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"Otro día más"
Irina Maine, Camarera, PNJ-Hugo


Otro día más en la vida corriente de una simple camarera, Irina se encontraba en la barra, aburrida, mirando al infinito, en el bar tan sólo había un cliente, el viejo Mike venía todos los días a emborracharse, por suerte no era muy escandaloso, bebía, se emborrachaba y se marchaba, nada más, Irina todavía no comprendía como el bar podía seguir funcionando. Su tio Karl estaba jubilado y mantenía el bar más por hobby que por sacar dinero, esto le servía a Irina para tener un trabajo, un trabajo monotono y aburrido, muchas veces soñaba con aventuras, con viajar por el mundo y visitar lugares desconocidos, pero la realidad es que continuaría en el bar hasta que muriera su tio, entonces se marcharía a trabajar a otro bar idéntico, quien sabe, seguramente incluso el viejo Mike se trasladaría con ella al nuevo bar.

Un hombre entró en el local, venía leyendo el periódico con cara de preocupación.

"Por favor, un zumo de melocotón y una madalena del día. Gracias."

El hombre no había levantado la vista del periódico, iba vestido muy elegantemente, demasiado para aquel sitio, Irina le miraba mientras le servía, qué haría allí. Le sirvió y espero. Este bajo el periódico y lo dejó en un lado, la miró y le sonrió.

"Muchas gracias." le dijo.

"No se merecen, es mi trabajo." respondió Irina.

El hombre miró a ambos lados del local viendo que estaba vació excepto por el viejo, Irina se ruborizó un poco al imaginarse en que estaría pensando el hombre.

"Bonito local, acogedor."

No era la respuesta que esperaba Irina, le pilló totalmente por sorpresa. "Eh... muchas gracias. Ojala hubiera más gente que pensase como usted."

"Yo creo que con que pusieran un cartel más llamativo, entraría más gente. A la gente le gusta los lugares acogedores e intimos donde poder desayunar tranquilos, y no esos sitios llenos de humo, gente y gritos, no hay quien se pueda comer una madalena a gusto en esas condiciones."

Irina le sonrió. "Claro." Le hecho un vistazo al periódico, no se le ocurría ningún tema de conversación, vió que en la portada había una foto de las Torres Gemelas. "Es algo horrible lo que ha ocurrido en Nueva York."

El hombre miró el periódico y luego la miró. "Ciertamente, es una tragedia, han muerto muchas personas inocentes por alguna causa estúpida. La gente no aprenderá nunca que de esta manera no se solucionan las cosas. La violencia sólo engendra violencia."

"Debío ser terrible estar allí, yo no conozco a nadie de Nueva York ¿y usted?"

"Tengo dos amigos que estaban trabajando ese día en las torres" el hombre puso un semblante un tanto sombrio. "Sé seguro que uno está en casa a salvo, pero del otro no se sabe nada, esta entre los desaparecidos, hay esperanzas que se encuentre entre los heridos y haya sobrevivido."

"Vaya, lo siento mucho."

El hombre había terminado su desayuno, así que Irina le retiró el vaso y el plato y comenzó a fregarlos con la esperanza de que no se marchara en seguida, al girarse hacia él, este se encontraba con una baraja de cartas, mezclándolas una y otra vez.

"¿Qué hace?" preguntó.

"Escoja una carta." le respondió el hombre mientras extendía la baraja por la barra.

Irina cogió una de las cartas y se la apretó contra el pecho.

"Digame una cosa, sabe de algún hotel por aquí cerca." preguntó el hombre mientras Irina sostenía la carta.

"Sí, si sigue esta misma calle recto encontrará uno en esta misma acera." por la cabeza de la muchacha se le pasó pedirle que se quedará en su casa, evidentemente, no le dijo nada.

"Gracias. Me devuelve mi corazón."

"¿Cómo?" Irina parecía turbada, qué había querido decir con eso.

"La carta. El as de corazones." el hombre señaló la carta con el dedo, Irina la miró y efectivamente se trataba de dicha carta, el hombre la recogió y la guardó con el resto mientras se dirigía a la puerta.

"¿Cómo lo ha hecho?"

"Magia."

Irina miró como se marchaba, le había dejado una muy buena propina. Su tío siempre decía que los clientes eran como cacahuetes y ellos como elefantes, los cacahutes venían y ellos los pelaban, una vez vistos por dentro se los comían, a veces habían cacahuetes buenos y otros amargos, desde luego aquel cacahuete era de los buenos, y definitivamente, su tio era muy malo haciendo metaforas.


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Stargate: Alianza es un juego de rol por e-mail, basado en la serie de televisión Stargate SG-1.
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