por nada del mundo... - dijo riendo - me fascinan las inauguraciones domésticas....después de las reuniones de tupperware son los actos sociales que más me seducen... Cuenta conmigo. -.
Madeleine se tomó un trago del chocolate que se había servido y mirando a Mallory le preguntó: ¿Qué opinas de la pirámide?, es asombrosa, ¿verdad? - .
- Lo es... - respondió fijándose en su mirada pero pensando aún en el guiño de ojo y en la pregunta precedente. - ...Tengo la sensación de que va a darnos más de una sorpresa... y espero y deseo que sea positiva... aunque yo sabiendo que ya tengo talismán para ir de viaje ya me siento más tranquilo. -.
- ¿El talismán?, ¿llevas un talismán?, ¿qué es?
Paul bajó la mirada. Era evidente que Madeleine no había seguido la senda de su broma. De todos modos no se sintió decepcionado porque la veía mirar con ojos ingenuos que despertaron una repentina ternura en él... en cierto modo agradeció aquella reacción. - Mejor no te digo nada más....si se comparten los talismanes traen mala suerte... - trató de salir del paso como pudo - ...por lo que sé has hecho averiguaciones.... -dijo tratando de cambiar de tema.
Madeleine se quedó un tanto confundida, primero estaba emocionado con su talismán y luego cambiaba repentinamente de tema. Madeleine se puso algo seria, quizás era un tema que a él le hacía daño. Alargó la mano hacia la de él, y tomándosela, le respondió: - Mallory, no te preocupes por tu talismán, sea lo que sea, será nuestro secreto. Además, si tu talismán no te vale, aún te quedo yo, tu guardaespaldas, aunque chico con la altura que tu tienes tendría que ser al revés, deberías ser tú mi guardaespaldas.-
Y sin soltarle la mano añadió: - Y respecto a las averiguaciones que hice, supongo que ya habrás sido informado, hay cosas que no encajan como lo de la hoja de coca.
"Tarde pero a tiempo" pensó Paul al notar la mano de Madeleine sujetando la suya y su respuesta a modo de reproche. Al oír la palabra guardaespaldas Paul no pudo evitar por un instante volver a nuevo a buscar con la mirada el moratón que se apreciaba bien definido sobre las facciones de la mandíbula de ella.
Aquello no le impidió estar atento al comentario de la hoja de coca... - Si. Ford me comentó algo. Y también me habló de las especulaciones acerca del clima del planeta...todo parece bastante confuso y oscuro. -. Ese fue el extraño pie que Paul buscó para preguntarle por aquella marca. - oscuro como ese moratón que tienes ahí... parece que la guardia no estuvo lo suficientemente alta en ese instante. - añadió buscando relajar un poco el tono. Sabía que aquello no era, de momento, asunto suyo, pero aunque sin conocerse demasiado Madeleine era alguien especial en la vida de Paul... y no pudo resistirse a interesarse por aquella señal.
Madeleine se puso lívida, soltando la mano de Paul, la dirigió hacia su mandíbula, se había olvidado de maquillarla después de la ducha. - Si, debería de haber estado más en guardia, pero no volverá a ocurrir. Oye, Paul, dejémoslo como un secreto más entre nosotros ¿vale?, las últimas 48 horas no han sido muy buenas para mi, primero... lo de este golpe, luego la auditoría con ese maldito Holmes a la cabeza, creo que también hay otro, pero aún no he tenido ocasión de verle. Seguramente mañana le conozcamos-. Madeleiene respondió casi atropelladamente, y al final de su parrafada una lágrima se deslizó por su mejilla.
