"Cuando los ojos ven, el corazón siente"
Eric Winsthein, economista (PNJ - Marta)
Este posteo está situado en la Ciudad de Nueva York, en septiembre de 1999.
Había tenido tiempo para reflexionar. Casi una semana. Había sido toda una sorpresa encontrarse con Dara cuando había ido a ver a su hermana. Y había estado tranquilo el breve tiempo que compartieron. Todo había ido bien, había hablado con ella, la había acompañado hasta la puerta, se habían despedido. Todo bien. Hasta que, camino de la oficina, se dio cuenta de que estaba repasando mentalmente todas y cada una de las palabras que habían intercambiado; todos los gestos; todas las miradas.
Fue entonces cuando le invadió el pánico. No tenía la menor intención de volver a pasar por aquello. No ahora que su vida parecía encauzada y que se creía preparado para dar un giro a su relación con Eve.
Llevándose las manos a la cabeza, Eric se echó hacia atrás en el sofá. Se masajeó las sienes, intentando sacarse a Dara de la cabeza. Era fácil cuando no vivía en el mismo continente, cuando no estaba cerca y sabía que no podía llamarla y verla en una hora. Era tan fácil olvidarla así. Pero el reecuentro... verla... había borrado de un plumazo y en menos tiempo del que hubiera deseado todos los malos recuerdos.
Casi sin pensarlo se encontró en la calle, poco antes de las diez de la mañana. El último sábado de verano prometía ser un día radiante.
Llegó a su destino en apenas media hora. Le parecía una locura lo que estaba haciendo. Hubiera sido mucho mejor haber levantado el teléfono y llamar a Dara para quedar, tomar algo tranquilamente y charlar. No, más que charlar, zanjar todo lo pendiente. En cambio, allí se encontraba, en el Metropolitan, buscando una aguja en un pajar.
Se cruzó con pocas personas, la mayoría de ellas turistas, con sus guías en la mano, que se paraban ante los cuadros algunos aparentando reconocer lo que tenían delante, otros con verdadera pasión. Al fondo, frente a un enorme lienzo que no podía distinguir, Eric pudo ver un enorme grupo de japoneses que asentían a cada explicación que recibían del guía de turno.
Deambuló durante casi una hora por el museo, hasta que finalmente llegó a su destino. En una pequeña sala que contenía unos pocos grabados de Durero la vio, sentada, con las piernas cruzadas sobre un banco, tomando apuntes. Eric se apoyó en el quicio de la puerta, observando sin ser observado. Conocía cada curva de su cara, cada remolino de su pelo, los movimientos nerviosos de sus manos que bailaban sobre el papel dejando trazos, creando formas.
Sabía que lo más cuerdo era marcharse. Llamarla otro día. Pero fueron su corazón loco, que latía descontroladamente, quien dirigió sus pasos hacia el banco.
- Bonito boceto.- dijo con su voz más firme. Se había acercado por la espalda de Dara para apoyar una rodilla en el banco. Ella reconoció su voz. Lo notó por cómo se tensó su cuerpo y en el modo en el que se erizó el vello de su nuca, aunque no se moviera un ápice. - Has mejorado.
Dara continuó quieta unos segundos más. Eric notó cómo respiraba hondo antes de girarse hacia él.
- ¿Desde cuándo eres crítico?- preguntó. Su voz sonaba seca y algo entrecortada. Mantuvo su mirada fija en él sólo unos segundos antes de volver al boceto. - En realidad no he terminado todavía.
- ¿Entonces no me acompañarás a tomar un café?- replicó Eric.- Y sobre lo de ser crítico... no he tenido mal maestro.
Dara volvió a levantar la vista del papel. Respiraba pesadamente, como si le costara. Esta vez mantuvo su mirada más tiempo para finalmente sonreir.
- ¿Prometes no reirte si te digo algo?
- Sabes que no.
- ¡¡Eric!! Esto es serio....
Él la miró divertido y sintió cómo se relajaba por primera vez en muchos días.- De acuerdo, no me reiré.
Dara dejó a un lado su libreta de notas, dejando su lápiz encima. - Me encantaría ir a tomar ese café, pero... ¿sabes? No sé si podré levantarme...mis piernas no responden muy bien últimamente ante encuentros intempestivos.- dio un largo suspiro mientras se llevaba la cabeza atrás negando y se cubría la cara con las manos.- Yo... ¿estás seguro?... yo... me moriría si...
Eric posó un dedo sobre los labios de Dara en señal de silencio. Había ganado, todavía no sabía qué, pero había ganado.
- No lo estoy... pero moriría si no...