"Caos"
Coronel Jeanne Riker, Estado Mayor (Marta)
La mañana había empezado demasiado pronto. De hecho, no recordaba que la jornada del día anterior hubiera terminado. La ausencia del General había duplicado su trabajo, y Riker dudaba que pudiera regresar a casa en las próximas horas. Las complicaciones se habían ido acumulando y todo el mundo se volvía hacia ella buscando una solución.
Unos golpes en la puerta del despacho le hicieron levantar la cabeza del aburrido informe acerca del los últimos fenómenos meteorológicos en LC-441. Tras un seco
adelante asomó el Sargento Mayor Grafton.
"¿Qué sucede ahora?". La Coronel lo dijo en un tono más abrupto del que pretendía. Con la noche que llevaba sólo le faltaba que todas las ratas del laboratorio se hubiesen escapado propagando alguna clase de extraña enfermedad por toda la base. "¿Y bien?" añadió ante el silencio de su subordinado.
"Señora, creo... creo que sería mejor que conectara la televisión." Grafton la miró con urgencia, y algo dentro de Riker se tensó como hacía tiempo que no sucedía. Estaba identificando el miedo en la voz del sargento.
Con calma, se giró hacia el mueble situado en una esquina de su depacho. Abrió la puerta para encender el aparato de televisión. Riker raramente lo usaba, ni siquiera cuando sus maratonianas jornadas las obligaban a permanecer en la base durante varios días.
En cuanto la pantalla se aclaró y se hubo alejado unos pasos, distinguió perfecamente el paisaje urbano que tenía delante. Eran una imagen aérea de Manhattan. El centro de la imagen lo ocupaba las torres gemelas del World Trade Center. Era una imagen familiar. En todo, excepto en la columna de fuego que se percibía en un lateral de uno de los edificios.
La Coronel apenas escuchaba los comentarios; sabía perfectamente que las conjeturas de los comentaristas de que había sido un accidente de una avioneta comercial no podían ser realidad. Una avioneta no podía generar esa explosión. Era algo mucho peor.
"Grafton, localice al General. Estaré en su despacho."- ordenó escuetamente, tras apagar el aparato de televisión y cerrar la puerta del mueble.
Riker salió de su depacho, sin comprobar si Grafton cumplia sus órdenes, para dirigirse hacia la sala de control del Stargate. Algunos de los que allí estaban no parecían ser conscientes de los hechos que se estaban desarrollando a miles de kilómetros, en su país. La Coronel subió después las escaleras hasta el despacho del General. Las llamadas que debía realizar prefería hacerlas desde allí.
Una vez en el despacho, se acercó al teléfono que le comunicaría directamente con el Pentágono. Necesitaba información. No, necesitaba confimación. La tuvo pasada más de una hora. La torre sur había sido sufrido otro ataque colisión y se había plomado. Lo mismo había sucedido con el Pentágono, que estaba siendo desalojado.
La base estaba en alerta máxima. Las comunicaciones restringidas. El espacio aéreo cerrado. Riker se sentía impotente en aquel bunker a varios kilómetros bajo tierra, pero no había nada más que pudiera hacer.