Paul se sintió confundido. Todo iba bien y de repente Madeleine se sobresaltaba y empezaba a hablar como si fuera una espía. "Definitivamente no es mi día" pensó. La reacción de Madeleine lo tomó por sorpresa. Intentó reaccionar como pudo cuando notó la lágrima asomada al rostro de ella. Se quedó quieto por un momento y al instante su dedo índice fue al encuentro con la resbaladiza lágrima. No quiso provocar más tensión en Madeleine de la que ya su rostro reflejaba de por si. - Sé lo de Holmes y su cruzada...pero tampoco es para echarse a llorar mujer...en peores hemos estado....a ti y a mi pueden decírnoslo - añadió pensando en la escena de meses atrás.
El otro tipo creo que se apellida Lebau... sólo espero de él que no venga con la lección aprendida....o acabaremos todos en la cola del paro. - Guardó un pequeño instante en silencio antes de seguir para terminar de centrar su mirada en la de Maddie. - En cuanto a... eso. - señaló la marca. Sólo espero que siendo lo que es... y no digas que te has golpeado... no intentes pasar un trago así sola. ¿De acuerdo?. No me precio de ser un caballero a la vieja usanza....pero no me gusta un pelo ver esas marcas en el rostro de una mujer... - su voz sonó más contundente de la cuenta. No quería ser duro con ella. Pero había entendido el mensaje y no le había hecho ninguna gracia.
Madeleine encontró alentadoras y consoladoras las palabras de Paul. Intentó poner un poco de orden en su cabeza. Miró a Mallory reprimiendo el resto de las lágrimas. - Tienes razón Pa...Pa...Paul - , aún se le resistía ese nombre. - Siento mucho que me veas en estas condiciones, pero me alegra mucho que hayas venido a.... verme. Tienes toda la razón de peores situaciones hemos salido, lo de Holmes y su cruzada, si... supongo que también será duro para él, algún sentimiento tendrá con lo insensible que parece. En cuanto a ese... ¿cómo le has llamado?...eso es Lebau seguro que sale derrotado de esta misión, algo me dice que vamos a realizar el descubrimiento del siglo, seguro que encontramos algo que nos ponga buena nota. Yo llevo dos días trabajando sin parar para poder estar a la altura y que no nos pillen desprevenidos. Y en cuanto a lo de "mis moratones"-, dijo recalcando las últimas palabras. - Ya cicatrizarán - .
Paul miró a su taza de chocolate...aún quedaba algún resto. Tomó un último trago. Definitivamente había entrado en la boca de un lobo.... con unas trazas de lo más sórdidas. No sabía muy bien si alegrarse de ver a Madeleine o pedir un billete en el próximo vuelo a tierra firme. Claro que en el fondo se alegraba de verla.... y mucho. De no ser por ella no estaría allí...vivo. Pero en aquellas escasas horas desde su regreso no había hecho más que descubrir intrigas palaciegas que tanto le gustaban....pero sólo en los libros. - Creo que los dos compartimos esperanzas para el viaje... -.
Madeleine un tanto más recuperada levantó la mirada bastante avergonzada, dos veces KO en el mismo día era demasiado. No sabía si la agresión, o Holmes la habían descompuesto tanto, pero tenía que reponer fuerzas y superar fuera lo que fuera que la pasara y mantenerse a pie de cañón. No, definitivamente sus sentimientos y emociones debía dejarlos a un lado. Aún no estaba preparada para afrontarlos, ni era el momento más adecuado. Se volvió hacia su mesa de trabajo dejó la taza aun lado de la mesa y recogió los informes que tenía sobre la mesa para entregárselos a Mallory.
- Aquí tienes el informe con mis anotaciones ... Paul, quizás te pueda interesar las conclusiones a las que he llegado - Madeleine se cruzó de brazos una vez le hubo dado el informe sonriendo tímidamente a Mallory. Después de todo con tan buena gente en el equipo todo saldría bien, no había nada que temer.
Paul abrió el informe. - ¿Te parece bien que lo repasemos juntos? - le preguntó sabiendo que ella no lo estaba pasando bien y siendo consciente de que así tendría tiempo para empezar a devolverle el favor prestado.
Madeleine respondió con una amplia sonrisa. - Me parece perfecto -.