"Vale más una imagen...."
Capitán Catherine Ford, Antropóloga (Blanca)
Dra. Dara Santer, asirióloga (Marta)
Dra. Ana Reyes, Egiptologa (Ana)
Dara y Ana entraron en la cafetería a toda prisa, Ana levanto los ojos hacia el televisor mientras caminaba, Dara iba detras de ella, en la televisión había un reportero con una de las torres detras suyo, parecía un escenario de guerra.
Caminaba mirando al televisor cuando tropezó con algo, se oyó un estrépito, bajo los ojos para ver lo que tenía delante y vió un montón de papeles en el suelo y a la capitan Ford intentando atraparlos.
"Disculpa, Catherine" Ana se apresuró a agacharse a recoger los papeles, intentando seguir viendo con el rabillo del ojo el televisor "¿que ha pasado?, nos acabamos de enterar..."
Catherine no alzó la mirada, tratando de ordenarse a sí misma antes de encontrarse con Ana. Ni siquiera la había visto acercarse, ocupada como estaba en tratar de salir del lugar antes de seguir viendo. Había observado el segundo avión estrellarse contra la torre sur con sus propios ojos, mientras el desconcertado cronista intentaba mantener la compostura. No toleraba las imágenes repetidas de pequeños puntos que caían al vacío. Puntos que no eran más que personas que habían sucumbido a la desesperación. Carraspeó antes de contestarle a Ana, dándose por vencida de lograr levantar sus papeles de forma ordenada, esperando que su voz no pareciera el croar de una rana.
"Dos aviones de pasajeros, Ana, uno contra cada torre. Parece que otro contra el Pentágono, también... creo que con pasajeros y todo." Parpadeó antes de mirarla, aunque tenía los ojos secos, y se dio cuenta que Dara estaba allí con ellas. Ni siquiera podía llorar de la ira que sentía en ese momento, y bajó la voz. "Son unos hijos de puta..." cerró allí la oración, sin terminar de decir quién. Pero estaba segura que eso
se sabía. Esas cosas, siempre,
se sabían.
Sin decir más, la Capitán se volvió hacia la asirióloga. "Dara, ¿sabes algo de tu familia? Prácticamente nadie ha podido llamar a ningún lado."
Dara había mantenido la mirada fija en la pantalla. Escuchar, saber, hacerse a la idea era una cosa. Verlo era terrible. Haciendo un esfuerzo volvió el rostro a Catherine.
"He podido hablar con mi madre. Están bien."- su voz sonó con más alta y aguda de lo que pretendía.
Fijó su mirada nuevamente en la pantalla. Toda la gente que había allí. No quería dar la oportunidad a su cabeza de pensar en cuántas personas que conocía podían estar allí adentro. Cuántas veces había estado ella allí dentro. Cuántas veces había esperado a que Eric saliera de trabajar. Tantas veces.
"Creo que necesito sentarme." - Lo dijo y se acercó a la primera mesa que había libre, sin fijarse demasiado en si Ana y Catherine la seguían. También necesitaba una bofetada o un trago de algo lo suficientemente fuerte como para hacerla reaccionar, pero se abstuvo de hacer comentario alguno.
Catherine observó a Dara hasta que se sentó, y luego desvió la mirada prudentemente.
Si tuviera familia en Nueva York, tampoco querría que me estuvieran observando... Sin embargo, no sabía muy bien qué mirar. Si no hubiera chocado contra Ana, seguramente estaría parada en medio del pasillo, preguntándose qué hacer, a dónde ir. ¿Habría algún lugar donde esa locura pudiera pasar a segundo plano? Si regresara a su oficina, ¿podría abstenerse de prender el televisor? ¿Se quedaría allí, sola, o regresaría en busca de compañía?
La Capitán tragó saliva y se alegró de no haber dejado el lugar. El murmullo ambiental, respetuosamente no muy alto, le permitía comprender algunos significados. Las suposiciones viajaban de un extremo al otro de la sala. Que quién había sido, que cómo, que si Clancy no lo había escrito ya... Los rumores de un cuarto avión, desaparecido, daban a los presentes aún más tela para cortar.
"Creo que yo también quiero sentarme," explicó Catherine, más para sí misma que para Ana, mientras ocupaba una silla en la misma mesa que había elegido Dara. Ciertamente, resultaba estratégicamente cómodo que fuera la más cercana.
Ana se sento con ellas, se miraba las manos y miraba a Dara de vez en cuando, se sentía fustrada y cohibida ante la espantosa situación.
De pronto se hizo un silencio en la cafetería, y todas las miradas fijas en el televisor. Con un fuerte estrépito y envuelta en una inmensa nube de humo y polvo, la torre sur se desplomó. El desarrollo de los acontecimientos era espeluznante. Ana sintió un estremecimiento. Catherine tenía la piel de gallina, incapaz de mirar hacia otro lugar e incapaz de terminar de creer lo que estaba viendo.