"Noticias inesperadas"
Dra. Madeleine Monteloup Parker, Botánica (Yolanda)
Maddie acaba de llegar a casa, después de haber pasado un día de playa en soledad. Disfrutando del sol y de la buena lectura. Se duchó, dejando que el agua recorriera su cuerpo. Se puso una camisola bastante amplia de lino blanco. Se hizo un sándwich rápido y se asomó a la terraza de su casa. Desde allí se podía disfrutar de una noche estrellada y cálida. Había que reconocer que el clima de Guam la encantaba. La cálida brisa le traía buenos recuerdos. Se encontraba contemplando el hermosos cielo estrellado cuando la sobresaltó el teléfono. Rápidamente fue a descolgarlo.
"Dígame"
< Hola Maddie>
"¿Paul?"
Madeleine se quedó paralizada ante la voz que sonaba al otro lado del teléfono.
< ¿Estas ahí? >
Madeleine se recompuso lo mejor que pudo.
"Si, estoy aquí, ¿qué quieres Paul? "
< Es difícil lo que tengo que decirte. Mi hija se muere y necesita un tratamiento médico bastante caro. Yo dejé el trabajo en el laboratorio para ser profesor de ciencias en un colegio, y mi sueldo de profesor no me permite pagar ese tratamiento. Te quería pedir, si me pudieras dejar el dinero que necesito. Ya sé que moralmente no tengo derecho, pero estamos desesperados.>
Madeleine escuchó atentamente. De repente el hombre al que había querido tanto y le había roto el corazón, se cruzaba de nuevo en su vida para pedirle ayuda. Durante unos segundos no contestó, pero finalmente sopeso la situación y le respondió secamente:
" Si no te preocupes, llamaré a mi hermano Josselin por la mañana y haré que te ingresen el dinero que me diste por nuestra separación. Te daré el millón de dólares. Creo que será más que suficiente, si necesitas algo más házmelo saber a través de Josselin. ". Esperó unos instantes antes de continuar. "Y tenme al tanto de lo que ocurra. Dile a Lorraine que tiene todo mi apoyo".
Al otro lado del teléfono Paul lloraba.
< Maddie, muchas gracias, no sabes lo que acabas de hacer por mi. No sé como podré agradecértelo. Gracias, muchas gracias. >
Maddie no quería oírle llorar y colgó el teléfono.
Salió a la terraza, cayó de rodillas en el suelo y tapándose la cara con las manos comenzó a llorar sin parar. En esos momentos deseaba no estar tan sola. Corriendo fue a encender la radio, la tele, la cadena, lo encendió todo, no quería para nada oír el fuerte silencio reinante. Y siguió llorando desconsoladamente.
De repente entre todo el ruido que acontecía oyó una noticia que hizo que reaccionara. Una avioneta se acababa de estrellar contra una de las torres gemelas. Maddie apagó la radio y la cadena y se centró en la televisión. Las imágenes no eran equivocadas.
"No puede ser", exclamó en voz alta.
De repente el presentador anunció un segundo accidente, no era una avioneta, era un avión de pasajeros, un segundo avión de pasajeros.
"Cielo santo". Madeleine se sentó delante de la televisión sin poder entender lo que pasaba. En breve el presentador aseguró que habían estrellado a propósito dos aviones de pasajeros, y que se debía a un ataque terrorista. De igual modo el pentágono también había sido atacado.
"Dios mío". Madeleine contemplaba como los edificios ardían; de repente y al cabo de un rato una de las torres se vino a bajo. Más tarde caería la segunda. Las imágenes de terror se alternaban en la tele con las imágenes de los presentadores intentando comentar las noticias que llegaban. Por fin se confirmaba al mundo, había sido una ataque de terrorismo islámico.